Perdida en la noche; Capítulo veintidos

De Vanesa Ruiz García

El rostro de Samanta empaleció mirando fijamente, aquel hombre, que en el pasado había sido su abogado, y en aquel presente, el agente que más le había ayudado he apoyado. En ese momento se quedo en una especie de trance sin poderse creer, lo que sus oídos habían escuchado ¿lo abría entendido bien? No podía ser, era imposible, se suponía que aquella pesadilla, había finalizado ¿Cómo era posible que se volviera a repetir? Esa misma frase se le repetía una y otra vez <<Matt Parcker había escapado>>

  • Lo siento mucho Samanta –la miró tristemente Burton –estaban en el recreo, sin darse cuenta se dejaron una puerta abierta y unos cuantos prisioneros, aprovecharon la oportunidad para fugarse, entre ellos se encontraba Matt –tiene que ir con mucho cuidado Samanta, está furioso, va por usted en busca de venganza –le depositó sus manos en los hombros de ella.

  • ¿¿Qué él busca venganza?? ¿¿de qué?? ¡él fue quien mato a quien más quería! ¡soy yo quien debería buscar la venganza! –se exaltó Samanta.

  • Sí, tiene toda la razón, pero Matt está loco, es la gran razón para que se ande, con los ojos bien abiertos ¿de acuerdo? –acabó preguntando Timmy, viendo como esta confirmaba.

  • ¿Y Maickel? ¿Aun no ha encontrado a Asly? –preguntó Samanta algo más tranquila.

  • Creemos que no, ya que si no abría avisado.

  • Esperemos que este bien –hizo saber Samanta. Un relámpago les sobresaltó a continuación se izo sentir el gran estruendo. Todos los presentes alzaron las pupilas. Unas inmensas nubes abrasaban toda la claridad y resplandor de aquel magnifico día, el viento ayudaba a que se acercaran con más velocidad.

  • Lo que si hay que tener claro, es que hay dos niños perdidos, un asesino suelto, una climatología que no ayuda, además se está levantando niebla.

  • ¡Oh no! –exclamó Dan, dejando en su bolsillo, esas delicias de golosinas, atemorizado.

  • ¿Qué te ocurre Dan? –se sobresaltaron todos mirándole fijamente.

  • Tienes razón Dan –se atemorizó también Hillary. Las miradas se posaron entre los dos jóvenes –se está… repitiendo la historia del verano pasado… -todos se miraron entre sí –si eso pasa, ya todos sabéis el resultado final…

  • ¡No! Esta vez vamos a encontrar a esos chicos sanos y salvos, no va haber otra muerte ¡no! ¡Y si por desgracia la hay, juro aquí delante de todos que mato a Matt Parcker! –dijo toda convencida Samanta.

  • ¡Yo le ayudo! –se aposentó a su lado Timmy –ese desgraciado de Matt Parcker, debería de estar condenado de muerte.

  • Tendríamos que llevar ya a los niños a la casa, no sea que desaparezca alguno más –dijo Jennifer.

  • Cierto, Samanta, Hillary, Dan y Paul por ejemplo, pueden volver a la casa con ellos, lo demás y yo mismo, buscaremos a esos dos chicos ¿cuáles son sus nombres?

  • Gabriel Smith y Eloy Brandon –le respondió Sofia.

  • Te dije que estos dos tramaban algo –le susurro Dan al oído de Hillary.

  • Perdone agente, pero yo también quiero buscarlos –dio un paso adelante Samanta.

  • Samanta, ya hace demasiado que nos conocemos, ya es hora que empiece a llamarme de tu ¿no cree? –le llamo la atención Timmy.

  • Lo mismo digo, ya puede tutearme también –le respondió Samanta.

  • Bien así aré, ¿está segura… quiero decir… estás segura que quiere… que quieres venir a buscar a los chicos? –le costaba el tuteo al agente.

  • Sí, estoy convencida, si les llega a pasar algo, será culpa mía, ese desgraciado esta aquí por mí, mato a mi hija para vengarse de mí, si les llega a pasar algo a esos niños, me sentiré responsable el resto de mis días.

  • Samanta usted… tú no tienes la culpa de nada, tú no eres responsable de todos sus hechos, es un mal tratador, un asesino, de eso nadie es responsable, excepto él mismo, nos quieres acompañar, lo respecto, pero para nada te sientas culpable –le hizo saber el agente.

  • Nosotros también queremos buscarlos, somos responsables de esos niños, por la misma razón que la señora Crochet, Ruth era nuestra mejor amiga, no pudimos hacer nada por ayudarla, ahora que tenemos la oportunidad queremos hacerlo, ¡necesitamos hacerlo! –dijo convencido Dan, notando como la mano de Hillary apoyaba con fuerza la suya.

