La amante macabra: una leyenda de terror del México colonial

La amante macabra: una leyenda de terror del México colonial

ME DICEN

QUE ME ANDA BUSCANDO LA MUERTE

ESCONDIDA ENTRE LA NOPALERA

Y ANDA LA MUERTE LUCIENDO

MIL LLAMATIVOS COLORES

Y ENTONCES EN QUE QUEDAMOS

PELONA ME LLEVAS O NO ME LLEVAS.

Se dice que en los tiempos de la Colonia abundaron historias de terror relacionadas con el vampirismo, pero fueron poco conocidas, esto se debió al celo con que las guardó la Santa Inquisición, esta es una historia que estuvo guardada en el más puro secreto ya que en ella intervino un sacerdote.


Todo inicia el dia del señor 23 de marzo de 1632, en la calle de la Esmeralda de la ciudad de México, en ese solemne día se celebraba un acontecimiento especial, pues se ordenaba como sacerdote el joven Luis de Olmedo y Villasana, postrado de rodillas ante el altar el joven presenciaba la solemne misa que oficiaba el obispo de la ciudad, el joven daba gracias a Dios por haberle permitido terminar su carrera sacerdotal, los asistentes lo contemplaban con emoción pues conocían sus virtudes, las cuales se destacaban entre la frívola corte de la nueva España.

De entre los presentes, una bella mujer de ojos grandes y negros, observaba la esbelta y varonil figura del joven que resaltaba a pesar de la sotana, ella siguió la ceremonia sin perder detalle de los gestos y movimientos del apuesto religioso, y al fin cuando éste recibió la bendición y se dio vuelta para salir, dos lagrimas rodaron por las mejillas de ella y no eran porque se conmoviera por el rito sino por la pasión, al terminar el oficio en silencio y con la cabeza casi baja el ahora nuevo padre Luis al pasar por La concurrencia agradecía las felicitaciones de la gente, pero justo al llegar junto a la mujer sintió una extraña sensación que lo arrebato y levanto la vista, sus ojos se encontraron con los de ella, ella lo miro con amor y pasión, el sintió una promesa de entrega total y urgente que ella le ofrecía, si el sabia que todo aquello le ofrecía esa desconocida, parecía que le dijera en esos momentos, si quieres ser mío yo te haré más feliz de lo que pueda hacerte Dios en el paraíso. Arrobado por aquella contemplación el joven no pudo disimular esa extraña pasión, ambos se quedaron inamovibles y el perplejo, cuando la mujer se sintió segura de los deseos que había despertado en el joven le tomo la mano y se la oprimió con fuerza mientras le decía en voz baja reprochándole. ¡Desdichado! ¿Qué has hecho?

El anonadado retiro la mano que parecía quemarle, no supo qué hacer ?Como salvarse de esa vergüenza que sentía? si apenas tan solo hacía unos momentos se había ordenando como sacerdote, su dolor era más profundo aún porque entendió que acababa de perder el alma.

Desde ese momento ya no pudo estar tranquilo, en su celda semi desnudo se infringía terribles penitencias, pero ni las penitencias ni los ayunos conseguían alejar el recuerdo de aquella enigmática mujer, a pesar de quedar exhausto y tirado en el suelo, una y otra vez se preguntaba ¿Cómo hacer para verla ora vez? ¿Quién es ella?

Unos días después una siniestra mano deslizó un papel lacrado por debajo de su puerta, intrigado el joven padre quitó el sello y leyó ávidamente las pocas palabras, “Clara Monteagudo, casa de las Arsinas, calle de las doncellas" reaccionando violento arrugo el papel y lo arrojo al suelo ¡Clara Monteagudo, la pecadora más famosa de la corte! ¡Oh, Dios ayúdame! ¡Es una aliada del demonio!

Cuenta la leyenda que si tuvo una respuesta su plegaria, pues como a los dos días, el superior del convento orgulloso entro a su celda y después de arengarlo por su nuevo sacerdocio le informo que había sido asignado a una pequeña y pobre parroquia un poco alejada de la ciudad, el joven acepto de inmediato con la intención de alejar el recuerdo de aquella mujer que ya era una obsesión, el anciano sacerdote creyó que la intención del joven era servir a Dios, pero estaba equivocado, pronto los futuros acontecimientos traerían la verdad.

