Breve interpretación del origen de la industria capitalista. I parte

Breve interpretación del origen de la industria capitalista.

La historia del capitalismo es indisoluble del desarrollo industrial bajo las relaciones sociales que le caracterizan, mismas que se gestaron dentro de una sociedad feudal. En otras palabras, lo nuevo se encontró en lo viejo; no solo ello sino que la progresiva aparición de la industria en Europa Septentrional, en las regiones marginales al modo de producción feudal, no fue ninguna casualidad. Aunque se debe considerar que el advenimiento de la revolución industrial y los cambios que se produjeron no fueron en principio planeados. A fines del siglo XVIII comenzará el rápido desarrollo económico e industrial de Inglaterra y los cambios afectarán directamente todo el orbe aunque en distintos tiempos y de distintos modos, pues se podría decir que los alcances de ésta revolución industrial comenzarán a sentirse decisivamente en Europa sólo hacia la mitad del siglo XIX y de modo irregular, pues este desarrollo económico ocurrirá primeramente en países que han experimentado sus revoluciones burguesas (Inglaterra, Países bajos…). Francia también aunque su éxito económico esta matizado por otras cuestiones (por ejemplo el reparto de tierras a campesinos) y donde la revolución industrial no fue tan acabada, pero cuya revolución política y social será decisiva y de tal alcance que definirá en adelante -por su repercusión- la lucha y la siguiente época de la burguesía, al darle una repercusión y una profundidad tal a la revolución que marcará el destino de las futuras naciones. Dicho proceso histórico fue el resultado de condiciones objetivas y subjetivas en las tres dimensiones ya expuestas, así como de las diversas relaciones intersociales e intrasociales que ello significó.

2.5.1 De las condiciones objetivas

Dimensión vertical: En cuanto al proceso histórico en cuestión, y utilizando la metodología propuesta, hemos de observar aquellos movimientos que favorecieron el cambio de lo viejo en lo nuevo. Para esta dimensión objetiva consideramos que la abstracción más adecuada es el paso gradual de la producción feudal a la capitalista (producción de precios altos a bajos volúmenes a precios decrecientes y altos volúmenes).

Sobre el señalado cambio productivo, Eric Hobsbawm en su En torno a los orígenes de la revolución industrial, nos señala una característica importante que ocurrió antes de la Revolución industrial inglesa y es la transformación social y la consolidación de un amplio mercado interno. Es decir, un mercado interno fuerte que protegería de las grandes fluctuaciones del mercado externo, permitiendo una producción creciente de mercancías a menor costo en lugar de un modelo tradicional basado en una menor producción especializada a altos costos (Hobsbawm, 2007: 61). Esta es una diferencia significativa respecto de, por ejemplo, la forma de producción de los holandeses con el azúcar y su aversión a la expansión de la producción. Ello se debe a que se esperaba obtener un precio monopolista por cada producto en venta, más no por el volumen total de la producción; el resultado era un desaliento a la producción en masa. Parecían ignorar que la oferta crea la demanda.

Es posible pensar que primero el control de muchas plantaciones y la expansión de la economía de plantación en los territorios de producción estimularon una producción masiva y competitiva frente a otras naciones. Por lo tanto, lo que se necesitaba en la actividad colonial de los siglos XVI a XVIII, no era el negocio de la pimienta, sino las plantaciones azucareras, pues el mercader de la pimienta hizo y hace su dinero acaparando la provisión escasa de un producto muy caro y obteniendo el beneficio monopolístico en cada transacción, mientras que el dueño de las plantaciones azucareras obtiene sus ganancias produciendo cantidades cada vez mayores de azúcar a precios en disminución y extrayendo por tanto un mayor beneficio global, de un mercado en crecimiento” (Hobsbawm, 2007: 77). Esto es congruente con un mercado interno y externo en gradual desarrollo en un marco de relaciones de producción feudal.

La economía de plantación está estructurada alrededor de un modelo expansivo (las plantaciones eran iguales y cuando se pretendía aumentar la producción solamente se extendía más la plantación sin innovar en absoluto). Este tipo de economía que por si misma ya constituía una combinación de un mercado entre colonias y metrópolis hace resaltar la función y el papel que jugaron estos territorios en las políticas imperiales y los cambios económicos y sociales que devendrían en el periodo de las luchas burguesas y la revolución industrial del siglo XVIII y XIX.

