Perdida en la noche; Capítulo trece

De Vanesa Ruiz García

Los días posteriores al entierro, los señores Crochet, no dejaban a Samanta, sola para nada. Su hija, se encontraba en una especie de trance, se pasaba los días sentada en el sofá con la mirada fija en la chimenea, ausente de lo que ocurría a su alrededor. Su piel estaba pálida como el color de la leche, apenas comía, por mucho que sus padres insistieran, no lograban, que dara bocado. Su peso iba disminuyendo. Muchos ratos lloraba, otros, se quedaba petrificada sin inmutarse para nada, sentada, sobre la alfombra con sus piernas dobladas, sus brazos, alrededor de esta, con su móvil, pegado a ella, con la esperanza, que alguien llamara, diciendo que su hija estaba viva. Por las noches era otra historia no conseguía pegar ojo, cuando lo hacía, se le presentaba el cadáver de su hija, en aquel lago. Sus padres no sabían como podían ayudarla, y le aconsejaron que fuera a visitar a un psicólogo, para que le pudiera socorrer. Samanta al principio se negaba decía <<puedo reponerme yo sola, no necesito ningún experto>> pero a medida, que pasaba los días, se dio cuenta que ellos tenían razón, que ella sola jamás saldría adelante. Así que marco el numero de teléfono, del doctor William’s, uno de los mejor psiquíatras de todo el país. Este no tardo, en darle una hora de visita y ya allí, y estando informado de todo lo ocurrido, no tardo, en darle unas pastillas para descansar, y unas vitaminas, para que el apetito volviera. También les advirtió que podía tener cansancio, dolor de cabeza, diarrea, como efectos secundarios, pero aun y así Samanta agradeció que ese doctor alto, delgado, pelo negro, ojos oscuros, llevaba una gafas transparentes le diera una solución a su estado tan y tan penoso.

Los días iban pasando, parecía que los medicamentos y vitaminas hacían su función disminuyendo mas de lo que esperaban los efectos secundarios. El agente Burton, a menudo llamaba para saber de su estado, llamaba y la visitaba a la masía de sus padres. No era el único, había otro chico, que diariamente necesitaba saber de ella, e incluso algún día la visito personalmente, Maickel, el monitor de la casa de colonias se preocupaba mucho por ella, y su estado, le hacía mucha compañía: le hacía reír, le acompañaba a pasear y distraerse, el tiempo que estaban juntos, esta se olvidaba de sus penas. Samanta lo agradecía muchísimo y sus padres también, que un chico con un buen atractivo, sensible, educado, con un pensar e hacer de cómo pocos jóvenes, se preocupara tanto por su hija.

Una mañana el timbre de la masía sonó.

  • Ei hola agente Burton, un placer volver a verle, pase, pase –le invitó el padre de Samanta viendo que le acompañaban dos agentes mas, un chico alto, delgado, pelo corto, negro, ojos azules y una chica, alta, delgada, pelo castaño –rubio ojos color miel.

  • Muchas gracias señor Crochet, mire le presento al agente Walter y la agente Ziur ¿esta Samanta? –preguntó entrando.

  • Mucho gusto –le estrecho la mano a cada uno, sí, sí, Sam esta en el salón –respondió, acompañándole hasta la sala indicada –Sam, hija, mira quien ha venido.

  • Agente Burton ¿Qué tal esta? –preguntó Samanta estrechándole la mano.

  • Muy bien gracias y usted ¿como se encuentra? –preguntó.

  • Bien, bien, e venido en cuanto me han informado, que el caso de Ruth Parcker ya se ha abierto, y aquí estoy, con mis compañeros, el agente Walter y la agente Ziur –presentó, viendo como estos y Samanta se estrechaban sus manos –para que me ayuden a encontrar el asesino de su hija.

  • Muchas gracias –agradeció esa madre.

  • Pero para eso hay que interrogar a todos los presentes, es decir los monitores de la casa de colonias, los profesores que acompañaron, los compañeros e compañeras de Ruth, en especial a Hillary Craff y Dan Rocker que son los mejores amigos de Ruth, aparte, fueron los últimos en ver con vida a Ruth… –explicó el agente Burton. Samanta asintió. La puerta volvió a sonar.

  • Ya voy yo –se sintió a la madre de Samanta, saliendo al salón en bata y con una toalla enroscada en su cabeza. Sorprendida dijo – ¡ui cuanta gente hay ya! –exclamó pasando por el salón, entrando nuevamente dos minutos mas tarde con Maickel.

  • Me da gusto volverle a ver Maickel –dijo Timmy Burton, con una sonrisa estrechándole la mano.

  • Igualmente agente Burton –respondió con un confortable apretón de manos, y una agradable sonrisa. Presento a sus compañeros a este y la señora Crochet, y les explicó el porque estaban allí.

  • Sus compañeros y usted ¿siguen en la casa de colonias Maickel? –se interesó el agente Burton.

  • Así es –contestó afirmando una parte de su sonrisa se esbozo –después del entierro de Ruth, cerremos la casa de colonias unos días, tiempo suficiente, para poder reponernos de esta gran desgracia. Por otro lado, muchos padres, ya no dejaban, no querían que sus hijos, volvieran a nuestros cuidados, como es normal, y los profesores tampoco se arriesgaban. Así que decidimos mantener la casa abierta, y vivir allí, con la mínima esperanza, que algún colegió solicite nuestros servicios, solo hace un mes del entierro, esta todo muy reciente, así que aun mantenemos la posibilidad…

  • Entiendo –dijo el principal agente – ¿les iría bien si hoy mismo, les hiciéramos un interrogatorio?

