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Trovadores: misteriosos poetas y músicos

Durante la Baja Edad Media en la actual región meridional francesa, en los tiempos que se escuchaban con frecuencia las hazañas de los cruzados y los caballeros templarios, y en la Occitania francesa cobraba madurez una lengua vernácula provenzal: la llamada lengua de Oc, derivada de las lenguas romances (castellano, italiano, francés, catalán, portugués, etc.)

En esta zona de pronto surge una figura típica que se repite una y otra vez, sobre todo en Aquitana, que es el centro irradiador de este escenario en un principio occitano y que progresivamente llegará a toda Europa. Se trata de un curioso personaje, el trovador, que se dedica a componer canciones de un género nuevo para la época, y una de sus peculiaridades es que puede pertenecer a cualquier clase social: desde un rey un duque o un noble, pero también llegaron a ser personas más humildes como criados o pinches de cocina. Estos trovadores en su mayoría llevaban una vida itinerante, tal como los beguines cátaros, peregrinando entre las distintas ciudades y cortes ducales de Aquitania.

Al escuchar la voz “trovador” nos viene a la mente la imagen estereotipada de un paisaje medieval, con un castillo y a un lado un juglar que canta suplicas amorosas arrodillado ante una bella dama a la que venera, esta figura es común en la cultura europea que refleja los aspectos más evidentes del arte trovadoresco. Los trovadores cultivaron esta forma poética y musical observando que sus composiciones giraban en torno a las cuitas y aventuras de un enamorado que canta la desdicha de su pasión no correspondida siendo el objeto de sus desvelos. Esta situación es invariable ya que siempre la dama resulta inalcanzable, o ya está casada o tiene otro amate o las clases sociales lo impiden.

Los trovadores (hermano en catalán) utilizaban una palabra de origen provenzal, donnoi para designar la relación de vasallaje a la cual se sometía el caballero ante una dama reconociéndola como su Señora (Domina) y a quien el propio caballero le otorgaba un título masculino dirigiéndose a ella como su Señor (Midon) esta fórmula también se conservaba en la poesía mística sufí.

Entre los siglos XII y XIV se compusieron miles de canciones que observaban estos tópicos, podría uno asombrarse al comprobar que todos esos poemas podrían girar alrededor de estos tópicos. Tanto la forma como el estilo y hasta el léxico está estrictamente formalizados. Las diferencias entre un autor y otro están principalmente en el matiz, en la forma de combinar el simbolismo fonético con las imágenes plásticas, en la mezcla de colores a la que recurría en su paleta verbal, para su proyección trovadoresca, pero nunca variaban en el tema el argumento, o la forma poética Así que el canto es rigurosamente convencional y se ciñe a la métrica y forma establecidas.

A pesar de ser reiteradamente monotemática la poesía no solo no aburrió a su público cautivo durante más de dos siglos, sino que fue sin duda el embrión para toda la poesía europea desde el humanismo italiano hasta el siglo XX. Este arte se extendió por toda Francia, Alemania, Italia, España y Portugal, durante siglos todos los poetas se integraron a esta corriente y temática en forma de salmodia amorosa con su particular forma poética, léxico, el fondo común de metáforas y figuras retóricas de la que echaron mano los trovadores.

Ya desde el principio las trovas presentaron un arte maduro, y su nacimiento no se generó espontáneamente. Naturalmente los juglares ya eran muy conocidos y sus cantos donde exaltaban proezas épicas, como los bardos celtas, y los juglares bretones, que como los otros poetas contemporáneos sus coplas celebraban las aventuras del rey Arturo, era un universo imaginario como el de las novelas de caballería en un territorio espiritual en el cual podemos observar ideales y valores. El arte trovadoresco se inscribe en el terreno de la lírica y las convenciones poéticas que emplea fueron del todo extrañas a los antecedentes de los juglares.

Los trovadores no cantan a la grandeza del pueblo ni de las hazañas de los héroes fundadores de las naciones. Sus cantos se sitúan en el universo de la mayor intimidad personal ya que evocan y sugieren sentimientos y el espíritu individual, tal como los amantes apasionados, como la leyenda de Tristán e Isolda, o la historia de Abelardo y Eloísa.

El trovador no celebra ni reivindica el amor libre, sino el amor adultero, invariablemente la dama pertenece a otro o se haya comprometida por el vínculo sacramental del matrimonio. Aunque es un hecho que los trovadores de condición modesta les dedicaban sus requiebros liricos a damas de alta alcurnia lo que hacía imposible su amor, no así los reyes trovadores (poderosos y famosos) como Ricardo Corazón de León o el emperador Federico Barbarroja quienes expresan su condición de vasallaje a una dama inaccesible. Pero esto de amor adultero que canta el trovador presenta una peculiaridad ya que se trata de una pasión rigurosamente casta y que exige la no satisfacción del deseo amoroso que inspira la dama.

Como expresó Dante Alighieri, autor de la Divina Comedia, de un modo claro y sencillo; “Este amor solamente existe cuando el deseo es tan grande que sobrepasa los límites del amor natural”.

Sobre el autor: Estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Premiado del CONACYT a la innovación científica juvenil. Militar retirado de la Armada de México. Actualmente se dedica al estudio de las aplicaciones tecnológicas y las innovaciones en la vida diaria y la historia de la humanidad.