Perdida en la noche; Capítulo nueve

De Vanesa Ruiz García

Sus ojos se medio cerraban por la claridad improvisadamente cuando sus cuerpos ya se aguantaban en el exterior. Dan utilizó las gafas de sol encontradas, como escudo para sus ojos <<lastima que solo hayan unas gafas>> recalcó Hillary protegiéndose de la claridad, con sus brazos. Los tres alzaron sus vistas, a ese espacioso cielo. El sol que les acompañaba antes de entrar en la cueva, había eclipsado, por varias grandes nubes, cada vez más abundantes y oscuras. El aire frío se volvió a sentir, provocando que un escalofrío les recorriera, sus cuerpos.

  • ¿Que ha pasado aquí? –preguntó Dan mirando ese triste ambiente.

  • Parece que el cielo, se nos ha puesto en contra nuevamente, en nuestra ausencia –dijo Hillary.

  • ¿Qué nos queda de la lista? –preguntó Ruth, empezando andar.

  • La leyenda, y el sombrero de copa –le leyó Hillary, sin dejar de seguir para adelante.

  • ¿Un sombrero de copa? ¿de donde vamos a sacar un sombrero de copa? –pregunto Dan con sarcasmo.

  • Quien sabe…quizás aya que perseguir, otro conejo –dijo Ruth entre risas.

  • ¡A no, otra vez un conejo rebelde, no, no y no, no pienso perder mas comida por su culpa! –se negó rotundamente Dan. Ruth sonrió.

  • ¿Y la leyenda? ¿cómo la conseguiremos? –preguntó Hillary.

  • Como no encontremos alguna persona que nos la cuente, dudo muchísimo que algún animal, nos la chivatee -río Ruth, con sus manos tras la nuca.

  • Ufffff que frío, y creo que se me ha caído una gota de lluvia en la nariz –se estremecía Hillary. A continuación unos nubarrones, se dieron paso entre la claridad, dejando sentir e notar rayos y truenos –os habéis dado cuenta, que esta creciendo una niebla espesa, lo esta tapando todo.

  • Sí, y además se acerca una tormenta, tenemos que refugiarnos, y si podemos volver ya a la masía mejor –informó Ruth.

  • ¿Qué? ¡No podemos volver aun, aun no tenemos todo lo de la lista, y sin eso no abra pastel de chocolate! –reclamó Dan.

  • Son las ocho y cuarto, a las nueve tenemos que estar en la masía no tenemos ni idea de donde nos encontramos –le hizo saber Ruth.

  • Vale, tienes razón… ¡adiós pastel de chocolate! –se despidió tristemente Dan con la cabeza baja.

  • Va no pierdas la esperanza que seguro que Maickel te da un trozo para el esfuerzo causado –le animó Hillary.

  • Sht, callar un momento chicos –les ordeno Ruth, prestando atención – ¿no sentís hablar a alguien?

  • Ahora que lo dices… si qué parece, que se sienta hablar a alguien… -confirmó Hillary.

  • Pues consiguemos la leyenda, así tendremos un punto más para el pastel de chocolate –corrió Dan.

  • ¡Dan ten cuidado que hay mucha niebla! –le aconsejó Ruth. A medida que se acercaban esas voces, se iban transformando, en gritos con insultos e amenazas –ei chicos, escondámonos aquí –les sugerió Ruth, en un murmuro para no ser escuchada, metiéndose entre unos matorrales. Echaron a un lado, esas plantas, teniendo enfrente de sus ojos a dos chicos; uno era alto, fuerte, pelo largo, castaño, ojos verdosos. El otro era; bajo, pelo negro, ojos marrones, un tanto rellenito, tenía entre una de sus manos una navaja, mientras que con la otra, sostenía del cuello de la camisa, de un chico colombiano, pelo corto y negro. Su rostro era muy asustado.

  • Te vuelvo a preguntar ¿donde esta nuestra pasta? –le gritó el alto, fuerte, mientras que su compañero marcaba mas la navaja en el cuello de su victima.

  • Lo siento… no e podido recaudar todo el dinero, tres días no eran suficientes, dejarme unos días mas, prometo, daros asta el último centavo, por favor –pidió asustado el chico.

  • Pero ¿que significa esto? –murmuró Hillary, con sus ojos como platos.

