Diario personal: Cavallos

Diario personal: Cavallos

 

Autora; Vanesa Ruiz García

Era algo que teníamos pendiente, Emmanuel, si que había visto y estado con caballos, en México, su padre tenía, montaba en ellos, aparte se entendía muy bien con ellos, a veces los domaba. Desde que llegó a España, todo aquello había acabado, la verdad, le gustaba la idea de volver a ver a esos animales, y poder gozar de su compañía, yo sinceramente, me hacía gracia de toparme frente a frente con un animal de ese tamaño...

No hacía falta ir muy lejos, Vallo-brega a cinco minutos en bus de Palamós, había un grupo que lo realizaban, no tardemos en ir para allá, en un día de mis vacaciones. Si os digo que fue súper fácil encontrarlo, os mentiría, eso que es un pueblo pequeño, la mayoría es verde, ¿Os creeréis si os digo que nos perdimos? Sí, sí, eso que telefoneemos al sitio, varias veces, y nos indicaban, nos esperaban para ir a cabalgar en grupo, pero no había manera de hallarlo. Pasemos por la misma farmacia 3 o 4 veces, el pobre farmacéutico ya estaría harto de encontrarnos.

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Había perdido la esperanza la verdad, ya había dicho a Emmanuel, que media vuelta, y mejor volver, él también se estaba dando por vencido, cuando sin aviso encontremos el cartel indicado "Can Rigau" ¡al fin lo encontremos! todo se veía solitario asta que salió un chico, a darnos la bienvenida "os hemos estado esperando, pero tardabais mucho, ya han salido" ya ni modo ¡se acabó en montar a caballo! pero nos dejaron, contemplarlos, tocarlos, asta que nos cansáramos. Sinceramente, da impacto, ver ese peazo bicho ¡peazos ojos! ¡peazos pestañas! los acariciaba con temor. Emmanuel les dió crousant de chocolate, na un poquito, pero ellos ya le cogieron el gustillo. Yo estaba de pie agarrada a la madera, el caballo, olió mi mano, y empezó a la merla, yo creé que me la devoraba, no exagero, me di un gran susto, de tanto, otro caballo mas pequeño me daba cabezazos en mi trasero, como un saludo.

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Después de ese sobresalto, no me separé de Emmanuel, ya no gozaba a quedarme sola con ellos, los fui acariciando y saludando con mas tranquilidad. Otros se encontraban en cuadras, con un cartel de no tocar, supongo que eran mas salvajes.... Tardemos en encontrar el lugar, pero la espera valió la pena, ahora a la espera de poderles cabalgar...

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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