M.A.C. Capítulo 24

De Vanesa Ruiz García

Ocho de Junio del 2011, un año más para Vanesa, un día especial, por primer año en sus veinticuatro años, era como realmente indicaba el día, gracias a un chico, gracias a Aaron. Ya tenía el plan hecho, no iba e echarlo a perder, suponía, que vendría Aaron, deseaba que fuera pronto, necesitaba verle. Él le gustaría desayunar con ella cada mañana, pero Vanesa se sentía culpable, que cada amanecer, tuviera que madrugar por su culpa, decidieron, que en cuanto él se levantara e preparara, iría a desearle los buenos días en su parada

Como cada ocho de junio desde que trabajaba, Vanesa entro en el super que tenía en frente, buscando alguna caja de galletas, que les pudiera gustar a las trabajadoras del súper, las pagó, y se las regaló, por su duodécimo cuarto cumpleaños. Todo era cumplidos y felicitaciones para ella. La primera en felicitarla, fue su madre, como cada año. Su padre la felicitaba por la noche, cuando llegaba del trabajo, eso sí se acordaba o se tragaba su orgullo.

Vanesa esperaba la llegada de clientes. Era increíble lo lento que pasaba el tiempo, cuando no había nada que hacer… Aaron… era su único pensamiento… Sus ojos fueron cerrados, por unas manos.

  • ¿Aaron? ¿Eres tu verdad? -preguntó ilusionada e nerviosa – ¡lo sabía! ¡sabía que eras tú! –le abrazó con fuerza -te extrañaba tanto… -le susurró.

  • ¡Felicidades princesa! ¿puedo besarte?

  • ¿Eh? ¿Besarme? –preguntó nerviosa, su corazón latía con fuerza –sí –cerró los ojos a la espera de ese beso. Aaron la miro con dulzura, acercándose muy lentamente mas a ella, besándola, con mucha delicadeza en la mejilla. Vanesa abrió los ojos muy despacio, mirándole a los ojos con cariño.

  • Tenemos una vida entera, no hace falta correr –le susurro.

  • ¡Oh te quiero! –se abrazó a él conmovida.

Ellos no fueron conscientes, pero la gente que pasaba por delante, otros que se pararon a comprar el cupón a su vendedora, se detenían a mirarles, cuando los dos jóvenes, volvieron en sí, un gran aplauso les abrasaba. Se sonrojaron de inmediato.

  • Estás tan guapa Vanesa ¡oh, eres preciosa! –le cogió su mano con dulzura, nada me da más gusto, que poder estar a tu lado en este día tan especial para ti.

  • No soy tan guapa como dices –se intimidó –me da tanto gusto que hoy estés aquí, hoy por primera vez, será especial, si, por primera vez –ambos se miraban a los ojos, con ternura, con amor. Se cogieron las manos con una expresión especial. Se encontraban en un bar, en el que la propietaria conocía a sus padres. Ambos se separaron, con nerviosismo, timidez, observando cómo los platos de la comida llegaban. La mujer les miró con picardía – ¿está tarde aún queda en pie ir a mi casa?

  • Sí, aunque estoy bastante nervioso, dime ¿qué me pongo? ¿Cómo me comporto? No quiero hacer el ridículo.

  • Relájate, simplemente se tú, les caerás estupendamente ya lo verás, todo irá bien –le acarició la mano Vanesa.

Salieron a pasear, por el paseo marítimo, hablando, al mismo tiempo que avanzaban. El mar estaba tranquilo. La playa bastante repleta, gente en la arena, gente en el agua… Aaron abrazó a Vanesa, observando ese paisaje. Se miraron con ternura, abrazados, uno al otro.

  • Espera Vanesa –la detuvo Aaron cuando llegaron frente a un cañón.

  • ¿Qué ocurre? –se le quedó mirando preocupada. Por primera vez se sentía asustada… Tenía frente a ella Aaron con un rostro de lo más serio y tembloroso.

  • Quizás no sea el momento pero yo no aguanto más… tengo que hacerlo ya…

  • Me estás asustando… -noto como le apretaba la mano con fuerza.