  • Parece que estamos viviendo una amenaza –dijo Dan, con sus ojos también, como dos naranjas.

  • Shtttt, callad –dijo Ruth, sin dejar de prestar atención a lo que sus ojos, estaban tan pendientes.

  • ¡Cállate subnormal africano! –le dijo el castaño, dándole una sonora bofetada.

  • Colombiano…. Soy colombiano –dijo con tartamudeo el joven.

  • ¡Imbécil de mierda cállate! –le dio un par de puñetazos en el estómago, tirándolo al suelo. Sus piernas se pusieron al ataque, dañando la misma zona perjudicada. El que tenía la navaja le ayudo, con fuerte patadas a su rival. El público expectante, por puñetazo, patada que veían, mueca de dolor emitían.

  • Salgamos de aquí –dijo en un murmuro Ruth. Los tres se dieron la vuelta, dispuestos a marcharse con cautelo. Un mal paso por parte de Hillary, pisando una rama, que provocó un chasquido.

  • ¿Qué ha sido ese ruido? –levanto su vista, el castaño, al mismo tiempo que el de el pelo negro, dejado tendido en el suelo inconsciente al colombiano.

  • ¡¡¡¡Salgamos de aquí rápido!!!! –exclamó Ruth, hinchando a correr junto a sus amigos, sin saber muy bien por donde dirigirse, con la densa niebla que les deparaba. Sentían los pasos de sus persigadores, cada vez mas cerca, entre grandes insultos e amenazas.

  • Correr, correr ¡¡no paréis por nada del mundo!! –les ordenó Ruth, asustada, sin dejar de mover sus piernas.

  • ¡Hay demasiada niebla no vemos nada! –exclamó Dan.

  • ¡Es igual, lo importante es que salgamos de aquí! ¡¡Corred, corred!! –exclamó Ruth, corriendo a tientas, a causa de la espesa niebla que les adueñaba. Sus truenos e relámpagos, se sentían también, el agua empezó a caer.

  • Chicas… esta empezando a llover… tendríamos que parar… y refugiarnos.

  • ¡¡Seguir corriendo no paréis!! –gritó Ruth – ¡mas vale un constipado, que no que nos corten en mil pedacitos!

Los tres chicos, corrían con todas sus fuerzas pesar que con la espesa niebla, y el agua cayendo con intensidad no visualizaban nada, lo que si que se fijaron es que esos gritos, iban disminuyendo en volumen, asta desaparecer del todo.

  • ¡¡¡Stop!!! –exclamó Hillary deteniéndose con la respiración acelerada –hemos conseguido despistarlos, ahora tendríamos que volver a la masía antes que empeore.

  • Sí tienes toda la razón –dijo Dan – ¡adiós al pastel de chocolate! –dijo con decepción.

  • ¿Tu que opinas Ruth? ¿Ruth? ¿Dónde esta Ruth Dan? –pregunto a Dan que se encogió de hombros. Los Dos empezaron a buscar a su amiga, entre grandes gritos, cada uno por un lado, pero sin separarse mucho, por si se volvían a perder, sin éxito ninguno –tenemos que intentar volver a la masía.

  • Y ¿Qué pasa con Ruth? ¡tenemos que encontrarla!

  • Con la niebla se abra esparcido, y es posible, que aya vuelto a la masía preocupada por nosotros.

  • También puedes tener razón –dijo Dan pensativo – ¡lastima, que tenga ella el busca!

  • Ya no se puede hacer nada, dame la mano, así evitaremos separarnos de nuevo –le pidió Hillary, cogiéndosela.



Eran las nueve y media de la noche, cuando los cuatro monitores volvían a la masía.

  • ¿Qué tal ha ido? –preguntó la profesora Turner.

  • Bien, bien, muy tranquilo la verdad -respondió Maickel.

  • Lástima de la lluvia –dijo Sofía –suponemos que todos los grupos han vuelto ¿no?

  • Bueno todos, todos no –dijo la profesora Turner preocupada –faltan el grupo de Ruth, Hillary y Dan.

  • ¿no han regresado aun? –preguntó preocupado Maickel, viendo como esta negaba con su cabeza.

  • ¿Tu no has visto nada extraño, cuando as ido a dar la vuelta a las nueve menos cuarto? –le preguntó Jennifer.

