M.A.C. Capítulo veinte

De Vanesa Ruiz García

Quedaba poco para llegar a Londres, el fin del viaje de Aaron en aquel barco tan particular, había sido un viaje único y especial, no sabía de dónde había sacado su médico aquel barco, e a esos marineros, no había pasajeros, solo fue él. En ese último día le dijeron, que con la crisis nadie viajaba, por eso su viaje había costado tan caro. En Londres, al ser donde se despedirían de Aaron, decidieron hacer guía turística, por las diferentes zonas famosas del lugar. Aquella vez, el joven no tenía intención de mandar carta, a sus dos damas, en vez de eso, poco a poco les hizo una postal a cada una, a mano, metiendo en el sobre, unas cuantas fotos mas, de ese viaje que llegaba a su fin, que echaría en un buzón en cuanto llegaran al sitio.

La última noche, fue inolvidable para el joven, le hicieron una cena especial, de postre una tarta de nata e fresa, con karaoke y baile. Se acostó de madrugada, cansado, pero feliz por ese gran día. Lamentaba tenerles que ya dejar, pero le animaba el pensar, que gracias a esa despedida estaría con Vanesa. Bajó la cabeza triste y angustiado <<pobre Vanesa>> <<le había engañado tanto en sus últimas cartas…>> <<pero no quería decirle la verdad, no podía hacerlo, ha trabes de palabras escritas en un papel, tenía que hacerlo cara a cara, ver su reacción>> se prometió a sí mismo, que sería de lo primero que haría en cuanto la tuviera enfrente.

En cuanto zarparan en Londres, tras despedirse de todos aquellos masculinos, subiría a un tren submarino, como una especie de metro, algo que el chico, jamás había escuchado, aun menos visto. Eso sería esa mañana. Se sentía nervioso, no tenía ni idea de cómo llegar al tren ese, según sus compañeros, ellos lo tenían todo previsto e atado…

A la mañana le levantaron temprano, le sacaron a proa, Aaron tenía frente a sus ojos, un amanecer el primero de su vida.

  • He pensado que te gustaría esta vista, en tu ultimo día –le dijo el capitán, echando una calada a su pipa.

  • Es preciosa gracias –agradeció sin sacar los ojos de esta.

  • ¿Nervioso?

  • Sí, tengo que agradecerles tanto… han sido tan buenos conmigo… gracias.

  • No, no tienes que dar las gracias, ha sido un placer, eres un chico muy valiente ¿lo sabes no? –preguntó observando como Aaron, se encogía de hombros –no hay muchos, que les quede poco tiempo de vida, se decidan a viajar, al encuentro de una doncella de otro continente, esa dama debe estar muy orgullosa de su caballero.

  • Ella aun no sabe que moriré pronto… no he tenido valor para decírselo… –confeso arrepentido.

  • Bueno, bueno, ya tendréis tiempo de hablar de ello, seguro que ella lo entiende y te perdona –volvió a ver como se encogía de hombros sin saber – ¿sabes que haremos cuando zarpemos a Londres? Queríamos que observar como un turista, pero no tenemos tiempo, el tren submarino, arranca, a las dos horas que lleguemos, tienes que estar pronto, para dejar el equipaje y todo, así que lo lamento pero… sino lo coges hoy, no vuelve a salir hasta de aquí una semana… me imagino que querrás partir contra antes mejor.

  • Pos si… esa es la verdad, estoy deseando estar con Vanesa… -respondió algo avergonzado... -Pero… estoy tan agradecido, estos días he vivido más que en toda mi vida, de verdad que ni en la tumba lo olvidaré.

  • No tienes que disculparte muchacho –le dio una palmada en su espalda –cualquiera elegiría estar con una bella dama, antes que unos feos como nosotros –se echó a reír a carcajada. Su móvil sonó –discúlpame un momento muchacho… ya estoy aquí, pues me temo que tengo malas noticias… -noto como la mirada de su oyente, se tensaba –el tren acuático ha tenido avería, no zarpara hoy, sino mañana, lo siento, tendrás que continuar con estos viejos anticuados.

