Edad Media II - Historia de la diversidad cultural en Europa
Edad Media II
Historia de la diversidad cultural en Europa
RESUMEN

Es necesario y nos parece pertinente comenzar este escrito presentando la expansión de los pueblos escandinavos en un segundo gran contexto migratorio de nuestra era el cual transformará, como en su momento las migraciones del siglo V, la faz europea. Sin desvalorizar demás factores resaltamos que en un primer momento la expansión escandinava se explica principalmente por el afán de riquezas y botín, ya que era el medio de obtención de prestigio social y tierras en sus países de origen. Esta expansión se desarrolló en dos sentidos.

EXPANSIÓN ESCANDINAVA

Ruta

Grupo

Países arribados

Ruta oeste (estrvegum)

Daneses y noruegos (normandos o vikingos)

Islas Británicas, Atlántico Norte, Francia y Frisia (esporádicamente península ibérica, Marruecos y el Mediterráneo)

Ruta del este (austrvegr)

Casi exclusivamente por suecos (varegos)

Estepas rusas, hasta alcanzar los territorios bizantinos y el Califato de Bagdad

En una primera fase, las invasiones de noruegos y daneses (finales siglo VIII – mediados siglo IX), encontraríamos frecuentes y crueles ataques contra el Occidente cristiano (ataques repentinos y uso del terror). Esta etapa culminaría en 859 con el incendio de París, dando lugar a otra etapa más tranquila -sin exceptuar la violencia- en que los “rescates colectivos” o danegeld son un expediente recurrente, que permitirá que: “El relativo alejamiento del peligro, aun a costa de un esfuerzo económico agotador, permitió organizar algún tipo de resistencia”.1 Frente a la movilidad escandinava se erigieron rudimentarios puentes fortificados, “castra”, murallas, etc.

Quizás debido al cansancio, cambios sociales o económicos o a la cristianización a comienzos del siglo X las incursiones escandinavas comienzan a disminuir en intensidad siendo gradualmente sustituidos los danegeld por asentamientos permanentes en los territorios invadidos como los “Estados” daneses en Inglaterra (Danelaw) o Normandía (911). Semejante flujo de riqueza a los países normandos debió producir unos efectos económicos duraderos, sin mencionar el flujo de occidentalidad al mundo tradicional escandinavo. Después de 930 a 980 Europa vivió un periodo de tranquilidad, los ataques daneses se centrarán esta vez contra Inglaterra (conquistada totalmente entre 1014 y 1016 por Cnut el Grande). Los noruegos intentarán conquistar Irlanda, siendo derrotados en 1014, aunque compensado este fracaso con el descubrimiento y colonización de Groenlandia en 981.

Los varegos o suecos se expandieron siguiendo las rutas del Volga-Mar Caspio y Vistula-Dnieper-Mar Negro. Comenzarían a expandirse hacia 830, entrando en contacto con bizantinos y musulmanes entre 840 y 860, comerciando activamente con ellos y con los turcos. Llamados por los rusos, rus y svei o suecos, fueron guerreros profesionales al servicio de príncipes eslavos y, en algunos casos, haciéndose con el poder originando principados como los de Novgorod, Kiev o Staraya Lagoda.

En cuanto a los magiares (modernos húngaros) se instalaron en la llanura panónica a finales del siglo IX, empujados por los petchenegos, un nuevo pueblo de las estepas asiáticas. De costumbres nómadas, tan pronto su llegada, comenzaron una serie de ataques y expediciones contra Occidente: “El Estado de Moravia se deshizo y el bloque eslavo occidental quedó definitivamente seccionado”.2 Hasta su derrota a manos de Otón I (955) realizaron más de treinta incursiones hasta lugares tan lejanos como Orleans. Tal vez a causa de ser derrotados mientras vivían un proceso de sedentarización, interrumpieron casi por completo sus operaciones de pillaje (excelentes jinetes y vertiginosos ataques). También comenzó el proceso de conversión al cristianismo. El hecho oficial ocurrió en 966 con la conversión del principe Vajk adoptando el nombre de Esteban. Dos años más tarde, el papa Silvestre le envió la corona real, ingresando así Hungría al concierto de los reinos europeos (L. Musset).3

En general, los Estados eslavos aparecieron lenta y tardíamente por falta de cohesión política (deviniendo en debilidad contra presiones de grupos migrantes y ausencia de unidad contra ejércitos externos), sin embargo, podemos decir que entre los primeros en organizarse son los croatas, a comienzos del siglo IX con el “primer imperio yugoslavo”. Por la misma época se creó la Gran Moravia, desapareciendo en 906 a causa del ataque húngaro. Le seguiría Bohemia. El territorio checo, para entonces ya había sido cristianizado.