  • No, aunque no sabría decirlo con exactitud, con la cantidad de niebla y lluvia que se extendía –dijo Maickel.

  • ¿De que vuelta hablan? –se interesó Martha.

  • A las ocho y media, cada uno de nosotros, nos hemos extendido en el bosque para ver si encontrábamos algún grupo con dificultad o problemas, aun mas con esta climatología –explico Jennifer.

  • ¿Donde esta el profesor Thomas? –se fijó Sofía

  • Se adentrado en el bosque tras vuestra partida, aun no ha vuelto, ese será una suerte si se pierde – Dijo la profesora Turner.

  • ¿y aun no ha vuelto? –se preocupó Paul –pues abría que salir en su búsqueda también, le ha podido pasar cualquier cosa.

  • Primero tenemos que ir a por los chicos, ese impresentable, ya es mayorcito para saber lo que hace, nadie le obligo a irse, todo lo contrario –explicó la profesora Turner con rabia en su voz.

  • Tal vez tenga razón, vayamos a por los muchachos, no perdamos mas tiempo –dijo Paul, dispuesto a empezar junto a los demás monitores y la profesora Turner. La cocinera Paty, salió de la casa a toda prisa.

  • Maickel, Maickel, menos mal que as vuelto –dijo nerviosa.

  • Paty ¿Qué te ocurre? –preguntó asustado Maickel –Asly, ¿esta bien?

  • No… -respondió nerviosa la cocinera –estábamos jugando a damas, de repente, se ha puesto muy nerviosa ha hablar del tema que ya tanto sabes –dijo la última frase en un murmuro –y ha echado a correr hacía el bosque… e intentado ir tras ella, pero ya había desaparecido.

  • Díos mío hay que encontrarla, es de noche y esta lloviendo… pero tenemos tres chavales desaparecidos –dijo nervioso, sin saber por donde ir.

  • Maickel nosotros buscaremos a los chicos, tu concéntrate en buscar a tu hermana –dijo Paul.

  • Muchas gracias a todos, suerte con los chicos, si los encontráis por favor avisarme –pidió Maickel.

  • Descuida lo aremos –dijo Sofía, poniéndose en marcha, junto a los demás.

  • Yo también salgo a buscar ya a Asly, antes que se haga mas tarde –dijo Maickel, dispuesto a ponerse en marcha.

  • Maickel déjame ir contigo por favor –pidió Paty nerviosa –me siento culpable, debí ser mas rápida en seguirla.

  • No, mejor que no Paty, quédese aquí por si regresa, si vuelve, y se encuentra con tantos desconocidos para ella, se asustará y volverá a huir –le explicó Maickel amablemente, con su mano en el hombro de la cocinera.

  • Sí, también tienes razón –afirmó Paty.

  • Muchas gracias, no dude en llamarme, si regresa por favor –le pidió Maickel.

  • Por supuesto lo aré, usted también avíseme si la encuentra.

  • Claro que sí, no se preocupe.

Así que los tres monitores y la profesora Turner, se adentraron en el bosque en busca de Ruth, Dan y Hillary, mientras que Maickel iba a la cerca de su hermana Asly. Martha y Kate, se quedaron en la casa, con Paty preocupadas.



De mientras en ese denso y gran bosque, se encontraban Hillary y Dan, exhaustos, preocupados, y atemorizados. La lluvia seguía cayendo entre rayos e truenos. Esos jóvenes, no dejaban de caminar, pero inconscientemente, daban vueltas sin sentido, sin avanzar en su propósito.

  • Para Dan –le pidió Hillary.

  • ¿Qué… qué pasa? –preguntó Dan, tartamudeando de frío, ya que todo su cuerpo empapado estaba.

  • Esto me suena –dijo Hillary con la mirada desconcertada.

  • ¿Qué quieres decir? ¿Qué estamos llegando a la masía? –preguntó ilusionado.

  • No, no estamos llegando a ningún lado, estamos dando vueltas sin sentido, ese árbol ya lo e visto tres veces –dijo señalándolo.

  • ¿Como sabes que es ese árbol? –preguntó ingenuo Dan – ¡si todos son iguales!

  • Por la marca, en forma de T que tiene, es un árbol bastante particular ¿no crees? –le preguntó Hillary.

  • Visto así sí, ¿qué hacemos ahora?

