Diario de una joven con autismo

Diario de una joven con autismo

No tengo la capacidad de hablar, es algo que me arrebató el autismo, pero a diferencia de los que muchos creen, tengo consciencia, mis propias ideas, mi propia forma de pensar.

 

Muchos se van a sorprender, pero no soy feliz, el vivir como una niña eterna no me hace feliz, acabo de cumplir 19 años, todos me han felicitado como si hiciera 6, con globos, y gorritos de fiesta, me han acompañado con el cumpleaños feliz, me han llenado de muñecas como regalo, que hay de lo que yo deseaba, me hubiese encantado un Walkman para dejar de escuchar tantas idioteces que me rodean. La música también ha sido un desastre, escuchando el cochecito lere, por dios, donde este Katy Perry, que se quite los demás, me gustaría ir tanto a un concierto suyo, pero es un sueño imposible porque ni mis padres creen que pueda tener esos gustos, lo que para mi, es mostrar admiración, para ellos, como el resto del mundo es histeria, locura, rabieta, todo es lo mismo, pero que culpa tengo yo, si no entienden mi idioma, yo ya, hablo, hablo, nadie me escucha.

 

Aquí me encuentro desayunando junto a mis padres, está genial, que sea adulta no significa que me olvide de ellos, que me dieron la vida, que me criaron lo mejor que pudieron y sabieron. Siento el aroma del café, muero por un sorbo, y estoy apunto de atrapar la taza de mamá, entonces llega papá “Ei tu no puedes esto jovencita, aquí tienes tu leche con cereal de oso panda” empiezan a dármelo, yo me niego, insisto en que quiero café, pero ellos no entienden más, que una rabieta.

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El timbre, ya vienen a por mí, para ir a ese maldito centro, de tanto mis padres trabajan. Yo tengo poder, soy lo suficientemente lista para seguir una clase, me gustaría ser psicóloga en la discapacidad, ayudar a más chicos como yo, que tienen la capacidad pero viven en una gran burbuja, sin una oportunidad más que soñar.

 

En el centro, son los primeros en tratarnos como niños eternos, pasamos los días haciendo dibujitos y manualidades y hablando de chorradas, yo hago que escucho, sin poder sacar los ojos de encima a Joel, un monitor que esta buenísimo, además es un encantó. En este punto me alegra que me traten como tonta, me lleva varias veces al baño, ignorando que me pone a cien, pero maldigo que sea tan caballero, un tío tan legal, desearía que me tocara, que me acariciara, que me besara, y algo más, vosotros, mis lectores, ya me entendéis jiji me enamoré de él en cuanto lo vi, obvio, no fui la única, no es por creerme importante, pero creo que conmigo aún tiene un trato más especial, sí, o es posible que lo vea, con los ojos de enamorada.

 

Hacía las cuatro de la tarde, salimos a dar un paseo, pero para que cambiar, nos vuelven a llevar, al parque que hay al lado, con batido de chocolate y galletas, yo lo que quiero es probar la cerveza. De tanto muero de envidia al ver como los monitores toman una bien fresquita.

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A las siete de la tarde llegó a casa, de tanto acaban cuatro cosas, me plantan frente la tele, viendo la Dora la exploradora ¡Yo quiero la ley y el orden, victimas especiales!

 

Después de una buena ducha, que no puedo y no tengo intimidad para ya entendéis… a cenar y descansar, para a la mañana un vuelta a empezar, en está maldita rutina.

 

Antes de acabar, agradecer a mi hermana mayor, por facilitarme este escrito, ella es la única que me cree, cree en mi realidad, encuentra una injusticia, lo que tengo, tenemos que aguantar, los que nos encontramos con esta condición, pero ella me dio su palabra que me ayudara a que esta carta salga a la luz. Y sabéis que… ¡Me llevará a un concierto de Katy Perry!

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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