Polonia, hacia 850 estaba fragmentada entre diversos grupos tribales, de los cuales destacaban los vilanos y los polanos. Estos últimos irían unificando el territorio lo que ocurrió en días de Mieszko I (960-99?). Siempre amenazados por el Imperio otónida pudieron conjurar la absorción mediante la cristianización y la cercanía al papado de quien Mieszko se declaró vasallo. Su hijo Boleslao incorporó Bohemia (1003), Eslovaquia y Moravia (1004-1007) al Estado polaco.

Sobre la presencia y conquista musulmana en la península ibérica trataremos más adelante, conviniendo señalar que el periodo del emirato (756-929) y posteriormente el califato de Córdoba (923-1031), con sus procesos de islamización e integración de las poblaciones y el nacimiento de los reinos cristianos en España a partir del siglo VIII “como reacción a la conquista musulmana o como resultado de la extinción del Estado visigodo”4 son procesos paralelos que marcarán las trayectoria de los pueblos en este territorio, pues como decíamos antes la Reconquista ocurre casi paralelo e inmediatamente después de la conquista árabe.

En muchos casos nos referimos con Reconquista al fenómeno de repoblación de territorios despoblados como consecuencia de la expansión musulmana, haciendo coincidir repoblación con reconquista. En numerosos casos, se trata de un regreso a sus lugares originales pasada la amenaza muslime, a veces escapando de la persecución religiosa en al-Andalus o la presión demográfica en Asturias o en los valles altos de los Pirineos,5 tierras abandonadas años atrás por ellos o por sus padres.

Estas actividades repobladoras ocurren desde alrededor al año 800, cuando Asturias se recuperaba con Alfonso II y Carlomagno se encontraba creando la Marca de España. Pero no conviene atribuir la repoblación solamente a la iniciativa política, “hubo sin duda operaciones repobladoras programadas y desarrolladas por el poder [...] Pero en la mayoría de los casos la repoblación se ejerce no sobre ciudades ni por orden expresa del rey. Sus protagonistas son campesinos o grupos monásticos, y su objetivo es tomar posesión de tierras abandonadas y sin dueño”.6 Los territorios comenzarán lentamente a ser repoblados, las tierras yermas y los bosques comenzarán a ser cultivados y poco a poco irán creándose estructuras económicas nuevas y las recuperación o construcción de caminos, molinos y canales de riego. Operaciones por demás dificultosas y penosas pues con la tecnología de la época y los recursos de campesinos, la mayor de las veces eran herramientas hechas totalmente “'de madera con las puntas endurecidas al fuego' (García de Cortázar)”.7

Con este trasfondo podemos listar los principales reinos hispano-cristianos hasta 1035. En el caso de Asturias, surgida como producto de la alianza entre Pelayo y el duque Pedro en que la batalla de Covadonga (722) permitió librar al territorio de las fuerzas musulmanas ocupantes. Con Alfonso II (791-842) este reino alcanzaría una definición, en parte, gracias a la gran inmigración mozárabe de ideología llamada neogótica y propiciando un renacimiento coincidente con el renacimiento carolingio. Su momento álgido políticamente sería alcanzado con Alfonso III; también se traslada la capital del reino a León. Después de Ramiro II los reyes leoneses caerían en la órbita de Córdoba o de los intereses de una nobleza en ascenso.

El condado de Castilla, por otro lado, parece que nació de un temprano proceso de repoblación protagonizado por monasterios y campesinos de origen vasco, cántabro y germánico. Los condes eran designados por Asturias, sin embargo, Fernán Gómez de Lara convertido en 931 en “conde de toda Castilla” aprovechó la muerte de Ramiro II para hacerse de una grande autonomía la cual sería aumentada por sus sucesores.

Aun más dificultoso de determinar es el origen del reino de Navarra, cuyo control musulmán era casi nominal “y que a pesar de la presión de musulmanes y francos, los vascones de Pamplona consiguieron mantener su independencia, aun a costa de pagar tributos o aceptar guarniciones en su territorio”.8 Más fortalecido el territorio, en 905 Sancho Garcés I acabó con una política ambigua de navarra con los caudillos muslimes de la zona emprendiendo la reconquista del territorio.