  • No lo se… estamos empapados, perdidos, es oscuro ya, francamente, dudo mucho que encontremos el camino de regreso –dijo Hillary sentándose en un largo tronco con sus brazos apoyados en sus rodillas, y sus manos en su cabeza estaban – ¿donde estará Ruth?

  • Es posible que aya vuelto a la masía, tenía el busca, así, que ha podido pedir ayuda, seguro, que allí está calentándose, comiéndose ese delicioso pastel de chocolate, que nos pertocaba, un trozo –imaginaba, relamiéndose sus labios.

  • Y si no es así ¿que? ¿si esos chicos la han pillado y le han hecho algo?

  • ¡Joder Hillary, no me asustes mas! –le reprocho Dan.

  • Lo siento, tienes razón, pero es que estoy muy preocupada ¿Qué habrá sido de ella? ¿qué será de nosotros?

  • Te entiendo –le abrazó Dan. Hubo unos momentos de silencio, cuando la cabeza de Dan se alzó sin aviso, pendiente a algo.

  • ¿Qué pasa? –preguntó asustada la chica.

  • Shttt –le indico que callara Dan –creo que oigo algo –dijo, guiándose por su oído.

  • ¿Que oyes? ¿vienen a por nosotros? –preguntó nerviosa e intrigada Hillary. Los gritos llegaron a sus oídos –sí, sí vienen a por nosotros ¡aquí! ¡estamos aquí! –empezó a gritar con alegría Hillary. Dan le ayudó.

  • Aquí Sofía, e encontrado a dos de los chicos, Hillary Craff y Dan Rocker –dijo por radio la monitora saliendo de unas plantas con una linterna encendida entre sus manos –¿estáis bien? ¿estáis heridos?

  • Estamos bien, estamos bien –dijo con felicidad Hillary –díganos que Ruth ha vuelto a la masía por favor –le pidió asustada.

  • ¿Ruth Parcker? ¿Dónde esta? –preguntó la chica.

  • No lo sabemos… -comenzó Hillary.

  • Había mucha niebla, la oscuridad, y las lluvia nos ha desorientado… -siguió Dan

  • Esos dos hombres nos ha asustado muchísimo… -continúo Hillary.

  • ¿Dos hombres? ¿qué dos hombres? –preguntó desconcertada la monitora –estáis empapados y congelados, venid conmigo, os guiaré asta la masía.

Siguieron andando, por ese denso bosque asta que con Sofía de guía encontraron el camino de salida y de vuelta a la casa. La lluvia había cesado, asta detenerse del todo, las nubes se fueron alejando, dando paso, ese sin fin de estrellas voluminosas.



  • ¡Hillary y Dan gracias a dios, que os han encontrado sanos y salvos! –se abrazó a ellos su tutora Turner con felicidad –pero ¿donde esta Ruth? –preguntó mirando fijamente a los dos.

  • ¿No… no esta aquí? –preguntó con tartamudeo, por el frío Hillary.

  • No, aquí no esta –dijo Turner, notando como su corazón le volvía a dar un vuelco –pero entremos dentro, que estáis congelados, y mojados.

Los tres entraron en la casa, situaron a los dos chicos en un sofá confortable, enfrente de la ardiente chimenea. Los demás monitores e profesoras, no tardaron traerle comida caliente, mantas, un trocito de pastel de chocolate para cada uno.

  • ¡uhm! ¡Muchísimas gracias! –exclamó Dan, comiendo con euforia.

  • Ha ver chicos… ¿Dónde os habéis separado de Ruth? –volvió al tema la profesora Turner, preocupada.

  • Hemos salido de la cueva y el cielo se había vuelto a nublar y una niebla muy densa había nacido… -empezó a explicar Dan, tras tragar un trozo de pastel

  • Queríamos volver ya a la masía, hemos sentido voces… como nos faltaba encontrar la leyenda, hemos pensado preguntárselo a esa gente…

  • Pero nos hemos detenido, al escuchar como gritaban, nos hemos asomado, por unos matorrales…

  • Y hemos visto a dos chicos amenazando con una navaja a otro… -dijo Hillary asustada.

  • Hemos estado allí parados, escuchando, cuando sin darnos cuenta hemos hecho un ruido y se han tratado de nuestra presencia, ellos nos han comenzado a seguir…

  • Sin darnos cuenta nos hemos separado de Ruth…. –dijo mirando a Dan asustada.