Las economías de la plantación son generalmente dependientes en las fuerzas exteriores, debido al hecho de que los productos que son cosechado del en (sic) son cosechas del efectivo que se exportarán. Las cosechas de plantación prominentes han incluido algodón, el caucho, el bastón de azúcar, el tabaco, los higos, el arroz, el sisal y el añil. A través de la historia, los países con economías de la plantación han estado generalmente en los Estados Unidos meridionales, Suramérica, el Caribe, y África, generalmente durante el período histórico de la colonización, aunque Fordlandia es un vigésimo ejemplo del siglo XX.

Las economías de la plantación también se asocian históricamente a esclavitud, particularmente en los Estados Unidos. Las economías de la plantación benefician generalmente los países grandes a los cuales están exportando; toman las materias primas crecidas en la plantación y vuelven generalmente los productos manufacturados, haciendo un beneficio. A través de la mayoría de historia, los países que recibían las cosechas han estado generalmente en Europa occidental. (Economía agricola, www.tueeconomia.net. consultado el 8 de enero del 2010)

Cuando los precios comenzaron a decaer considerablemente por la competencia internacional y la saturación de mercados, estos mismos empresarios echaron mano de otros tipos de producciones que inesperadamente resultaron ser muy redituables (el caso concreto: algodón).

El panorama es más claro en los albores de la Revolución industrial inglesa y el papel que jugó la industria del algodón. En este sentido la creciente integración de un mercado mundial fue decisiva para el crecimiento económico de Inglaterra. Ya posteriormente, la presión para invertir estos gigantescos capitales derivó en la necesidad de inversión; por ejemplo en préstamos a naciones emancipadas y, fracasada esta estrategia,[1] la construcción de ferrocarriles. Fue más bien una vía para encauzar estos capitales financieros más que una verdadera perspectiva de crecimiento. Muchos inversores se arruinaron y otros vieron en los ferrocarriles una especie de “caja fuerte”. La dinamización económica en algunos países europeos occidentales a consecuencia de las enormes posibilidades de comercio internacional y, que, paralelamente, habían encontrado un potencial y creciente mercado interno de fines del siglo XVIII que llevará a lo que Hobsbawm llama la doble revolución; una económica en Inglaterra y la otra política y social en Francia, los dos “epicentros” en este cambio en la historia de la humanidad. Una doble revolución que cambiará el destino de las naciones y los pueblos (Hobsbawm, 1988: 14). Vinculará a unos con otros y dará lugar a un entrelazamiento de sus historias particulares en una confluyente historia mundial. Es la historia de la toma del poder por la clase a quien Marx, como ningún otro dio a conocer como la clase económica de la burguesía. Es al mismo tiempo la historia del advenimiento del capitalismo como modo determinante de la producción de la historia del mundo. Este señalamiento es a nuestra consideración un resultado lógico y ciertamente inevitable en la conformación del capitalismo y la primera revolución industrial. Pues, por así decirlo, Inglaterra “aportó” la base económica o infraestructura en tanto que Francia desarrollo la superestructura jurídica política burguesa. Una combinación lógica y necesaria para las futuras formaciones sociales capitalistas.

Y sin embargo, persiste la pregunta ¿Cuál fue el factor decisivo en la transformación de la producción monopólica feudal a la capitalista industrial? Consideramos que fue el proceso de acumulación originaria y su pavorosa consecuencia social: la venta de la fuerza laboral. Pues la creación de un mercado laboral significó el estimulo para la expansión de diversos mercados. La separación de los medios de producción del trabajador de igual modo fue y es el catalizador para la innovación tecnológica en la producción industrial.

