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La construcción social del cuerpo: unicidad biológica e histórica

Al referirnos al cuerpo discapacitado debemos explicar lo que entendemos por “cuerpo” para así poder comprender la contradicción que supuso el cuerpo con deficiencias en el desarrollo de las sociedades contemporáneas. De esta forma queremos señalar la relación directa entre una construcción social sobre el cuerpo físico, biológico, con una historicidad determinable.

 

Los cuerpos y las formaciones de los sujetos son una mezcla equilibrada entre naturaleza y cultura, entre la fisis y la polis, si atendemos a la división clásica elaborada por los griegos. Aquí nos decantaremos por pensar y creer que los cuerpos son el resultado de la acción, de la construcción social sobre la materia prima, que es el cuerpo físico determinado biológicamente.

Esta acción social y cultural sobre los cuerpos es la fórmula más acertada para acabar de definir el proceso de construcción y vivencia del propio cuerpo. Podemos aventurarnos a afirmar que el cuerpo anatómico vivido es el resultado de un proceso de individuación donde quedan articulados los pulsos de una doble unicidad: la biológica y la histórica. Lo que es biológico entra en juego como elemento primario y constitutivo, y la historicidad de este cuerpo biológico lo impregna y lo construye de personalidad, a través de lo que muchos autores han designado con el término “corporeidad”.[1]

 

Este es el sentido en que utilizaremos el término “cuerpo discapacitado” porque estaremos en condición de relacionar este concepto y la correspondiente circunstancia histórica en que aconteció el proceso de estructuración de estos cuerpos. De esta forma se comprenderán las respuestas que sobrevinieron a nivel político, institucional y social derivando en una compleja opresión de mujeres y hombres con discapacidad hasta nuestros días.

Nuestras preguntas para la investigación son: ¿No es la discapacidad una situación de la naturaleza, una situación accidental de los organismos e individuos existente desde el origen de la humanidad? ¿Acaso antes del surgimiento del capitalismo industrial no existían personas discapacitadas? ¿En las sociedades contemporáneas qué lugar ocupa el cuerpo con discapacidad en este tejido de representaciones, instituciones sociales y de qué modo fue conformado y construido? ¿Se puede hablar de un discurso o discursos sobre la discapacidad en las sociedades contemporáneas? ¿Existen modelos explicativos que permitan una comprensión histórica del cuerpo discapacitado? ¿Se puede hablar de una opresión de las personas con discapacidad por parte de la sociedad?

Historicidad del cuerpo discapacitado

 

Hemos organizado las pocas fuentes, investigaciones llevadas a cabo, datos existentes y los hemos contextualizado frente a un sistema de producción que ha perdurado hasta nuestros días: el capitalismo. De este modo estaremos en posición de ofrecer una perspectiva histórica de la discapacidad, a través de un proceso de deconstrucción de sus elementos constituyentes y encontrar la lógica interna en las explicaciones, discursos, presupuestos y contradicciones que yacen alrededor de la discapacidad.

Para realizar esta labor deberemos considerar también, siquiera de forma tangencial, si el capitalismo es un sistema que al mismo tiempo que tiene sus centros, articula sus periferias y si, dentro de esta totalidad el poder existe como un conjunto dinámico de fuerzas asimétricas existentes en cada partícula social. Se puede conceder que no se podría explicar la historia de la discapacidad sin dar cuenta de estas inflexiones, tensiones, contracciones, expansiones, lastres, contradicciones, etc. Los cuerpos en general se estructuran alrededor de un tipo de civilización, de esta forma, el cuerpo con discapacidad fue creado como una instancia histórica concreta. Como una condición del cuerpo deficiente.

 

Vamos a situar ese comienzo a mediados del siglo XVII, fundamentalmente con el advenimiento de lo que más tarde se llamará capitalismo. Pero también con el cambio producido en la Pastoral Cristiana por el Concilio de Trento, la consolidación de la psiquiatría como disciplina de poder (y el apoyo que recibe del orden legal con respecto a definir lo normal con los tratados psiquiátricos) y el comienzo de la Era Industrial.

