Reformas borbónicas: Consecuencias en la Independencia de América española

La independencia de la América Española (imagen de portada: José de Gálvez)

 

A finales del siglo XVIII la nueva política de los borbones tenía como objetivos organizar un gobierno centralizado en España, saneando las finanzas y reorganizando las fuerzas armadas. Seria central la implantación de políticas mercantilistas. Esto pasaba por minar el regionalismo, fortaleciendo un gobierno central. En pocas palabras, hubo un esfuerzo por acabar con la política de los Habsburgo de los “reinos federados” en favor de una España unida y centralizada “que reinara sobre sus colonias ultramarinas”. Después de la toma de La Habana por los ingleses y su posterior devolución, España comprendió la necesidad de iniciar las medidas necesarias, a fin de controlar mejor su imperio, protegerlo y prosperarlo. Se buscaba un desarrollo económico, implantar un mercantilismo donde las colonias tomaran su lugar dentro de esta estructura como productoras de metales preciosos (plata), materias primas, en favor de una metrópoli exportadora de bienes manufacturados, aun con la sapiencia de la incapacidad de satisfacer las necesidades de su vasto imperio. Y aunque Barcelona era el lugar más desarrollado y que embarcó una gran cantidad de manufacturas, debemos resaltar que la mayoría de las exportaciones españolas eran productos agrícolas. Dentro de este contexto es comprensible el reembarque de mercancías extranjeras a través de los puertos españoles. Cuando el monopolio del puerto de Cadiz terminó permitiendo la apertura de los puertos gallegos y catalanes al comercio internacional (siempre dentro del imperio, esto es del intercambio metrópoli-colonias), podemos asegurar que para entonces la principal forma de penetración por el comercio extranjero fue -a lo largo de la época del advenimiento de la industrialización y el ascendiente británico- el contrabando;[1] el desfase español respecto de sus rivales británicos, franceses y holandeses sería compensado de este modo (no olvidemos como las mercancías extranjeras -como los textiles franceses- eran comprados, sellados y hechos pasar por tejidos españoles). Por parte de los reinos-colonias americanos, la plata continuo siendo el artículo más exportado, aunque otras materias primas crecieron como el cacao, azúcar, tabaco (la cochinilla, el índigo y pieles llegaron a representar el 44% del total de las exportaciones): Nueva España siguió siendo el principal exportador e importador (hasta el día de hoy) pues era el mayor exportador de plata y la región las desarrollada y rica de América.[2]

Cuando la corona se propuso “cambiar la administración, abolir antiguos acuerdos, y aumentar los impuestos encontró considerable oposición en América”.[3] Esta fue la razón por la que se impulsó el programa de intendencias[4] (experimentado inicialmente en Cuba, 1764), centro del programa reformista en América. Las intendencias se irían instaurando en territorios periféricos en un inicio debido a la posición que en algunos lugares devino en levantamientos (los comuneros en Nueva Granada, Tupac Amaru en Perú, Nueva España, Quito, etc.). El objetivo principal y 

determinante era obtener una mayor recaudación para la corona, por decirlo de otra manera, era vital para una corona española envuelta en conflictos internacionales obtener vitales recursos para su sobrevivencia. Y lo consiguió, pero para el investigador, el resultado inadvertido fue, al fortalecer la centralización política, promovió una fuerza centrífuga regionalista contraria.

 

 

Aunque el sistema de intendencias tuvo éxito en lo que respecta al mejoramiento del gobierno de las provincias, el aumento en la recaudación de impuestos y el fomento del desarrollo económico regional. En última instancia su legado fue impulsar el regionalismo. Los poderosos nuevos funcionarios dislocaron los lazos políticos y económicos existentes que unían las élites locales con sus equivalentes de las capitales virreinales; mas también dieron oportunidades de movilidad social y económica en el plano provincial. Mejoraron los caminos y las obras publicas, la salubridad y el abastecimiento de agua, al igual que otros servicios públicos, y contribuyeron a acrecentar el orgullo cívico.

