M.A.C. Capítulo veintisiete

De Vanesa Ruiz García

Para Vanesa era como un sueño hecho realidad, tanto que lo deseaba, al final se le hizo realidad, había salido de casa, tenía novio… todas las perspectivas de su padre se había roto… por mucho que él no se lo creyera. Irse con Aaron, es el mejor paso que había dado, era respetuoso, caballerosos, galán, le ayudaba en todo, además hacía todo lo del hogar. Ahora les tocaba buscarse un piso, no tardaron en empezar a buscar, pero no lo tenían tan fácil como parecía, la mayoría que encontraban superaban el arriendo al mes, más del mínimo de Vanesa, el que no era de esa forma, estaba fuera de el pueblo, sin ascensor, con alguna barrera en la entrada, de esa forma Vanesa siempre dependería de Aaron para entrar o salir de la casa. Después de mucho buscar, encontraron un piso con esas condiciones, pero que le salía su sueldo base cada mes. Normalmente cobraba mas de su sueldo base, pero la venta había bajado bastante a la entrada de septiembre, no se podía arriesgar y tras mucho negociarlo, le bajaron a cuatrocientos más luz y agua… aun era mucho, pero ya no le quedaba otra que aceptarlo.

No tardaron en firmar el contrato de entrada, después de visitar el piso, no era grande, pero para ellos dos era perfecto, un comedor-cocina a grandes dimensiones (comparado con el de casa de sus padres) un cuarto de baño, con ducha, bidet, lavamanos con espejo en la pared de adelante, váter, armario de primeros auxilios. Una y única habitación con una cama de matrimonio. Vanesa y Aaron se miraron sin saber que decir.

Ese mismo día, hicieron la mudanza, después se sentaron a cenar y a disfrutar de su nuevo hogar, acostados en el nuevo sofá, largo y confortable, se abrazaron:

  • Sabes que este es uno de los días más felices de mi vida –le murmuro Aaron.

  • Yo también amor, siempre he soñado con esto, y no pensé que se me hiciera realidad, menos tan pronto.

  • Eres preciosa, eres lo mejor que me ha pasado –le dijo mirando a los ojos.

  • Yo también te amo –respondió la joven, empezando un sinfín de besos románticos.

Eran cerca las doce, cuando el sueño pudo con ambos, paso a pasito, cogidos de ambas manos, caminaron para la habitación, sus ojos se abrieron como dos naranjas, al venirle a la mente, que solo había una cama y de matrimonio.

  • Dormiré en el sofá esta grande y cómodo –dijo decidido Aaron.

  • ¿Y por qué? Hace seis meses que somos pareja, creo que ya es hora que empecemos a dormir juntos –habló Vanesa –además dormir en el mismo colchón, no significa hacer el amor.

  • ¿Estas segura? –le cogió la mano.

  • Plenamente –dijo convencida.

Ambos se pusieron sus pijamas y se acostaron, al principio no conciliaban el sueño, así que empezaron hablar, de temas irrelevantes, para calmar esos nervios, he tranquilizarse un poco, hasta que poco a poco sus ojos se cerraron.

7 de octubre del 2011

Querido diario…

Hoy ha hecho un día típico de la época, se ha pasado la noche lloviendo, pero casi como un aguacero, yo me he tenido que levantar un par de veces, para ir al baño, Vanesa dormía plácidamente ¡estaba tan guapa! Bueno a lo que te explicaba, de madrugada lluvia, cuando nos hemos levantado, un día precioso de sol sin muchas nubes.

Entre Vanesa y yo, hemos pensado que hacer con un lunes como aquel, hemos acabado decidiendo que ir de camping es lo mejor. He preparado algo que comer, los artículos necesarios para tal actividad, ya sabes; comida (metida en un tape) una manta para sentarnos, una pelota para distraernos… lo típico, nos hemos puesto en marcha con la silla manual, sin necesidad de buses ni nada, solo nuestro entusiasmo, y piernas bastaban.

