Relato: Deseo de navidad

Relato: Deseo de navidad

Autora; Vanesa Ruiz García

 

En la granja de los Guzmán, había caído una buena helada de principios de diciembre, todo se encontraba frío y blanco. El termómetro del exterior marcaba el bajo cero. El cielo estaba gris, blanquecino, no tardaría en volver a nevar. Suerte que dentro de la casa, la temperatura, era mas superior, gracias al fuego de la chimenea, que estuvo en marcha toda la noche, para dar calor a Yuan, una Husky de ojos verdosos, que llevaba horas de parto, que tras tiempo de sufrimiento, había terminado.

- Pobre cachorro… -escuchó murmurar a su esposo.

- ¿Qué ocurre? –se acercó.

- A nacido con tres patas, eso para un Hasky, aquí en Alaska es una desgracia, o sirve para el tiro del trineo o no sirve para nada, lo sacrificarán.

- ¿No se puede hacer nada? ¿no podemos evitarlo? –se lamentó su esposa.

- Lo llevaré al mercado, con un poco de suerte lo comprará alguien como animal de compañía –ambos era lo que más deseaban, no tener que matar al animal.

El sol calentaba pero el frío era superior, suerte de esos abrigos largos y lanados sino poco podrían andar por la calle. El mercado andaba animado, risas y charlas se escuchaban. El cachorro, ya tenía dos meses, ya pudieron separarle de su mamá, que algo que les extrañaba, es que aceptara a su bebe, con la discapacidad que tenía. Varios niños se fijaron en el animal, que les saludaba tiernamente, deseando que alguien lo adoptara. Muchos se detuvieron a contemplarle, ansiosos por comprarle, pero al ser conscientes de la falta de su patita, se desilusionaban y se retiraban.

- Tranquilo muchacho, aun hay tiempo, seguro que alguien te adoptara –no perdía la esperanza el granjero. Pero las horas pasaban, la noche llegaba, los visitantes se alejaban, el pobre animal, allí seguía observando a Guzman, con unos grandes ojos tristes –no me mires así, no puedo quedarme contigo, ya son los animales que tengo, no puedo cuidar de uno más –¡ai no por favor! no llores, que se me parte el corazón –suplicó escuchando como gimía.

- ¿Por qué llora? –escuchó una voz. No era mayor de nueve años, delgado, castaño, andaba con dificultad, se fijó que tenía unos hierros en sus piernas.

- Porque no puedo darle un hogar de cariño y bienestar –fue su contestación apenada.

- Es bonito, yo le daré un buen hogar –se ofreció el chico con una sonrisa sincera.

- ¿Estás seguro? –se extrañó el hombre –le falta una patita…

- ¿Y? Yo también estoy mal de mis piernas, no por eso estoy desamparado, vivo con mi abuelo que me quiere, me cuida, reza cada noche, para que mis piernas se pongan buenas. ¿Pero sabe? –preguntó en un susurro, siguió en el oído de su oyente –mi deseo de navidad no es ser como los demás, sino… -hizo una pausa, dejando a Guzmán intrigado –que los demás me acepten tal y como soy ¿eso es lo más importante verdad? –el corazón de Guzmán se encogió de emoción.

- Es todo tuyo, no podrá estar en un lugar mejor –no dudó en entregárselo emocionado.

- ¡Oh gracias señor, lo cuidaré bien se lo prometo! –exclamó con gran emoción.

- No me cabe la menor duda pequeño.

- ¿Tiene nombre? Boby, le llamaré Boby –afirmó observando la negación a su pregunta.

- Mucha Suerte Boby, mucha suerte…

- Nick, me llamo Nick.

- ¡Mucha suerte Nick!

Nick no tardó en volver a su casa, entusiasmado explicando de principio a fin la historia de Boby.

- ¡Ya tengo un Hasky abuelo! ¡Ya puedo participar en la carrera de trineo del día 24 de diciembre!

Con ese deseo se durmió sonriente, abrazado, a ese cachorro que tanto ya adoraba. Pero sus compañeros, no se lo tomaron tan bien como él.

