Perdida en la noche; Capítulo veinte

De Vanesa Ruiz García

Era catorce de agosto, Timmy Burton se encontraba en su cuatro por cuatro, Tenía a Samanta a su derecha, de copilo, Hillary y Dan situados en la parte trasera. Estos tres se dirigían a la casa de colonias, donde trabajarían e sería su nuevo hogar durante unos días. El agente se había puesto voluntario, para llevarles, ya que Samanta no se veía capaz de conducir por esos terrenos tan desconocidos, pese ha ver llegado a la casa una vez, ya en esa vez no se veía ni con fuerzas, ni con la orientación necesaria para llegar al lugar. Los dos jóvenes estaban callados inquietos uno notaba el nerviosismo del otro, pese que sentían contentos, de tener esa oportunidad para no pensar, sobretodo Hillary que estaría nuevamente con ese chico que tanto le gustaba y Dan se encontraba con su bocadillo de queso no podían evitar sentirse nerviosos con sus corazones latiendo con fuerza, ante volver al último lugar donde estuvieron con su más intima amiga, aun con vida. Samanta no se sentía mejor que ellos. Solo había ido una vez a esa masía, en circunstancias que mejor no recordar…

El motor se paró tras tener enfrente de sus ojos aquella casa. Todos permanecían callados, nadie mencionaba palabra. Permanecieron unos minutos sin moverse.

  • Bueno ya hemos llegado, cuando queráis podemos salir –se decidió el agente Burton, incómodo, pero ninguno le escucho, eran demasiadas cosas que les pasaba por aquellas tres cabezas.

  • Es Maick –gritó con alegría e nerviosismo Hillary, observando como aquel chico se acercaba a ellos. Se zanjaron a salir, recibiendo la bienvenida de ese joven. Grande fue su sorpresa, cuando al entrar dentro recibieron el cálido recibimiento de los otros monitores e demás personal, con una fiesta en grandes dimensiones…

Sobre las diez el agente Burton, volvía con su cuatro por cuatro a su casa, dejando aquella mujer y esos dos jóvenes en esa casa de colonias, en el que a él también le habían tratado como uno más del conjunto, ofreciéndole a ir siempre que quisiera.

Hillary y Dan caminaban por el pasillo, del dormitorio de las chicas, siguiendo a Maickel.

  • Puedo confiar, que no me serás infiel ¿verdad? –no estaba muy convencido de dejar que durmieran en la misma habitación aquel chico e aquella chica.

  • ¿Qué insinúas? ¿Yo enrollarme con Dan? Buaaa que va –exclamó Hillary lanzando una burla.

  • Nos conocemos demasiado bien para ser más que amigos, parecemos más que amigos hermanos, los hermanos no se pueden enrollar ¿no? –se lo planteo de esa forma Dan.

  • Tienes razón, así que me acabado de decidir, que durmáis juntos, en la misma habitación pero no en la misma cama ¿eh? –continuaba aclarando, parando enfrente de una puerta –si, si no te preocupes –tuvo que escuchar, antes de abrir la puerta –esta será vuestra habitación en estos días, ahora ya os dejo para que os vayáis instalando, para lo que necesitéis avisarme estaré abajo –les informó antes de dejarles en soledad. Hillary miró a su alrededor, acabó con la mirada en la ventana, observando el paisaje de fuera.

  • ¿Qué pasa? –preguntó intrigado Dan acercándose a la tragaluz.

  • Esta habitación… es la misma que estuvimos la otra vez Ruth y yo…

  • Ahora que lo dices… sí que me suena si…

  • Fíjate el mismo paisaje, por la misma ventana ovalada.

  • Es verdad… uffffff esto va a ser más complicado de lo que pensábamos… creo que nos hemos equivocado al elegir el lugar para distraernos… esta casa, esta habitación… está llena de recuerdos… de los últimos días de Ruth…

Hillary y Dan se encontraban en medio del bosque, perdidos desorientados… Su mejor amiga Ruth Parcker había desaparecido, no hallaban encontrarla por más que la buscaban. La lluvia empezó a caer, y el desespero iba a más, tenían que encontrarla costara lo que costara, no podían volver a la casa de colonias sin ella. Eran los tres mosqueteros, o todos o ninguno… ese era su lema… un gran grito salieron de sus bocas… habían encontrado el cuerpo desnudo e fallecido de su mejor amiga. Un grito de desespero salió de la boca de Hillary, Dan se puso de enfrente, y la empezó a zarandear nombrando su nombre <<Hilary, Hillary, Hillary>>…. Poco a poco los ojos de esta se fueron abriendo, teniendo como primera visión la de Dan, zarandeándola sin dejar de designar ese propio nombre. Estaba subido a la escalera para poder llegar a la litera de arriba. Esta, miró a su alrededor desorientada, estaba en la habitación designada por Maickel, lo que acababa de vivir una pesadilla. El sol entraba por aquella ventana ovalada, se escuchaba escándalo fuera.

