Perdida en la noche; Capítulo veintitres

De Vanesa Ruiz García

La lluvia caía con intensidad. El viento soplaba fuerte. La niebla era espesa. Hillary y Dan inconscientemente se habían separado del grupo, tal como un año atrás, se encontraban perdidos, en aquel inmenso bosque. Todos sus cuerpos estaban empapados, por el aguacero que les estaba abatiendo. Miraban a su alrededor, nada les sonaba familiar.

  • Por favor Dan dime que te suena esto –le pidió Hillary, que mantenía sus brazos, rodeando su propio cuerpo intentando entrar en calor.

  • Sí me suena… -comenzó a decir entre tiriteos de dientes por la bajada considerable de temperaturas, notando como en la boca de Hillary se le dibujaba una amplia sonrisa –de hace trece meses cuando estuvimos perdidos, andemos por estos mismos caminos –pero no recuerdo el camino de vuelta –la sonrisa de su amiga no duro más de dos segundos.

  • ¿Y qué vamos hacer? Ya hay dos niños perdidos, solo falta ¡que nos perdamos nosotros también! –se desesperaba Hillary sentándose en un tronco, con sus manos en su cabeza.

  • No te preocupes, seguro que encontraremos el camino de vuelta –se acomodó a su lado – ¿quieres alguna? –le ofreció con la bolsa de golosinas delante.

  • No Dan, me es imposible comer en estos momentos –le respondió Hillary apagada -¿Dónde estarán los niños? ¿se encontraran bien? ¿Cuándo los hallaremos?



La cantidad de agua y viento fue reduciendo su intensidad, un aire cálido, les abrasó como provocando que todas aquellas nubes oscuras, desaparecieran con rapidez. Hillary y Dan salieron de la cueva en el que se refugiaron de aquella gran tormenta, ya había pasado más de media hora desde que se sentaron, en aquel tronco, presa de la desesperación. Los rayos del sol, se empezaban a notar y la niebla ya se evaporaba.

  • Dan salgamos ya, que tenemos que seguir buscando a los niños –le recordó Hillary. Dan no tardo en seguirla. Al igual que ellos, muchos animales que se habían protegido volvieron al salir, al comprobar, que el peligro ya había pasado.

  • Gabriel, Eloy ¿¿Dónde estáis?? ¡Si nos escucháis por favor avisar! ¡Gabriel, Eloy! –gritaban a coro, mientras andaban. Se detenían, a escuchar esperando respuesta, inútilmente.

  • Parece que no nos escuchan –dijo ya sin aire Dan, deteniéndose, a respirar, volvió a coger del bolsillo las gominolas, volviéndolas a meter en su boca.

  • Tenemos que encontrarles ¡rápido Dan! –le obligo acelerar el paso, con apenas tenía la boca repleta de chuches

  • Oye ¿dónde estamos? –preguntó un poco atemorizado Eloy.

  • Sinceramente no lo sé, pero tenemos que encontrar el tesoro si queremos ganar, no debe andar muy lejos, con lo que hemos caminado ya –dijo Gabriel.

  • Porque no nos olvidamos del tesoro y volvemos con los demás, deben de estar súper preocupados, yo estoy cansado, y estoy asustado quiero volver con los demás.

  • Está bien de acuerdo, quizás tengas razón, yo también estoy cansado, y tengo frio, que mas da el premio, lo importante es que estemos bien junto a las profesoras y demás compañeros he compañeras, y como tú me empieza a dar miedo esto –dijo, mirando a su alrededor sobresaltado.

  • Bien, volvamos con los demás, dime ¿por dónde se va?

  • ¿A mí me preguntas? Pensaba que lo sabías tú –contestó con otra pregunta Gabriel.

  • ¿Eso qué significa? ¿estamos perdidos? –notaba que se le llenaba los ojos de lágrimas Eloy.

  • Venga no llores ¿eh? ¡tenemos que ser fuertes! –le animo Gabriel, acercándose a él.