  • De acuerdo chicos entiendo, Sofia, Jennifer, Paul vuelvan a la casa con los demás niños, llamare a mis patrullas para la recerca de los chicos, empezaremos ya la búsqueda, aun nos quedan bastantes horas de luz. Un móvil sonó. Era el de Paul, todos miraban esperanzadores, que fuera Maickel, que hubiese encontrado a su hermana.

  • Tengo malas noticias –dijo al colgar –Matt Parcker está en la masía, esta rabioso y muy violento con todo el personal, reclama ver a señora Crochet, sino hará alguna locura con los presentes, como se nos ocurra llamar a la policía, nos arrepentiremos.

  • ¡Maldita sea Parcker! Cambio de planes, no podemos regresar a los niños a la masía, corren peligro, busquen una cueva o algo, para protegerse de esta tormenta, me voy para la masía, por el camino llamare a las patrullas, para que empiecen a buscar –dijo dispuesto a empezar a correr, notando como la lluvia empezaba a caer.

  • Nosotros les ayudaremos a buscar también –les recordó Hillary, dando un paso adelante con Dan.

  • De acuerdo, venir conmigo entonces, os reuniré con las patrullas de búsqueda.

  • Espera Timmy voy contigo, está aquí por mí, no puedo esconderme tengo que dar la cara –dijo Samanta.

  • De acuerdo pero no se separe de mi ¡vayamos ya! –le cogió la mano echando a correr, con Hillary y Dan detrás.

Efectivamente, cuando llegaron a la masía, se encontraba el coche de Matt en primera fila, Sherril, estaba a su lado con lágrimas en los ojos. Detrás de ellos, se encontraba Pati y el resto de personal que se habían quedado en la casa. Todos parecían atemorizados

  • ¡Ya era hora zorra! –grito Matt al verla llegar. Se acercó a ella, cogiéndola fuertemente de su cabello. Un grito de dolor salió de la boca de la víctima.

  • Parcker ¡suéltela! –gritó Burton alzando su pistola.

  • ¿¿Que hace este gilipoyas aquí?? ¿¿Eh?? –preguntó estirándole con más fuerza el pelo – ¡he dejado bien claro que no quería policías! ¡Y menos a ese subnormal de mierda!

  • Señor Parcker, no se ponga nervioso, nadie hemos llamado a la policía, el agente Burton, ya estaba con nosotros cuando usted llegó –le aclaró Pati.

  • Es cierto amor… ya estaba aquí su coche… -intervino Sherril.

  • ¡¡Tú cállate!! ¿¿Quién te ha mandado que digas nada asquerosa?? ¡Después de ella irás tú, así es, os pondremos una al lado de la otra en cementerio! ¡Te vas arrepentir por lo que me has hecho sufrir, tú misma vas a saber el calvario que he pasado en la cárcel, por un crimen que no cometí! –su respiración era acelerada. Su tono de lo más sarcástico.

  • ¡¡Tu mataste a mi niña!! –gritó Samanta, presa de la rabia y el pánico.

  • ¡¡yo no la mate!! ¡¡Era mi hija, la quería!! Pero por tu culpa, por vuestra culpa –señaló nervioso a la sujeta y Sherril –me detuvieron y me hicieron pasar un infierno allí dentro, ¡tal infierno que os lo voy hacer notar a vosotras también!

  • ¡Déjela ahora mismo Parcker o le juro que le mato aquí mismo!

  • Hazlo si te atreves –dijo metiéndose la mano en su bolsillo trasero.

  • ¡tiene una navaja! –gritó Sherril.

  • Así es, la tengo –confirmó, sacándola, apoyando la zona punzante en el cuello de esta. Un grito de horror salió de las bocas de todos los presentes de la masía –estaría encantado de estrenarla contigo ¿sabes? Tiene muchas ganas de matar –le susurro al oído.

  • No lo haga Parcker, no se meta en más problemas, deje la navaja en el suelo, negociemos –dijo sin levantar la voz Burton, levantando los brazos al aire, junto con la pistola.

  • ¡Ni una mierda, en cuanto la deje volveré a la cárcel!

  • Le juro que no, pero tiene que dejar libre a Samanta y también a Sherril ¿Qué es lo que quiere? Se lo puedo conseguir.

  • Quiero a mi hija conmigo.

  • Eso es imposible, usted mejor que nadie lo sabe ya que la mató.