13.00: hemos aparcado la silla en una gran explanada verde, las hojas de los arboles descendían hacía el suelo. Era aun temprano para comer, nos miremos no hicieron falta palabras, ambos pensemos igual: ¡de excursión por el bosque! No ha sido fácil remolcar la silla de Vanesa por aquellos terrenos, pero nada era imposible, aunque aquello parecía la montaña rusa gratuito, tendría que haberle puesto un cinturón a mi princesa, con la cantidad de baches, lo que me he a extrañado que no cayera al suelo, pero he agradecido al cielo por ello. Hemos observado setas y espárragos en nuestro camino, no hemos dudado en recogerlas ¡ya teníamos cena esa noche!

15.00: ¡a comer! Los bocadillos ya preparados que nos esperaban. Sentados sobre la manta, rodeados de verde. El aire era limpio y puro se sentía la naturaleza. Éramos testigos de cómo las hojas marrones de los arboles caían sin aviso, aterrizando sobre Vanesa o mí mismo.

16.00: Llevemos una pelota, y juguemos un rato a pasarla, entre otros juegos. Fue un rato entretenido e agradable.

18.00: Decidimos recoger, y volver a casa, a nuestro piso. Desde que vivo con Vanesa me siento mejor que nunca. Solo espero ayudarla bien, y la atienda como es debido. Ella dice que lo hago perfecto, pero no se queja de nada, creo que lo hace por no molestar, y así no puedo saber si es cierto o no.

Los días pasaban, y Vanesa tenía algo en mente, faltaba menos de un mes para que sus vacaciones empezaran. Quería hacer algo distinto, diferente, no quería pasarse sus quince días de libertad sin salir de pueblo, no quería pasarlos como día sí y día también, quería hacer algo distinto, algo especial….

  • ¿Por qué no vais a andorra? Si no voy equivocada, hay un tren directo y en tres horas llegáis.

  • No es mala idea, ya lo miraremos –contestó Vanesa.

Era de noche, las doce pasadas, Vanesa intentaba conciliar el sueño desde hacía rato cosa que no lograba. Percibía un cosquilleo en su entrepierna, una necesidad, que hacía tiempo que no sentía. Miró a Aaron ¡era tan guapo! Estaba de espaldas a ella, parecía que dormía como un lirón. Su corazón se aceleró nuevamente. Sus manos fueron directas a sus medianos senos. Los notaba duros. Su corazón se acelero aun más, cuando Aaron, se giró en su misma dirección. Sus ojos estaban abiertos.

  • Princesa estás despierta –se sorprendió el joven, intentando esconder el bulto que había bajo su pantalón.

  • Sí, bueno yo… -se puso nerviosa Vanesa – ¿y tú? ¿Qué haces despierto? Estaba convencida que dormías.

  • Sí, yo lo he intentado pero… -noto como su pene, se escapaba de sus dominios de controlación – ¡oh dios no! ¡perdóname por favor!

  • ¿Que ha sido eso? ¿ha sido tu pene? –preguntó nerviosa.

  • Lo siento, yo… -no sabía cómo mas disculparse Aaron.

  • Shttt, no digas nada… -le tapo la boca Vanesa, con el índice y el medio de sus dedos. Se miraban a los ojos, sin casi pestañear. Ambos notaban sus corazones acelerados.

  • Te amo Vanesa, como jamás he amado a nadie… -le susurró.

  • Yo también te amo, de verdad, es la primera vez que siento algo tan fuerte dentro de mí… poco a poco sus cuerpos se acercaban, uno notaba los nervios del otro. Sus respiraciones se aceleraban, al mismo tiempo que se abrazaban, que sus manos tactaban la espalda del otro. Reconfortándose, dándose un suave masaje, por toda la espina dorsal. Sus bocas se besaba, sus lenguas jugaban a encontrarse a enrollarse una con la otra, sus manos retozaban en la espalda del otro.

  • ¿Te gusta? –le susurró eróticamente.

  • Siiii –dijo Vanesa, disfrutando de lo que estaba sintiendo.

  • ¿Puedo besarte el cuello?