  • ¿Por qué no habéis utilizado el Busca? –preguntó la superiora de los dos chicos.

  • No lo teníamos ninguno de los dos… lo tiene Ruth… pensábamos que ya estaría aquí –dijo Hillary notando como su voz se debilitaba por momentos, al igual que sus ojos se llenaban de lágrimas. La puerta de la casa se abrió. Todos miraron con esperanza de encontrar a la joven alumna.

  • ¡Asly! –gritó Paty con alegría viendo como la chica corría abrazar a la cocinera. Tras ella entro Maickel.

  • Maickel as encontrado a Asly nos alegramos muchísimo –exclamó Paul dándole una palmada en el hombro.

  • ¿Dónde estaba? –quiso saber Paty.

  • Donde siempre, gritando, llorando, estaba muy nerviosa, pero gracias a dios no le ha pasado nada malo –dijo con una sonrisa. Miró hacia el sofá otra amplia sonrisa se le dibujó en el rostro –¡Hillary, Dan habéis vuelto! ¿Dónde se encuentra Ruth? ¿en el baño? –preguntó. Todos se miraron antes de explicarle lo sucedido –hay que encontrarla, tenemos que ir en su búsqueda –todos estuvieron de acuerdo, dejando a Paty a cuidado de los chicos e chicas y de la casa.

  • ¿Podemos ir con ustedes por favor? –pidieron Hillary y Dan poniéndose en pie, acercándose a todos los monitores e profesoras.

  • No mejor que no chicos, que os quedéis aquí –acabo diciendo su tutora –entiendo que es vuestra amiga, que estáis muy preocupados por ella, pero creemos que la mejor opción es que os quedéis aquí, si la encontramos seréis informados de inmediato de verdad os lo digo –dijo amablemente la profesora.

  • Encuéntrenla por favor –pidió Hillary con tristeza en su rostro.

  • Tranquilos eso es lo que queremos encontrarla, y que esté bien –les animó la profesora Turner. La puerta de la masía se volvió abrir. Todos miraron con esperanza.

  • ¿Qué hacen todos aquí? ¿me dan la bienvenida? –preguntó el recién llegado profesor Thomas.

  • Ah profesor Thomas es usted –dijo la profesora Turner con decepción.

  • ¡Oh, lamento si no soy bien recibido! –dijo con exageración Thomas.

  • No es eso profesor Thomas, una alumna ha desaparecido, Ruth Parcker ¿no la ha visto? –pregunto Jennifer.

  • ¿Yo? ¿por qué tendría que ha ver visto a esa mal educada mentirosa?

  • Usted ¿viene del bosque no? –preguntó la profesora Turner.

  • Sí, pero ya le he dicho, que me iba a una parte del bosque que no me iba a cruzar con ningún alumno ¿o es que lo a olvidado? –le pregunto con ironía.

  • No, claro que no, pero solo preguntaba a ver si por casualidad…

  • Pues no la e visto a su alumna, tal vez tenga que dar mas clases comportamiento y educación a sus alumnos, sobretodo a esa malcriada, tanto confiar en ella, ¿para que? ¿Para esto? ¿Todo el mundo sufriendo por ella, mientras ella lo esta pasando pipa a causa de ese sufrimiento? –exclamó Thomas.

  • ¡Eso usted no lo sabe señor Thomas! –interrumpió Hillary poniéndose en pie.

  • Esa niña lo que necesita es que alguien le de un susto de verdad, le haga daño de verdad, solo así aprenderá a no reírse de todos ustedes –se encaró a Hillary con sus ojos como dos platos con una voz de lo mas sarcástica e tenebrosa.

  • ¡Ya basta profesor Thomas! –le exigió la profesora Turner abrazando a Hillary.

  • ¿Qué le ha pasado en la pierna? Tiene el pantalón sangrando… -preguntó Paul fijándose.

  • Es verdad, ahora que fijo, también tiene las manos manchadas –le dijo Martha.

  • No es nada, un jabalí me ha atacado, pero no es nada e conseguido librarme de él.

  • ¿Se encuentra bien? –le preguntó Maickel –Paty traiga el botiquín de primeros auxilio, para desinfectar –le pidió.

  • Enseguida –iba a correr la mujer.

  • ¡Yo no necesito nada de toda esa porquería!