  • ¿Estás bien? Estabas teniendo una pesadilla, con Ruth cuando desapareció.

  • Sí, estoy bien, gracias por despertarme ¿Qué está pasando fuera?

  • Creo que la escuela está llegando, será mejor que nos preparemos y bajemos para abajo, que mi estomago ya está reclamando desde hace dos horas.

  • Dime ¿cuando tu estomago no reclama? –Respondió con otra pregunta Hillary, pero aun y así estuvo de acuerdo. Así pues se empezaron a vestir e arreglar. Llamaron a su puerta, que tras un adelante, se abrió entrando Samanta.

  • Hola buenos días señora Crochet, pase, pase –la invitó Dan animadamente.

  • Hola chicos ¿qué tal habéis descansado? –preguntó Samanta.

  • Yo bien, a Hillary la he tenido que despertar por una pesadilla –expuso Dan.

  • ¿Tú también has tenido una pesadilla? ¿con Ruth? Yo también –confirmó Samanta, al ver la afirmación de Hillary.

  • ¿Donde tiene su habitación usted señora Crochet? –preguntó Dan.

  • Justo enfrente vuestra.

  • ¿Sabe que está pasando abajo? Se escucha bastante alboroto.

  • Creo que el colegio ya ha llegado, y aun no hemos almorzado, ya el primer día y ya vamos tarde –dijo Samanta.

  • Tiene razón Maickel se enfadara con nosotros, tendremos que empezar sin desayunar, antes que se haga más tarde.

  • ¡A no, yo no empiezo sin llenarme la panza! –aclaró Dan –con lo bien que cocinan aquí, ¡ummm no me lo pierdo por nada!

  • Tu mismo, pero yo empezare a trabajar ¡ya! Como Maickel se enfade conmigo me entra algo… -no tardo en correr para abajo.

Hillary bajó el último escalón nerviosa buscando con la mirada e desespero al chico que tanto ansiaba.

  • Ei Maick… perdona por favor… nos hemos dormido… no te enfades con nosotros por favor… -pidió con nerviosismo habiendo encontrado al buscado.

  • Tranquila preciosa, no pasa absolutamente nada, aun hay tiempo, la escuela acaba de llegar, desayunar tranquilos, mientras nosotros les damos la bienvenida, después ya os presentaremos, no hay prisa.

  • Ufffff menos mal, yo tengo un hambre atroz –expresó Dan con sus manos en la tripa.

  • Pos desayunar tranquilos, sin prisas –respondió Maickel, con una sonrisa – ¿y usted Samanta como a descansado?

  • Bien gracias, lo único que lo mismo que los chicos, tanto tiempo sin dormir una noche entera que hoy, sí que lo he hecho y me he dormido –dijo avergonzada.

  • No tiene porque preocuparse le indico igual que a los chicos, desayune tranquila, sin prisas, que nosotros de mientras vamos a darles la bienvenida, después ya les presentaré.

  • Muchísimas gracias Maickel –agradeció de todo corazón aquella madre. Todos pudieron ver como Asly corría vera de su hermano cogiéndole la mano.

  • Hola –saludo también con un gesto de mano Asly, mientras con la otra cogía fuerte la mano de su Maickel – ¿amigos jugar conmigo? –Hillary y Dan se miraron sin saber que responder.

  • Asly Hilary y Dan, tienen que trabajar, no pueden jugar contigo ¿Dónde está Pati? ¿no estaba contigo? –se extrañó.

  • Ai Asly menos mal que estas aquí vaya susto me has dado –expreso aliviada la cocinera –estábamos jugando a las damas, he tenido que ir al baño, cuando e vuelto ya no estaba, venga vamos acabar la partida Asly, que estabas a punto de ganarme –le cogió la mano.