  • Capitán me ha asustado, sí que es verdad, que estoy deseando ver a Vanesa pero puedo esperar un día más, ¡además así podre estar un día más con ustedes! –exclamó con alegría, abrazando a su superior.

  • Tienes razón, así nosotros podemos cumplir lo que te prometimos… ¿te apetece ir de turista por Londres, a conocer los lugares más famosos?

  • ¡Me encantaría!

Aaron se sentía triste por tener que estarse parado, un día entero, no poder hacer nada por encontrarse más cerca de su chica, pero al mismo tiempo feliz, por pasar un día más entre esos grandes marineros. Al mismo tiempo tenía la oportunidad, de hacer turismo, mandar más fotos a su madre y Vanesa. Él y sus compañeros e capitán, se fueron de turismo por Londres, visitando todos los lugares famosos del lugar. Muchas fotos realizó, enviándolas, juntos las postales.

A la mañana siguiente, todos los marineros, acompañaron a Aaron a la estación de Waterloo. Muchos abrazos y besos fueron dados. Aaron se despidió de todos, con emoción, antes de subir en ese tren submarino, se encontraba emocionado, jamás había subido en un tren de esos, desconocía que clase de viaje le esperaría. Lo observó atentamente, había varios asientos, estos y paredes eran de lo más modernos. El vehículo se llenó, una sirena sonó, antes de arrancar. Hecho una ojeada a todos los asientos, era difícil, encontrar uno vacio. Notaba que tenía que sentarse, que aquello estaba en marcha, su equilibrio, no era de lo más fiable. Estaba impresionado, no imaginaba que hubiera tanta gente, que conociera ese vehículo. Después de mucho buscar, una chica no muy alta, no muy delgada, su pelo era castaño rubio, su cara estaba custodiada por algunas pecas, con gafas, le ofreció asiento, de una manera muy coqueta.

  • Hola guapo, este asiento está vacío yo me siento muy necesitada de compañía –Aaron se sentó bastante tímido, en menos que se diera cuenta ya tenía una conversación con tal chica, explicándole toda su historia. Entre medio hubo refrescos, sanguiches, para llenar el estomago. Apenas era consciente, que no había visibilidad por la ventanilla, más que un negro profundo.

  • Vaya… Así que ya tienes novia –mencionó con mala cara.

  • Bueno… novia, novia aun no, el tiempo lo dirá, pero yo sí, la quiero muchísimo, más que a mi vida y todo.

  • No te ofendas, pero eso de tiempo, no te queda mucho… -hubo unos momentos de silencio –bueno… lo siento… no quería… -intentó arreglarlo.

  • Tranquila, no has dicho nada que no sea verdad –le dedicó una débil sonrisa.

  • Pero… si tarda en decidirse, aquí tienes mi teléfono –se lo apuntó en un papel –vivo en Francia, pero para estar contigo viajo a donde haga falta –le guiño un ojo. Aaron le sonrió. La voz del vigilante les llamó la atención <<llegada a Paris>> <<llegada a Paris>> -ha sido un placer conocerte guapetón –le guiñó el ojo nuevamente –suerte con tu chica de verdad te lo digo.

  • Igualmente guapa, suerte a ti también, que encuentres a tu príncipe, porque tendrá una gran suerte. Yo lastima, que mi corazón ya este pillado –le dio un beso en la mejilla, en el que ella, se ruborizó.

Aaron estaba desorientado y perdido, notaba la mente en blanco, su corazón acelerado, ya estaba en Paris ¿y ahora qué? Clavó la mirada a una cabina, situó su mano en el bolsillo delantero de su pantalón, allí tenía los números telefónicos de su madre y Vanesa. Con nerviosismo en su débil corazón, se acercó, dispuesto a telefonear…

  • ¿Sí quién es? –preguntó Vanesa al descolgar –el silencio se apodero –diga, diga.

  • Prin… princesa…

  • ¡Aaron!... ¿eres tú?... ¿Como estas?... ¿Dónde estás?... –notó como su corazón se aceleraba, la tartamudez se apoderaba de ella.