El origen del reino de Aragón también supone dificultades, siendo en un principio un enclave pirenaico, que, desaparecida la presencia islámica estuvo bajo la influencia carolingia hasta principios del siglo IX. La dependencia hacia Pamplona se evidencia desde fines del siglo IX. En 1035, a la muerte de Sancho II, surgiría Aragón como reino.

En Cataluña, por el contrario, la presencia árabe fue constante y prolongada. Los carolingios comenzaron la recuperación de los territorios, apoyados por las masas descontentas con el régimen musulmán (785 Gerona, 801 Barcelona) creando de esta forma la Marca de España, un conjunto de condados, destacándose Cataluña entre ellos. Aprovechando la crisis de los carolingios, Wilfredo I, conde de Cataluña se independizó de los francos, procediendo a la unificación de los restantes condados que se consumaría un siglo después.

Para finalizar este apartado podemos asegurar que la amenaza musulmana pesó bastante sobre estos reinos cristianos del norte de España. Estamos ante reinos con una estructura política muy primaria, “se percibe una atonía política y la desaparición de la idea misma de Estado, a pesar de su programa de restauración neogótico”.9

Estas comunidades, donde la agricultura y la ganadería fueron las actividades económicas fundamentales fueron expandiendo su ámbito de intercambios, rebasando su comarca, como en León, donde acudían mercaderes judíos desde al-Andalus. Aunque se conoce la moneda, el medio generalizado de intercambios era el trueque, normalmente de ganado y grano durante el siglo X.

El siglo X presenta particularidades que repasaremos en breve. Cabe señalar la construcción del Imperio de Otón I como un momento político muy importante en Europa occidental, ya que a través de este podemos observar lo que será, poco a poco, el Occidente cristiano. Un ligero repaso a ciertas cuestiones dentro del siglo X nos hacen ver claramente procesos que conducen hacia la feudalización de la cristiandad europea. El Imperio otónida, abarcando una Europa mucho más amplia que antes en “un Occidente cristiano que modifica sus límites, que se amplía, integrando en las formas de vida que le son características territorios que, cuando Carlomagno vivía, estaban sólo en sus bordes o fuera de él”.10

DESARROLLO

Sobre la renovación en Occidente en el siglo X

Aunque existía una amplia porción de campesinos libres, con el correr del tiempo, como en el resto de Europa podemos comprobar que “como en otras parte de Europa, la consigna parece haber sido la de ningún hombre sin señor” [...] muchos hombres libres pasaron a depender de los poderosos hasta el punto de perder en algunas partes hasta la libertad de movimiento. En gran medida, estas transformaciones [...] fueron resultado de la 'irresistible ascensión de la aristocracia'”.11

Hemos visto, a lo largo de los escritos presentados que, aproximadamente después del colapso de la construcción carolingia, en el siglo X, parece haber una disminución y hasta ruptura del crecimiento observado en los siglos VIII y IX. Tradicionalmente los especialistas lo explicaban como el desenlace lógico del trastorno ocasionado por las segundas invasiones, sufriendo Europa las correrías de vikingos, sarracenos y húngaros. De acuerdo con esta visión, la necesidad de protección y defensa acarrearía una imposición de guerreros sobre el campesinado.

Sin embargo, ya no es una explicación convincente. Una economía rural tan sencilla podía reconstruirse fácilmente. Más bien, los ataques permitirían a los siervos y campesinos dependientes huir y, al mismo tiempo, liberarse de su señor. Estos amos se verían obligados a atraer nuevos pobladores y reducir las exigencias en rentas y prestaciones, en detrimento de los sistemas de extracción de riqueza anteriores. Las expediciones de pillaje disminuyeron en el siglo X y los invasores ocuparon en muchos casos los territorios atacados. Las ciudades, objeto de destrucción no siempre pudieron sobrevivir, pero en su lugar aparecían otras, mejor protegidas y más dinámicas12. La cristianización avanzó en los territorios con que entraban en contacto. Europa crecía, del siglo X son las primeras ciudades en Dinamarca. En Europa del este observamos la misma situación. En suma, al igual que en el este, “evangelización, urbanización, nacimiento del estado [sic] y progreso de la dedicación agraria coinciden. El paso de la agricultura itinerante a la agricultura sedentaria acompaña una evolución social en que la actividad guerrera vinculada a la organización tribal es sustituida por la organización jerarquizada que se sostiene en el sometimiento del campesinado”.13 De hecho la circulación monetaria aumentó en este siglo y la población en las urbes comienza a tener importancia en el entramado social. Clara progresión de la superficie cultivada y el aumento de la población, signos inequívocos de crecimiento. En el Mediterráneo pasaban cosas similares. Con la disminución de la flota naval bizantina y el creciente dominio musulmán en el Mediterráneo, las ciudades tuvieron que reforzar sus propias flotas y, a la vez, comenzaron a destacar las mejores urbes posicionadas para estos retos: Venecia y Amalfi; ya en el siglo XI Génova y Pisa que dejarían entre ellas a Amalfi en decadencia. Muestra que los contactos con Oriente no disminuyeron sino que se reforzaron en este siglo décimo. Porque “En Italia, las ciudades nunca habían perdido del todo su antiguo vigor, no se habían vaciado completamente de sus funciones. En el siglo X, después del repliegue ocasionado por la conquista lombarda y las guerras carolingias, su papel se recuperó”.14