  • Lo que yo te quiero decir… es que… te quiero, es más que eso, estoy enamorado de ti Vanesa, jamás pensé que podría querer a alguien como te quiero a ti –le indicó posando la mano de la joven en el pecho de su remitente – ¿notas como late? ¿notas con la fuerza que lo hace? –es por ti… solo por ti…

  • Oh Aaron… -solo vocalizó Vanesa, emocionada.

  • Te comprado algo… quizás debería esperar… pero estoy impaciente…

  • Pero… -interrumpió Vanesa.

  • Sht, déjame acabar, por favor princesa, ni me reconozco, soy más fuerte que mi timidez… todo por ti, gracias a ti soy así, tú me das las fuerzas que me faltaban para seguir… ¿puedo darte mi regalo?

  • Sí… -respondió Vanesa emocionada. Observó como Aaron se sacaba algo de el bolsillo delantero de su pantalón, era una pequeña cajita, donde ponía joyería -¿Qué es esto? –preguntó impaciente.

  • Ábrelo lo sabrás –está lo hizo notando su cuerpo tembloroso.

  • ¡Oh Aaron, es precioso! –exclamó pudiendo identificar un colgante de plata. Ponía su nombre.

  • Gíralo –le indicó, viendo como obedecía, observando, una fecha… 27-04-2011

  • ¡Es la fecha que nos conocimos! ¡cuando llegaste al pueblo! ¡oh Aaron, gracias, muchísimas gracias! –le dio un suave beso en los labios. Le abrazó –el mayor regaló es tenerte, aquí a mi lado.

8 de Junio del 2011

Querido diario…

Hoy a estado un día lleno de nerviosismo he emoción ¡hoy he conocido a los padres de Vanesa! Me sentido tan nervioso, me sudaban las manos, no sabía que decir, como actuar…

He pasado la tarde con ella, le he regalado el colgante. Se la veía tan feliz, yo mas aliviado, por decirle lo que realmente siento. Al final no me he calentado mucho la cabeza… tras ducharme, me puesto una sudadera blanca, unos tejanos. Según Vanesa estaba perfecto, aunque yo me veía tan como siempre, quería estar mejor que nunca. Me sentía tan nervioso. Estaba recién duchado, ya volvía a estar sudando…

20.00: Pedazo subida, tenías que mirarla dos veces… pensar que Vanesa la baja y sube cada día, da verdadero miedo.

- ¿Seguro que estoy presentable? ¿No estoy muy común?

- Estas estupendo, seguro que les encantas… bueno al menos a mi madre.

El timbre sonó. Mi corazón parecía que iba a estallar <<relájate>> me decía a mí mismo. La puerta se abrió la madre de Vanesa nos daban la bienvenida Estaba sola, su padre no estaba. Me encontraba callado, sin saber que decir, me invitó a tomar un refresco, me empezó a preguntar por mi viaje, como me sentía aquí en España y con Vanesa. Llegó su padre, me estrecho su mano, mostrando seriedad en su rostro.

Esmeralda sacó el pastel de la nevera, escrito de chocolate se leía felicidades con dos velas coloradas encendidas indicando 24. Cantemos el cumpleaños feliz a Vanesa, comimos ese pastel de nata y chocolate. Repartieron sus regalos, Vanesa les mostro emocionada, el colgante que le regalé. Fue consciente de cómo me miraba su padre, algo de decepción se dibujó en sus ojos. Yo no dije nada, solo contestaba a todo lo que me preguntaban. Se notaba que este, no confiaba en absoluto en mí. Pero no iba a rendirme, no iba a dar razones a él, para humillar más a Vanesa. Así que respiré fuerte, contesté con total dureza, pero sin mostrarlo y con educación. Esmeralda me cayó bien, se notaba que estaba nerviosa, miraba a su marido de refilón, como suplicando que callara de una vez.

