Perdida en la noche; Capítulo ocho

De Vanesa Ruiz García

Ya todos los jóvenes adentrados en el bosque, esparcidos, por diferentes zonas buscando cada grupo los objetos correspondientes, dependiendo de cada grupillo. Ni se veía, ni escuchaba ningún indicio animal, eso que en el bosque estaban repletos, ni el cantar de los pájaros, se oían, eso, que estaban en pleno julio, en el que estos no dejaban de hacerse sentir. El clima tampoco correspondía a la época, ya que algo de frío había nacido, y el cielo, continuaba igual de gris y triste, sin intención de animarse.

Ruth, Hillary y Dan, por esos parajes caminaban dando vueltas sin sentido, sin saber por donde empezar, había tantas cosas que buscar, en un tan espacioso terreno, en el que nuestros amigos pocas veces habían pisado. Caminaban con mucho cuidado, como si de intrusos se trataran.

  • ¡Esto es un rollo! ¿por donde vamos a buscar todas estas cosas? –se quejó Dan, dando un profundo suspiro, sentándose en una gran piedra.

  • ¿Ya te rindes? tan valiente que eras… -le dijo Hillary de brazos cruzados, mirándole de reojo.

  • ¡Eh, yo no he dicho que me rinda! ¿Donde se ha visto eso? –se levanto de un salto Dan muy seguro de si mismo –solo digo ¿como vamos a encontrar todo esto?

  • Pues buscando buen amigo, buscando –le recordó Hillary, dándole una palmada en la espalda.

  • Bueno chicos, empecemos a buscar, que sino llegaran las nueve, aun seguiremos aquí –les recordó Ruth.

  • Tienes razón –dijo Hillary afirmando con su cabeza.

  • Enseguida chicas, antes me abro una bolsa de patatas, así seré mas útil para buscar con el estómago lleno –dijo el único chico del grupo. Se empezaron adentrar más por esos terrenos desconocidos. Escucharon un ruido, una especie de chasquido se hizo sentir. Sus tres cabezas se elevaron, observando como un águila sobrevolaban sus cuerpos.

  • ¡Es una águila! Hay que coger uno de sus huevos –les recordó Ruth.

  • ¿¿Qué?? ¿¿Que hay que coger uno de los huevos de ese pedazo bicho?? –exclamó Dan.

  • Pos me temo que si compañero así que ya podemos empezar a movernos –dijo Ruth, poniéndose a caminar.

  • ¡Pero nos va a convertir en mil pedazos! –exclamó Dan.

  • Tranquilízate, no nos va hacer nada, si no se entera –dijo Ruth, pendiente al volador –mirar allí esta su nido, encima de aquel árbol, vayamos para allá.

  • ¿Qué vayamos para allá dices? ¿Qué pretendes? –preguntó Dan nervioso.

  • Pues coger, uno de sus huevos, tiene unos cuantos por lo que puedo ver –dijo Ruth, fijándose en el animal.

  • ¿Tu estas loca o que? ¿o quieres ir directa al hospital? –preguntó Dan alterado.

  • ¿Tú quieres el pastel de chocolate o no? –le planteo Ruth, acercándose mas al escondite de aquel tipo de pájaro, junto a sus dos amigos.

  • Por supuesto que sí, pero no pensé que sería tan complicado.

  • No es complicado, ahora lo vais a ver, de momento, quedémonos aquí escondidos –bajo la voz Ruth, escondiéndose en unos matorrales observando la actitud de su rival, que no dejaba de revolotear, dando chasquidos continuos.

  • ¿Qué le ocurre? Parece que este nervioso –pregunto Hillary, mirándole fijamente.

  • Nos ha descubierto… nos va a comer… -dijo atemorizado Dan. Hillary y Ruth, le miraron sin decir nada.

  • Esperar –dijo Ruth, forzando su vista, entre los hierbajos que había bajo el escondite de la águila. Poco a poco, sin hacer ruido, se acerco en aquella zona, pese las suplicas de Dan. Pudo observar como uno de los grandes huevos, allí estaba, caído entre la hierva, se imagino, que se había caído del nido, que la madre lo buscaba desesperada, e ahí el motivo de su nerviosismo. Ruth se miró un momento al animal, se disculpó en un murmuro, avanzando el huevo por el suelo, se reunió con sus compañeros de grupo, sin quitar la vista de aquel pedazo animal, que por lo que parecía, no era consciente, que su cría estaba allí mismo. Hizo un gesto a los demás, para salir de allí contra antes mejor. Después de ayudar a Ruth, a meter el huevo en su mochila, los tres, se hincharon a correr –bien… lo hemos conseguido… si… si la madre nos hubiera descubierto… de seguro que nos come –dijo entre risas, y pausas a causa, de la gran carrera, que se había hecho.

  • Lo ves… lo ves como… como tenía razón –dijo Dan, respirando con rapidez, por la misma razón.

  • Sí… pero no te podía acojonar mas de lo que estabas, sino no hubiésemos conseguido esto… -le dijo, mostrándole el huevo.

  • Pero que cansancio tengo, estoy muerto de sed –dijo Dan suspirando.

  • Yo también sinceramente –expresó Hillary.

  • Y yo ¿nadie a traído agua? Yo no –dijo mirando su mochila.