Las personas que hoy llamamos discapacitadas comienzan a ser nominadas, es decir nombradas, a partir del siglo XVII. Serán los psiquiatras quienes, en su afán de clasificar, los llamarán sucesivamente “monstruo humano”, “anormales”, luego “minusválidos”, hasta llegar al término que usamos en la actualidad: “discapacitados”. Aunque esto hoy está cambiando por “personas con capacidades diferentes” u otros eufemismos.[2]

 

Partiendo de estas circunstancias previas estaremos en condiciones de conceder que en nuestras sociedades actuales existen permanencias, lastres, residuos culturales que del mismo modo que inciden dentro de la cultura general, inciden dentro de nuestras representaciones sobre la discapacidad y queremos encontrar una relación entre éstas y la discapacidad. Influencia del capitalismo, pero, al mismo tiempo, de los valores residuales del pasado, de la cultura preindustrial y ancestral. De los valores que entran en juego e indicen directamente y se entrecruzan en el cuerpo deficiente ¿Se explica el cuerpo discapacitado como un resultado de la lucha de clases o de los micropoderes enfrentados en este espacio donde confluyen los distintos tipos de poder y donde emerge el cuerpo discapacitado y sus saberes?

Las discapacidades y sus tipos (La clasificación de las discapacidades)

Definición de la Discapacidad, deficiencia, limitación y minusvalía

Concepto de discapacidad

El concepto de la discapacidad y los términos con que se han definido a las personas con deficiencias físicas, psíquicas y/o sensoriales han variado mucho a lo largo del tiempo. Por este motivo estamos completamente de acuerdo en que una definición relativamente satisfactoria de este concepto debe involucrar además de los elementos individuales las diversas circunstancias sociales, económicas, históricas, y culturales, entre otras. Agustina Palacios de hecho remarca esta problemática de la siguiente forma:

 

La definición de discapacidad es una cuestión compleja, que presenta variaciones según el modelo filosófico en que se base, y según los contextos culturales dentro de las cuales se defina. Si la discapacidad es vista como una [sic] un fenómeno netamente individual y como una tragedia, dicha visión se traslada a las políticas sociales, a través de las cuales se las intenta compensar de sus carencias individuales. Por el contrario, si la discapacidad es definida como un problema social, las personas con discapacidad son vistas como un colectivo, víctima de una sociedad discapacitante, más que victimas individuales de las circunstancias. Y de este modo, dicha visión es trasladada a las políticas sociales, tendientes a aliviar las barreras sociales y actitudinales, más que a compensar a las personas de manera individual.[3]

 

Definición de Discapacidad

Para utilizar un criterio general en nuestra investigación nos valdremos de la siguiente definición de discapacidad aprobada por la Organización de las Naciones Unidas en 2006.

 

La discapacidad es un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.[4]

 

Obsérvese que en esta definición de la discapacidad ya se reconoce que existe un vínculo entre sociedad, persona con discapacidad y entorno, independientemente de su condición orgánica, ya sea física, mental o sensorial. Este es un punto a favor para respaldar nuestra premisa: que el cuerpo discapacitado es aquel cuerpo con una posible deficiencia que ha sido colonizado por categorías, espacios, discursos y tecnologías que en un momento histórico lo hicieron portador del estigma que vendrá a conocerse como discapacidad.

 

Definición entre deficiencia, limitación y minusvalía

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1980 a través de la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM) ya hacía una división entre los conceptos de deficiencia, limitación y minusvalía con el fin de conseguir una homologación de términos entre los países participantes y alcanzar un consenso internacional, Veamos estas definiciones.

 

  1. Deficiencia: “Es toda pérdida o anomalía de una estructura, o función psicológica, fisiológica o anatómica”. Así, según la CIDDM y desde el punto de vista de la salud, “una deficiencia es toda pérdida o anormalidad de un órgano o de la función propia de este” (1980-83).
  2. Limitación: “Es toda restricción o ausencia (debido a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad de la forma, o dentro del margen, que se considera normal para un ser humano”. Para la OMS vendría a ser consecuencia que la deficiencia produce en una persona.
  3. Minusvalía: “Es una situación de desventaja para un individuo determinado, de una deficiencia o de una limitación, que limita o impide el desarrollo de un rol que es normal en su caso, en función de edad, sexo y factores culturales y sociales”.[5]

 

 

1.4 El contexto socioeconómico de la discapacidad

 

Precedentes históricos: Inglaterra, la cuna del capitalismo

 

La discapacidad es una situación que atraviesa las clases sociales, es una categoría social transversal, aunque cada grupo social pueda haber respondido de distintos modos a las deficiencias biológicas. Necesitamos situar los precedentes históricos de la discapacidad moderna, como condición previa para tener un panorama general del fenómeno de la discapacidad en la actualidad.