En resumen, existió una transición de una economía de subsistencia campirana a una de producción en masa de bienes estandarizados a precios en disminución en mercados citadinos, condición que permite la inversión monetaria en la producción, “una industria de esta índole se prestaría en especial a la revolución si el cambio tecnológico fuera posible introducirlo... a bajo costo, y no resultara demasiado complejo... o una inversión preliminar excesiva, o innovaciones científicas y tecnológicas previas” (Hobsbawm, 2007: 103). Incluso, el historiador presenta una opinión sobre las políticas económicas, que favorecerían la industrialización “lo que se necesita... es constante innovación tecnológica y concentración en la producción en masa... una variedad de bienes en constante aumento, producidos en cantidades cada vez mayores, y a precios cada vez más bajos” (Hobsbawm, 2007: 77). Su propuesta es un refuerzo a sus tesis de estudio y es centrada en la producción de bienes ligeros. En el caso de la primera industrialización ello es completamente lógico, pues sólo la demanda creciente creará el estimulo suficiente para aumentar no solo la oferta de productos sino la oferta de bienes de capital.

Dimensión horizontal: En éste apartado se buscarán los factores en la primera industrialización que fue al mismo tiempo un movimiento acumulativo desigual- de transición de fase o coyuntura y un movimiento rápido- explosivo; siendo la parte del proceso histórico en cuestión de mayor amplitud temporal.

En muy pocas palabras, la historia de la industrialización capitalista comenzaría con la creciente necesidad de acumulación de capitales. Ello comenzó con el descubrimiento del polvo de oro en África que dinamizó el comercio, con la toma de Melilla, con la instalación de plantaciones en las islas atlánticas, con la búsqueda de nuevas rutas al oriente en el siglo XIV a Oriente, con el primer embarque de esclavos a Portugal, con el descubrimiento e instalación de los reinos ibéricos en América, con el flujo nunca antes visto de plata americana que irían a pasar a los banqueros alemanes y empresarios extranjeros, el comercio hanseático, más, con las economías extensivas de caña de azúcar; con el comercio inglés a Europa y a sus colonias a través de sus propias metrópolis.

Es necesario señalar la naturaleza irracional de la economía capitalista (a diferencia de las economías planificadas), ya que se haya inserto desde su propia génesis con el comercio de bienes preciados de Oriente (que tendría como consecuencia una permanente balanza comercial a favor de Oriente por la permanente demanda de productos preciados como seda, pimienta y artículos exóticos); no en vano se intentarían numerosas tentativas de dominio de estas rutas comerciales que tendrían como primer experiencia europea las cruzadas (entre 1095 y 1291). Esta demanda de bienes al interior del sistema feudal lo hayamos en los burgos, donde los hombres libres de ellas, burgueses, dedicados a la artesanía y comercio (que darían lugar a ciudades como Brujas, Gante, Hamburgo, Londres, Estocolmo, París, Novgord, Venecia, Florencia y Génova) comenzarían a comerciar entre ellas dejando otros círculos mercantiles fuera de combate (como las ferias medievales) y la estructuración de sistemas contables y administrativos acordes con su dinámica. “Conquista, piratería, saqueo, explotación –o comercio-, fueron los medios con los cuales de acumuló el capital necesario para iniciar la producción capitalista”. (Huberman, 1983: 202)

No obstante, España, la potencia europea que extrajo primeramente la riqueza metalifera de América, se vería reducida a revendedora de productos extranjeros como textiles y manufacturas inglesas, tejidos de Lyon, etcétera, los cuales en ocasiones eran solamente resellados haciéndolos pasar como españoles porque simplemente fue rebasada su capacidad productiva y los beneficios irían a pasar a sus rivales. Con el posterior protagonismo del comercio de Amberes, Ámsterdam y el creciente control de las rutas marítimas de Inglaterra y las guerras entre españoles, ingleses, holandeses y franceses en el Caribe. En fin que el flujo de riquezas hacia Europa, la acumulación originaria de capital y el irrefrenable dominio del comercio inglés llevarán aun punto de inflexión que llevará al final del siglo XVIII a un cambio en la historia de la humanidad en una dirección y con un empuje que penetrará en todos los poros de la existencia y que transformará las sociedades y los pueblos de una manera nunca antes vista.

A propósito de formaciones sociales, el triunfo de Inglaterra se inscribe dentro de un conjunto de sociedades de Europa Occidental con ciertas características que le diferenciaba de otras formaciones sociales que le permitió un particular dominio mercantil y productivo incialmente en Europa Oriental y América. Es necesario retroceder aún más en las condiciones en las que el mercado y la ganancia se convirtieron en las instituciones que permitieron la subordinación de las formaciones sociales a los dictados de la burguesía europea occidental.