  • Yo tampoco, con el día que hace, tan nublado, y con frío no pensé, que nos hiciera falta –dijo Hillary.

  • Lo mismo digo –expreso Dan –comida tengo para dar y vender pero bebida nada de nada, ya me bebido toda la cantimplora –dijo sentado en un largo tronco poniendo la cantimplora boca abajo, observando como salían cuatro gotas contadas.

  • Es posible que por aquí aya un río, o algo, para poder beber –dijo Ruth.

  • Sí, busquémoslo haber si hay suerte –opinó Hillary, poniéndose en pie, del tronco que estaba sentada. El mismo que Dan

  • Bueno chicas ir vosotras, yo os espero aquí echando una siestecita –dijo recostándose, en el tronco.

  • Mira que eres ¿eh? Eres capaz de dejar a dos chicas solas, en medio de un bosque oscuro y solitario ¿si nos pasa algo que? –dijo Hillary con sus manos en la cintura.

  • Os sabéis defender muy bien solas –dijo Dan, sin intenciones de levantarse.

  • No hay excusas que valgan tu te vienes con nosotras ¡y punto! –le obligó Hillary, empujándole del brazo. Los tres siguieron su camino, por un terreno de altas hiervas, con pinchos por muchos sitios.

  • ¡Ah! Ya me vuelto a pinchar maldita sea –maldijo Dan, notando como en su pierna pinchada, salía un puntito de sangre – ¡esto mas que un bosque parece una selva, alguien se tendría que dedicar a cortar todas estas hiervas!

  • Ahí te doy la razón ahí que decírselo a Maickel, seguro, que tiene una gran influencia –dijo Hillary. Hubo unos momentos de silencio, sin dejar de buscar lo que tanto anhelaban

  • ¡Mirar, Allí hay un río! –exclamó emocionada Hillary, cuando su amiga, hecho a un lado, un sinfín de hiervas – ¡me pido ser la primera en beber! –hecho a correr, sin fijarse por donde andaba, en el que cuando menos se dio cuenta, le hizo una visita al suelo, del testarazo que se pego, justo antes de llegar al río.

  • ¡¡Hillary!! ¿¿estas bien?? ¿¿te has hecho daño?? –corrieron a ella Ruth y Dan preocupados, por el estado de su amiga.

  • ¡¡Oh!! Vaya chichón me va crecer, así Maickel, nunca se fijará en mi –protesto incorporándose, con su mano en su nuca. Ruth y Dan se miraron aliviados, ayudando a levantar a Hillary.

  • ¿Con que as tropezado? –preguntó Dan.

  • No se… era algo alargado –aclaró Hillary dándose la vuelta, viendo tras ella, una caña de pescar.

  • ¿Una caña de pescar? ¿Qué hace aquí una caña de pescar? –pregunto Dan frunciendo el entrecejo.

  • Una caña de pescar…. –dijo para ella misma Ruth pensativa – ¿quien tiene la lista?

  • Yo –dijo Hillary intentando localizarla –aquí esta –se la entregó a Ruth.

  • Exacto, es otro de los objetos, caña de pescar, ¡aquí esta! –señaló Ruth, con una amplia sonrisa dispuesta a guardarla en su mochila.

  • ¡Espera Ruth! –exclamó Dan sin aviso –es posible que nos sea de ayuda –dijo, sin dejar de mirar, la calmosa corriente del río.

  • ¿Qué pasa? –se interesó Ruth, que al igual que Hillary estaban de espaldas al agua.

  • La lista también pone, una libreta de tapa gorda –dijo lentamente Dan, sin quitar los ojos de la corriente –por allí va una…. –dijo señalando con el dedo.

  • ¡Ostras si! Pero esta muy lejos para atraparla ¿Cómo lo hacemos? –preguntó Hillary

  • ¡Claro! ¡la caña de pescar! –exclamó Ruth, dándose un suave golpe en su cabeza con su mano –podemos pescarla.

  • Ei dejarme a mi, que mi padre es pescador, en segunda posición, después de comer, es lo que se me da mejor –dijo ilusionado Dan, remangándose las mangas.

  • Pues es todo tuyo, ¡si se te da tan bien, como el primero, esta chupado esto! –le concedió Ruth la caña encantada.

  • ¡Ya es mío! ¡oh nooooo e fallado! –se desilusionó.

  • No te rindas Dan, vuélvelo a intentar –le apoyo Hillary. Dan volvió a levantar la caña, tirándola al agua, pillándola al instante – ¡ya es mía!

  • ¡¡¡Muy bien Dan!!! –exclamaron entusiasmadas las dos chicas.

  • Oh no, hay mas corriente de la que parecía, se me va a ir la caña –las advirtió recogiendo hilo con todas sus fuerzas.

  • ¡¡Aguanta Dan!! –le ayudaban sus amigas, con fuerza estirando de los brazos del joven. Después de grandes esfuerzos por parte de los tres, la caña, salió a la superficie con la libreta como cebo, salpicando a todos los presentes, aterrizando a los pies de nuestros tres amigos que por el esfuerzo los tres cayeron sentados en el suelo.

  • ¡Eiii, lo hemos conseguido!

  • ¡¡¡Siiiii Gracias a ti Dan!!! –exclamó Ruth, abrazando fuertemente a su amigo.