Al amanecer del día siguiente, el padre Luis abandonó el convento y se dirigió a su nueva parroquia que se encontraba al norte de la ciudad, en el actual barrio de Peralvillo, todavía estaba obscuro y el padre en compañía de un novicio caminaba por las calles aún oscuras, todos dormían, más cuando se dio cuenta que se encontraba frente a una casona de dos pisos resaltando sus balcones tenuemente iluminados, anhelante suspiró, ¡Ahí esta ella, oh Dios déjame contemplarla una vez más! El novicio' que lo acompañaba le pregunto ¿Os sentís mal, padre? con indecisión él le respondió, no vámonos ya.

Dos semanas transcurrieron, los trabajos de la parroquia eran interminables, la gente necesitaba de sus auxilios materiales y espirituales y a ellos se entrego afanoso. Pero por las noches, en la soledad de su habitación el recuerdo de ella iba y venía una y otra vez toda la noche, tanto que ya no podía ni orar, le pedía perdón a Cristo mirando el crucifijo, y se postraba inútilmente, extrañaba la mano de la mujer y en su interior pedía volver a verla, por fin una noche desesperado gritó ¡No puedo más Dios mío tengo que verla! !Una vez más tan solo una vez más! Y saber como decidió ir a verla, en ese momento afuera el manto de la noche denso y negro, desato su furia, los rayos trazaban grietas luminosas en el firmamento, mientras una lluvia tormentosa se dejo caer, decidido el padre Luis se coloco su sayal y sombrero y salió de la parroquia al abrigo de las sombras.

Cuando penosamente llegaba al límite de la ciudad, de entre las sombras una voz ronca y sombría lo llamo por su nombre, asustado el padre volteo para ver quien lo llamaba, era un mulato de aspecto humilde que le pidió auxilio para atender a un moribundo, ¡ahora no, llevo prisa! contesta de mala gana el padre, acudid a otro religioso, Sorprendido y enojado responde el mulato, A fe mía que si os negáis os parto el corazón, le dijo empuñando su arma, temiendo pero no por su vida sino por no volver a ver a esa mujer, el padre temeroso acepta, muy bien os acompañare. El mulato orgulloso le muestra dos caballos, y así cabalgaron entre la lluvia y el silencio nocturno, hasta que el misterioso acompañante ordena detenerse, hemos llegado padre este es el lugar de vuestra misión.

¿Misión, que misión? extrañado responde el padre, imperante responde el mulato, no preguntéis, solo obedeced y nada os pasara, inmediatamente el hombre lo guió por una callejuela hasta que abrió una puerta y entran a una casona, ya en la estancia el padre se sorprende de tanto lujo, e intentó preguntar por el nombre del dueño pero sin dar tiempo a más el mulato abre una puerta que daba a un espacio interior apurándole le ordena, entrad, vamos apurad, en el interior otro sirviente con el rostro abatido los recibe diciéndoles, ya es demasiado tarde ¡La señora ha muerto! el padre dirige su mirada a donde hay una muerta acostada sobre su lecho y amortajada, entre cuatro cirios.

Sin saber porque el padre grita ¡Clara, Clara,! ¿Sois vos? no podía creer lo que veía, el sirviente lo sacó de su estupor, ella os esperaba, me hizo ir por vos, pero ahora, si no pudiste salvar su alma, velad al menos su cuerpo durante esta noche.

Confundido el padre obedeció, torpemente saco de su pequeña bolsa un rosario y comenzó a orar y a correr las cuentas aunque no podía concentrarse repetía mecánicamente las frases, cuando por fin escucha alejarse a los sirvientes y cerrar la puerta tras de sí, decide mirar el cuerpo, a pesar de estar muerta vio su rostro lozano, joven y hermoso, parecía que la muerte no la había tocado, tembloroso levanto su mano y al tocarla sintió la rigidez y frialdad y tampoco había pulso.

Así transcurrió la noche, el padre velaba ardoroso el cadáver ya no pensaba ni se preocupaba por el pecado ni el futuro de él mismo, solo atendía su dolor y su amor truncado, por fin estaba con su amada aunque ella ya estuviera muerta.

El amanecer se aproximaba y con él la separación, al verla pálida y rígida recordó su mirada y pasión, con un impulso ya irreprimible se inclino sobre la muerta y beso suavemente sus labios, pero de pronto su beso se detuvo cuando con una leve respiración ella le devolvió la caricia, el cadáver lo abrazo y su rostro cobro vida y con susurros le dijo, te he esperado tanto que he muerto, pero volveré a ti todas las noches porque soy tuya.