Es dentro de este proceso que debe situarse la reconstrucción otónida, es un imperio éste, el de Otón I, al tiempo que una reconstrucción carolingia, si se quiere con otro rumbo, pero decíamos, es una reconstrucción. Curiosamente proveniente de Sajonia, territorio que tantos trabajos costó a Carlomagno. Consagrado en 936 en Aquisgrán como rey de Germania, extenderá su influencia aun más al este que antes, sobre húngaros, eslavos y escandinavos. Pero a diferencia del edificio carolingio encontramos ahora un poder más sólido. Si aquél estuvo a merced del papado, ahora será Otón quién haga sentir su predominio sobre la Iglesia. Así se interpreta la coronación imperial.

Asentado su poder en Alemania, Otón pudo pensar en la corona imperial [...] el Imperio significaba el control del papado y, por tanto, de las posibilidades de intervención externa en la Iglesia germánica. El Imperio era, pues, una nueva pieza en el fortalecimiento del poder monárquico [...] el 2 de febrero de 962, Juan XII le impuso la corona imperial [...] la situación se había invertido; si, con los carolingios, los papas habían terminado por controlar el instrumento imperial, con Otón era el emperador el que dominaba a los pontífices.15

Sus sucesores, Otón II y III no continuaron con esta dinámica emprendida. Ya Otón III tenía planes lejos de Germania, en Roma y cuando murió en 1002 intentando retomar el control de Roma sus planes eran de un imperio universal.

Estamos frente a Europa en trance de feudalización. En este sentido no es impertinente considerar este lapso desde antes de la caída del Imperio romano hasta el alzamiento del sacro Imperio romano de Otón I como un periodo de transición desde la Antigüedad hasta la Edad media propiamente dicha. Una Antigüedad tardía o un proceso en que el feudalismo como modo de producción será definitorio de la cristiandad europea. Las características más representativas del modo de producción feudal serán tratadas en el siguiente reporte pero puedo recomendar para un análisis correcto de esta transición a Perry Anderson. A modo de final para esta sección me tomo el atrevimiento de citar extensamente a este investigador donde aclara la relación entre el elemento romano y germano en la conformación y algunos sustratos del feudalismo.

Que el feudalismo occidental fue el resultado específico de una fusión de los legados romano y germánico era ya evidente para los pensadores del renacimiento cuando por vez primera se puso a debate su génesis [...] El origen primigenio de la instituciones específicamente feudales parece a menudo inextricable dada la ambigüedad de las fuentes y el paralelismo de la evolución de los dos sistemas sociales antecedentes-Así, el vasallaje puede haber tenido sus raíces fundamentales tanto en el comitatus germano como en la clientela galorromana. Dos formas de séquito aristocrático que existieron en ambos lados de Rin mucho antes del fin del Imperio y que contribuyeron indudablemente a la aparición del sistema “vasallático”. El beneficio, con el que finalmente se fundió para fundar el feudo, puede remontarse igualmente a las prácticas eclesiásticas romano-tardías y a los repartos tribales de tierra de los germanos. El señorío, por su parte, procede ciertamente del fundus o villa galorromana, que no tiene ningún equivalente bárbaro porque son grandes fincas autosuficientes, cultivadas por campesinos dependientes o coloni que entregan a su señor terrateniente productos en especie, en lo que es un obvio presagio de una economía señorial. Por el contrario, los enclaves comunales de la aldea medieval fueron básicamente una herencia germánica, vestigio de los primeros sistemas rurales forestales después de la evolución general del campesinado bárbaro desde las tenencias alodiales a las dependientes. La servidumbre desciende probablemente del estatuto clásico del colonus y de la lenta degradación de los campesinos germanos libres por la “encomendación” casi coercitiva a los guerreros de los clanes. El sistema legal y constitucional que se desarrolló durante la Edad Media fue igualmente híbrido. Una justicia de carácter popular y una tradición de obligaciones formalmente reciprocas entre dominantes y dominados dentro de una comunidad tribal común dejaron una profunda huella en la estructuras jurídicas del feudalismo, incluso allí donde los tribunales populares no sobrevivieron, como en Francia. El sistema de Estados que más adelante apareció dentro de las monarquías feudales debía mucho en especial a esta última. Por otra parte, el legado romano de un derecho codificado y escrito tuvo también una importancia capital para la específica síntesis jurídica de la Edad Media. Mientras que la herencia conciliar de la Iglesia cristiana clásica fue sin duda alguna fundamental para el desarrollo del sistema de Estados. En la cumbre del sistema político medieval, la institución de la monarquía feudal representó inicialmente una cambiante amalgama entre el jefe guerrero germánico, semielectivo y con rudimentarias funciones seculares, y el soberano imperial romano, autócrata sagrado de poderes y responsabilidades ilimitados.16