  • Si preciosa soy yo… estoy bien… estoy cada vez más cerca de ti… te quiero tanto princesa.

  • ¿Más cerca de mí? ¿Donde estas? –Vanesa miró a su alrededor, con temor o ilusión de encontrárselo tras de ella.

  • Estoy en Paris… solo me falta un tren y un bus, para llegar a tu lado…

  • Aun no entiendo porque no cogiste un avión…

  • Ya te lo dije, quería hacerlo bien… aparte me salía más barato así… bueno no… mentira, ¿recibiste mis cartas?

  • ¿Mentira? ¿el que es mentira? –noto como Vanesa se ponía demasiado nerviosa.

  • No te lo puedo explicar ahora, tengo que ser fuerte, decírtelo cara a cara…

  • ¿Decirme cara a cara? ¿el qué? ¿Qué está pasando Aaron?

  • Nada importante tranquila –notaba que se emocionaba –¿estás bien princesa? ¿has tenido problemas con tu padre?

  • Estoy bien, alguno que otro pero tranquilo todo está bien ¿y tú? ¿seguro que estas bien?

  • Lo único que es seguro, que te amo, como jamás he amado a nadie Vanesa, eres más importante que mi propia vida –notaba como sus ojos se llenaban de lágrimas –¿As recibido mis cartas en alta mar? –volvió a preguntar nervioso.

  • Sí, sí que las he recibido, las fotos están muy bien, gracias. A propósito, ya estoy pensando, como hacerlo cuando estés aquí… Pero no as contestado mi pregunta ¿seguro que estas bien?

  • No… -noto un largo silencio en el otro lado –¿Vanesa? ¿princesa? ¿preciosa? Que era broma, en serio estoy bien.

  • ¿Seguro? Aaron te quiero mucho, no soportaría que te pasara algo… eres muy importante para mí –la emoción pudo con la joven.

  • Pues tranquila guapa, que pronto me tendrás a tu lado, para darte guerra jejej –por fuera reía, pero por dentro lloraba por callar una vez más… princesa tengo que irme, que tengo que llamar a mi madre, el dinero se me acaba –decidió colgar, notando que la emoción se apoderaba de él.

  • De acuerdo, por favor, sigamos en contacto, no quiero perderte.

  • No me perderás, pronto estaremos juntos. Cuídate princesa, te amo, hasta pronto, mil besos preciosa.

  • Te quiero Aaron –logro vocalizar antes de escuchar cómo se colgaba el auricular.

Las cuatro y media de la tarde en Francia, misma hora que en España, siete horas adelantadas de Estados Unidos, en definitiva, nueve y media en ese país. Provo suerte, marco el numero de su madre, aun conmovido por la conversación de Vanesa. Al tercer tono fue atendido.

  • ¡Aaron! –exclamó.

  • Hola mama, ¿cómo sabias que era yo? ¿Tienes telepatía y no me enterado? –no pudo evitar reír.

  • Aaron ¿Dónde estás? ¿Cómo estás? ¡quiero la verdad! –preguntó nerviosa.

  • Tranquila mama, estoy bien, ¿recibiste mis cartas?

  • Sí, sí, pero… ¿seguro que estás bien? ¿Dónde estás ahora?

  • Estoy bien mama, tranquila, estoy en Paris y ahora cuando pueda, cogeré un tren que me lleve, directamente a Barcelona, si es que lo hay… tendré que mirar horarios… pero en muy poco tiempo, ya estaré junto a Vanesa.

  • ¿Ella lo sabe?

  • Sí la acabo de llamar, e intentado decirle la verdad mama, pero no puedo.

  • Ya se hijo que no es fácil, pero deberías…

  • Ya lo sé mama, pero es que tú no has escuchado, su voz preocupada, y la alegría que le ha entrado, al escuchar que estoy bien… -la interrumpió, notando que continuaba su discurso -sí, no me digas nada, lo sé, me he prometido a mí mismo, que cuando llegue, será de lo primero que haga… ahora para empezar tengo que encontrar un tren que me lleve a Barcelona… estoy bastante perdido.

