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El inglés como idioma internacional

“Carta al director del Evening Post, de Nueva York, 22 de febrero de 1919”

“Señor: La publicación de Isis, revista internacional que aparece cada trimestre y trata de la historia y la filosofía de la ciencia, quedó brutalmente interrumpida en 1914 por la invasión alemana de Bélgica.

En una carta que apareció en la Revista Science, en 14 de febrero, anunciaba yo que se reanudaría la publicación antes de finales de año. Anunciaba también algunos cambios que me proponía introducir en la nueva Isis.

Uno de esos cambios se usó como tema para el editorial del Evening Post correspondiente al 17 de febrero, titulado “Relaciones internacionales en la ciencia”. Sin embargo, tan mal interpretado estaba, que confío se sirva usted insertar la siguiente declaración:

Antes de la Guerra se publicaba Isis en cuatro idiomas: francés, alemán, inglés e italiano. Me propongo eliminar inmediatamente dos de ellos: el alemán y el italiano; además pienso abandonar el uso del francés (mi propia lengua) lo más pronto posible.

El editor del editorial publicado en su diario parece creer que decidí este cambio a causa de la guerra, como una especie de represalia contra Alemania y denuncia inconsideradamente ese propósito como un intento de dañar la internalización de la ciencia.

En realidad si se hubiera tomado la molestia de investigar la cuestión hubiera hallado que soy todo  lo internacional que es posible ser.

He sido un obstinado defensor de la Sociedad de las Naciones (de una Sociedad genuina y generosa) en una época que muchos sabios la consideraban buen tema de chistes. Ahora que esta “utopía” se va convirtiendo poco a poco en realidad, veo claramente que su consumación abrirá un periodo  de tan tensas relaciones internacionales, en todos los campos, que a todos los hombres del siglo próximo les parecerá el período pre-bélico abrumadoramente provinciano en comparación con el siguiente. La guerra probablemente desempeñará en la internacionalización del mundo la misma parte que vuestra guerra civil desempeñó en la unificación de este país.

Sean cualesquiera los sentimientos de cada científico, la ciencia como tal seguirá siendo un santuario erigido muy por encima del oído humano. Esperemos que se funden los organismos apropiados para dirimir todos los males políticos y castigar los delitos internacionales de esta guerra y de las futuras; pero no es cometido de la ciencia juzgar y castigar delitos.

Precisamente para aumentar el valor internacional de Isis, decidí restringir su publicación a un idioma en vez de cuatro. Hay, desde luego, muchos más hombres que pueden leer fácilmente uno cualquiera de los cuatro idiomas, que los cuatro. Descubrí que el poliglotismo de Isis era un obstáculo serio e innecesario para su circulación, y en consecuencia para la difusión de la historia de la ciencia y del ideal del nuevo humanismo.

Pero ¿Por qué elegí el inglés, a pesar de que esta elección es para mí (escritor en francés) un gran sacrificio personal, y no simplemente por el trabajo a que me obliga, sino también  por la renuncia sentimental? Me alegra poder declarar en seguida las razones de mi elección.

El inglés es la lengua hablada por mayor número de personas civilizadas. No es el idioma de una sola nación, sino de muchas y grandes mancomunidades. Podemos soñar razonablemente que le llegue la época de convertirse en el lenguaje internacional del mundo.

En sus comienzos Isis encontró algunos de sus más fieles amigos en el Japón y la India y espero que la nueva Isis gane muchos más amigos no solamente en esos países, sino también en otras naciones orientales, y que dentro de su campo llegue a ser un intérprete común entre Oriente y Occidente. Ahora no puedo esperar ya que mis lectores orientales que aprendan los cuatro idiomas europeos sólo para leer Isis, pero el idioma definitivamente más popular en Asia, y el que más probablemente llegará a convertirse en su “lengua franca” es, evidentemente el inglés.

Las principales razones que me movieron para elegir el inglés (y no el francés) son, sin embargo, mi fe en la concepción anglosajona de la ida, y también mi cariño por las civilizaciones más jóvenes del mundo y mi esperanza en ellas: ante todo los Estados Unidos; después también el Canadá, Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda. Es una circunstancia muy afortunada que todos esos pueblos hablen casi exclusivamente el inglés.

Creo que en lo que se refiere a la difusión del sentido común en la política y al espíritu de “juego limpio”, esas naciones jóvenes son la esperanza del mundo. En conjunto están menos impedidas por precedentes y prejuicios, y son más capaces de asimilar conservadoramente las ideas radicales. Confío en que mí ideal del nuevo humanismo (esto es, la reconciliación de la ciencia y el arte, la verdad, y la belleza) encuentren entre ellas un auditorio más dispuesto a apreciarlo.

Por eso, mediada ya mi vida, decidí hablar en inglés.

George Sarton

Cambridge, Mass., 20 de febrero 1919.

Sobre el autor: Estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Premiado del CONACYT a la innovación científica juvenil. Militar retirado de la Armada de México. Actualmente se dedica al estudio de las aplicaciones tecnológicas y las innovaciones en la vida diaria y la historia de la humanidad.