  • De nada, de nada, ha sido un placer –dijo el “héroe” aun recobrando el aliento.

  • Escuchar, ¿qué os parece que después, de tanto esfuerzo, hacemos, lo que queríamos hacer, en el cual nos hemos alegrado llegar asta aquí? –propuso Hillary. Dan y Ruth, se miraron sin entender nada –a beber agua chicos, a beber agua –les recordó, los dos afirmaron, y a mas Dan añadió.

  • Yo aparte me comeré medio bocadillo de mortadela que me queda aquí, que con tantas emociones se me abierto el apetito –dijo Dan, cumpliendo lo dicho.

  • ¡Oh que fresquita que está el agua! Incluso con este día frío apetece –dijo Hillary tragándose el líquido.

  • Eso por el esfuerzo que hemos hecho, para coger la libreta –les recordó Ruth –un momento chicos ¿qué es aquello, qué hay al otro lado del río? –preguntó forzando su vista.

  • Parece… un equipo para el agua… chubasquero, guantes de goma… y… botas –continuo Dan, cerrando un poco los ojos para identificar mejor.

  • ¡Esperar! –exclamó Hillary cogiendo de un tirón, la lista, señalando con su dedo, donde se encontraban – ¡aja, aquí esta, es otro de los objetos!

  • ¿Y ahora que? ¿por donde seguimos? ¿Cómo lo tenemos que hacer para llegar hasta estos? –miraba por todos lados Dan, sin ver nada mas que agua, sin ningún camino en el que le contestara la pregunta.

  • Hombre… pos como puedes ver… tendremos que nadar un poco, para llegar al otro extremo –dijo Hillary.

  • ¿¿Más ejercicio?? ¡No por favor! –protesto Dan.

  • No necesariamente nadando, mirar hay grandes piedras, podemos pasar por ellas saltando –dijo Ruth.

  • ¡Oh chicas! Todo es ejercicio, ¿estáis seguras que no hay otra alternativa? –se interesó Dan.

  • Pos me temo que no amigo mío –dio una palmada Ruth, en el estómago de Dan, empezando a la faena. Se preparo para coger impulso, arrancó a correr, dando un largo salto, deteniéndose encima la roca. Algunas piruetas tuvo que realizar, para poder aguantar el equilibrio, y no caer al río – ¡venga chicos, que es fácil, rápido! –exclamó Ruth.

  • Dan, tu primero –le dejo el turno Hillary.

  • A no, tu primero, yo el último –dijo Dan tirando hacía atrás, atemorizado.

  • Pero no ves, que si pasó yo primera, y caes, no podré ayudarte –le explico Hillary.

  • Hombre… visto así –dijo pensativo Dan.

  • ¡Venga no os lo penséis tanto que es peor! –se sintió por parte de Ruth.

  • ¡Vamos Dan tu puedes! –le animo Hillary, dándole confianza.

  • Sí, ¡yo puedo! –se animo él mismo, mirando fijamente la roca, prestando toda su concentración, cogiendo carrerilla, y saltando. Fue los segundos más largos de su vida, para esos tres jóvenes. Dan se cogió de refilón a la roca. Por un momento Hillary, se tapo los ojos, con sus manos, asustada.

  • ¡Hillary abre los ojos! –exclamó Ruth. Esta lo hizo muy lentamente, pudiendo ver, como Dan estaba de pie en la roca con ayuda de Ruth. Una gran alegría se adueño de Hillary –venga Hillary te toca.

  • Enseguida –cogió carrerilla Hillary, dando un salto, reuniéndose con sus amigos. Aun tuvieron que esquivar tres piedras mas, en el que en dos las hicieron totalmente igual, a la anterior, otra, saltaron Hillary y Ruth primero y el último fue Dan, que fue cogido por las dos chicas.

  • Joder que cansancio, buffff y que nervios –dijo Dan sentado, soltando un gran suspiro de su boca, secándose con la manga de jersey el sudor de su frente.

  • La verdad es que si… -dijo Hillary.

  • ¡Venga chicos que hemos conseguido nuestro objetivo, ya tenemos, el chubasquero, los guantes y las botas de agua! –les animó Ruth.

  • Fijaos, que agua mas clara e cristalina, da gusto la verdad ¡nos podemos ver reflejados! –se arrodillo enfrente del río Hillary, llenándose sus manos del liquido, empapándose toda la cara.

  • Mirar se pueden ver los peces, nadando –dijo Dan asomando, su cabeza, haciendo que los animales, huyeran asustados – ¿que son esas cosas redondas? –señalo intrigado.

  • Pueden ser sus huevos que aun no han salido –dijo Ruth.

  • O en otras palabras, otro objeto de la lista –dijo con alegría Hillary.

  • Cierto, huevo de pez, tenemos que coger uno –dijo Ruth.

  • Ahora tenemos que hacer buceo… -dijo Dan aturdido.

  • No te desesperes pesimista, fíjate, que en esta parte, no está para nada onda, a pie podemos cogerlos.

  • Si… y nos mojamos los pies de arriba abajo –protestó Dan.

  • Nos podemos poner las botas de agua y los guantes –le dijo Hillary.

  • ¡Es verdad! –dijo Ruth.