Entonces salta a la vista la pregunta ¿Cuáles fueron las condiciones iniciales que diferenciaron Europa septentrional del resto del mundo y que permitieron una industrialización?

Es de considerar las afirmaciones que realiza Hobson, en su tesis antieurocentrista en la cual el desarrollo industrial británico e intelectual de Europa durante la ilustración, se debe a la adopción de la tecnología del lejano oriente, en específico de China. En palabras del propio autor “los británicos no estuvieron especialmente dotados de inventores brillantes. Su capacidad radicó en asimilar y perfeccionar los antiguos inventos y las ideas técnicas de China” (Hobson, 2006:262).

Pues Hobson al sostener que las invenciones fueron simplemente tomadas de China y su sola adopción permitió un avance sin precedentes en el mundo Occidental, entonces nos enfrentamos directamente al problema de por qué China no se industrializó si su técnica era más avanzada. Es por eso que para Hobson el vehículo de transmisión de conocimientos resulta tan fundamental en su tesis. En la última palabra tecnología se encuentra parte de la respuesta, dado que la tecnología china se encaminaba a lograr un mayor excedente agrícola. Pero ello mismo revela sus fortalezas y alcances productivos, puesto que la China de aquellos tiempos pertenecía al modo de producción asiático que bloqueaba el desarrollo de las ciudades en el sentido productivo y de una clase social burguesa. Es necesario decir que son las relaciones sociales de producción y la correlación de fuerzas entre las clases sociales de una formación social la que permite no solo la creación de los medios de producción sino su adopción amplia en caso de no existir las máquinas, acelerando el cambio social y productivo. Algunas de éstas consideraciones serán tratadas en el siguiente capítulo.

En todo caso, la tesis de Hobson indirectamente refuerza nuestra propuesta de materialismo histórico, pues en el siglo XVI las relaciones entre Occidente y Oriente eran desiguales. De hecho Europa se encontraba en una situación de marginalidad, que sin duda le permitió la conjunción de ciertos elementos y condiciones sociales en el nacimiento del capitalismo. Entonces, las condiciones lento acumulativas y rápido explosivas industrializadoras (para el caso concreto de Inglaterra) se deben encontrar en ciertas condiciones iniciales.

Al respecto, Karl Polanyi sostiene desde un estudio histórico y étnico que la primacía del mercado de productos con la búsqueda de ganancias (no así del intercambio) es un fenómeno moderno occidental no análogo a otras civilizaciones. En las primitivas ciudades no existía el moderno principio económico de la ganancia. “El rasgo característico de la economía primitiva es la ausencia de todo deseo de realizar ganancias con la producción o el cambio” (Polanyi, 1975: 83). Todas las civilizaciones, desde Egipto hasta China, practicaron la producción de bienes basada en la reciprocidad y redistribución. La primera es una actividad de tipo horizontal que se caracteriza por el intercambio de bienes recíprocos, mientras que la segunda es vertical y centralizada siendo un acto propio de las clases gobernantes. Ambos principios responden a cuestiones no económicos, sino a intereses sociales (estatus, aceptación, competencia para el caso de la reciprocidad) y políticos (siendo el caso de la redistribución, como un mecanismo de control); la economía era un anexo de la organización política[2]. El origen del dinero se debe al principio de redistribución de ciertos servicios no recíprocos; “todos los reinos arcaicos usaron monedas metálicas para el pago de impuestos y salarios[3], pero para el resto utilizaron los pagos en especie” (Polanyi, 1975: 80).

El principio de redistribución de bienes aumentó la especialización del trabajo, que ya existía en la economía primitiva, hasta constituir clases sociales. No obstante, que tales principios evitaban la concentración de riqueza en la clase trabajadora, pero no por su separación de los medios de producción. De hecho, el comercio era un acto extraterritorial porque la producción era domestica y de autoconsumo. Los anteriores principios generaron Estados autárquicos de economías regionales. Sin embargo, este mismo autor al estudiar el peso del mercado en la formación del capitalismo en la primera etapa del absolutismo, le brinda un peso enorme en su argumentación al mercado interno. Él expone que el germen comercial de las ciudades medievales pudo transformarse en el mercantilismo gracias a la creación inesperada del mercado interno por parte de la maquinaria estatal absolutista. Tal institución mercantil se encuentra intermedia entre el mercado local y externo, y favorece las transacciones y acumulación de capital que ayudó en la posterior industrialización haciendo a un lado la estructura feudal. (Polanyi, 1975: 89-105).