Nos remontaremos hasta Inglaterra, la cuna del capitalismo industrial, hacia la última mitad o tercio del siglo XVIII cuando la producción de mercancías tanto para su mercado interno como externo alcanzó una curva de producción ascendente provocando lo que será conocido como la revolución industrial, la revolución agrícola y la revolución demográfica. Esta curva ascendente es lo que suele denominarse comúnmente como el “despegue hacia el crecimiento autosostenido”.[6]

En este contexto, la demanda de nueva tecnología por parte de los sectores industriales para sostener y ampliar la producción de mercancías condicionó la creación de las primeras máquinas textiles, máquinas a vapor, etcétera. La presencia de un mercado interno estable y en crecimiento, la continua expansión de un mercado de exportación y la política del gobierno británico favorable a conquistar nuevos mercados derivó en un gran crecimiento económico y demanda de mano de obra para las fábricas, equipadas con máquinas cada vez más eficientes, rápidas y especializadas. La revolución industrial, tal como ocurrió, implicó una transformación económica, social y política. La población estaba creciendo y trasladándose del campo a la ciudad. Supuso el cambio de una economía agraria y artesanal a un tipo de economía industrial.

En concreto, durante la primera revolución industrial las máquinas fueron diseñadas con el propósito de aumentar la producción de mercancías en un mercado con precios cada vez menores. Y así ocurrió. Se consiguió multiplicar la fabricación de bienes estandarizados a precios en disminución.[7] La industria textil fue pionera de esta primera revolución industrial. En este acelerado proceso los individuos que no pudieron adaptarse a los horarios, a la disciplina cronométrica de las fábricas, estas personas cuyos cuerpos no podían adaptarse a las quizá rudimentarias pero innovadoras maquinas poco podían hacer en este entorno, cuando la enorme presión para multiplicar la productividad se convirtió en un factor fundamental del sistema.[8]

Las personas con deficiencias quedaron fuera del campo de juego económico porque desde un principio las primeras máquinas e instalaciones fabriles no estuvieron diseñadas para cumplir con sus necesidades y posibilidades de participación en la economía industrial. Fue un proceso económico lógico y comprensible porque en este periodo la inherente presión para aumentar la productividad, la creciente demanda de tecnología y, aceptémoslo, las primeras máquinas eran más la suma de ingenio que de técnicas de ingeniería avanzada, lo más probable es que a nadie se le ocurrió pensar y menos invertir en adelantos tecnológicos, arquitectónicos, adaptaciones en fábricas, máquinas y transportes que incluyeran a las personas con deficiencias mientras continuaba un flujo continuo y creciente de mano de obra proveniente del medio rural, mientras continuaba desarrollándose un vertiginoso mercado con precios a la baja, un mercado interno en acelerado crecimiento, y un muy alentador mercado exterior por conquistar.

Estas fueron las claves económicas de un proceso que dio lugar a la exclusión de las personas con deficiencias. Con el tiempo, desde esta perspectiva histórica, terminaría siendo más sencillo echar mano de políticas económicas asistencialistas e institucionales para los “inválidos”[9] que a detener la marcha del progreso. De este modo, al transformarse la sociedad se transformó la vida de las personas con deficiencias con el advenimiento del capitalismo.

La realidad es que, con el paso del tiempo, las personas con deficiencias fueron convirtiéndose en un problema, una situación, una cuestión que debía resolverse cuanto antes y en este sentido surgió una necesidad de saber sobre estos cuerpos que aparecieron como no aptos para una sociedad enfrentada al mayor crecimiento económico en la historia mundial. Fueron discapacitados del entorno productivo y, en consecuencia, de la participación en la sociedad.

En una sociedad en que la natalidad había rebasado la tasa de mortalidad, la dinámica económica, la lógica revolucionaria industrial no tenía tiempo de cubrir las necesidades de las personas con deficiencias. Siendo imparciales debe concederse que en este periodo “nadie planificaba ni sabía lo suficiente para planificar la industrialización”.[10] Sí atendemos a estas reflexiones sobre el estado de la sociedad a inicios de la industrialización, en este contexto, no es de extrañar que las personas con deficiencias al final terminaron marginadas del entorno productivo además del social, especialmente después de la segunda revolución industrial. Con el tiempo, quedarían marginadas de la civilización a escala mundial.