  • ¡¡¡Yo no la maté joder!!! –gritó con rabia clavando mas, el cuchillo en el cuello. Gotas de sangre cayeron al suelo.

  • Vale, vale, vale, usted no la mató, de acuerdo, pero déjela libre, y le prometo que todo saldrá como usted desee.

  • ¡¡Que no soy idiota gilipoyas!!

  • ¡Matt, déjala libre, es a mi quien quieres realmente! –dio un paso adelante Sherril.

  • ¡A ti ya te matare después!

  • ¡Fui yo quien mato a Ruth! –gritó Sherril. Todos se quedaron mirándola paralizados.

  • ¿¿Que tú qué?? ¡No puede ser es imposible! ¡ese día te di una paliza! –le recordó Matt, quedándose tan sorprendido que dejó libre a Samanta, que Timmy, corrió abrazarla e asegurarse que estaba bien.

  • Sí después desapareciste, hacia este pueblo, lleno de rabia e ira, yo te seguí en distancia, no tenía armas pero mis manos, mi rabia, mi fuerza me bastaban, pero sin saber cómo me encontré con la escopeta, lo más probable es que te pasaras bebiendo, ya ni supieras donde la dejaste, con ella conmigo, sería más fácil destruiste y casualmente me topé con tu hija, estaba perdida y desorientada, sin ser consciente descargue toda mi rabia en ella, iba a matarte a ti, pero ella, se cruzo antes en mi camino, cuando me di cuenta, ya estaba sin vida.

  • Pero serás… ¡¡te vas a enterar por ello!! –iba directo a ella Matt.

  • Lamento haber tardado tanto en decirlo, en confesarlo, debí hacerlo antes, pero el miedo me bloqueo y deje… yo no quería hacer daño a Ruth de verdad, pero me descontrolé, y cuando fui consciente ya era demasiado tarde. Y decidí dar las pistas necesarias para que creyeran que eras tú el asesino –dijo mirando a Matt y a continuación nuevamente el suelo –lo siento amor yo te quería, yo te amo.

  • Samanta tiene que venir conmigo, tiene que ver algo, por favor –se acercó a ella Pati.

  • ¿Pati qué ocurre? –se intrigo Samanta, alejándose del grupo, sin que nadie fuera consciente se adentro en la casa.

Samanta cogía fuertemente la mano de Pati, intentando seguir el paso acelerado de aquella mujer.

  • ¿Por qué corres tanto? ¿Qué pasa? –preguntaba nerviosa, sin comprender nada.

  • Tienes que ver algo es urgente –fue la única respuesta de Paty, sin dejar de acelerarse. La conducía sin descanso por aquel largo pasillo, adentrándose en una nueva habitación totalmente desconocida para ella

  • ¿Qué ocurre Paty? ¿por qué me ha traído a esta habitación? ¿de quién es?

  • Es mi habitación, la he traído porque no aguanto más, he callado demasiado tiempo, esto se me está yendo de las manos, se nos está yendo de las manos –le dijo nerviosa.

  • ¿El qué? ¿de qué está hablando?

  • El es buen chico, no quería hacer nada de lo que hizo, no era él, le domina la presión, esa voz que le dice hazlo, hazlo, él no está bien, pero no es mal chico –decía nerviosa.

  • Podría ser mas especifica, es que no la entiendo –dijo Samanta confundida.

  • Matt no mató a Ruth.

  • Fue Sherril, ya ha confesado –le recordó Samanta.

  • No fue ella, y el señor Parcker tampoco –dio un fuerte suspiro –le prometí que no diría nada, que sería nuestro secreto, pero ya no aguanto más, demasiadas mentiras, demasiados inocentes sufriendo –se acerco a un armario donde cogió de dentro un álbum de fotos, el mismo que se le cayó, en la otra habitación –mírelo y lo entenderá…

  • ¿Qué? ¡no puede ser! ¡es imposible! ¡no!

  • Lo siento mucho, no debí callarme, pero somos de la misma familia, tenemos la misma sangre como le pasara algo, yo me moría, le prometí a mi hermana que cuidaría de él, que cuidaría de ellos, si les pasara algo, desgraciadamente ya no están con nosotros, por su culpa, pero él es inocente, no era consciente de nada, se vio obligado hacerlo –Samanta miraba el álbum aterrada, no podía dar crédito a lo que escuchaba ni a lo que veía, por página que pasaba era peor. Le parecía que estuviera inmersa en una pesadilla sin fin.

  • No, no puede ser, tiene que haber un error, una broma que por descontado no tiene ninguna gracia, ya está bien Pati, no sé porque hace esto, con el gran cariño que le tiene Maickel y sobretodo Asly, y precisamente a mí, que perdí a mi hija, que la mujer de mi ex –marido, mató, sinceramente no entiendo que encuentra de gracioso en este juego que se ha montado.