  • Puedes besarme lo que quieras… soy toda tuya, te amo…

  • ¿Estás segura? Yo no quiero hacer nada que no quieras… yo… no necesito nada de eso… soy feliz con solo estar a tu lado…

  • Yo te quiero Aaron, quiero que mi primera vez, sea contigo… ¿y tú? ¿quieres hacerlo conmigo? –le miró fijamente a los ojos Vanesa cogiéndole ambas manos con fuerza.

  • Nada me haría más ilusión, perder mi virginidad contigo…

Ya no hicieron falta más palabras… los dos se envolvieron, en el más tierno y caloroso abrazo… besos, caricias, todo se valía en el frágil cuerpo de ambos. Para Vanesa fue novedad, y más que placentera, sentir el cuerpo desnudo de Aaron sobre el suyo. Las caricias, los besos que le daba por todo el cuerpo… por el cuello, los brazos, los pechos, dando débiles y agradables peñiscos a sus duros pezones, para ella, esa sensación también era novedad. Tactar un pene, sentir, su dureza, su calor, su humedad….

  • Tranquila no hay prisa, conócelo antes, tócalo –le recomendó antes de que ella se lo pusiera en la boca. Así lo hizo, cada vez le gustaba más esa sensación viscosa en su mano.

  • ¿Puedo ya? –dijo al rato, impaciente por avanzar.

  • ¿Segura? Según dicen tiene un gusto raro.

  • ¿A ti te gustara?

  • A mí me encantará, estoy seguro.

Vanesa no lo pensó más, que ya le estaba lamiendo su más órgano mas intimo. Levantó los ojos, viendo la cara de placer de Aaron. Noto como Aaron la acariciaba su cuello, sus duros senos, sus pechos, su vientre, entre suaves besos… les encantaba aquello.

  • ¿Puedo besarte tu zona más sagrada?

  • Siiii soy toda tuya Aaron hazme lo que gustes… -gemía Vanesa.

  • Si algo te incomoda, te lo suplico dímelo… -observo como afirmaba.

Sin más aviso no la hizo esperar más sentía su cuerpo ardiente, el mismo estado que estaba de él propio. Más de dos horas siguieron dándose gran places mutuamente…

  • ¿No quieres penetrarme?

  • Perderás tu virginidad y por mucha delicadeza que tenga, te va ha doler, hoy ha sido precioso, ya abra tiempo para lo otro, tenemos todo el tiempo del mundo ¿verdad?

  • ¡oh cuanto te quiero! –le beso en los labios, dándole un confortable abrazo.

13 de octubre del 2011

¡¡Hola diario!!

Estoy hecha polvo, lo que he hemos vivido ayer y hoy ha sido único algo que ni siquiera se me había pasado por la cabeza, sobretodo ayer…

Pero comencemos por el principio… Ayer sábado era doce de octubre, el día de la hispanidad. Aaron y yo decidimos salir del pueblo, para pasar el día en Madrid y volver en la última Sarfa del día. Para comenzar, para llegar a la capital, no cogimos bus, no, decidimos ir a la aventura, coger el tren, pero para eso si que tuvimos que coger una sarfa que nos llevará a Flaça…

07.00: coger bus para ir a Flaça.

08.00: coger tren para llegar a Madrid. Subir a ese vehículo fue toda una odisea, ya que no estaba nada adaptado. ¡Suerte que fuimos con la manual! Pobre Aaron, tuvo que cogerme en brazos, dejarme en el asiento y volver a por la silla, en tiempo record, porque las puertas se cerraban, suerte de la gente también que fueron muy amables, y nos ayudaron en todo. Preguntó antes a un segurata si había algo adaptado, este dijo que no, que para eso tendríamos que ha ver avisado al menos con dos días de antelación… pero era lo que la gente decía:

  • ¿¿Dos días?? ¡Bien seguro que ni sabían que iban a venir!

Y tenían razón lo decidimos de un día para otro. Nos sentemos en los asientos de adelante, la silla se quedo a mi lado, controlada por si caía. Los demás pasajeros fueron muy amables, nos ayudaron en todo y más… Pasemos el rato hablando entre nosotros. A la hora de salir, Aaron estaba que no sabía cómo hacerlo… las puertas se cerraban y aun me tenía que sacar a mí, y la silla.