Para comprender como se llega a este estado de cosas debemos entender que todo este proceso fue gradual, creciente, incremental, del mismo modo que el capitalismo no emergió repentinamente en la economía europea.[11] Es bien sabido que desde el siglo X hubo tentativas para el despegue hacia el desarrollo autosostenido,[12] pero la crisis en Europa del siglo XVII, fue la antesala al ascenso del capitalismo que surgirá en Inglaterra en el siglo XVIII y XIX “El taller del mundo”.[13] Nos referimos a la definitiva llegada del capitalismo industrial, primero en Inglaterra para después extenderse por otros países occidentales como Francia y Alemania. “La Revolución Inglesa fue precedida por lo menos por doscientos años de constante desarrollo económico que echó sus cimientos”.[14]

 

Sabemos que el proceso real de nacimiento del capitalismo industrial, fue lento y sinuoso. Abarcó por lo menos ocho siglos, digamos desde el año 1000 al 1800, y fue interrumpido, por lo menos, por dos discontinuidades seculares, las crisis de los siglos XIV y XV y las del siglo XVII. Es decir, incluyó un cierto número de inicios que abortaron.[15]

 

No es de sorprender que del mismo modo en que hubo intentos de surgimiento del capitalismo también hubiesen existido tentativas para establecer leyes para personas con deficiencias aun antes del siglo XVIII. Fue una consecuencia dialéctica de este proceso. Un ejemplo fue la ley de pobres de 1601 en Inglaterra. Dos siglos después en Francia era publicada la tesis Des passions considérées comme causes, symptômes et moyens curatifs de la maladie mentale[16] (Las pasiones consideradas como causas, síntomas y medios terapéuticos de las enfermedades mentales) de Jean-Étienne Dominique Esquirol en 1805 en que se plantea por primera vez de forma metódica que las enfermedades mentales son producto de la situación de un organismo que debe ser tratada por médicos.[17]



[1] Planella, Jordi, Los monstruos, Barcelona, Universitat Oberta de Catalunya, 2007, p. 12.

[2] Casarella, Jorge, “Mejor hablar de ciertas cosas”, en Jaime Tallis, compilador, Sexualidad y discapacidad, Argentina, Miño y Dávila Editores, Colección Retardo Mental y Educación Especial, 2005, p. 19.

[3] Palacios, Agustina, “La Ley 39/2006 a la luz del modelo social y de la Convención internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad”, en Barranco Avilés, María del Carmen, coordinadora, Situaciones de dependencia, discapacidad y derechos: Una mirada a la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia desde la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, Madrid, Dykinson, 2010, p. 38.

[4] Naciones Unidas, Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y Protocolo Facultativo, Nueva York, 2006. Resolución aprobada por la Asamblea General 61/106 preámbulo, apartado e.

[5] Fernández Batanero, José María, coordinador, Atención a la diversidad en el aula de educación infantil, Madrid, Paraninfo, 2015, p. 225.

[6] Hobsbawm, Eric J., En torno a los orígenes de la revolución industrial, trad. de Ofelia Castillo y Enrique Tandeter, 29ª ed., México, Siglo XXI, 2004, p. 73.

[7] Muñiz Alejandro, Daniel, “Breve interpretación del origen de la industria capitalista. I parte”, Revista Discover, en http://revistadiscover.com/profiles/blogs/breve-interpretaci-n-del-origen-de-la-industria-capitalista-de-la, [consulta: 2 de enero de 2016].

[8] Por ejemplo, es bien conocido que en este periodo fue común el trabajo infantil.

[9] En el sentido que se dio al término: que no eran válidos para la producción ni la sociedad.

[10] Hobsbawm, En torno a los orígenes de la revolución industrial, op. cit., p. 74.

[11] Hobsbawm, Eric j., Industria e Imperio. Una historia económica de Gran Bretaña desde 1750, trad. de Gonzalo Pontón, Barcelona, Ariel, 1982, p. 35.

[12] Hobsbawm, En torno a los orígenes…, op. cit., p. 73.

[13] Díaz Arenas, Pedro Agustín, Relaciones internacionales de dominación: Fases y facetas, Madrid, Siglo XXI, 1989, p. 52.

[14] Hobsbawm, Industria e Imperio…, op. cit.

[15] Hobsbawm, En torno a los orígenes…, op. cit., p. 75.

[16] A veces traducida como Las pasiones consideradas como causas, síntomas y medios de curar casos de locura. Esquirol, Jean-Étienne Dominique, Des passions considérées comme causes, symptômes et moyens curatifs de la maladie mentale, Tesis, París, Francia, 1805, Escuela de Medicina de Paris.

[17] Valencia Luciano, Andrés, “Breve Historia de las personas con discapacidad: De la opresión a la lucha por sus derechos”, en http://docplayer.es/28636-Breve-historia-de-las-personas-con-discapacidad-de-la-opresion-a-la-lucha-por-sus-derechos-por-luciano-andres-valencia-valencialuciano-gmail.html, [consulta: 17 de diciembre de 2015].

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