  • Bien, ya me callo, para que compensar mi pesadez, ya lo cojo yo –se ofreció voluntario Dan, preparándose con todo el equipo -¿Cuántos cojo? –preguntó.

  • Coge diez, y los guardaremos en esta cajita –respondió Ruth, cogiendo una pequeña caja de su mochila guardando cada mini huevo que le entregaba Dan. Sintieron un chapuz. Se dieron la vuelta, observando a unas ranas, saltando, del césped, al agua, y del agua al césped.

  • ¡Ei ranas! Tenemos que gravar como sanglotan –les recordó Hillary.

  • Si, pero… ¿como lo hacemos? Yo no veo nada, con que gravar –dijo Dan, mirando por encima.

  • Hay que buscar un cassette, no debe de estar muy lejos –dijo Hillary, rebuscando en cada zona.

  • Pues yo no veo ninguno –se acomodó su espalda en un árbol, mientras cerraba sus ojos Dan.

  • Hay que buscarlo Dan, hay que buscarlo –le cogió del brazo Hillary, obligándole a ponerse en pie.

  • ¡Jo! buscarlo vosotras porfi, mientras yo me hago una cabezadita que estoy hecho polvo –protestó el chico. Ni hablar, ¿as olvidado que somos un equipo? ¡Y aun mas los tres mosqueteros! O todos o ninguno ¡no lo olvides! –le recalcó Hillary.

    • Además, esta en juego el pastel de chocolate, ¿no te lo quieres comer? –le recordó Ruth un tanto alejados de ellos sin dejar de buscar.

    • ¡Ummm! ¡Por supuesto que sí, ya se me había olvidado! Pero chicas… tengo hambre ahora… no me queda nada para comer.

    • ¡Chicos venid e encontrado el cassette! –exclamó Ruth. Dan y Hillary no tardaron en acercarse a ella, bajando por un pequeño precipicio, que sus piernas levantaron polvo, al tener que frenar salvajemente, haciendo que todos los presentes tosieran.

    • Yo encontrado otra cosa deliciosa –dijo Dan relamiéndose los labios, parando enfrente, de un grupo de setas y otro grupo de espárragos.

    • ¡Espera Dan, no te comas ninguna seta, puede ser venenosa! –exclamó Ruth, cogiendo de las manos de Dan el manjar –um… no, es un grupo no venenoso, adelante come lo que quieras.

    • Graciaz, ez lo que hago –dijo Dan, con la boca repleta, entre mezcla de setas y espárragos.

    • Tenemos que ir a grabar las ranas, esperar aquí, que iré yo en un momento –dijo Ruth, empezando a marchar.

    • ¡Zí, zí, aquí te esperamos, no tengaz priza! –expresó Dan sin dejar de comer.

    • Ya estoy aquí –les hizo saber Ruth, con la grabadora en sus manos –escuchar –presionó el play, escuchando las sanglotadas de las ranas y algún que otro chapoteo.

    • ¡Genial! –exclamó Hillary en señal de victoria.

    • Bueno… aun nos queda bastante para buscar… -les recordó Dan –pero tenéis razón ya hemos hecho un gran avance ¿y ahora que?

    • Sigamos por aquí ha ver que encontramos –dijo Ruth abriendo paso, entre la gran cantidades de árboles que se encontraban. Un rayo de sol, se empezó hacer notar deslizándose, ante la oscuridad de ese día –mirar, parece que el sol nos quiere hacer compañía.

    • Pues no estaría mal la verdad, porque frío hace –dijo Hillary, con sus brazos, alrededor del cuerpo.

    • No es el único que nos da la bienvenida –dijo Dan, observando como diferentes animalillos salían de sus escondites, siguiendo los pasos de esos tres visitantes.

    • ¡Que graciosos! Sí que parece que nos digan <<hola>> sí –rió Hillary observando como una familia de conejos grises, les miraban en fila india. Hillary se fijó que uno de esos animales, tenía en sus patas delanteras, otro conejo, esta vez blanco, en el que se podía contemplar perfectamente que no era de carne y hueso, sino de peluche –deteneos chicos, en la lista ponía un conejo de peluche ¿no? –les preguntó. Ambos afirmaron –pos, creo que ese conejo lo tiene en sus patas –les dijo en un murmuro. Los dos se fijaron y estuvieron de acuerdo. Poco a poco se acercaron al animal, para poderle coger lo que era de su propiedad. Todos los conejos, se lanzaron en saltos, en todas direcciones asustados, ese pequeño fue igual, con su amiguito, entre sus patas – ¡qué se escapa! ¡tenemos que atraparle!

    • ¡Dispersémonos! –exclamó Ruth viendo como estos obedecían.

    • ¡Ya eres mío conejito! –exclamó Hillary deteniéndose delante de él, con sus piernas un tanto abiertas. El animal asustado, aprovechando esta oportunidad se coló entre estas, echando a correr, aliviado por ser salvado – ¡oh no, se me ha escapado! –dijo con rabia echando a correr nuevamente, tras él.

    • Aja animalillo, no te asustes, no queremos hacerte daño, entréganos ese peluche, y podrás, vivir en paz nuevamente –le amenazó Dan. El animal estaba quieto, inmóvil –así me gusta, enseguida serás libre –dijo, agachándose, para atraparlo. Sus movimientos por eso, fueron demasiado lentos, que el estrépito conejo, salto en su lomo, desapareciendo en la nada, con su acompañante.