  • Tú ve a por la silla, yo saco a la chica –le dijo un chico alto, con algo de musculatura, cabeza casi rapada, con pircings, y tatuajes en su cuerpo. Me cogió en brazos, me llevó junto a Aaron. Las otras mujeres que nos habían ayudado en la entrada, también siguieron a ese muchacho, a que me dejara con mi pareja.

Ya estábamos en Madrid, hacía un día estupendo, el estaba perdido, yo me encontraba igual, pero empecemos andar, en busca de algún lugar para desayunar…. Encontremos varios bares, allí estábamos, buscando alguno económico para desayunar. Entremos en uno, dos Cacaolats (que Aaron le encantó) dos cruasanes ¡5 euros! Menudo robo, si lo llegamos a saber no entramos.

11.00: Encontremos el bus turístico, había una larga fila para coger los tickets. Había de dos clases: los de dos días, y los de uno propio, nosotros cogimos de un día, con ese papel, podíamos subir y bajar del autocar, sin tener que pagar ya más, ya bastante caro era ya ¡22 € por persona! ¡44 € Entre los dos! Demasiado caro, esa era la verdad, pero la ocasión lo merecía. Era un bus de dos pisos, y sin techo. Aaron nunca había subido en algo así, le hacía ilusión ir a la planta de arriba, para que negarlo, a mi también. Desde que estaba con él nunca había vivido tanto como el poco tiempo que llevaba a su lado, la verdad, para que negarlo ¡me encantaba! Agarrada a las barandillas, con Aaron detrás, subí a la segunda planta. Estaba repleta, pero la gente fue amable, nos dejaron sitio aunque en diferentes fileras, empecemos el trayecto, nos dieron unos auriculares verdes donde conectándolos, posando el idioma correspondiente te explicaban la historia por donde pasábamos…

12.00: Nos bajemos, en la parada para ver la casa de Gaudi. No estaba a cuatro pasos de donde nos dejo el autobús, “tuvimos” que caminar un buen trecho, encima de subida ¡pobre Aaron! Que tenía que subir mi silla, pero gracias a su fuerza de voluntad, y sus ansias por seguir, lo conseguimos, teniendo enfrente ¡una casa espectacular! Allí nos hicimos algunas fotos, entre la multitud de la gente, todos ellos turistas con ganas de explorar mas.

  • Perdone, ¿que se encuentra por ese camino? –preguntó Aaron a un vigilante.

  • Esta la casa, y galerías, y hay un pequeño recorrido, pero ni se les ocurra subir, hay demasiada pendiente, no podrán con la silla.

Después de agradecer, Aaron, no se lo pensó mucho, cuando quiso arriesgar, sin importarle que la vida se le fuera en ello, él subió, llegando a una gran explanada, con una vista fabulosa. Como nosotros llegó más gente, para disfrutar de aquel paisaje. Nosotros comimos, empanadillas que Aaron había cocinado, al mismo tiempo que dos perros, se nos acercaba, a saludarnos.

13.00: volvimos a subir al bus, sin tardar en volver a bajar de la segunda planta, para poder visitar el Park Güell, pero lleguemos, antes nos paremos en otra terraza, a comer unos bocadillos y bebidas.

14.30: En busca del park, pero por otro lado, buscábamos otro parque, con césped, para estirarnos y reposar. Tras mucho buscar lo encontremos, un parque pequeño, pero con césped. Me baje de la silla con su ayuda, me acosté en esa zona verde, quedándome dormida sin casi ser consciente.

La verdad es que Aaron me estaba sorprendiendo enormemente, no parecía la misma persona el de las cartas, y quien tenía delante en esos momentos. Él de las cartas, era tímido, y apenas había visto mundo… quien tenía delante, daba la impresión de todo lo contrario <<ni yo mismo me lo creo, pero todo es gracias a ti, ya no tengo nada que perder, prefiero mil veces, conocer mundo, esforzarme, lanzarme, que no quedarme entre cuatro paredes. Antes de pensar con esto, creía que no tenía más futuro que la vida que llevaba, mi madre y mis estudios y ya, pero gracias a ti descubrí que hay algo mas, que hay mucho más. No quiero perder ni un segundo, quiero arriesgarme, aunque tenga que perder, quiero seguir adelante…>> parecía tan convencido de sí mismo… me sentía tan orgullosa de él, me enamoraba aun mas de él.

