Carta a mi corazón

Carta a mi corazón

Un año más a pasado, ya pasó de los cuarenta, he pasado más de un cuarto de siglo, me acercó al medio siglo, aún no he conseguido nada en mi vida, tu bien lo sabes amigo mío que bombeas con fuerza, para que siga en este planeta llamado Tierra.

 

Que decir que no sepas, a ti no te puedo engañar, eres el reflejo de mi alma, eres testigo de cada paso, cada sentimiento que hay en mí. Yo sé bien, que tú no puedes más, has llegado al límite.

 

Ni siquiera recuerdo cuando llegó el accidente, no había dejado ni los pañales, apenas hacía un año que andaba… ¿Qué mal le hice al mundo para que me lo pagara de esa forma? Soy testigo que no soy el único que está así, he conocido a tantos… son tan felices, con una vida… tan distinta a la mía, tan integrados, tan llenos de vida y felicidad, casados o ajuntados, o con pareja quizás, incluso con hijos, y nosotros corazón, anclados en este pozo de dolor.

 

Por qué ellos sí, nosotros no, cual es la diferencia, no somos mala gente ¿verdad? Soy educado, amable, y soy testigo que tú eres puro, con una capacidad de amar, y ayudar, a quien se te ponga por delante, aunque tu acabes herido y llorando… ¿pero nadie se da cuenta de ello verdad? Parece que solo tienen éxito, los que van puteando, y yendo por el mal camino, a veces me gustaría ser así, para conocer la felicidad, pero ahora sí, no es de tu naturaleza verdad, eres demasiado puro.

 

También intentemos hablar con papá y mamá, expresar mi realidad pero ya bien los escuchaste “sabemos que es una putada tu situación pero nosotros no podemos hacer nada, es lo que te tocó vivir, siempre nos tendrás a tu lado”

 

Diós, tenemos 40 años, no necesito a papá y a mamá, necesito más, tu no aguantas más corazón, lo se, te entiendo bien, mi cuerpo tampoco, necesito una mujer, calmar esos “picores” como dicen mamá y papá, pero no solo eso, necesito, amarla, cuidarla, respetarla, bueno que te voy a decir, si eres tu quien posees esos sentimientos tan potentes. No llores más corazón, ya estoy manos a la obra para hacer realidad, nuestros más deseoso deseo, es que conocí una muchacha, sin ninguna discapacidad, vino de visita al centro de día, se supone que a entretenernos, pero a ti te enamoró su sonrisa, su simpatía, era la única de todo el personal, de todos los que han pasado por ahí, que no nos trató como niños, me miró, nos sonrió, sí, porque tú te emocionaste bien, te aceleraste, de una manera incontrolable. Ella estaba en el patio, fumando un cigarrillo, me acerqué, me ofreció fumar uno, yo acepte, no siempre, lo sabes bien, pero de vez en cuando, alguna caladita, cuando encontramos esa alma caritativa, que me ve como el hombre que soy ella me la ofreció sin disputa ninguna. Se sentó a nuestro lado, conversemos durante largo rato, nos hizo reír, me hizo reír, le hicimos reír a ella, nos informó que no tenía novio, que estaría bien, que nos volviéramos a encontrar de una forma más personal… Nos guiño un ojo, te aceleraste, bien cuando nos besó en los labios, me dio su número de teléfono, su email, llevamos días hablando y chateando, ahora en un rato, la volveremos a encontrar, esta vez, los dos solos, tu incluido mi corazón, cenaremos, tendremos una cita y a ver, algo me dice, que todo va ir más que bien.

 

Vamos mi corazoncito, tenemos trabajo hacer, pero tú sabes tan bien como yo, que esto es lo que tanto esperábamos.

Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

¡Tienes que ser miembro de Revista Discover para agregar comentarios!

Unete Revista Discover

Parece mentira, con lo lento que se me paso el embarazo, ya no solo ha pasado, uno, dos o tres meses sino ya son cuatro meses que tuve a mi hija, ya tienen razón cuando dicen “disfrútala, porque crece muy rápido” Ya mismo, tendré…

Leer más…