    • Joder, ese conejillo, es muy listo, me pregunto, ¿por qué no puede hacer lo mismo, pero soltando al muñeco? –preguntó Dan.

    • Tu mismo lo as dicho porque es muy listo –dijo Hillary –Ruth, ¡ha ver si tu tienes mas suerte!

    • Lo intentaré –exclamó Ruth sin dejar de correr tras el perseguido. Que no dejaba de hacer saltos en ziga zaga, girando su cabeza para observar la distancia con su perseguidora, miró por un momento al muñeco sin dejar de andar, lo abrazo fuertemente contra su pecho, aumentando la velocidad –espera, espera, no corras, no tengas miedo, no queremos hacerte daño ¡espera!

    • Ya he dicho que este no tiene ni un pelo de tonto –recordó Dan.

    • No, no, no me digas que te vas a meter ahí dentro ¡no! –exclamó Ruth, viendo que el este iba directo a una estrecha y pequeña madriguera. Sus sospechas se confirmaron.

    • ¿Y ahora que hacemos? –preguntó Dan reuniéndose con las dos chicas, enfrente de la madriguera.

    • Buena pregunta, el agujero, es demasiado pequeño y estrecho, para que uno de nosotros pase por él, y el conejo, no se va a entregar por voluntad propia –dijo Ruth. Los tres empezaron a pensar con la cabeza baja. La cabeza de Hillary, se iba elevando con una sonrisa en sus labios.

    • Se me ha ocurrido una idea, pero necesitamos una zanahoria…… Dan… dime que tienes una por favor –le suplico Hillary.

    • Ya se por donde vas –sonrió Ruth.

    • Esperar que lo miró –dijo Dan con toda la calma del mundo, sacándose su mochila de la espalda, rebuscando en ella, sacando varios objetos, principalmente, setas y espárragos –aquí están –saco cuatro zanahorias.

    • Perfecto, dejémoslas aquí, escondámonos entre esos matorrales –dijo Hillary señalando las hiervas, que había enfrente.

    • ¿Qué pasa con mis zanahorias? ¡yo tengo hambre! –dijo Dan mientras corría a esconderse empujado por Hillary, sin quitar los ojos de sus alimentos.

    • Esas zanahorias serán para el conejo, tu ya tienes bastante con las setas y los espárragos –le dijo Hillary sin dejar de forzarle a que se escondiera.

    • Joooooo –se quejó Dan, ya ubicado en su escondite.

    • Mirar ya sale –murmuró Hillary. Los tres miraban muy atentos, como el animal, primero asomó la cabeza al exterior, olfateando el aire, avanzando muy pausadamente, hecho unos pasos hacia atrás, asustado, pero no tardo en retroceder, saliendo al exterior, con plena lentitud. Llevaba el muñeco en sus patas delanteras. Se quedo mirando las zanahorias, por unos instantes, sin soltar su acompañante. Agacho su cabeza, olfateando esa hortaliza. Con gesto muy lento ubicó el peluche, en el suelo, prestando máxima atención a lo apetitoso, no tardo en hincarle el diente, parecía que se había olvidado del otro conejo –¡perfecto! –exclamó con alegría. Sin hacer ruido caminó de puntillas, agachada, de espaldas al animal, cogiendo muy lentamente, el muñeco, volviendo de reveses a su escondite, en el que los tres echaron a correr.

    • Genial, ¡ya hemos conseguido, una cosa más! –exclamó con alegría Ruth, estirando los brazos, sin dejar de andar, hacia lo desconocido.

    • ¡Yo me quedado sin zanahorias! –se lamentaba Dan con la cabeza baja.

    • No te preocupes, ya te compensaré de algún modo –dijo Hillary con picardía guiñándole un ojo.

    • ¡Con un pastel de crema por favor! –se le iluminó la cara al joven.

    • Lo que tú quieras –dijo Hillary con una agradable sonrisa. El cielo estaba cada vez mas favorable, el sol, calentaba con mas fuerza. Se oía cantar a los pájaros, las ardillas revolaban de un árbol a otro. Otras en cambio correteaban por el tronco de esos árboles frutales, en el que su aroma sobresalía.

    • Mirar que frutas más apetitosas –dijo Dan mirándolas fijamente, notando como su boca se hacía agua.

    • Y que aromas mas embriagador, sinceramente solo con sentirlo ya entra apetito –opinó Ruth.

    • Con todo esto, mi estómago ya vuelve a reclamar, ¿puedo, subirme algún árbol, para coger alguna pieza por favor? –suplicó Dan.

    • Venga va, será la compensación por las zanahorias –le respondió Hillary.

    • Uhm… pero no te olvides de mi pastel de crema ¿eh? ¡que a ti te salen muy buenos!

    • Por supuesto que no me olvido.

    Así pues, Dan se abalanzó a cada tronco, subiendo en el árbol, apresurándose a coger, todas las reservas posibles. Actuaba con rapidez, subía como si de un mono con experiencia se tratase, agarraba su presa, y volvía a bajar, repitiendo la acción en otro árbol.

    • Ei chicas, en este árbol solo hay dos naranjas –dijo extrañado.