17.00: Decidimos seguir, volviendo a subir en otro autobús turístico, esta vez abajo (éramos los únicos) dando un paseo, sin bajar en ningún otro lugar.

18.00: Volvimos a subir arriba, acabando con el recorrido acordado.

19.00: Acabemos con nuestro día turístico, sinceramente yo estaba hecha polvo, sin saber porque muerta de sueño… Ahora a encontrar la entrada al tren, que no fue para nada fácil, porque todos nos mandaban de un lado para otro… un montón de veces. ¡Pobre Aaron! Me subió e bajo, más de una vez e dos, en brazos a continuación la silla… Pocas veces la gente ayudaba, aunque más de lo que esperaba.

20.20: ¡conseguimos dar con la entrada correcta!

  • Falta diez minutos para que salga, vayan a salida uno, dense prisa –dijo la recepcionista. Así lo hicimos, ¡pero se equivoco! ¡No era la salida uno sino la dos! ¡Ya no había vuelta atrás, ya no había forma de volver a Palamós en esa noche!

Estábamos desesperados, no sabíamos que hacer, no sabíamos como volver, no había alternativa, ¡deberíamos pillar un hotel para pasar la noche! Pero ¡no teníamos dinero! No nos quedaba otra que pasar la noche en la estación de autobuses

  • Perdonar chicos no he podido evitar escucharos, si tenéis que pasar noche aquí, ni si os ocurra la estación, es peligroso, aun mas, vosotros que sois tan jóvenes, y la chica en silla.

  • ¿Que nos aconseja? –preguntó Aaron.

  • Ir al aeropuerto, es mucho más seguro.

Después de agradecerlo nos dirigimos para allá, sin saber que íbamos a encontrar. Yo estaba asustada, ¡pasar la noche en un aeropuerto! ¿estaría lleno de borrachos y drogadictos? Me horrorizaba la idea. Aaron me apretó la mano indicándome que todo iba a salir bien. Me sentía segura gracias a él.

21.00: pillemos unos bocadillos para cenar, cogimos asiento, para pasar la noche, no éramos los únicos varias personas, que había llegado a Barcelona demasiado tarde, para coger un bus, allí se encontraban como nosotros, a pasar las horas nocturnas en ese lugar.

23.00: nos acomodemos en el suelo, uno al lado del otro, con chaquetas como almohada poca ropa, para taparnos. Mi acompañante, me cogió de la mano:

  • Para que no te secuestren, no te pasará nada princesa, yo estoy contigo –le sonreí, al mismo tiempo, que descubrí a Aaron que le dolía el pecho. Me sobresalté –tranquila, estoy bien, no es novedad, enseguida pasa –me dijo al ver mi cara de espanto. Por suerte así fue.

Intenté dormir, pero no era nada fácil, el suelo estaba duro, tenía frío, las luces estaban encendidas, las voces no cesaban. Aaron se sacó su chaqueta, me la puso por encima, como el frío no pasaba… ¡me abrazo! Un abrazó que rodeó todo mi cuerpo, logrando que entrara en calor, las partes más frías. Creo que algo logré dormir, pero todo fue intermitente.

06.00: Nos despertemos, sin poder conciliar mas el sueño, notaba un picor, muy fuerte en los ojos, al ir al baño descubrí que los tenía, bien rojizos, me figuro por el no dormir. No tardemos en informarnos de cómo volver a casa. Teníamos el ticket del tren, que aun valía…

07.30: Aaron fue a informarse, después compro unos bocadillos, para desayunar. El tren salía a las 8.45.

08.45: Cogimos el tren camino a Flaça

11.30: Lleguemos a casa a dormir, largo y tendido durante horas ¡nunca había extrañado tanto mi cama!

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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