23.00: Eran esa hora cuando salí de su casa, a pesar de esas evasivas, me lo pasé estupendamente. Vanesa, me acompañó un trozo, por ella me hubiese acompañado más pero no la deje, era demasiado tarde, para que andará sola, por unos parajes, que apenas pasaba gente. Se disculpó tanto por la conducta de su padre… ¿pero qué culpa tenía ella? Ella solo era una víctima. Antes de alejarme, la bese en los labios, simple roce carnal, sin lengua, como había hecho desde el primer día. No quería hacerle nada, que la incomodara. De esta forma los dos estábamos bien, por raro que suene era la verdad, no hacía falta correr, no había prisa.

23.20: llegué al camping contento y feliz por esa inolvidable velada.



26 de Junio del 2011

Querido diario…

Desde que conocí a Vanesa, mi alma no puede sonreír más. Ya no me importa morir porque he conocido a la chica más maravillosa del mundo entero. No hay penas cuando estoy junto a ella. Todo es alegría y felicidad, bajo ninguna circunstancia puede llegar la oscuridad.

19.00: Aun estoy fascinado por el día de hoy, son las fiestas del pueblo, un montón de paradas de atracciones, están situadas en el paseo marítimo del pueblo. Es como un parque de atracciones, pero solo están en cada pueblo una semana. Un montón de atracciones para todas las edades como: las colchonetas, caballitos, los autos de coches…. Para los más pequeños, y el saltamontes, el barco pirata, el martillo… para los más grandes, hay atracciones para mayores y pequeños, como los toros… También hay chiringuitos, para comer bocadillos o golosinas y otras actividades, como pescar patitos, los camellos, el tiro al blanco. Me quedado fascinado, esa es la verdad, no imaginé que vería algo así. He convencido a Vanesa, en subir en algunas atracciones, como el pulpo, el tren diabólico (admito que para mi corazón no era lo mejor, pero podía haber estado peor) los toros…. (Tenía que sostenerla porque perdía a la mínima el equilibrio) He tirado cuatro tiros, en el que he descubierto que tengo muy buena puntería. Después he ayudado a Vanesa acertar unos cuantos. He observado como también pescaban patitos, o intentaban acertar con arcos. He escuchado como centenares de petardos eran tirados. Pobre Vanesa, más de un sobresalto se ha llevado. Se avergonzaba de ese hecho, yo la he sonreído, indicándole, que no pasaba nada, que seguía siendo lo mejor de mi vida, la princesa de mi corazón, la reina de mi palacio. Le invitado a una nube de dulce, acabado sonrojada por terminar pringada de azúcar, he sacado, una toallita, le he ayudado a limpiarse.

22.00: Nos hemos sentado en un chiringuito a comer unos hot dogs, bien completos, ya sabes, con mayonesa, lechuga, tomate, mostaza, Kechup. Le echo la competencia a Vanesa, he proclamado un concurso… a ver quien quedaba más sucio, vaya hartón de reír que hemos armado los dos, creo que al final he acabado ganando. Pero ver las carcajadas de Vanesa con mis payasadas incrustadas con mostaza, no ha tenido precio. Cada día que pasa más enamorado estoy de ella. Cada noche doy mil gracias a dios, por hacer que llegara hasta aquí, por seguir dándome la oportunidad.

23.20: Me he tenido que pelear, así, tal como lo escribo. Habían empezado los fuegos artificiales, ya Vanesa estaba situada en primera línea, pero aun había que la pasaba, sin dejar apreciar a mi princesa. De buenas maneras sí, pero a más de uno/a le hice retroceder ¡nadie se va meter delante de mi Vanesa! Fue una pasada, todos esos colores, todas esas formas… ¡fue bestial! Eran pasadas la medianoche, cuando acompañe, a Vanesa a su casa. Lo habíamos pasado tan bien, ella parecía feliz, y para mí, era mi gran y completa satisfacción.

  • Dulces sueños princesa descansa –la bese, con un corto y delicado beso en los labios.

  • ¡Jo! ¿un beso tan peque? –me indicó que me acercara ¡me besó largo y profundo! –te quiero mucho, jamás olvidare nada de esto.

Regrese al camping, como una nube, siendo el chico más feliz del mundo, nada ni nadie podía cambiar eso.





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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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