Perry Anderson en su extenso y profundo estudio sobre la formación y disolución del absolutismo feudal, expone algunas consideraciones que vale la pena revisar sobre el desarrollo del capitalismo o, más correctamente, por qué este modo de producción hizo acto de aparición en Europa septentrional y no en algún otro extremo del mundo. Si bien, él no busca explicar las condiciones generales de la aparición de la industria capitalista, nos ofrece un carácter facilitador. Él considera que en realidad el feudalismo[4] fue un modo de producción de alcance global, de China a América, con ciertas variaciones regionales donde existía mayor o menor poder político central, entonces la diferencia con el feudalismo europeo no se encuentra en la base material sino en la superestructura. “En otra palabras, una vez que la estructura de la soberanía y la legalidad se ha disociado de la economía de un feudalismo universal, su sombra gobierna al mundo... el único principio capaz de explicar el desarrollo diferencial” (Anderson, 2002: 413). El factor superestructural que diferenció al feudalismo de Europa Occidental fue el Derecho originado en la época romana, una herencia del esclavismo[5]. Su utilidad radica en el sustento contractual de las posesiones y la libertad individual y por tal motivo favorece la protección jurídica de la propiedad privada, la extracción de plusvalor y la movilidad de la fuerza de trabajo con métodos económicos que sería ampliamente utilizada en el posterior capitalismo. “La seguridad de la propiedad y el carácter fijo de los contratos, la protección y la predictibilidad de las transacciones económicas... garantizadas por un derecho civil escrito nunca se repitieron en ninguna otra parte” (Anderson, 2002: 437). Estas fueron las condiciones iniciales que eventualmente permitieron a lo largo de los siglos la marcha hacia el capitalismo. En pocas palabras, el nacimiento de la propiedad privada y las condiciones para la acumulación de riqueza por diferentes maneras de producir bienes.

Dimensión transversal: En este proceso histórico puede rastrearse una particular combinación de lo marginal con lo hegemónico y viceversa, que para ésta dimensión analítica se identifica con la creación y dinámica entre mercado interno-externo y su relación en el primer desarrollo industrial.

Para tal efecto, Hobsbawm nos ofrece explica condicionantes que estimularían este despegue industrial: Una limitación externa para la expansión de los viejos métodos (por ejemplo, la escasez de mano de obra, el alto costo de los transportes, límites territoriales, etc.) que haría difícil aumentar la producción más allá de cierto punto con los métodos existentes; una perspectiva de expansión del mercado tan amplia que justifique la diversificación o el perfeccionamiento de los métodos antiguos; tan rápido que la ampliación y modificación de éstos no pueda hacerle frente.

En Inglaterra -hay que recordar- que uno de los empujes que dieron lugar a la revolución industrial fue el fortalecimiento de un mercado interno, aunque los avances coloniales y la expansión mundial fueron las palancas hacia el despegue económico tan sorprendente. En pocas palabras, que las fabricas producían cada vez más productos a precios en disminución y estas fueron sustituyendo a los productos artesanales a precios elevados (por ejemplo, textiles como la lana y el lino fueron desplazados por el algodón; o los enseres de cocina de latón o bronce desplazados por los de cerámica). Una mayor circulación de monetaria agilizó la circulación de bienes a causa de la conmutación del pago de servicios en dinero y las enormes perspectivas de un mercado externo ilimitado (Inglaterra terminó apoderándose y controlando las rutas marítimas comerciales además de un creciente poder colonial) llevarían a unas perspectivas de mercado externo ilimitadas y la coexistencia de un mercado interno que permitió minimizar u absorber las fluctuaciones del mercado externo. Sería difícil explicar una causa concreta que explicara unilinealmente el advenimiento de la Revolución Industrial pero en general se acepta que el fortalecimiento de estos dos dimensiones del mercado -interno y externo- posibilitó que los empresarios tuvieran cada vez mayor avidez en producir crecientes cantidades de productos ya sea para un mercado nacional pero, y ante todo, al abrirse unas perspectivas de comercio internacional ilimitadas para el comercio inglés en el siglo XVIII y XIX, digamos claramente, perspectivas mundiales. Esto hizo que surgieran nuevas políticas tendientes a proteger dichos mercados bajo políticas mercantilistas encaminadas a eliminar trabas e impedimentos a la producción industrial y el comercio para lo cual Inglaterra conoció un gobierno especialmente decidido y compenetrado en proteger su comercio y a eliminar trabas en la producción.