  • Ah se me olvidaba a telefoneado el doctor Bayron para saber de ti, como te iba, me ha dicho, que cuando llegarás a Paris, que te dirigieras a los autobuses Boing ellos, te guiarían me ha recalcado, que está todo pagado, que te deseaba toda la suerte del mundo… no se… lo he notado muy contento… ah y me ha llamado la atención una frase de su parte <<jejej, le encantará>>

  • ¿Encantarme? ¿el qué? –preguntó sin entenderlo.

  • Ni idea… le he preguntado, entre risas me ha dicho <<nada, no me haga caso, estaba pensando en voz alta>>

  • Mama, no te escucho bien, se me está acabando el dinero… tengo que colgar…

  • ¿Aaron? ¿Aaron me escuchas? Cuídate hijo… ten mucho cuidado… te quiero.

  • Mama, cuídate tu también… no preocuparte… soy feliz… a ti… gracias… te quiero –ya no pudo decir más, la comunicación se había acabado del todo. Esperaba que hubiera escuchado las últimas palabras. Ya no podía hacer nada, más que comenzar a andar para meterse en ese tren que le llevaría a Barcelona. Mucho pregunto, cada uno daba una respuesta distinta, lo llevaban de un lado a otro, sin dar con el sitio indicado.

Cuando llego a la estación de tren…

  • Vaya así que tu eres el famoso Aaron ¡ei chicos aquí está Aaron!

  • ¡Ei Aaron! –gritaron todos entre aplausos, y silbidos.

  • ¿Me conocen? –se extrañó Aaron.

  • Claro que te conocemos… eres el chico que es una bomba de relogeria, pero aun y así estas cruzando el océano para encontrarte con tu doncella… -dijo uno de los trabajadores –el amor es precioso ¿verdad?

  • Bueno… yo quería un ticket para llegar a…

  • ¡A Barcelona! No hace falta que digas más, ya lo tenemos todo listo –exclamó el que estaba detrás del cristal.

  • ¿Pero ustedes como saben…?

  • Tus médicos hablaron ya concretaron todo, para este viaje, y por supuesto pagaron todos los gastos.

  • ¿A si? ¿En serio? –preguntó sorprendido.

  • Sí, aquí tienes, tu ticket de tren, suerte Campeón –le animó eufóricamente.

  • Gracias –dijo asombrado –¡el tren sale a las nueve de la noche! - Uffffff, aun faltan tres horas ¿Qué haré hasta entonces?

  • ¿Te apetece ver la torre Eiffel? –estamos cerca, es lo único que nos dará tiempo, después te traigo.

  • Perfecto –dijo animado, cogiendo sus maletas.

  • Déjalas aquí, nosotros te las guardamos, para cuando vuelvas ¿Qué te parece?

  • Se lo agradezco.

  • Pues vayamos a ver la Torre Eiffel, llevo mi cámara y todo para sacarte fotos –se encaminaron hacia la salida.

Aaron estaba muy sorprendido de todo lo que estaba viviendo. Efectivamente, pudo observar en primera fila, ese monumento tan famoso, en el que se hizo algunas fotos, en el que le prometieron, que se las pasarían por correo. Era una vista única, con toda la iluminación que había. Como imaginaba, no era el único, había varios turistas haciendo un sinfín de imágenes de aquella vista. Las horas se les pasaron pronto, pero no por eso, menos sadisfactorias, no tardaron en volver a la estación. Aaron recuperó sus maletas, espero el tren indicado, que le llevaría a Barcelona, se compro un bocadillo y un refresco para cenar, se sentó a esperar. Cuando vio su llegada su corazón palpitó con fuerza, se despidió de ese compañero de turismo, que ahora a él, le tocaba empezar de nuevo a trabajar, después de ver como Aaron subía al tren, se despedía de él muy efusivamente ¡en catorce horas estaría ya con Vanesa! 

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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