Sin olvidar que ninguna otra institución como la Iglesia tuvo una permanencia en esta etapa transitoria. Podemos, de hecho, confirmar con Perry Anderson que la Iglesia, “procedente de una minoría étnica postribal, triunfante en la Antigüedad tardía, dominante durante el feudalismo, decadente y renaciente durante el capitalismo, la Iglesia ha sobrevivido a cualquier otra institución”17 Con una adaptabilidad y autonomía extraordinarias, desde cualquier enfoque.

Sobre la presencia musulmana en tierras hispánicas

Es muy de mi interés repasar algunos hechos y detenerme a analizar lo que fue la presencia musulmana en tierras hispánicas. El periodo que se analiza es muy variado y podemos afirmar que señala el apogeo islámico en al-Andalus.

La entrada a la Edad Media en la península hispánica es señalada cuando el rey visigodo Rodrigo, fue derrotado y muerto en julio de 771 a manos de un pequeño ejército de árabes, orientales y bereberes. La estrepitosa caída del estado visigodo se explica dentro del proceso de la expansión islámica que arrolló a su paso a Estados más fuertes que el visigodo.18 La rápida conquista del territorio prácticamente no ofreció resistencia: pobladores y la nobleza pronto trataron de establecer acuerdos con los vencedores. Por otro lado clérigos y nobles temerosos emigraron a Francia; las tierras del Estado y la Iglesia fueron repartidas entre los árabes y bereberes conquistadores. Al principio los territorios estuvieron administrados por gobernadores o valíes, nombrados por emires en África o por los mismos ejércitos. Después de la derrota en Poitiers (732) al-Andalus cayó en una larga crisis que, al mismo tiempo, es una repercusión de la crisis del califato omeya, enfrentando árabes contra bereberes y después -derrotados los últimos- entre los mismos árabes. Esto permitió una reorganización de la resistencia de los cristianos iniciada en Asturias años antes. Así, la Reconquista fue un proceso que inició lentamente casi después de la Conquista misma. La época “clásica” de al-Andalus abarcaría de 756 y 1031. Una periodización política de esta época de esplendor abarcaría el emirato de Córdoba (756-929) y después el califato de Córdoba (923-1031).

Pero, al margen de estas estructuras políticas mejor o peor definidas, la población se agrupa en comunidades [...] de acuerdo con formas organizativas de tradición indígena, basadas en el vínculo de parentesco y en un cierto comunitarismo agrario.19

La historia del emirato comienza cuando en 756 desembarcó en Almuñécar Abd al-Rahman, el único príncipe omeya sobreviviente de la matanza emprendida Abu Abbas en 751, llegando al poder y proclamándose emir de al-Andalus, arrancando así

La historia, independiente del califato de Bagdad, de este principado en tierras de Occidente. Abd al-Rahman I y sus inmediatos sucesores mantuvieron la llamada “ficción califal”, que hacía compatible la independencia política con el mantenimiento de la unidad espiritual y moral del Islam.20

Políticamente no fue un periodo tranquilo. La dinastía omeya mantuvo la misma política pro-árabe traída de Oriente, suscitando serios problemas y sublevaciones de bereberes y muladíes (neo-musulmanes). Por otro lado, resumiendo, “se consolidaron las estructuras administrativas y políticas que hicieron del emirato de Córdoba un verdadero Estado. Y al mismo tiempo se produjo un irreversible proceso de islamización que redujo a los cristianos o mozárabes a una minoría”.21

El califato de Córdoba (929-1031) comienza cuando Abd al-Rahman III sube al trono de un Estado decadente (912), acabando con las diversas sublevaciones e imponiendo orden y autoridad. En 929 se autoproclamó califa, terminando así con la ficción califal, aprovechando la decadencia del califato abbasí y frente a la amenaza de expansión que representaba el califato fatimí en Egipto.