  • No, no señora Crochet, no es ningún juego, ya más quisiera, mató a mi hermana y su esposo, mato a su hija –lágrimas resbalaban de las mejillas –por favor siga mirando el álbum –Samanta obedeció. Sus manos, temblaban, su rostro enmaleció, sus ojos humedecieron al ver distintas fotos de Ruth, en vida y en muerte ¿Cómo era posible? ¿Por qué tenía ella esas fotos? La miro desconcertada he temblorosa.

  • Ya está bien Paty –iba a cerrar el álbum y devolvérselo.

  • No, siga mirando por favor, lo que le digo es cierto –Samanta volvió abrir el álbum, sus manos temblaban, las lágrimas le resbalaban, otra página más… su corazón dio un vuelco.

  • Pero como… como puede ser… son las mismas notas amenazante… que recibí… en dos ocasiones… ¿Cómo es posible que esté aquí metida? –miraba perpleja a Pati. Adelantó una página más. De su boca salió un chillido, una especie de sollozo, sus manos, taparon boca –mi llave de recambio, mi niña desnuda ¡o dios! –cerro de un solo golpe el álbum, mirando hacia el otro lado, notando como se derrumbaba.

  • Señora Crochet ¿está bien? –corrió a socorrerla Paty, ayudándola a sentarse en la cama.

  • Pero no es posible… Matt me llamo, estoy convencida que era su voz… -Paty se levantó de su asiento, se dirigió a unos de los cajones de la cómoda, abriendo el segundo, sacando de allí un cassete, abrió la caja, cogiendo la cinta, introduciéndola en el aparato. Samanta pudo escuchar, palabra por palabra de aquella llamada con tal amenaza –pero… pero ¡oh, no entiendo nada! –se desesperó aquella madre, con sus brazos encima de su cabeza.

  • Él tiene una habilidad, sí, se le da muy bien emitar voces, se fijo mucho en Matt y practicó también, para poder clavarla, poder emitarla, para que el plan funcionara que pensase que era él… ¡oh no no puede ser! –exclamó sin aviso.

  • ¿Qué ocurre? –preguntó sobresaltada Samanta.

  • El pote de la medicación está lleno, quiere decir que no se la ha tomado hoy… ¡oh no!

  • ¿Qué quiere decir con eso? –pregunto cada vez más nerviosa.

  • Que se pondrá muy nervioso, que no será dueño de sus actos, que podría cometer alguna locura, otra más… –Samanta se sentía cada vez más mareada. Sin aviso, se sintió como un disparo. Ambas se sobresaltaron, y corrieron al exterior teniendo como visión a Timmy forcejeando con Matt, ambos por el suelo, la pistola la tenía Timmy, y un baño de sangre rodeaba a Matt. Gritos sobresalían por todos lados.

  • ¿Timmy estas bien? –corrió ayudarle a incorporarse Samanta.

  • Sa… Samanta he tenido que hacerlo, iba a matar a Sherril –Samanta miró fijamente a Matt, estirado en el suelo, sus ojos en blanco, bañado en sangre.

  • Lo importante es que tu estés bien –le ayudó a levantarse Samanta.

  • Sí, si perfectamente, sabiendo que usted… que tu estas bien, aun mas –se apoyó a ella dándole un fuerte abrazo –bien Sherril, acompáñeme está detenida –le dijo observando como esta no ponía resistencia ninguna.

  • ¡No a ella no tiene que detener! –intervino Samanta –ella no mato a Ruth.

  • ¿No? Pero si ha confesado –le recordó Timmy confundido.

  • Sí ha confesado, sin saber porque lo ha hecho, ya que ella no ha matado a mi hija, piénselo, Ruth, fue abusada, encontraron semen dentro de ella ¿recuerda? ¿Como Sherril podría hacerlo? ¡es imposible!

  • Visto así… -dijo pensativo Timmy -¿entonces… fue Matt? –miro aquel cadáver.

  • No, tampoco fue Matt, se está haciendo muy tarde, hay que encontrar a esos dos niños antes que les encuentren a ellos –le cogió la mano Samanta a Timmy invitándole a correr.

  • ¿Les encuentre quien? ¿de quién habla? ¿Quién es el asesino? –preguntó este.

  • No hay tiempo, se lo explico por el camino, Hillary y Dan también corren peligro ¡sobretodo Hillary! ¡rápido! –echo a correr ya sin dejar de dar pasos junto a ese policía que no entendía nada.

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