  • Profesor Thomas hay que curar la herida antes que se le infecte, sino será peor –le recordó Kate.

  • ¡¡Que he dicho que a mi nadie, me toca nada!! ¡¡no quiero nada de esa porquería!! –exclamó Thomas a pleno pulmón dispuesto a volver a irse.

  • Profesor Thomas ¿a donde va? ¿no viene con nosotros a buscarla?

  • ¿¿Yo?? ¿Qué se me ha perdido a mí a buscar a esa chica? ¿eh? ¡búsquela usted señorita Turner, ya que si ha desaparecido, a sido por la mala educación que les da! –dijo, justamente después dio un portazo el profesor Thomas.

  • Bien, ese imbécil no se merece nada, ni siquiera que nos ayude a buscar a un alumno desaparecido –dijo la profesora Turner, con rabia en su tono de voz –bien chicos, estar tranquilos, encontraremos a Ruth –se dirigió a Hillary y Dan. Justamente después salió para fuera en busca de Ruth Parcker.

Eran cerca de la una de la madrugada, Hillary se encontraba sobre su cama con las rodillas dobladas protegidas por sus brazos, una mirada triste observaba el paisaje nocturno, a través del cristal, en el todos los monitores y profesoras, buscaban con desespero, a la desaparecida. Sus lágrimas resbalaban por sus mejillas. Alguien llamó a su habitación y exclamó:

  • Hillary ¿estas despierta? Soy yo.

  • ¿Dan? Si, si estoy despierta, enseguida te abro –reaccionó Hillary bajando de la cama.

  • Perdona que venga a estas horas, es que no podía dormir, pensando en Ruth ¿Dónde estará? Si estará bien…

  • Tranquilo, te entiendo, yo estoy igual –dijo Hillary caminando hacía la cama de abajo. Dan se sentó a su lado.

  • Ya hacen horas que la buscan, ¿tú crees que la encontrarán? –preguntó Dan preocupado.

  • ¡Pues claro que la encontraran, tienen que hacerlo! –exclamó indignada Hillary. Se mantuvieron un ratillo callados, sin dejar de mirar a través de la ventana.

Eran las tres de la madrugada, los dos amigos hablaban con la luz encendida, cuando sintieron que llamaban a la puerta, provocando un sobresalto en los dos jóvenes <<¡Ruth!>> exclamaron a coro, con esa ilusión corrieron abrir, encontrándose a la profesora Turner delante de sus ojos:

  • A Dan suerte que te encuentro aquí, ya estaba pensando que había desaparecido otro chico –dijo la profesora.

  • No podía dormir… por eso me he venido aquí con Hillary… -dijo Dan asombrado.

  • Es cierto profesora, yo se lo agradecido, porque estoy igual que él y… no, nos regañé por favor –le pidió Hillary preocupada.

  • Tranquilo chicos, os entiendo no tenía intención de regañaros –les tranquilizó la profesora. Hillary y Dan respiraron aliviados.

  • ¿Han encontrado a Ruth? –preguntó Dan con un rostro de esperanza. La sonrisa de la profesora Turner, se le esbozó, negando con la cabeza:

  • No, ya hoy es muy tarde para seguir buscando, mañana en cuanto salga el sol, nos ponemos de nuevo en marcha, eso os lo garantizo –les aseguró –se que es complicado, pero intentar descansar, si la encontramos seréis informados de inmediato.

  • Gracias –dijeron los dos chicos a coro. Volvieron a las literas, Hillary se acostó en la suya, Dan se tumbó en la de abajo, apagaron las luces, e intentaron dormirse cerrando los ojos, pero ninguno de los dos lo conseguía, sacando lágrimas en silencio, mientras sus manos se abrazaban fuertemente.



El sol de la mañana sobresalía, los ojos de Hillary se abrían muy lentamente, encegada por la claridad, observó en la cama de abajo, ahí se encontraba Dan placidamente dormido, sintiendo sus suaves ronquidos:

  • Dan, Dan, Dan, despierta, ¡tenemos que ir a ver si han encontrado a Ruth! –exclamó bajando de su cama de un salto, con sus ojos como un búho en plena noche, al acecho de alguna presa, balanceando a su amigo.

  • ¡Es verdad! ¡tienes razón! –despertó sin aviso Dan, sentándose en la cama – ¡vamos, vamos! –corrió saliendo de la habitación con sus pijamas y zapatillas puestas.