Afortunado en la paz y en la guerra, Abd al-Rahman III (912-961) hizo de al-Andalus una gran potencia mediterránea y de Córdoba una de las más grandes ciudades del mundo islámico. La paz interior propició un fabuloso desarrollo económico [...] La administración del Estado, cada vez más compleja, y la política expansionista dieron origen a toda una maquinaria burocrática precedida por un primer ministro o hachib. Muchos de los funcionarios eran antiguos esclavos (saqaliba) aunque los principales cargos estaban en manos de miembros de la dinastía o de la nobleza andalusí. El ejército, aun manteniendo en parte la estructura tribal tradicional, estaba mayoritariamente compuesto por soldados profesionales, reclutados en el norte de África (bereberes) o en la España cristiana.22

Le sucedió su hijo, al-Hakam II (961-976) reuniendo en la biblioteca del palacio más de 400 000 libros. Le sucedería su hijo Hixem II, demasiado joven para gobernar, siendo encerrado en el palacio por un joven ambicioso del consejo de regencia, Ibn Abi Amir, conocido después como al-Mansur, “el victorioso”, haciéndose con el poder, en tanto “dueño absoluto de los destinos de al-Andalus [...] como teórico hachib y real dictador”.23 El ejército, donde fundaba su poder, fue reorganizado a partir del componente mercenario, terminando con la antigua estructura tribal. Garantizó la paz interior al tiempo de llevó una política exterior de ataques militares contra la España cristiana. Estas incursiones tenían como objetivo, menos que la expansión territorial, la obtención de riqueza, el debilitamiento y la destrucción de enemigos cristianos; en fin, en la obtención de riqueza y prestigio militar, (además de practicar acciones demagógicas, como la expurgación de la biblioteca real),24 acciones tan importantes en su legitimación política.

Sus hijos no tuvieron la capacidad para administrar el Estado, decayendo y entrando en una etapa de violencia y enfrentamientos entre andalusíes y bereberes (guerra civil o fitna). El último califa Hixam III fue depuesto en 1031 cuando al-Andalus de hecho, ya había caído en una múltiple división de sus territorios en los reinos de taifa.

Realmente existió una pervivencia cultural a pesar de la conquista muslime. Y es que esta supervivencia de lo preexistente es una característica de la conquista árabe en su amplitud: “lo realmente sustantivo del Islam no es una serie de manifestaciones externas, cuanto una determinada concepción de la vida, de la sociedad y de la organización política. Todo lo demás es puro accidente que introduce, como mucho, en el monolitismo fundamental del mundo islámico, variante regionales más o menos acusadas”.25

Algo que se desprende de las lecturas respecto al mundo islámico en la península hispánica es la idea de diversidad Es bien claro que a través del mundo islámico se rescata y se transmite mucho del aporte de los textos antiguos grecorromanos. Mucho del conocimiento adquirido, creado, sistematizado y difundido proviene justamente de esta parte del mundo medieval. La Edad Media conoció un notable desarrollo de la cultura en países asiáticos que iban a conquistar los árabes. Por ejemplo, las escuelas persa y árabe basaron en un principio sus enseñanzas en traducciones de autores griegos, pero después añadieron valiosas aportaciones (Avicena, Averroes, Alguarizmi). Europa aprendió mucho de los árabes entre 800 y 1100 (traducciones). Después la ciencia fue echando raíces en Europa con el colapso árabe (turcos, almorávides) en siglo XIII. Se produjo un avance intelectual al que contribuyó la recuperación de los textos de Aristóteles completos.