Dado que la llegada de funcionarios poderosos, de prestigio y bien remunerados, aumentó el nivel de las capitales de provincia, también los intendentes y las élites locales contribuyeron a menudo al propósito de lograr influencia y autoridad mayores en sus respectivas regiones. Como resultado, los nuevos funcionarios no sólo colaboraron sin darse cuenta en el crecimiento del regionalismo sino que se vieron enfrascados en la política local.[5]

 

 

Los cambios en la condición de los otrora reinos hispánicos, ahora colonias, repercutieron, tanto en lo político (centralización a través de intendencias, ejércitos permanentes, perdida de la inmunidad eclesiástica, etc.), en lo económico (un mercantilismo que uniría a unas colonias dependientes de su metrópoli española), un “'comercio libre y protegido', proyectado para reducir a los americanos al papel de proveedores de materias primas, así como de productos elaborados en España”.[6] Al trastocar el orden tradicional y otros mecanismos de la vida cotidiana al aplicar estas medidas (ejemplo, Real decreto de Consolidación para América en 1804). Al final, las sucesivas guerras en que se vio envuelta España (Siete Años, en alianzas contra Francia -1793-, después junto con Francia contra Inglaterra, hasta 1802 -Tratado de Amiens-), hicieron aumentar aún más, de forma exorbitante los impuestos, los prestamos forzosos, los estancos, Una subida de inmigrantes españoles, etc. dentro de un marco de una economía deprimida (comercio libre, competencia internacional, modos tradicionales de producción). Terminadas las hostilidades el comercio y los embarques se reanudaron alcanzando la cima en 1804, momento en que nuevamente Francia y España entraban en guerra contra Gran Bretaña. La derrota al siguiente año (Trafalgar) destruyó la flota española y separó nuevamente América de España. Hasta 1807 no llegó un sólo barco a La Habana. Y el ascendiente de Estados Unidos para entonces era bastante claro ya.

 

 

Los americanos en todo el continente se opusieron o bien objetaron las innovaciones y se las arreglaron para modificar muchas de ellas de modo que se ajustaran a sus intereses. Si bien las reformas de los Borbones fueron dañinas inicialmente para algunas regiones o grupos, la Corona española sin duda hubiera alcanzado con el tiempo acuerdos [como antes] aceptables con todos los interesados. No obstante, los acontecimientos en Europa a fines del siglo XVIII impidieron un reajuste ordenado. El inicio de la Revolución Francesa desató 20 años de guerras en las que España se convirtió, contra su voluntad, en participante. De este modo, a principios del siglo XIX el imperio español enfrentó la crisis más grave de su historia.[7]

 

 



[1] Al igual que ocurrirá posteriormente en los países del bloque socialista, el tercer mundo, cuando una industria nacional o el desarrollo económico no pueden satisfacer las demandas de bienes y servicios concretos o la falta de poder adquisitivo.

[2] Rodríguez, Jaime E. La independencia de la América Española, FCE, México, 1996, p. 48.

[3] Ibíd, p. 40.

[4] El Plan de Intendencias (1768) del visitador general Gálvez lo impulsaría más tarde, hasta 1776, cuando se convirtiera en ministro de las Indias: En 1776 el norte de Nueva España pasparía a ser la comandancia general de las Provincias Internas); Venezuela organizada como capitanía general e intendencia; el virreinato de Rio de la Plata se fundó en 1776 (habría intendencias hasta 1782); en el Perú llegaría el sistema de intendencias en 1784;  a Nueva España en 1786. Se fundarían otras intendencias en Puerto rico, Chiapas, Nicaragua y Chile.

[5] Ibíd, p. 42.

[6]“A partir de 1765, las autoridades españolas abolieron el monopolio que ejercía el puerto de Cádiz abriendo el comercio, en el Caribe, primero a ocho puertos de la península y, posteriormente, a Luisiana en 1768, Campeche y Mérida en 1770 y Perú, Chile y el rio de la Plata en 1778”. Ibíd, p. 47.

[7] Ibíd, p. 54.

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