Al instante él la soltó aterrorizado, el cuerpo de ella volvió a quedar rígido, de pronto sobrevino una ráfaga de viento que entro por la ventana y apago los cirios, dicen los documentos de la Santa Inquisición que el padre cayo sin sentido sobre la muerta.

Cuando volvió en sí, estaba frente al padre superior que lo miraba angustiado, también noto que se encontraba en la celda de su presbiterio, levantándose quiso preguntar al superior que había pasado, pero él lo volvió a recostar, pese a su debilidad le contó lo sucedido y al concluir el superior le dijo, el sirviente de esa desventurada os trajo aquí ya hace dos días, el joven sacerdote aún con dolor pregunta ¿Ay, padre está muerta? Claro que está muerta, gracias a Dios, por fin terminaran las orgías que celebraba en su palacio, créalo que hasta el mismísimo virrey acudía a sus favores, vaya que atrevidos personajes se allegaban a esa disoluta, y quería que la enterraran en un lugar sagrado, pero su cuerpo pecador reposa ahora en es colina, señalando el superior una pequeña loma a través de la ventana, y despidiéndose el padre superior le dice y ahora descansad y reponed vuestras fuerzas que ya es tarde.

El padre Luis no sabía si a ciencia cierta si lo sucedido era verdad pero en realidad lo que tenia era miedo pero a la vez deseos de volver a verla, en esto estaba y cuando las campanas de la iglesia marcaban las doce de la noche alguien golpeo la puerta de la parroquia, y como entre sueños el levantó y abrió la puerta, ante el apareció el mulato que con voz cavernosa lo apuró, venid mi señor, mi ama os espera.

Al lado del sirviente estaba un caballo, sin pensar más monto el corcel y lo espoleo, corrió libre y seguro entre el obscuro paraje, al fin se vislumbro la casa de las Arsinas, esta vez entró por la puerta principal, el sirviente lo condujo a una habitación lujosa en cuyo lecho se hallaban ropajes dispuestos para él, se mudo rápidamente la sotana por un traje de fino corte de seda y terciopelo que le ajustaba a la perfección parecía el caballero más gallardo y perfecto, el mismo gesto triste le había cambiado.

De pronto tras de sí oyó la dulce voz de Clara Monteagudo, el no volteo, quiso verla a través del espejo pero su imagen no se reflejo, sobresaltado al volverse se encontró frente a ella, dando rienda a su alegría le dijo, aquí estáis, estáis viva, preguntándose decía, es una realidad o es una quimera, no sé, y no quiero saber.

Vino el beso, el roce, el deseo al fin cumplió su cometido, pasaron las horas, y ya muy entrada la noche, cuando ambos descansaban en el lecho, el padre Luis estaba aún en el ensueño y observo la palidez de ella su, expresión desencajada, era como la de una moribunda, y por un momento creyó oler como a tierra mojada o más bien a humedad dela tierra de sepulcro, pero reacciono cuando ella le dijo tengo sed, dame una fruta. El extendió la mano para darle unas manzanas de una vianda cercana y al hacerlo se hirió un dedo, presurosa ella le toma el dedo y anhelante succiono las pequeñas gotas que corrían por la herida, diciendo en voz baja, sangre bendita, sangre de amor bendito, los ojos de ella lo miraron brillantes más que nunca pero ahora tenían un tono rojizo.

Durante tres semanas el idilio continuo, hasta que una tarde el dormía en su celda y fue despertado por el padre superior que preocupado por su agotamiento, pues el padre Luis ya se había desmayado en dos ocasiones al estar dando la misa.

Entonces el padre Luis cansado de padecer a solas su dilema decidió contarle en confesión lo que estaba pasando, mientras avanzaba el relato el superior mostraba su consternación, yo se que son pesadillas pues ella ha muerto y sin embargo la veo todas las noches ya sea que ella me visite o yo acuda a la casona concluyo angustiado el padre Luis.

Pensativo el padre superior le dijo, tal vez no son sueños, mirad esta noche cuando ella os ofrezca la copa de vino no la bebas fingid, si fingid que estáis dormido. Extrañado respondió el joven sacerdote fingir, el superior le reprendió, solo tenéis que obedecer, ya después me contaras.