La sociedad andalusí es “un mosaico de etnias” integrándose con el ya bastante mezclado elemento indígena: árabes, orientales, bereberes, esclavos de origen europeo y africano, etcétera. “Pero todas estas tradiciones fueron subsumidas e integradas conforme avanzaba el proceso de islamización en un modelo típicamente árabe. Según P. Guichard, la sociedad árabe-bereber andalusí en su conjunto, y la organización familiar en particular, se aglutina en torno a un modelo tribal, extraño a la península y de origen oriental”.26

Así como étnicamente había una multiplicidad étnica y cultural, podemos afirmar que, correlativamente, como en el mundo islámico en general, tenían cabida en al-Andalus las minorías religiosas, particularmente mozárabes (cristianos) y judíos. Ambos, gente del Libro, tenían la condición de protegidos o dimmíes. Aún eran numerosos los primeros a comienzos del siglo IX y principios del X, principalmente en las grandes ciudades. Porque había grandes ciudades y muchas en el mundo musulmán andalusí, “un mundo de ciudades”. Porque, independientemente del alto avance tecnológico de la agricultura (de la llamada revolución agrícola árabe), de sus complejos sistemas de acequias, de la introducción de nuevos cultivos, de la “sociedad hidráulica andalusí”, porque, decíamos, al-Andalus era sobre todo, un mundo de ciudades.

Numerosas ciudades; ciudades muy pobladas; ciudades que eran algo más que centros administrativos y de consumo; redistribuían los productos del agro circundante y del comercio interregional, y eran, en muchos casos, centros industriales. Al-Andalus, además, estaba conectada con los grandes circuitos comerciales que recorrían el mundo islámico y, por su posición geográfica, con la Europa feudal. Se trata de un comercio variado, de importación y también de exportación de productos muy dispares -desde armas y tejidos de calidad hasta esclavos europeos y de la España cristiana- en el que tuvieron una participación muy destacada los mercaderes judíos.27

Como se había dicho, en la cúspide política y administrativa encontramos al emir o califa seguido de una compleja burocracia central, provincial y local, presidida por un delegado o hachib.28 EL sistema tributario se basa en unos pocos impuestos, entre ellos el zacat (diezmo de la producción agrícola) y los referidos al tráfico comercial. Territorialmente al-Andalus estaba dividido en alrededor de siete provincias, luego en distritos o coras (alrededor de veintiuno) gobernadas por un funcionario llamado wali y marcas o distritos fronterizos gobernadas por un qaid o general. La administración de la ley, delegada por el emir o califa correspondía a jueces o qadíes y dependiendo de estos, expertos en la ley coránica.

Así brevemente concluimos esta revisión del mundo islámico y cristiano en los periodos señalados.

CONCLUSIÓN

En suma y por lo visto en estos párrafos, nos encontramos con un mundo islámico muy distinto al de la Europa cristiana. Encontramos en este periodo repasado un verdadero renacimiento de la cultura a través del mundo islámico. En este proceso, al-Andalus se nos muestra como una verdadera entrada de distintos saberes hacía Europa. Un territorio de confluencia cultural; encontramos a musulmanes, cristianos y judíos recabando, creando y difundiendo determinados tipos de saber que con el tiempo revelaran su verdadera utilidad.

Mientras tanto, el proceso de conformación de los pueblos europeos continua, hemos dado una ligera vista a la “oscura progresión de los eslavos” y las invasiones escandinavas entre otros procesos. La época medieval nos parece en este sentido, una serie de procesos de confluencias en que las migraciones humanas han tenido un peso muy decisivo en la conformación de los pueblos y en las futuras naciones.

Decidí concentrarme un poco más en al-Andalus. Me pareció necesario para comprender muchos procesos que vivirá la península hispánica posteriormente. Además, debemos recordar que además de la cristiandad entra en este estudio de la Edad Media el mundo bizantino y el musulmán, sin estos dos últimos complejos mundos no podría captarse, aun mínimamente, la complejidad de los procesos que ocurrieron en esta época.

Después de la desaparición del Imperio romano y la obra de Carlomagno encontramos en el Imperio de Otón el Grande los nuevos comienzos políticos Europa. Vemos que dentro de este periodo se han integrado crecientemente los territorios de los que procedieron muchas migraciones que, de hecho, habían conducido a la Edad Oscura. Las correrías de vikingos, sarracenos, húngaros habían propiciado que:

La tendencia a la descentralización que estaba en marcha desde la desaparición del Imperio Romano de Occidente llegó ahora al máximo. El rey se había convertido en nada más que un rumor distante para el hombre medio. El gobernante al que temía, respetaba y, en muy raras ocasiones, amaba era cualquier señor cercano como para servirle de protección.29