    • Coge las dos –le invitó Hillary, pero no te las comas, que es parte de la lista <<dos naranjas juntas>>

    • Ya tenemos algunas cosas, podemos estar contentos –dijo Ruth, sin dejar de andar.

    • Sí, pero aun quedan muchas cosas, para poder ser los ganadores, y probar ese pastel tan delicioso –dijo Dan, comiéndose un plátano medio pelado, cogido de uno de aquellos árboles.

    • Pero no olvidéis que hay que llegar el primero –dijo Hillary.

    • ¡Seguro que lo seremos! –no perdía la esperanza Dan. Los pasos iban avanzando, entre charlas y risas. Los tres se detuvieron de repente, ante el gran precipicio, repleto de piedra que tenían delante sus ojos con un finísimo puente, que lo sobrepasaba – ¿que significa esto?

    • Tiene que ha ver otro camino… -dijo Hillary con la mirada en sus compañeros.

    • Pos me temo que no chicos –dijo Ruth, en un murmuro. Una piedra se coló por el gran agujero. Dan tragó saliva –tenemos que pasar por el puente y contra antes lo hagamos mejor –dijo decidida –no tengáis miedo, solo tened confianza en vosotros mismos –dijo, Hillary y Dan se miraron nada convencidos –yo voy a pasar, si me pasara algo, aquí os dejo el busca –se lo sacó entregándoselo a Dan.

    • Ten mucho cuidado Ruth, por favor –le suplicó Dan. Este y Hillary la miraban fijamente. Su cuerpo se tenso todo, su cabeza miraba al frente, convencida, decidida de lo que iba hacer. Sus pies empezaron a pisar ese finísimo terreno. Uno delante del otro empezaron avanzar. Sus brazos estaban estirados horizontalmente. Su respiración era acelerada, a menudo tragaba saliva por el nerviosismo que le adueñaba. Hillary y Dan allí seguían, en tierra firme, angustiados por su amiga. Dan abrazaba con intensidad a Hillary, y esta mantenía los ojos cerrados por sus manos atemorizada, de tanto en tanto, abría sus dedos, para mirar a través de ellos, que en cuando veía a Ruth, hacer piruetas para mantener el equilibrio los cerraba atemorizada nuevamente.

    • ¡Chicos! ¡E chicos estoy bien! –sintieron. Hillary miró hacía todos lados, deseando ver a su amiga.

    • ¡Esta allí Hillary! –le ayudo Dan con una tremenda felicidad.

    • ¡Lo ha conseguido, lo ha conseguido! –se abrazó a Dan, Hillary.

    • Chicos –se sintió la voz nuevamente de Ruth, produciendo un grandísimo eco – ¡ahora os toca a vosotros, si yo e podido vosotros también no tengáis miedo! –les animó Ruth. Hillary y Dan se miraron tragando saliva, en un mismo tiempo.

    • Bien, aunque tengamos miedo, Ruth tiene razón, si queremos seguir adelante, tenemos que pasar por este “puente” –dijo Hillary señalando entre comillas puente.

    • Ten muchísimo cuidado –le recordó Dan atemorizado. Hillary se dirigió al puente decidida, actuando absolutamente igual que su amiga, logro pasar.

    • ¡Dan ya he pasado, tranquilo estoy bien, abre los ojos! –le gritó Hillary con una amplia sonrisa.

    • ¡Genial! –no pudo oprimir su alegría Dan.

    • ¡Ahora te toca a ti, no te lo pienses mucho, contra más lo hagas será peor! –le aconsejó Hillary.

    • Es muy fácil decirlo, pero hacerlo es otra cosa, como se nota, que vosotras estáis delgadas –dijo para si Dan, dando pasos, en sentido contrario.

    • ¡No tengas miedo Dan, no te pasará nada! –exclamó Ruth

    • No, no puedo hacerlo, no aguantará mi peso, se caerá a cachos –les recordó Dan.

    • ¡No se romperá de verdad confía en nosotras! –grito Ruth.

    • No, no puedo, tengo vértigo, no puedo hacerlo –les recordó atemorizado sin atreverse ni siquiera abrir los ojos.

    • Tengo una idea Dan, cierra los ojos, pasa sin mirar, nosotras te guiaremos –se le ocurrió a Ruth.

    • ¿Que? ¿Qué cierre los ojos? Quizás funcione –dijo empezando con optimismo, volviendo pasos hacia delante. Así pues, sin pensárselo mucho, se decidió avanzar, ante ese finísimo puente, sus ojos estaban cerrados, sus pies, uno delante del otro, sus brazos, estirados horizontalmente, iba murmurando para él, mientras sus oídos, prestaban atención a las indicaciones de las chicas. Cuatro pasos mas, ya abría pasado ese mal trángulo… ¡clac! Una pequeña piedra, que se deslizaba, pendiente abajo, los nervios, de ese joven que le volvía atacar – ¿qué ha sido eso? ¿Qué ha sido eso? –preguntó escandalizado, con sus ojos abiertos, mirando por todos lados.

    • Tranquilo, tranquilo Dan, no pasa nada tranquilo, sigue para adelante, que ya queda poco ¡tu puedes Dan! –exclamó Ruth.