  • ¿Pero cómo vamos a ir con los demás? ¿Cómo vamos a encontrar el camino?

  • No lo sé, pero lo encontraremos no sufras –le consoló el otro. Sin aviso escucharon un ruido.

  • ¿Que ha sido ese ruido? –preguntó atemorizado Gabriel, mirando a su compañero, observando como este se encogía de hombros, sin ser capaz de pronunciar palabra. El cuerpo de los dos niños temblaban, abrazados uno al otro, no hacían ni un mínimo paso. Solo se escuchaba el chirriar de sus dientes, su cuerpo tembloroso. Dos figuras se fueron evolucionando delante de esos niños.

  • ¡¡Gabriel, Eloy al fin os hemos encontrado!! –exclamaron abrazándose a ellos –¿¿estáis bien?? ¿¿no os ha pasado nada??

  • Hillary, Dan, que alegría que estéis aquí –se abrazaron a ellos, con lágrimas en sus ojos.

  • ¿por qué os separasteis? Todos os estábamos buscando ¡nos habéis dado un susto de muerte!

  • Lo sentimos mucho –lloraba Eloy.

  • Queríamos encontrar el tesoro, escuchemos no se que de un lago…

  • Sí que una chica se ahogo –le recordó Eloy.

  • Eso mismo, pensemos que allí estaría el tesoro, por eso fuimos en su búsqueda –acabo de explicar Gabriel.

  • ¿pero qué decís? El tesoro estaba por donde nos encontrábamos, si en vez de alejaros hubieses seguido buscando bien seguro que lo hubieseis encontrado, pero por culpa de vuestra aventurilla, nadie ha tenido la oportunidad de encontrarlo, ya que lo único que han hecho es buscaros –les regañó Hillary, observando a los dos pequeños con la cabeza baja arrepentidos.

  • Bueno lo importante es que, os hemos encontrado y estáis bien –continuo Dan.

  • Vosotros nos llevaréis con nuestros profesores y nuestros amigos ¿verdad? –preguntó Eloy esperanzador.

  • En cuanto encontremos el camino de vuelta claro que sí –dijo Hillary, no muy convencida de encontrarlo.

  • ¿Qué quieres decir? ¿Qué vosotros también estáis perdidos? –preguntó Gabriel, con sus ojos como platos.

  • Pues sí, me temo que si –dijo tras un largo suspiro Hillary.

  • Joooooo, yo tengo hambre, tengo frío, estoy cansado, tengo miedo, quiero ir con mi profesora ¡quiero estar con ella! –se lamentaba Eloy, dando patadas a las piedrecitas que encontraba por su camino.

  • Quieres dejar de llorar, pareces un bebe, bebe, bebe –se burlaba Gabriel.

  • ¡Cállate! –le empujo Eloy –ahora eres muy valiente porque están ellos, pero hace tan solo unos minutos, estabas llorando como yo –los dos pequeños empezaron un enfrentamiento.

  • Ei, ei, ei, venga niños que haya paz –se metió por el medio Hillary. El estomago de aquellos dos niños sonaron.

  • Ufffff que hambre –reclamaron a coro. Ambos reclamaron piadosamente con la mirada a Dan. Hillary también se le quedo mirando.

  • Vale, vale, creo que tengo una bolsa llena de pastelitos –dijo, rebuscando en su bolsillo cercándola e sacándola –bien es toda vuestra, pero el primer pastelito es mío, que ahora que os hemos encontrado, y estáis bien, ya me ha vuelto el apetito –se apodero del primero, relleno de nata y chocolate, dándole la bolsa a esos chicos después.

No paso muchos minutos, cuando sintieron pasos al mismo tiempo que los matorrales se movían. Los cuatro se pusieron en alerta, los dos más pequeños, se abrazaban temblorosos a sus superiores, estos les apretaba fuertemente angustiados también. Tras de un poco de patosidad, salió de su escondite Asly.

