Perdida en la noche; Capítulo once

De Vanesa Ruiz García

Samanta se encontraba de pie, su espalda se sostenía en una pared, Timmy Burton permanecía a su lado, no se movía de su vera, por si sus piernas le volvían a fallar, poder sostenerla. Los chicos e chicas se mantenían dentro de la casa, con conmoción por lo que había pasado a su compañera, algunos miraban a través de los cristales, otros ni se atrevían acercarse. Las profesoras e monitoras, se encontraban en el exterior en el mismo estado que sus alumnos. El único que pasaba de la tristeza y conmoción era Thomas. Este iba de un lado para otro, protestando por cada cosa, sin parecer que le importara, el suceso tan grave que se había cometido.

Samanta miraba fijamente, los coches forenses como desaparecían con su hija fallecida dentro las palabras <<le haremos la autopsia ya le informaremos de los resultados>> le retumbaba en la cabeza una y otra vez, procedente del médico forense, mientras le estrechaba la mano. El llanto volvía a ser el protagonista por su parte. Los cuatro monitores se reunieron. Las tres profesoras, se agruparon alrededor de la desconsolada madre. Al poco rato monitores e profesoras, se congregaron, hablando entre murmuros, justamente después todos, afirmaron con la cabeza.

  • Hay que reunir a todos los chicos –dijo una de las profesoras.

  • Sí, yo voy por esta zona –le respondió una de las monitoras. Todos los profesores e monitores, se pusieron en marcha a toda prisa.

  • ¿Que pasa? ¿por qué tanta prisa? –detuvo a Maickel, Samanta – ¿ha ocurrido algo?

  • Vamos a reunir a todos los chavales, comunicándoles, que vuelven a casa, los padres están preocupados y asustados, y con razón, solo han pasado dos de los quince días, pero tienen que regresar, sí es lo mas sensato –le explicó el chico.

  • Entiendo –le soltó Samanta con la cabeza baja.

  • Lamento lo de su hija de todo corazón se lo digo –se detuvo por un momento con su cabeza baja.

Todos los chicos e chicas ya salían de aquella espaciosa sala, que por segunda vez entraban. Salían disgustados, pero contentos por volver con sus seres queridos, y no como su compañera Ruth Parcker. Muchos le echaron una mirada de tristeza a esa madre, que tan apenada estaba. Esta fingió una débil sonrisa.

  • Mejor que nos tomemos el día de relax y preparar maletas mañana será un día duro para todos –expuso la profesora Turner. Todos estuvieron de acuerdo –señora Parcker, perdón Crochet, que se a separado ya…

  • No se preocupe no pasa nada –la tranquilizó Samanta con una frágil sonrisa.

  • Gracias, si quiere quédese usted también a pasar la noche con nosotros, mañana volvemos todos juntos.

  • Muchas gracias así lo aré –agradeció Samanta, que en esos momentos, lo que menos quería era estar sola.



El tren circulaba a una velocidad moderada, pero marcando paso, la llegada, a Nordon. Todos los ocupantes callados permanecían sin atreverse, ni siquiera, a levantar la vista. Muy pocos eran los que miraban por la ventana, aun y así, con profunda tristeza en su interior. Samanta se encontraba enfrente de los dos mejores amigos de su hija. Ambos no eran capaces de levantar la mirada, lágrimas de tristeza resbalaban por sus mejillas. Samanta, no sabía que decir, para consolarles, no le salían las palabras adecuadas, en esa situación que ella misma, necesitaba escuchar. Todos los monitores de la casa de colonias se habían portado muy bien con ella, sobretodo Maickel. Se sentía semeramente culpable por ser el monitor de Ruth, y no poder evitar esa tragedia. Ella no estaba furiosa, ni con él ni con ningún presente de la casa, ellos eran tan victimas como ella misma. Los recuerdos de cómo su ex marido se fue de la casa de colonias, hecho una furia gritándole a todos los presentes, amenazando a su mujer Sherril, enfrentándose a la policía y dispuesto a matar a mas de uno e una para encontrar al asesino de su hija. Por una vez estaba de acuerdo con Matt, estaba enfadado con razón, se hubiese puesto de bando si no hubiese sido porque no encontraba maneras coherentes, a pesar de tener razón. Toda esa gente, se sentían tan derrumbados como ellos, ya se sentían bastantes culpables por si mismos, no era justo, recordárselo aun mas. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo al recordar el calido abrazo con su ex abogado, ahora agente, que se encargaba del caso, recordándole <<no la voy a dejar por nada del mundo, encontraré al asesino de Ruth, y pagará por todo el mal causado ¡todo! ¡Eso se lo juro!>>

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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