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Del amor en la Edad Media al amor romántico

El verdadero amor romántico nació en la Edad Media

 

El origen de la pasión amorosa tal y como la conocemos actualmente nació como un bien espiritual tan valioso en sí mismo dejando al margen la función procreadora y al contrato matrimonial. El amor idílico individual y de pareja no existía en la Edad Media, en aquellos tiempos sólo reconocía las relaciones de pareja que estaban instituidas en el matrimonio. Y esto no tenía nada que ver con las preferencias sentimentales de los contrayentes ya que el matrimonio era por negocio alianzas familiares y transacciones y el amor nada tenía que ver, ni el estar enamorado o sentirse especialmente atraído hacia la persona. Fuera del matrimonio todo era pecado y perversión que fácilmente eran castigados con la muerte para la mujer, pero con los varones eran tolerados como un mal menor.

Tener relaciones sexuales fuera del matrimonio era seguramente acabar en los tribunales. La mujer estaba sometida totalmente al marido, ella no contaba, tanto que no era decente que experimentara placer en las relaciones. Así que para nombrar a las relaciones sexuales extramaritales se empleaban nombres tales como: “cabalgada” o “poner la pierna”, que era la expresión que indicaba el derecho feudal de pernada. Así que la mujer pertenecía al marido y esté podía matarla o castigarla como el creyera más oportuno en caso de adulterio.

Por ejemplo, en el Fuero Español de 1225 el marido podía disponer libremente de los bienes de la esposa y del amante e inclusive en caso de cumplir los requisitos matarlos a ambos.

El estupro y la violación eran actos y conductas bastante extendidas en esa época y la promiscuidad era una norma. Así que las relaciones extramaritales eran bastante extendidas y los varones disfrutaban de una permisividad especial ya que tenían a su alcance lupanares y casas de baño que en realdad eran unos verdaderos burdeles, y en el caso de las mujeres cometían un grave delito “adulterio” en caso de tener un amante público. En los hombres no pasaba de un simple amancebamiento. Es decir, no se niega que no existiera el enamoramiento y que se amaran las personas entre si, pero no era el criterio para formalizar una relación permanente. Se podría decir, utilizando una de las grandes frases de Gabriel Garcia Márquez: “Llegaron a sospechar que el amor podía ser un sentimiento más reposado y profundo que la felicidad desaforada pero momentánea de sus noches secretas.”

 

A pesar de todo nació el amor romántico

 

En la región meridional de Francia en la Baja Edad Media. Al sur del rio Loria y hasta los Pirineos y desde del norte de Italia a la costa atlántica. En los tiempos de las cruzadas, que abarca la creación, el apogeo y disolución de la Orden del Temple, que a su vez fueron los primeros pasos de la nueva Europa de los estados nacionales y la verdadera consagración le las lenguas vernáculas como el castellano, italiano, francés, catalán y galaicoportugués Estas lenguas que dieron en esa precisa época sus grandes primeros frutos con obras maestras como la Chanson de Roland y el Roman de la Rose, que fueron los cimientos del idioma francés. El Cántico al sol, de San Francisco de Asís piedra angular del idioma italiano, Las Cantigas de amigo galaicoportuguesa y el Cantar del Mio Ciden castellano. En la Occitania del Medio Día francés el provenzal (también conocida como la lengua de Oc) ya alcanzaba su madurez, esta lengua era diferente al idioma oil que se hablaba al norte de Francia. Este idioma de Oc era el más elaborado de las lenguas romances nacidas de la evolución del latín rustico que hablaba el vulgo. Por lo tanto, de esta manera, así iniciaron los primeros balbuceos de los idiomas neolatinos que actualmente se hablan en gran parte del mundo.

En esta prospera y floreciente región francesa que también incluida la parte norte de España, que era una zona bajo su influencia se constituyó un país con identidad propia Entre sus límites también se incluía algunas regiones gaélicas, que eran los legados de los bardos celtas, trayendo consigo la sabiduría de los sabios druidas y las leyendas del mítico Rey Arturo, el ciclo del Santo Grial, Los caballeros de la Mesa Redonda.

En estas mismas tierras es donde se erigían los grandes bastiones fortificados de los caballeros templarios, ahí mismo floreció el estilo gótico, prosperó la herejía albigense y donde la Inquisición encendió las hogueras que convirtieron en cenizas a los seguidores de los cátaros.

Este era el lugar más civilizado en la Europa de los siglos del XI al XIV. Es esta región y en estos siglos surgió el prerrenacimiento espiritual de Europa con su identidad, mitología y sensibilidad propias y por ende la cultura amorosa.  Esta es la fuente matriz del amor romántico, y no solo por la pasión desdichada por no ser correspondida, o por no poder realizarse como consecuencia de los impedimentos sociales y familiares de todo tipo, sino sobre todo por involucrar a los amantes en un sentimiento mutuo que está encima de cualquier justificación.

Esa pasión que no reconoce otra razón para vivir que no sea con la persona amada, los enamorados no tienen otra alternativa, la fuerza irresistible del deseo que manda sobre la razón anteponiéndose a cualquier otro interés ya sea económico, social, moral o ideológico.

Para Romeo no hay existencia posible sin Julieta, de igual forma para ella no es concebible vivir sin Romeo. El destino les niega la realización de su amor entonces deciden quitarse la vida, como una rebelión extrema contra el destino. Este sentimiento, como toda la mitología amorosa moderna, que va desde el amor a primera vista hasta la añoranza de la persona amada, nació precisamente en esta época.

Sobre el autor: Estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Premiado del CONACYT a la innovación científica juvenil. Militar retirado de la Armada de México. Actualmente se dedica al estudio de las aplicaciones tecnológicas y las innovaciones en la vida diaria y la historia de la humanidad.