  • ¡Asly! ¿Qué haces aquí? –preguntaron aliviados al mismo tiempo sorprendidos los dos más mayores.

  • No se ha tomado las pastillas… quiere volver hacer daño… me ha dicho cosas muy feas ¡me quiere hacer daño! –decía exaltada.

  • ¿Qué? ¿de quién hablas Asly? –preguntó Dan.

  • De Maickel… ¡ahora el no es el, me quiere hacer daño!

  • ¿Maick dices? Asly eso es imposible, él te quiere mucho es tu hermano, daría hasta la vida por ti –dijo Hillary convencida.

  • ¡No! Vosotros no lo entendéis… no puedo hablar… me hizo jurárselo –dijo sin dejar de moverse inquieta.

  • ¿Qué ocurre Asly? Somos tus amigos, puedes confiar en nosotros, lo sabes ¿verdad? –le recordó Dan.

  • Lo sé… pe…pero no puedo ha… hablar…

  • Asly ¿Dónde estás? ¿Dónde te has metido de nuevo? –se sintió la voz de Maickel con su tono elevado.

  • Me tenéis que ayudar, me va a pegar –se escondía atemorizada.

  • Maickel es muy bueno, te quiere mucho nunca te haría daño –intentó tranquilizarla Hillary.

  • Si, sí que me haría si –se escondió aun mas atemorizada

  • ¡Asly al fin te encuentro! ¡te dije que no te separaras!

  • Ya se lo hemos dicho Maickel, pero está asustada no sabemos lo que le pasa –le expreso Dan.

  • ¡Todo es por tu culpa! –su mirada se volvió agresiva, su tono fue duro.

  • Tampoco hace falta ser tan duro Maickel, seguro que no lo volverá hacer ¿verdad Asly? –pregunto Dan viendo como esta se escondía aun mas.

  • Mentira lo volverá hacer como siempre, siempre me hace enfadar siempre, me hace salir de mis casillas, yo no quiero hacerla daño, pero me obliga a ser malo con ella, al igual que me obligaron mis padres…

  • ¿Pero qué estás diciendo Maick? –preguntó con sus ojos como platos Hillary, mirando de vez en cuando a Dan sin entender nada.

  • sí, cuando salí en su búsqueda, en aquella tormenta –continúo exponiendo Maickel, con la mirada perdida al frente ignorando la pregunta de Hillary, y los temores de esos cuatro jóvenes. Les pedí que volvieran conmigo a casa que Asly estaba sola, pero su única respuesta <<Maick no tenías que haber venido, vuelve a casa con tu hermana, y acuérdate de tomarte la medicación>>…

  • ¿Qué medicación? –volvió a preguntar Hillary.

  • yo estaba allí por ellos, estaba preocupados por ellos, ¿así me lo agradecían? Me di la vuelta para volver a casa, pero en ese momento, me volvió a dominar esa fuerza mayor, esa voz que me repite <<hazlo, hazlo>> tenía la escopeta, la lluvia caía fuerte, una idea me vino en mente, y esta iba creciendo, mis ojos se fijaron en aquel árbol, estaba tan próximo a mis padres, podía resultar un accidente perfectamente, no me lo pensé mucho, di un disparo el mismo hizo la demás faena, un accidente, no había testigos, cuando de repente la mocosa de mi hermana grito <<¡nooooo! ¡los has matado!>> después echo a correr, yo fui tras ella, forcejeemos ¿te acuerdas hermanita? –le preguntó observando como Asly, no dejaba de esconderse tras los chicos, mirando a su hermano atemorizada –ella lo iba a gritar todo, iba a decir a todo el mundo que yo era un asesino, yo no lo soy ¿lo sabéis? ¿Yo soy muy buen chico a que si Hillary? –se acercó cogiendo el brazo de la chica.

  • Yo bueno… Maickel –tan solo pudo vocalizar Hillary sintiendo temor por todo su cuerpo, ante aquel nuevo desconocido.