Fue en Inglaterra donde el capitalismo en gran escala se desarrolló primero y, por eso, sus orígenes son más claros allí. […] las limitaciones y las rentas abusivas del siglo XVI echaron a muchos campesinos de las tierras a los caminos. […] las limitaciones aparecieron otra vez en el siglo XVII y la primera parte del XIX. […] las limitaciones del siglo XVI afrontaron una gran resistencia, no sólo de los desposeídos, sino también del Gobierno, temerosos de la violencia por parte de las masas obligadas a morirse de hambre; mas, a las [limitaciones] del siglo XVIII, se les dio una forma legal. Leyes limitativas hechas por un gobierno de grandes terratenientes y para los terratenientes […] El trabajador con tierras se transformó en trabajador sin tierras y dispuesto por consiguiente [sin otra alternativa], para ir a la industria como asalariado (Huberman, 1983: 202, 205).

Es de considerar que el feudalismo permitió una libertad de las ciudades, cuya existencia favoreció el desarrollo de un primitivo mercado interno hasta un límite para después crecer el mercado externo al cual se integraría. Pero estamos ciertos que el mercado interno por sí mismo (al ser casi estático en esa época preindustrial de mediados del siglo XVIII) no sería suficiente estimulo para despertar la codicia –ambición- de los empresarios porque siempre estuvo ese mercado interno y hasta la época anterior a la segunda mitad del siglo XVIII (particularmente siglo XVII, 1620-1720) crecía demasiado lento y en algunos lugares de Europa era estático o aún en contracción (en parte a esto se deberá la visión de los fisiócratas de una cantidad fija de riqueza).

Frente a esto último consideramos que las circunstancias que producirán estas condiciones fueron, la interacción intersocial encarnada en el primitivo “mercado mundial”, es decir las presiones que impuso el mercado externo, siendo en el caso de la conformación y e interacciones de las formaciones sociales el principal vinculo intersocial. Siendo esta institución la idónea para someter a las diversas formaciones sociales bajo la batuta de una de ellas. Esto significa dentro del contexto histórico una aproximación cada vez mayor a la integración de un mercado mundial en el cual una sola nación se encuentra en posibilidad de explotar un mercado virtualmente ilimitado que domina y por lo mismo, desde el punto de vista empresarial, una perspectiva de ganancias potencialmente ilimitadas. Y esta nación la encontramos en la Inglaterra de fines del siglo XVIII.

Un mercado externo fue una condición indispensable para la colocación de las islas británicas como la potencia destinada a la industria moderna “la inclinación de los gobiernos británicos a colocar las ganancias comerciales y la conquista de nuevos mercados sobre otra consideración haya ejercido un papel decisivo en la exclusión de rivales económicos... establecer un control virtualmente monopolista de todas regiones coloniales y del mercado mundial” (Hobsbawm, 2007: 106); es decir, existió un suministro de materias primas, un mercado sin competidores, y por tal consumidores reales y potenciales de sus manufacturas prácticamente ilimitados. La creación de un mercado interno estable que absorbía las inestabilidades del mercado externo. El crecimiento de una fuerte clase media lista para tomar el poder y que en el caso inglés realizaron su revolución burguesa con resultados exitosos y anteriores a las potencias continentales con la implementación de políticas novedosas, un éxito intrasocial, “lo importante es que una economía tal, y una política estatal “burguesa” no surgieron en ninguna parte fuera de Inglaterra” (Hobsbawm, 2007: 87). Caso contrario fue España, donde los primeros síntomas de revueltas burguesas fueron inmediatamente aplastados durante el reinado de Carlos V.

