Carta a mi hijo: Perdóname por favor, me equivoqué

Carta a mi hijo: Perdóname por favor, me equivoqué

Amado y apreciado hijo,

 

Espero que no sea demasiado tarde, para que aceptes esta carta, y otorgues el perdón, a este viejo hombre, que quizás se tardó la demora, pero reaccionó, solo espero que aun este a tiempo para recibir una ultima oportunidad.

 

Lamento tanto las palabras que te dije, tu discapacidad, no es una maldición, aun menos un castigo de Dios, de verdad perdóname, me equivoqué. Ahora soy consciente que el castigo físico que te inculqué no era el adecuado, en ningún momento debí ponerte la mano, ni el cinturón encima, en ningún momento. Jamás debí decirte que tu eras el responsable de esta desgracia, jamás debí darte la espalda, cuando más me necesitabas, jamás….

 

Solo soy yo el responsable, de la profunda barrera que existe entre tú y yo, pero eso no quita, que me haya olvidado de que día es hoy, él día más feliz de mi vida, el día que naciste, te cogí en brazos, te miré a esos ojitos hermosos, por primera vez confesaré, que me emocioné, pero… ¿cómo un militar, de antepasados militares va admitir, que se emocionó al ver a su hijo? A tu madre no la pude engañar, aunque jamás se lo confirmé.

 

Hoy hace 15 años, que saliste de la casa dando un portazo, jurando que jamás volverías, después de gritarme que me odiabas, me deseabas lo peor… y cumpliste tu promesa, aun hasta el día de hoy. Te aseguro hijo mío que esas palabras fueron como grandes alfileres que me atravesaban el corazón, desde esa noche, no hay noche, que no tenga pesadillas, una parte de mí, ansiaba correr a darte una abrazo, y pedirte, lo que estas líneas indican, si pedirte, suplicarte perdón, pero la parte del orgullo ha sido superior. No por ello he dejado de pensar en ti, has estado en mi pensamiento, en todo momento, el sufrimiento por si no estabas bien, me superaba, pero el orgullo, aún era más. Pero escuchaba entre paredes como hablabas por teléfono con tu madre, me quedaba tranquilo, al saber que estabas bien.

 

Sé que no es excusa, no hay justificación alguna por lo que te hice, pero en mi defensa diré, que es lo único que aprendí, no te podía educar de otra manera, porque ignoraba como hacerlo. Sabes bien, que tu tío, mi hermano, tenía una discapacidad, física e intelectual, lo único que aprendí de mi padre, es que la discapacidad es una maldición que hay que castigar severamente, para que salga de la persona… él solo él, fue mi maestro, castigaba severamente a mi hermano, física y emocionalmente, sí le daba un techo, comida, agua, ropa  y una educación, con eso ya tenía suficiente, que no necesitaba más, pasó su infancia y juventud encerrado, sin amigos, sin ningún tipo de vida social, mi padre lo único que hacía era emborracharse, y se liaba a palos y burlas con él… ¿Te suena verdad? Es que me obligaba a mí también a dañarle… Oh hijo mío no sabes lo que me arrepiento… tu tío bien sabes su final, él no era como tú, su carácter era más débil, acabo quitándose la vida, con apenas 19 años. Y yo me lo encontré, supongo que eso me agravó la idea, que tener una discapacidad es una gran debilidad, hay que acabar con ella, antes que acabe contigo… Al día de hoy sé la verdad: La discapacidad no acabó con mi hermano, mi padre acabó con él.

 

Tener alcoholismo, es de las peores cosas que te pueden pasar… Eso sí que es una maldición, eso sí que es tener como el demonio dentro No solo te perdí, provoqué mi propia destrucción, y de los que más quiero. Obligarme a ir a ver un terapeuta, es de las mejores decisiones que he tomado nunca… No solo me ha ayudado a ver la realidad, sino también afrontar y obligarme, a una solución a la infancia que viví, todo lo que aprendí fue erróneo.

 

Estoy tan orgulloso de ti, no solo tuviste el valor, de desaparecer y no volver, sino de independizarte, buscarte un buen empleo, ganar tu dinero, un muy buen sueldo, sé que tienes una hermosa mujer a tu lado, tenéis una vida llena de felicidad, sé también que tenéis un bebé de dos años… 

 

Te preguntarás… ¿por qué ahora? Estoy enfermo, o mejor dicho me estoy muriendo, no me queda más de dos meses de vida, tengo un cáncer de boca, a causa de tanto alcohol, sé que es muy egoísta de mi parte, pero me gustaría verte una última vez, y conocer a tu hijo, no temas, solo quiero verle, no puedo andar, apenas puedo hablar… necesito oxígeno para respirar… ya no te puedo dañar más… Pero entiendo que decidas que no… Lo que si te pido con el corazón, que cuides de tu madre, que le hagas participe de tu vida, y tu familia, ella te necesita, os necesita… yo estoy a punto de seguir, lo que hace tanto me merezco, mi dura condena, que empezó cuando te perdí.

 

Te amo hijo, estoy muy orgulloso de ti por tener la fuerza de romper la cadena que lleva generaciones… Ojala algún día puedas perdonarme, pero sobretodo quiero, tu felicidad, no dejes que tu padre gané la guerra,  sé que no lo harás, se feliz, muy feliz.

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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