Carta de un chico con Parálisis cerebral severa

Carta de un chico con Parálisis cerebral severa

Me siento triste, vacío, falta tan poco para cumplir un año más… ¿Y para qué? No me dejo de preguntar, dicen que todos los que nacemos, lo hacemos con un propósito en esta vida… ¿Cuál es el mío? Solo soy testigo de mi pobre madre, ya está mayor, y aun se tiene que encargar de mí, como ayer, cuando era un niño, pero ya no lo soy, ella ya tampoco es, joven y fuerte como ayer.

Ella jamás se rinde, no sé cómo lo hace, pero saca fuerzas, para cargarme, y manejarme, realmente, ella es mi mayor heroína, y nada ni  nadie podrá cambiar eso. Cada día rezamos, le damos gracias a Dios, sí, a ti, ella me lo enseñó, aunque tengo mis propias ideas, que no son como ella piensa. Voy cumplir 22 años, y aquí sigo anclado por está discapacidad, que me tiene condenado… Esto no son más que letras, ya que no puedo pronunciar palabra, de la misma manera, no puedo andar, pero si razonar, aunque no lo pueda expresar, gracias a la tecnología puedo escribir estas líneas.

 

Me miro al espejo, yo me veo como los demás si con espasticidad, mucha espasticidad, pero sigo siendo persona. Antes iba al centro, pero subió tanto su precio, que fue imposible seguir… Mi pobre madre lamentaba, por no poder hacer más por mí, pero no tiene porque, es la única que no me discriminado, hasta el que me engendró me abandonó, nos dejó. En el centro donde estaba, si claro nos cuidaban, pero ya, no somos más que una obligación, en el que ganan su ganancia, pero poco tienen en cuenta, lo que sentimos, lo que deseamos, son los primeros que nos incapacitan. Somos adultos con discapacidad, pero ellos solo ven, niños a los que vigilar y cuidar. Estando allí, me enamoré, de una chica con una discapacidad física, ella se enamoró de mí, pero poco podíamos hacer y demostrar, a la mínima que veían que en los labios nos besábamos, nos separaban, ya que… no nos podíamos defender, ya que ellos tenían el control, de nuestra movilidad, de nuestro quehacer, ignorando lo que nuestro corazón acababa llorando.

 

Yo he amado, y me han amado, pero hemos sido ignorados, ambos deseábamos tener ese encuentro carnal, tan deseado, mi madre, me escuchó, e intentó hacerlo realidad, habló con los padres de mi novia por aquel entonces, mi amada, pero no quisieron hacer nada, más bien me trataron de pervertido, aunque su hija, les gritaba, que ella también lo deseaba, pero la hicieron callar, ya no volvió al centro más. Mi madre, buscó una profesional, para calmar mi ansia sexual, pero todas pedían demasiado, o les daban asco mis secuelas de la discapacidad y fue imposible aceptar.

 

Soy testigo como en la calle, no me dejar de mirar, de susurrar, no son conscientes, que aunque no pueda andar y hablar, soy consciente de todo, ellos solo me ven, me tratan, como un niño eterno.

 

Estoy cansado y desesperado, ¿por qué seguir viviendo en este infierno? siempre he sido muy agradecido con el señor, pero necesito algo a cambio ¿Por qué me creó? ¿Qué me espera en el futuro? Yo le quisiera pedir un favor, si es que no tiene nada mejor para mí, preferiría no vivir, en  este mundo de crueldad, donde poco entienden mi realidad, soy adulto pero todos me tratan como niño, sin derechos, sin deseos, no he podido tener una educación como todos, porque tienen idea que como niño no entiendo, no puedo trabajar, porque nadie me da una oportunidad, soy inteligente, aunque no se lo crean, con la tecnología soy bueno, pero nadie me lo creé, ¿Qué me queda? A mi madre, pero mucho a sufrido, mucho a luchado, necesita un respiro también, ya más por mí, no puede hacer.

 

Así que por favor te lo pido, me das la oportunidad de volver a empezar, o mejor a mi vida, ponle un final, porque a mi límite he llegado, de verdad no puedo más.

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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