  • ¡Déjala, apártate de ella! –gritó Dan, empujando hacia él, el brazo de su amiga, logrando soltarla, protegiéndola tras de él igual que a los dos niños y Asly.

  • ¡Tú! si tú, si no te hubieses puesto tan histérica, no te hubieses puesto en mi contra, si me hubieses apoyado, no me hubiese visto obligado a darte esa paliza dejándote subnormal pérdida como estas ahora.

  • ¡Tú fuiste muy malo conmigo! ¡Me tiraste por ese barranco, no me ayudaste!

  • ¡Tú te lo buscaste! ¡si no te hubieses metido por el medio no hubieses quedado subnormal pérdida! –los ojos de Hillary se abrieron cantidad, sin poder creer todo lo que estaba escuchando, parecía como una pesadilla en grandes dimensiones, sin fin.

  • No, no puede ser –alcanzó a decir notando como un gran mareo le apoderaba.

  • Hillary, Hillary ¿estás bien? –se abalanzó a cogerla antes que cayera Dan.

  • ¿Qué pasa preciosa? ¿te encuentras bien? –corrió a su rescate Maickel.

  • ¡Déjala! Tú ni te acerques ¡asesino! –le apartó bruscamente Dan protegiendo a su amiga.

  • ¿¿¿Pero de qué vas mocoso de mierda??? –le empujo bruscamente Maickel –ella me quiere, me desea, ahora yo voy a complacerla como hace mucho tiempo debí hacerlo… ¿lo quieres preciosa? ¿Quieres que sea tuyo y solamente tuyo? –le pregunto directamente a Hillary, a tan solo unos milímetros de su boca.

  • Yo… lo siento Maickel… no pensé que fueras así, ya no quiero nada contigo, déjame por favor –intentaba separarse Hillary.

  • ¿Ahora no? Pos lo siento preciosa, pero quieras o no quieras te haré mía, esta voz me manda que lo haga, y así lo haré –acerco su mano para tactar sus pequeños senos.

  • ¡Ni se te ocurra tocarla! –gritó Dan abalizándose sobre Maickel. Maickel le dio un empujón, que le tiró al suelo bastante alejado. Este miro con ojos obsesos a la joven. Asly dio un grito, mientras los dos pequeños no dejaban de llorar abrazados uno al otro.

  • Por fin te penetraré… -dijo sacándose el cinturón de su pantalón. Culpable he victima empezaron a forcejear nuevamente. Los llantos de los pequeños se hicieron más afanosos –no te resistas sino tendré que matarte al igual que mis padres y también a tu amiga Ruth, porque se resistía también a colaborar para fallármela –los rostros de Hillary y Dan se empalecieron con una misma pregunta sin palabras <<¿¿fuiste tú el asesino de Ruth??>> Maickel se metió la mano en su bolsillo, sacando una fina pero larga navaja clavando el cuchillo sin fuerza.

  • Maickel Miller, ponga ahora mismo las manos en la nuca si no quiere que le peguemos un tiro, está rodeado.

  • ¡¡No!! –gritó Pati, corriendo junto a él – ¡ponerle el castigo necesario, pero no le matéis, el no es consciente de nada!

  • De acuerdo bajen armas –ordenó Burton poniendo las esposas a Maickel pese a la resistencia de este.

  • Hillary, Dan, niños ¿estáis bien? Corrió ayudarles Samanta, después le acompañó Burton.

  • Yo estoy bien, y los niños solo tienen un buen susto, en cambio Hillary no sé cómo esta… -dijo mientras se acercaba a ella, fijándose que su amiga estaba muy pálida, en una especie de shock.

  • No puede ser… no puede ser… -dijo tras unos momentos de silencio, sin dejar de mirar a lo mismo –yo confié en él, yo le quería y él lo sabía… ¡mato a mi mejor amiga!

  • Oh Hillary, nos engañó bien a las dos, a todos… y nos arrebato a quien más queríamos-le abrazó fuertemente Samanta.



































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