No debemos de perder de vista que el mismo proceso invasor propició un nuevo dinamismo en una Europa en pleno proceso de integración territorial y desarrollo cultural. Estamos frente a un proceso en que tierras tan distantes como Escandinavia o aun despobladas como grandes franjas de la península ibérica o con grandes flujos migratorios humanos como en los Balcanes entran consecuentemente en contacto, o establecen nuevas formas de relaciones. El Imperio de Otón I abarcaba dentro de su área de influencia tierras que jamás habría imaginado Carlomagno y que, de hecho eran desconocidas para los romanos. Pero en el siglo X aumentará el comercio, la circulación monetaria, las estructuras políticas se fortalecerán. Esta estructuración más estable permitirá que se explote mejor la tierra por una campesinado cada vez más atado a su señor y se ejecute la tarea con nuevas herramientas, como el arado de vertedera y la collera para el caballo. Mejoras técnicas que suponen un trabajo humano en conjunto. Una nobleza en franco ascenso, con un mejor equipamiento militar, como la armadura, permitirán a Otón I derrotar para siempre a los magiares.

Nunca más (con la sola y efímera excepción de la invasión mongólica de 1240) los europeos se sentirían inermes ante los ataques del exterior. Nunca más sus centros civilizados se verían reducidos a la plegaria para su protección contra la furia bárbara porque sólo un milagro del cielo pudiera interponerse entre ellos y el ejército enemigo.

Por el contrario, la marea estaba cambiando y los caballeros con armaduras pronto mostrarían su superioridad sobre las hordas bárbaras. Un siglo y medio más tarde, los caballeros con armaduras hasta se lanzarían a una torpe e inútil lucha contra los musulmanes en el propio terreno de ellos. Estarían demasiado lejos de su patria y serían demasiado indisciplinados para ganar a la larga, pero realizarían grandes hazañas.30

En suma nos encontramos frente a las puertas de la Edad media en toda su plenitud y fuerza.

BIBLIOGRAFÍA

Fuentes escritas:

-Anderson, Perry, Transiciones de la antigüedad al feudalismo, Siglo XXI, México, 2007

Asimov, Isaac, La Alta Edad Media, Alianza editorial, México, 1983.

-Claramunt, S., et al., Historia de la Edad Media, Ariel, Barcelona, 1992.

Fuentes electrónicas:

-“Edad Media”, Wikipedia, <<http://es.wikipedia.org/wiki/Edad_Media>>, (14 junio del 2008).

-“VIII semana de estudios medievales nájera, del 4 al 8 de agosto de 1997. La vida cotidiana en la edad media”, <<http://www.vallenajerilla.com/berceo/actasVIII/indice.htm>>, (17 de junio del 2008).

-“Renacimiento agrario, mercantil y urbano”, Artehistoria, <<http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/1026.htm>>, (12 de junio del 2008).

1 Claramunt, S., et al., Historia de la Edad Media, Ariel, Barcelona, 1992, p.95.

2 Ibíd, p. 97.

3 Ibíd.

4 Ibíd, p. 106.

5 Ibíd, p. 110.

6 Ibíd, p. 110.

7 Ibíd, p. 111.

8Ibíd, p. 108.

9Ibid, p. 109.

10 Ibíd, p.113.

11 Ibíd, p. 112.

12 “Cuando, a finales del siglo XI [en Inglaterra], se elaboró el Domesday Book, la red urbana era ya prácticamente la del siglo XIV”. Ibíd, p. 115.

13 Ibíd, p. 114.

14 Ibíd, p. 116.

15 Ibíd, pp. 118-119.

16 Anderson, Perry, Transiciones de la antigüedad al feudalismo, Siglo XXI, México, 2007, pp.127, 129-130.

17 Ibíd, p.131. El autor nos remite a Ludwig feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en Marx-Engels, Obras escogidas, vol. II, Akal, Madrid, 1975, pp. 377-426; Lukács, G., Historia y conciencia de clase, Grijalbo, Barcelona, 1976.

18 Ibíd, p. 100.

19 Ibid.

20 Ibíd, p. 101.

21Ibíd.

22Ibíd, p. 102.

23Ibíd.

24 Ibíd.

25Ibíd, p. 103.

26 Ibíd.

27 Ibíd, p. 104.

28 Ibíd, p. 105.

29 Asimov, Isaac, La Alta Edad Media, Alianza editorial, México, 1983, p. 205.

30 Ibíd, p. 243.

Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

Historiador (UNAM)
Creador y administrador del sitio Revista Discover.
Puedes comprar mi libro en Amazon: Historia de la discapacidad: Discapacidad. Historia y género en la Época Contemporánea.

¡Tienes que ser miembro de Revista Discover para agregar comentarios!

Unete Revista Discover