Esa noche el padre Luis siguió las instrucciones de su confesor, después que Clara lo condujo al lecho y el fingió que dormía, ella le susurro al oído, pobre amor mío que pálido estáis, os aseguro que esta noche solo beberé un poco de tu sangre, solo tomare lo suficiente para que no se extinga mi vida, si no te amara tanto ya hubiera vertido todas tus venas, pero desde que te vi, te ame, la verdad todos me repugnan, pensando Clara que él dormía, hizo una incisión con una pequeña navaja en su brazo derecho y apurada bebió unos sorbos, después ella se sentó a su lado y lo miró con ternura.

El abrió los ojos y entre sueños la vio rozagante y llena de vida y el color rojo brillante resaltaba en sus ojos, el quiso decirle que gustoso le daba toda su sangre y que quería amarla como nunca, pero unas nauseas profundas lo invadían, de pronto todo se le obscureció en su vista y solo a lo lejos escucho la voz de Clara que le decía, perdóname Luis.

Al día siguiente el padre Luis estaba frente al superior, el tenia la esperanza que todo hubiera sido un sueño, pero el mismo notaba la herida de la noche anterior, el superior le arengo, tenéis obligaciones con Dios, sintiéndose acorralado el padre Luis contó todo lo ocurrido, ¡No cabe duda esa mujer es un vampiro! ahora me explico todas las muertes atribuidas a los murciélagos en estos últimos tiempos.

No, fue solo un sueño padre, trata de interceder el padre Luis.

El padre superior sumamente enojado le levanta la manga de la sotana y le muestra la herida, y que dosis de esto, como no pudo contestar el joven, el superior le ordena, ¡Nos veremos a las cinco de la tarde en la colina, traed una pala, un cordel y agua bendita!

A la hora indicada los dos ascienden la cuesta, el padre superior con ánimo severo, y el padre Luis serio y pensativo, cuando llegaron a la cumbre en el llano había un árbol y a un lado una sencilla tumba con una lapida de madera con las letras C. M., el padre Luis se estremeció y dio unos pasos hacia tras pero el superior lo detuvo tajante, ambos cavaron casi sin esfuerzo, la tierra estaba ligera, luego levantaron el pesado ataúd con ayuda de una cuerda, a pesar de lo cansados y sudorosos de inmediato abrieron la caja, dentro estaba Clara, su rostro estaba lozano, sus mejillas sonrosadas, su cuerpo fresco y garboso, de sus labios que esbozaban una breve sonrisa, manaba una gota de sangre, al verla el padre Luis se conmovió, deseo correr con ella en brazos y salvarla, el superior que la observaba en cuclillas, tomo una estaca puntiaguda y con la mano temblorosa quiso dar el golpe pero en eso se escucharon los repiques de las campanas de la parroquia anunciando el anochecer, el superior se irguió y en el momento que intento dar el golpe, el padre Luis lo detuvo, no, no,, el superior lo recrimino, ¡Quitad insensato!, lucharon solo un instante, el padre Luis cedió, con un certero golpe el superior atravesó el corazón de la mujer con la estaca, un agudo grito de dolor se oyó por toda la colina.

Al instante el rostro de la muerta se volvió rígido, una expresión de ira colérica la cubrió, pero enseguida el superior roció el cadáver con agua bendita y este se convirtió en polvo.
Gritando histérico el padre superior ¡Ahí tenéis a la mujer vampiro, adoradora del mal!

Esa misma noche el padre Luis postrado ante el altar murmuraba una súplica para la muerta, en eso tiene una visión, era Clara que se le apareció, era la misma pero ahora estaba pálida y demacrada con el gesto sombrío, ¿Que hiciste? ¿Por qué me traicionaste? ¿Acaso no os di felicidad? Luis le responde abatido, ¡Si! y os daré toda mi sangre, pero ella le responde agresiva, ¡ ya es demasiado tarde, ya no volveremos a vernos!, angustiado Luis le pide ¡llevadme! ya no hubo respuesta la imagen de Clara se desvaneció en la bruma.

Un día después el padre superior y el padre Luis fueron llamados por el Santo Oficio para dar su testimonio. Así se esclareció que muchas de muertes ocurridas en ese tiempo e inclusive de personas notables fueron causadas por los vampiros y se aseguro que Clara Monteagudo pertenecía a ese grupo.

El Santo Oficio determinó que la relación de los hechos fuera guardada cuidadosamente a fin de evitar el escándalo.

FIN

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Sobre el autor: Estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Premiado del CONACYT a la innovación científica juvenil. Militar retirado de la Armada de México. Actualmente se dedica al estudio de las aplicaciones tecnológicas y las innovaciones en la vida diaria y la historia de la humanidad.

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