  • Nos iría perfecto, nos aburrimos mucho –expreso, con una débil sonrisa.

  • Estupendo –expreso satisfecho el agente Burton.

  • ¿Les… les puedo acompañar? –se decidió Samanta.

  • Claro que si –contesto su ex abogado.

  • Sam… ¿estas segura que quieres estar presente? –interrumpió su madre, aproximándose a ella.

  • Sí mama, necesito saber cualquier indicio de quien mató a Ruth.

  • Pero… -intentó expresarse la anciana preocupada.

  • No se preocupe señora, no correrá ningún peligro, aparte estaré yo a su lado en todo momento –la tranquilizo Timmy.

  • Sí por favor no la deje sola –le suplicó –esta con medicamento, y tiene afectos secundarios, le puede pasar cualquier cosa.

  • No se preocupe no le pasara nada, de verdad, confíen en mi.



Aparcaron el coche enfrente de la casa de colonias, los demás monitores salieron a recibirles con una sonrisa en sus caras, e una fuerte estrechada de manos. El agente Burton, les explico, el porque de su visita, ellos no pusieron resistencia en ser interrogados. Los tres agentes se esparcieron, cada uno en una parte de la masía, con tres de los monitores: Sofía, Jessica, Y Maickel. Paul, se encontraba en la cocina, junto a Paty, ambos estaban preocupados. Samanta se encontraba con su ex abogado

Media hora mas tarde Maickel y el agente Burton salían de su sala correspondiente. Samanta los adelantó, se notaba la garganta seca, y corrió a la cocina a beber agua. De mientras los dos hombres hablaban entre ellos:

  • Perdone hay una pregunta que se me ha quedado en el aire… usted a dicho que la noche que desapareció Ruth, tuvo que salir a por su hermana, que mal esta psicológicamente, porque se escapo, dirigiéndose a un barranco, que tal como ha dicho no era la primera vez llorando, por sus padres, me tiene desconcertado esa actitud, ¿el por que siempre al mismo sitio, y con esa reacción? –preguntó el agente Burton sin dejar de andar.

  • Sí bueno… es un hecho que se le quedo grabado, hace ya mucho tiempo que paso –respondió Maickel, con la cabeza baja.

  • ¿Le importaría explicarme cual es por favor? –le pidió con amabilidad el agente Burton, al mismo tiempo que intrigado, observando como Paul, ya iba a ser interrogado.

  • Claro que no me importa –dijo Maickel, mirándole con una débil sonrisa –Asly tenía cinco añitos, hacía un día de tormenta, yo estaba con ella, mientras mis padres fueron al bosque a buscar leña, nos pidieron, que nos quedáramos en la masía donde vivíamos, en el que ahora se ha transformado en la casa de colonias. El caso es que tardaban mucho en volver y con la tempestad que había les podía haber pasado cualquier cosa, así que decidí ir a por ellos, le dije a Asly que no se moviera de allí, que cerrara bien todas las puertas que yo no tardaría, ella me recordó que podía ser peligroso, que había animales salvajes, estaba asustada por mi, la tranquilice llevándome el rifle de mi padre y le dije <<si algún animal me quiere hacer daño, le daré su merecido>> ella se tranquilizo, yo salí recalcándole, que no saliera para nada de allí… pero me desobedeció tras unos minutos de salir yo, ella también lo hizo buscándome. No tardo en encontrarme petrificado frente a ese precipicio, ella se acercó con cautelo, llamándome, un gran grito, que después se transformó en un trauma al descubrir el cuerpo sin vida de mis padres, estaban debajo de un gran árbol… aplastados… -explicó lentamente con la mirada fijada en un punto de la pared de la casa.

  • Dios mío ¿se les calló un árbol encima? ¿de eso murieron? –preguntó el agente, sin salir de su asombro.

  • Eso parece, la tormenta y el viento era muy fuerte –dijo Maickel apenado –desde ese día, ya no volvió a ser nunca mas la misma, fue tan grande el trauma, que le produjo daños psíquicos.

  • No se que decir, lo lamento muchísimo –le dio su consuelo Timmy. Los otros dos agentes, se aproximaron a él, este se separo acercándose a ellos, en el que hablaron en murmuros, dando entender que ninguno de los cuatro eran el asesino, todos tenían una cuartada.



Días más tarde, un coche patrulla, aparcó en las puertas del instituto, saliendo de dentro del vehículo los tres agentes, y Samanta, con paso decidido, entraron en el edificio… la clase de primero B de bachillerato, fue interrumpida por unos golpecitos en la puerta. Al abrirse apareció el agente Burton y Samanta pidiendo permiso para que Hillary y Dan salieran de clase para hacerles unas cuantas preguntas. La profesora, no puso resistencia, viendo como los jóvenes salían dejando la puerta cerrada.

  • Hola chicos ¿que tal estáis? –les preguntó el agente Burton con una sonrisa.

  • Bien, bien, -contestaron los dos jóvenes también con expresión de alegría en sus rostros.

  • ¿Seguro? –interrumpió Samanta frunciendo el entrecejo –Dan te veo muy delgado ¿ya comes?

  • Sí, tienes razón –dijo su ex tutora, que también le habían recogido e llevado a ese centro, a recoger, a sus ex –alumnos, para interrogarles todos juntos.

  • Sí, sí –contesto este.

  • Bueno, ahora empieza a comer, desde la muerte de Ruth, por raro que parezca apenas probaba bocado –corrigió Hillary mirando a su amigo.

  • Es un golpe muy duro el que pasasteis, pero tenéis que alimentaros, sino caeréis enfermos, me figuro que no queréis preocupar a vuestros seres queridos

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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