M.A.C. capítulo veintiocho

De Vanesa Ruiz García

De vuelta a Palamós, pero no a la venta del cupón. Llegando de su viaje de Andorra. Estaban a once de Noviembre, hasta el veinticuatro, Vanesa no empezaba a trabajar, es decir, que aun estaba de vacaciones, para disfrutarlas sin necesidad de prisas, sin necesidad de obligaciones, junto a Aaron. Vanesa no pudo dejar de pensar, esa noche en Andorra, las camas eran literas, pero también había un pub grande y amplio, en el que un día de esos cinco días, durmieron los dos juntos en él. Abrazados, con caricias y abrazos reconfortaron su calor, transformándolo más intenso, más penetrante. Sus lenguas, sus manos recorrían el cuerpo del otro. Vanesa estaba segura, quería hacerlo, llegar al final, pero por más que lo intentaron, no lo lograron. Las piernas de Vanesa, no se mantenían abiertas, por mas posturas, que hallaron, no consiguieron la penetración placentera, para Aaron si, pero para Vanesa, no fue placer tampoco dolor, ya que la virginidad la perdió hace tiempo, con Aaron. No sentía absolutamente nada, boca abajo, era la única manera, que lograban que penetrara, sin dolores, sin tensiones, pero en esa postura, no lograba interpretar nada.

Por otro lado, Aaron, Vanesa se daba cuenta, que él no estaba tan fuerte, como el primer día… lo notaba por el día a día, los esfuerzos, el cambio de clima, eran sucesos, motivos para que su corazón diera señales de fuga… Le dolía el pecho, la respiración se le aceleraba, ella notaba que algo no iba bien, se sentía culpable, por el hecho que por su culpa, tenía que hacer esfuerzos, que su corazón no aguantaba. Cuando le sacaba el tema, a Aaron, él se iba por las ramas… con algún comentario divertido, cosa que ha Vanesa, no le hacía ninguna gracia, porque se daba cuenta, que Aaron no se tomaba en serio, parecía no ser consciente de la gravedad del asunto.

  • Aarón no quiero que te pase nada –le decía Vanesa sufridora.

  • Sabes bien princesa, que eso no es posible, ambos somos conscientes, de cuál será mi futuro.

  • No te quiero perder ¡oh Aaron, no sabría vivir sin ti, lo eres todo para mí! si pudiera hacer algo para cambiar tu destino… lo haría sin dudarlo ni un segundo, incluso mi vida.

  • Ya lo haces princesa, me estas enseñando a vivir cada segundo como el ultimo, me has enseñado, a decir que sí, a perder el miedo, a vivir la vida, eso no tiene precio, es lo mejor, el mayor regalo que podrías hacerme –ambos se enroscaban, en confortable abrazo.

Era martes, tras de prepararse, decidieron ir al mercado, que se situaba en el mismo pueblo, hacía un día soleado, un día que invitaba a salir. Ellos no dudaron, en ir a tomar el aire, pasear cogidos de la mano, en medio de las tiendas de ropa y demás. Había bastante gente, se notaba, que el sol era penetrante. Era complicado para Vanesa, controlar la silla, atropellaba sin ser consciente, casi sin darse cuenta << ¡cuidado!>> << ¡miren por dónde van!>> y eso la desesperaba, aun mas yendo a primera marcha.

¡Sorpresa! La tía de Vanesa, la madre de Claudia,les hizo parar.

  • ¡Hola tía que sorpresa! –se sorprendió Vanesa.

  • A mí también me habéis sorprendido, he ido a donde estás siempre, para invitarte a un batido de chocolate, ya estaba preocupada al no encontrarte

  • Estoy de vacaciones todavía, pero si quieres, podemos a tomar un café –propuso Vanesa – ¿qué opinas Aaron?

  • Perfecto –los tres salieron de esa multitud, dirección a una terraza a tomar algo.

  • Vaya, vaya, ya veo lo bien, que lo habéis pasado en la nieve, aunque frio también… ¿Como os va en el piso? ¿necesitáis algo? Lo que necesitéis decirlo, yo os ayudare en lo que pueda.

  • Tranquila tía, ya estamos bien, pero lo tendremos en cuenta gracias –

  • Yo estoy de vacaciones, ya vendré a veros y aprovecharé os traeré cosas, por cierto… ¿queréis que os venga a recoger mañana, os llevó donde queráis con el coche?

Vanesa y Aaron estuvieron de acuerdo. No tardaron en despedirse, volviendo cada uno a su casa, pero antes, quedaron, que a la mañana siguiente, su tía, los recogería, lo llevaría a su casa a comer, después donde quisieran pasear.





12 de noviembre del 2011

Querido diario…

Ya volvemos a la rutina, de escribirte ¿Cómo has estado? Nosotros perfecto, después de las nevadas de Andorra, la calma de Madrid, sobre todo con la tranquilidad de no correr, de estar sin horarios.

13.30: El coche de tía de Vanesa apareció, deteniéndose en un aparcamiento de discapacitado. Le ayude a subir a Vanesa en el vehículo y después la silla en el maletero con ayuda de su tía. El cielo no parecía ponerse a nuestro favor, más bien, el sol se encontraba escondido entre unas nubes grises, temíamos, que el agua nos visitara en esa ronda turística….

14.00: entremos en la casa de la tía de Vanesa me la mostró era grande y practica, toda construida por su esposo, toda él solo, era una pasada. Acabó de hacer la comida, que tenía medio hecha: albóndigas, con almejas y escamar lañes. Yo observaba quería aprender nuevos platos para hacerle a Vanesa.

14.30: La puerta se abrió entrando Claudia, se puso contenta de vernos. No tardemos en empezar a comer entre charlas.

15.30: Claudia ya había marchado a sus obligaciones, nosotros después de comer y limpiar un poco, cogimos el coche marchemos hacia un pueblo de piedra, pequeño, cerca de allí. Comenzaban a caer cuatro gotas…. No tardemos en bajar del coche, para explorar y fotografiar.

20.00: Nos devolvió a su casa, en el que me presentó a su marido, el padre de Claudia. La tía de Vanesa preparó la cena, un pan con tomate y aceite, con embutidos, algo nuevo para mí, porque era algo típico en Catalunya, estaba bien bueno esa es la verdad… Hablábamos…. El padre de Claudia, me pareció bien divertido sobretodo explicando chistes.

22.20: La madre de Claudia nos devolvió a la casa, a nuestro piso… Había sido una velada estupenda, sinceramente inolvidable, si tengo que ser sincero… me encantó.



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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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