[1] Los riesgos de préstamos eran demasiado altos a causa de la inestabilidad política de estas naciones, deviniendo en casos a préstamos impagos.

[2] Al respecto, existen numerosos ejemplos y referencias escritas. Por ejemplo, en la Odisea de Homero el episodio de la cueva del Ciclope ilustra al respecto de las obligaciones de la hospitalidad, un principio de la reciprocidad. Como podrá notarse, la actitud del Ciclope frente a Odiseo y su tripulación denota una actitud salvaje previa a la civilización. E incluso en la literatura nórdica el principio de redistribución son los entierros de los héroes de las diferentes sagas, como la hoguera de Sigfrido con todos sus bienes terrenales y la barca que se incinera con el cuerpo y las riquezas de Beowulf. De hecho la valorización del honor y la trascendencia del nombre en la historia es valorizado más allá de las posesiones materiales.

Otro ejemplo aún mas elocuente lo representa el Antiguo Testamento bíblico en los libros de los Números y el Deuteronomio, sobre todo en la distribución de las ofrendas y la tradición del jubileo, que obligaba a todos los propietarios de tierras que hubieran realizado intercambio de las mismas deberán regresarla a su original dueño cada 49 años, medidas destinadas a evitar una gran acumulación de riqueza. Ciertas actividades económicas eran condenadas, caso específico de las actividades usureras. En el capítulo 5 de Nehemias versículos 10 y 11puede leerse: “también yo y mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y grano; quitémosles ahora este gravamen. Os ruego que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y perdonarles la deuda del dinero, del grano, del vino y del aceite que les habeís pensado”. Cuestión que muestra el uso del excedente productivo a actividades no productivas en el sentido moderno. Actitudes que para la ética capitalista son irracionales.

[3] La palabra castellana salario proviene del latín salarium, que era un pago en especie a una jornada de trabajo dado en una cantidad de sal que bien podía servir como un medio de cambio por otros bienes.

[4] Producción de bienes se caracteriza por una atomización del poder político central, una división del territorio en comarcas de propiedad privada señorial, el trabajo de siervos en la extracción de recursos de la tierra y una economía de auto consumo en cada división territorial

[5]En el esclavismo, la extracción de riqueza provenía del trabajo hecho en la tierra por mano de obra humana que perdió su libertad en los avatares de la guerra, “los esclavos podían ser adiestrados en numerosos oficios; además... intervenían para mantener bajos los costes allí donde trabajaban obreros asalariados o artesanos” ello permitía que los ciudadanos se dedicaran de forma absoluta a diversas actividades, desde la guerra, la política o la filosofía. Por lo anterior se explica la especialización y florecimiento de la cultura de Atenas hasta Roma. Incluso “la civilización griega fue la primera en desprenderse del polo absoluto de la libertad del continuo político... que habían predominado”. La riqueza de las naciones grecorromanas, por lo tanto se derivó siempre en la obtención del medio de producción humano a través de medios coactivos, es decir: la guerra. Esta última actividad nunca ha estado más ligada, en toda la historia humana, a la política y economía, pues del botín se obtenía la tierra a labrar, el material a manufacturar y el trabajador esclavo a trabajarlos. El papel de la ciudad se configuró apara la residencia de los terratenientes, ciudadanos y artesanos; para el control político-económico; un centro de consumo de los productos del campo y las manufacturas de diversas regiones.

Una innovación de la Ciudad Eterna, tendría consecuencias de largo alcance en la historia mundial y economía más allá de la crisis del esclavismo: el derecho civil. “La civilización romana fue la primera en separar... la propiedad del espectro económico de la posesión...indeterminada que la había precedido”. Perry Anderson. Óp. Cit. pp. 16-63. Es interesante notar que el discurso de los liberalistas y contractualistas desde la Ilustración, como John Locke, hacían hincapié de tres factores imprescindibles en la civilización como derechos naturales del hombre: la libertad, las posesiones y la vida.

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Licenciado en Ciencias políticas e involucrado en el mundo de las actividades académicas y sociales. Actualmente realizando investigaciones y organización para distintos frentes sociales y proyectos para el desarrollo económico.

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