    • ¡No, no puedo, no! –se le apoderó el pánico a Dan, moviendo sus pies con nerviosismo. Notaba, como el terreno ya no era firme, sentía como este caía a trocitos –chicas ayudarme… ¡socorro!

    • ¿Qué? ¿qué pasa Dan? –solo consiguieron dialogar las jóvenes, observando solo a base de segundos como el puente se destruía, con eso, su amigo caía.

    • ¡¡¡DAN!!! –gritaron las dos chicas asustadas. Ruth no se lo pensó dos veces, cuando descargó su mochila al suelo. De espaldas, empezó a bajar la grandiosa roca, observando como Dan se cogía un poco mas abajo por sus dos manos, en una de esas rocas.

    • Dan ¿estas bien? ¿estas herido? –exclamó Ruth.

    • Sí, creo que estoy bien –contesto atemorizado –¡ayúdame por favor, no aguantaré mucho, me patinan las manos! ¡no quiero morir!

    • No vas a morir Dan, no te va a pasar nada, e venido a salvarte, es lo que voy hacer, si tenemos que morir ¡moriremos juntos!

    • ¡Oh gracias Ruth, eres una gran amiga! ¡me vas emocionar! –exclamó Dan.

    • No te emociones ni agradezcas nada, asta que salgamos de esta –le aconsejó Ruth, con gran esfuerzo, sujetando el esfuerzo de su amigo. Vieron con una cuerda les daba la bienvenida

    • ¡Chicos cogéos a la cuerda! –se sintió por parte de Hillary. Ruth, obedeció con grandes esfuerzos, notando como su cuerpo se elevaba. Consiguieron reunirse con su amiga, dándose un fuerte abrazo con lágrimas de felicidad en sus ojos, al igual que también con Dan.

    • ¿Como as hecho para subirnos? ¡Con lo que peso yo! –se sorprendió Dan.

    • No se… tenía una cuerda en la mochila, se me ocurrió la idea… y no me lo pensé dos veces… -dijo Hillary entre pausas por el esfuerzo –temí muchísimo por vuestras vidas –dijo con temblor en sus manos.

    • ¡Muchísimas gracias amiga del alma! –se sumergieron en un confortable, y calido abrazo, entre los tres.

    • Ei chicas, ¿os habéis fijado a quien tenemos aquí presente? –preguntó Dan, con la mirada clavada en una flor azulada, que había justo a su izquierda.

    • Esa flor… ¿no me digáis que es la Bella Rosada? –pregunto Ruth, con sus ojos como platos, señalando la planta.

    • Pues me temo que sí… -dijo Hillary.

    • Joder, si que nos ha hecho sufrir la dichosa florecita –se quejo Ruth, con mala cara.

    • Lo importante es que hemos superado las adversidades, consiguiendo nuestro propósito –le recordó Dan.

    • ¡En eso te doy toda la razón! –le dio una suave palmada Ruth en la espalda. Siguieron su trayecto a pie, charlando entre ellos, y Dan de tanto en tanto, daba mordisco, a las frutas que había pillado de los árboles. Llegaron a una explanada, donde se encontraron con los animalillos que venían e iban, una zona repleta de flores, su aroma sobresalía en aire.

    • ¡Mirar cuantas flores! Hay que coger una ¿verdad? –preguntó Hillary, viendo como sus amigos afirmaban –pos ya es nuestra, arrancó una con una sonrisa en la cara. Los tres se tumbaron en el césped, entre todas las flores, cogiendo aire, respirando profundamente, observando ese cielo, tan claro y soleado que se había quedado. Un alto árbol, les daba la sombra en sus mejillas, un viento agradecedor se presentó también.

    • Chicos soy yo o ese búho lleva puesta una camiseta –dijo Hillary forzando sus ojos.

    • No, no, no eres tu, yo también, veo un búho durmiendo con una camiseta rosada por encima, aposentado en ese árbol -dijo Dan, fregándose los ojos –y tu Ruth ¿lo ves?

    • Sí, sí lo veo tan claro como vosotros –contesto la joven.

    • Pues no por nada chicos, pero una de esas plumas de ese búho y esa camiseta, son dos objetos mas –les informó Hillary con la lista en la mano.

    • Venga, ya voy yo en un momento –se ofreció Ruth, poniéndose en pie, caminando directa hacia el pie del árbol, levantó su vista, hacia el animal elegido suspiro profundamente. Con aire decidido, empezó a trepar por aquel tronco <<no mires abajo>> <<no mires abajo>> se decía cuando notaba, que el vértigo se apoderaba de ella, así que levantaba la vista y con decisión seguía hacía arriba –hola señor búho, usted siga durmiendo, que yo ya me sirvo sola, le aseguro que no tardo –le dijo cogiendo una de sus plumas, y el jersey que tenía por encima de su lomo. Ruth, pudo ver como este producía un chasquido, con sus ojos aun cerrados, abriendo por unos segundos sus alas. Los ojos de Ruth, se abrieron de par en par. Al ver que seguía durmiendo, que solo había sido una falsa alarma, un gran suspiro de alivio salió de su boca, sin poderlo remediar –¡aquí lo tenéis! –dijo con felicidad al llegar abajo.