- ¡No nos hagas reír, tu no puedes participar, menos con ese chucho, tan inútil como tu! ¡vuelve a casa con tu abuelo, huérfano inútil! –insultos entre risas, eso es lo que escuchaba Nick.

- Eso no es cierto Boby… y… se lo voy a demostrar… -dijo con plena rabia, sin poder evitar que su sonrisa se borrará, dejando paso a las lágrimas.

- Tienes razón Nick, ellos se equivocan, por ser diferente a ellos no significa, que no puedas hacer las mismas cosas, ¡yo te ayudaré a cumplir lo que más deseas! –confirmó con firmeza el granjero Guzmán que de tanto en tanto, les visitaba.

- ¡Si! ¡A participar en la carrera! –alzó sus brazos al aire el pequeño.

Los días pasaban, aun tenían muchas cosas que hacer; construir un trineo, enseñar a Boby a llevarlo… para eso trabajaron duro, de tanto sus compañeros reían y burlaban de todo ese esfuerzo. Nick y Guzmán no les afectaba, porque sabían que lo lograrían.

24 de diciembre, el día esperado había llegado, mucho se habían esforzado, sabían que estaban preparados para lograrlo. No podían evitar reírse, al ver la cara de asombro, de sus compañeros de cómo adaptaron, la falta de la patita de Boby, por una rueda, logrando el mismo objetivo conseguido.

- Que gané el mejor –le ofreció la estrechada de mano de todo corazón.

- Cállate inútil huérfano, tu ese saco de pulgas, no tenéis nada que hacer –le giró la cara, sin estrecharle ninguna mano.

- ¡Animo Nick tu puedes! –las palabras de Guzmán y su abuelo le fortaleció.

Tres, dos, uno, el disparo sonó, la carrera empezó. Todos los perros corrían tanto como se lo permitían sus patas. Rocky, empezó quedando en ultimo lugar, pero sus fuerzas aumentaron quedando en primero, estaban a pocos metros de la meta, estaba a la alcancé de su visión, los gritos de euforia se escuchaban. ¡Clac!

- ¡Socorro! –se escuchó, todas las miradas fueron a ese trozo de hielo, que se había desecho, el rival de Nick cayó de pleno, en esa agua congelada. Nick, no dudó ordenó a Boby, que diera media vuelta ayudar a su compañero. Con la dificultad que conllevaba lo sacó del agua, sin ayuda ninguna más que el granjero Guzmán, y su abuelo. Mientras que Nick agradecía la ayuda a aquellos que le ayudaron a sacar del hielo a su rival, el salvado, no dudó en volver donde había quedado, para acabar el primero, sin dar importancia a lo que acababa de pasar. La nieve volvía a caer con fuerza, cuando el vencedor, recogía su premio. Gritos de admiración y de felicitación sonaron por todas las esquinas.

- Un momento por favor, me gustaría decir algo –pidió el vencedor. Todos guardaron silencio –yo… yo no me merezco este trofeo –lo levantó al aire, si he ganado, pero, sin la ayuda de Nick, hubiese sido imposible… -le cogió la mano a Nick –perdóname, tu no eres un inútil, de verdad te lo digo –le poso, su mano, en su propio corazón –hoy nos has dado una lección a todos, y para comenzar a mi, bueno tu solo no, también Boby –sonrió al animal, que ladró con felicidad.

- ¡¡¡¡¡Oh gracias Charlie!!!! –Exclamó Nick emocionado. Le abrazó con fuerza.

- ¡Vamos! Felicitar al verdadero campeón! –le entregó su premio. Los gritos de euforia y aplausos aumentaron con el nombre de Nick.

Entre Charlie y todos los demás alzaron en brazos a Nick, que entre sus brazos llevaba a Bobi. Los aplausos y elogios no dejaban de escucharse de tanto los copos de nieve no cesaban… Lágrimas de felicidad, resbalaron por las mejillas de Nick, agradeciendo al señor del cielo, que su mas amplio deseo, fue realizado ¡ya era uno más!

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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