  • Buenos días chicos –saludo la profesora Turner.

  • Profe… profesora… ¿han encontrado a Ruth? –preguntó Dan, esbufegado por la carrera, también por los nervios, Hillary permanecía a su lado, en el mismo estado.

  • Lo siento pero por el momento no, estamos desde las seis de la mañana buscándola, no hay manera –dijo con pesar su tutora –están todos buscándola, pero nada y ya son las diez de la mañana, yo me quedado aquí ayudando a Paty, que esta sola, y no es plan, con tanto chico que estar pendiente, y también hemos llamado a la policía al igual que a los padres de Ruth.

  • ¿¿A la policía?? –preguntaron sorprendidos los dos jóvenes – ¿es necesario que lleguen a ese estribo?

  • Contra mas gente la busque mejor, no es normal tantas horas sin encontrarla, y no os quiero asustar ¿eh? perdonarme, acaba de llegar la madre de Ruth –se separó del grupo, viendo como un coche aparcaba, y de él salía la madre de la desaparecida. Hillary y Dan se acercaron también –bienvenida señora Crochet, le estrecho la mano la profesora Turner.

  • ¿La han encontrado ya? –fue la primera frase que interlocutó la recién llegada.

  • Lo siento, pero de momento no, pero estamos todos buscándola, por todos los rincones, incluso la policía nos está ayudando –le explicó la profesora.

  • ¿Pero como ha podido pasar? –quiso saber Samanta.

  • Hacían una prueba, la de orientación, Ruth, estaba con Hillary y Dan, el tiempo empeoró de repente, una densa niebla envolvió a todos, y Ruth, se separo de Dan y Hillary –explicó la tutora.

  • Es cierto señora Crochet –interrumpió Hillary, a su vera estaba Dan –bueno la profesora Turner se ha dejado, que encontremos a unos chicos discutiendo, mas bien estaban decididos a dar una paliza a un ecuatoriano.

  • ¿Y vosotros lo visteis? –preguntó Samanta aumentando su preocupación.

  • Sí… sin querer ice ruido, ellos nos descubrieron empecemos a correr a tientas… -empezó Hillary.

  • Porque había una niebla muy densa, apenas podíamos ver lo que teníamos enfrente… -continúo Dan.

  • Cuando nos dimos cuenta, Ruth ya había desaparecido.

  • Dios mío –exclamó Samanta, llevándose las manos a la boca, el móvil de la profesora Turner sonó – ¡esa gente la ha podido hacer algo!

  • Era Maickel, han encontrado a Ruth, pide con nos ajuntemos en un valle de la explanada que hay dentro del bosque, ya se donde se encuentra ¡vayamos rápido! –colgó nerviosa.

  • ¿La han encontrado? ¿esta bien? –preguntó nerviosa Samanta.

  • Sí, la han encontrado, no se si esta bien… parecía nervioso –dijo Turner.

  • Profesora, ¿podemos ir con usted por favor? –pidieron los dos jóvenes nerviosos.

  • Sí, sí podéis venir, voy avisar a Paty –dijo, yendo a lo dicho. A continuación los cuatro se fueron a donde lo solicitado, a los pies de un pantano, que apenas cubría.

  • Señora Crochet, le presento al detective que ha venido para la búsqueda –presentó la profesora a ese hombre con guantes de látex en sus manos –aparte, a los demás monitores, Maickel, Paul, Sofía, Jennifer –presentó viendo como esa madre, le estrechaba la mano a cada uno de esos monitores.

  • Señor Burton –murmuró Samanta mirando fijamente al agente, que se encontraba de espaldas.

  • Señora Crochet… -dijo el agente, poniéndose en pie mirándola fijamente –se acuerda que le dije que también era policía, me ha tocado el caso de su hija.

  • ¿Se conocen? –preguntó la profesora Turner.

  • Si… Mi hija ¿Dónde esta mi hija? ¿Cómo se encuentra? –preguntaba nerviosa, mirando por todos lados, sin ver nada, ni siquiera la manta estirada, que habitaba en el suelo.

  • Samanta, lo lamento mucho de verdad –dijo Timmy, apartando esa manta, mostrando el cuerpo desnudo y fallecido de Ruth Parcker.

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