    • ¡¡Que bien ya queda menos!! –exclamó Dan con felicidad –escuchar, ¿vosotras sabéis por casualidad donde podemos encontrar, algunas de esas cuevas, que nos indican, que tenemos que encontrar?

    • Pos no tenemos ni idea, de eso se trata de buscarlas –dijo Hillary –mirad, allí hay un leñador, podemos preguntarle –dijo. Todos corrieron a ese tipo, alto, fuerte, pelo castaño rubio, ojos miel. Estaba cortando leña con una estral –perdone –le interrumpió, cosa que no le sintió, esta volvió a repetir.

    • Hay hola chicos, no os había escuchado, ¿en que puedo ayudaros? –preguntó dejando su faena.

    • Estábamos buscando una de las seis cuevas tan famosas de esta región –le informó Hillary –si usted nos podría indicar alguna….

    • Sí, sí por supuesto…. –dijo el desconocido, indicándoles, por donde tenían que pasar, para poder llegar.

    • Muchas gracias –dijo Hillary dispuesta a marcharse.

    • Una cosa mas… -interrumpió Ruth – ¿nos sabría explicar la leyenda del pueblo por favor?

    • Bufffff lo siento muchachos, pero no tengo ni idea de que cuenta, he oído hablar que existe, pero no se su contenido –se disculpo el leñador con lamentación.

    • No se preocupe no pasa nada, gracias de todas formas –le agradeció Ruth, alejándose con sus acompañantes, siguiendo las indicaciones, que les acababan de dar.

    • Pues, tiene que estar por aquí, según el leñador –dijo Ruth, mirando por todos lados, en todas direcciones.

    • Sí, sí, creo que no se ha equivocado en absoluto –las animó Dan –aquello de allí no es una de las cuevas –señaló con el dedo una entrada bien oscura.

    • Pues sí, eso parece –dijo Ruth, corriendo a ella. Su sorpresa fue encontrar en esa entrada, tres cascos amarillos, con una linterna en ellos incorporada y tres kimonos azul marino.

    • Estos casco y estos kimonos, están en la lista, así que es probable, que la cueva sea esta –dijo Ruth, ahora mirando la lista y ahora la cueva.

    • Yo también lo creo, además las indicaciones del leñador, nos a traído asta aquí, todo encaja –dijo Hillary. Los tres se pusieron las ropas y el casco.

    • Entremos dentro ha ver que encontramos –sugirió Dan. Las dos chicas no tuvieron inconveniente.

    • Que oscuro que esta todo –dijo Hillary.

    • Sí… ¿no oís un ruido extraño? –dijo algo asustado Dan.

    • Encender las luces del casco, que para eso están –les recordó Ruth sin dejar de andar. Las tres luces se encendieron a la vez… una buena cantidad de murciélagos salieron de sus escondites.

    • ¡murciélagos! ¡odio a los murciélagos! –se abrazó a Hillary Dan atemorizado.

    • Tranquilo, que ya se van –le tranquilizo Hillary.

    • ¡Guau nunca había estado dentro de una cueva, es una pasada! –se fascinó Ruth, mirando por todos lados, escuchando su eco por todas partes.

    • ¡A mi me parece escalofriante! ¿podemos salir de aquí? ¡por favor! –suplico el único chico del grupo, oyendo como su eco repetía.

    • Espérate, es posible que encontremos, algo que nos interese –dijo Ruth, investigando.

    • ¿Interesante dices? ¡Aquí lo único que se encuentran son murciélagos, y estos no tienen nada de interesantes! –recordó Dan. Ruth, se adentraba en uno de esos caminos que nacían.

    • ¡Aja, lo que yo decía! –dijo volviendo con los demás, con unas gafas de sol en sus manos – ¿la lista no indicaba unas gafas de sol?

    • Sí, sí, aquí están –señaló Hillary –también pone una escarlita, según dice, tiene que estar por aquí dentro –dijo también buscando. Como el ruido de unas gotas, les sobresaltaron -¿Qué es ese ruido?

    • ¡Murciélagos! –se agacho, con sus manos en su cabeza asustado, notando todo su cuerpo temblando.

    • No son murciélagos, son gotas de agua que caen –le tranquilizó Ruth –pero ¿de donde exactamente? –dijo explorando – ¡mirar eso que hay en el techo! ¿no es una escarlita?

    • ¡Sí, sí, si que lo es! –le confirmó Hillary.

    • Joper, no llego –dijo intentando atraparla dando saltos Ruth.

    • Yo tampoco, soy demasiado baja –dijo mordiéndose el labio inferior Hillary.

    • A mi no me miréis –dijo Dan –yo estoy grande de ancho, no de alto –les aclaró viendo como ambas le miraban.

    • Dan ¿dejas que me suba en tus hombros? seguro que así podremos cogerla –le sugerió Ruth, este acepto, pensando en su pastel de chocolate como recompensa. Siguieron caminando hacía adelante, explorando… investigando…

    • ¿No tendríamos que dar la vuelta? –preguntó Dan.

    • Sigamos para adelante, ha ver que encontramos, en películas que he visto, habían dos salidas, la delantera, y trasera –dijo Ruth –ha ver si en la vida real es igual, sino pos daremos la vuelta y listo.

    Vieron una mochila de color amarillo canario ¡otro objeto! Corrieron a ella, estaba justo, en la salida.

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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