  • ¡No, yo con amigos! –se soltó bruscamente corriendo junto a los dos jóvenes.

  • Asly, reina, ya te he dicho que tus amigos tienen que trabajar, tu ve, con Pati gana esa partida, después ya podrás jugar con ellos ¿de acuerdo cariño? –muy lentamente la cabeza de Asly fue afirmando, dándole la mano, aquella mujer –así me gusta –la beso muy dulcemente en la mejilla. Paul llegó murmurando algo en el oído de Maickel –bien lo dicho desayunen tranquilos, yo tengo que salir ya, que me esperan… -todos pudieron observar que salía a el exterior.

Dan no dejaba de zambullirse todo lo que contemplaba a través de la cristalera, su hambre no tenía fin. Hillary se desesperaba, estaba impaciente por empezar, pero parecía que su amigo no se daba cuenta, no sería por falta de suspiros harta de esperar. Samanta había marchado al acabar el suyo, ella se hubiese querido ir con ella, pero Dan le reprocho de abandonarle que era una mala amiga, entonces esta se sintió culpable, se sentó a esperar, pero la espera, era interminable…

  • ufffff que llenó estoy –apoyo la espalda en el respaldo dando palmas a su estomago –gracias por esperar Hillary, cuando quieran nos vamos.

  • Ya era hora –se levantó ansiosa. Ambos corriendo para el exterior a empezar a trabajar e a la oportunidad de conocer chavales más o menos de su edad. Grande fue la sorpresa de los dos, al reunirse con los demás monitores, e encontrarse enfrente de ellos cien niños de siete y ocho años, escuchando el mismo discurso que atendieron ellos, hacía trece meses atrás, con la diferencia de un vocabulario más simple para que ellos, pudieran entenderlo. Se situaron al lado de Samanta parando a escuchar, cuando escucharon sus nombres se sobresaltaron, sin dejar de sentir.

  • Estos jóvenes de aquí y esta bella dama, es su primera experiencia con niños, si todos os comportáis muy, muy bien con ellos, al final tendréis una gran recompensa.

  • ¿¿Cual, cual, cual?? –se escuchaba por todos lados. Samanta, Hillary y Dan no sabían dónde mirar. Maickel se echo a reír, diciendo después:

  • Si os lo digo no sería una sorpresa, así, que tendréis que comportaron para averiguarlo –les guiño un ojo a todos, incluso a los tres novatos.

Tras dejar sus equipajes e situarse, se encontraron en el comedor para alimentar a sus estómagos. El problema era poner orden en aquellos jóvenes rebeldes, que incluso eran peor que los adolescentes, del año anterior.

  • Haber, un poco de atención por favor –pidió Maickel. Todos los monitores estaban en columna, uno al lado del otro intentando llamar la atención de esos pequeños. Los profesores, también formaban su parte, pero la rebeldía de estos era superior.

  • Me dejas ese silbato por favor –le pidió Hillary a Paul.

  • Claro aquí tienes –le entregó el monitor, observando como la joven, daba unos pasos adelante, dando un gran silbido. Un gran silencio, inundó la sala.

  • Venga niños, niñas, escuchar a vuestros superiores, sino estos quince días se os pasará, bien aburridos, dentro de casa todo el tiempo –les explico Hillary –además no os olvidéis de la sorpresa.

  • ¡Oh, es verdad! –exclamaron todos. Hillary hecho un paso atrás.

  • Gracias preciosa, para otra ocasión ya te dejaremos al mando antes –le dijo Maickel. Hillary se sonrojo. –bien niños, como podéis ver hace un día esplendido, cumpliendo con la climatología que le corresponde, así que mis compañeros –señaló a Paul, Jennifer y Sofía –y nuestros ayudantes –señaló a Samanta, Hillary y Dan –que no por ser ayudantes significa que debáis desobedecerles. Bien, como os iba diciendo hace un día esplendido, hemos pensado, en que por grupos podemos buscar un tesoro, que estará escondido, en algún lugar de la zona inclusive el bosque –Hillary y Dan se miraron con una mirada de S.O.S o en otras palabras parecía que la historia se repetía. La voz de Maickel, les hizo volver a prestar atención –no lo buscaréis solos, entre mis compañeros, ayudantes, vuestros profesores y yo, os ayudaremos pero sin daros la pista en clave. Ahora comer tranquilos sobre las cuatro empezaremos –Maickel y demás monitores se alejaron, que todos los pequeños aprovecharon para volver a moverse, e a llamarse a gritos.

Al acabar de comer, Hillary y Dan se encontraban en el terreno de fuera controlando todos aquellos fieras, mientras que los monitores comían, ya que ellos ya lo habían hecho, junto a ellos. Los iban vigilando, algunos jugaban al futbol, otros, al patio de mi casa, otros, simplemente rondaban por allí, o en un rincón hablando alegremente en cuchicheos para que sus vigilantes no se enteraran. Los dos jóvenes les echaba un vistazo a todos, aparte Dan, no dejaba de meter mano a esa bolsa de chucherías que le adueñaba, pero no era el único propietario, ya que muchos de esos corrían a reclamarlas.

  • ¿Segugo que no te apetece ninguna? –preguntó a Hillary con toda la boca repleta.

  • Nosotros sí que queremos –se acercaron dos niños, uno era alto, el otro bajo, eran delgados, uno tenía algo de melena negra noche, su piel también era oscura, sus ojos negros, su nombre era Gabriel. El bajo, tenía el pelo bien corto, castaño rubio, ojos claros, llamado Eloy. Dan les dio otra ración de tales chucherías, antes de verles salir corriendo, nuevamente a sus juegos.

  • Seguro Dan, tengo la tripa bien repleta, sabes no puedo dejar de pensar…

  • ¿en guien? ¿en Maigel? ¡yo no se gue encontráis a enamoraros! ¡con lo bien que se está soltero y sin compromiso! –reivindico convencido.

  • Tu ya eres feliz con algo que meterte en la boca -le recordó Hillary

  • Pues si la verdad para que mentir –respondió satisfecho.

  • Pero no es eso –prosiguió Hillary insegura.

  • ¿Engonces? –continuaba alimentándose Dan.

  • No se… que después de todo lo que vivimos el año pasado, ¿cómo se atreve, a dejar a los niños al bosque? No lo entiendo…

  • Estarán con nosotros mujer, todo el tiempo, seremos dos para controlar a diez niños, no será tan complicado, además, estaremos todos juntos, todo saldrá bien seguro –intentaba animarla Dan.

Las cuatro de la tarde llegaron, todos los niños y niñas, profesores, monitores, ayudantes, se adentraron en el bosque tras el reparto de los grupos, también les repartieron una especie de Walki-talquis que mediante luces indicaba si se iban acercando o no. Iban a empezar andar, cuando la puerta de la casa se abrió, de allí, salió, Asly sin dejar de correr, abrazandose a su hermano, lloriqueando.

  • Asly ¿Qué te ocurre? –se sobresaltó Maickel, mirando a Pati.

  • Quería jugar, yo tenía q acabar de fregar algún cacharro, se ha enfadado y se ha venido corriendo para acá en el estado que la ves ahora.

  • Asly… pero ¿por qué te enfadas? Ya sabes que a veces Pati no puede jugar contigo ¿Por qué te pones así ahora? –le preguntó Maickel dulcemente.

  • Yo quiero jugar contigo, y con mis amigos –le hecho una mirada a Hillary y Dan saludándoles con la mano. Estos les respondieron.

  • Asly reina, ahora no pueden jugar ellos tampoco, tienen que trabajar igual que yo, igual que todos, Pati ahora tiene libre, estarás bien con ella, se buena y hazle caso.

  • ¡No! ¡Yo quiero ir contigo y mis amigos! –se reveló la joven.

  • Pero Asly eso no puede ser… -interfirió Paty

  • Está bien Asly, vente con nosotros si es lo que quieres, pero me tienes que prometer una cosa… -Asly le miraba fijamente a los ojos a la espera de las nuevas palabras del joven.

  • Que no te separarás de mi ni un minuto, si lo haces estarás con alguno de nosotros –señalo a monitores e ayudantes.

  • Lo prometo –dijo toda convencida, con una gran sonrisa.

  • Pues empecemos andar bella dama –la piropeo dulcemente, ofreciéndole su brazo para andar. Asly se cogió sin pensárselo dos veces. Todos juntos se adentraron en el bosque, después de tanto tiempo sin hacerlo…trece meses para ser exactos.







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