Relato: La mágica navidad

Relato: La mágica navidad

El mundo mágico de Gruenlinch estaba de celebración, los gemelos de los reyes, cumplían su décimo aniversario. Una década de vida de los pequeños, aunque el primer año, que se celebraba con toda la familia reunida.
- ¡Por Timmy y Sue! -exclamó alguien.
- ¡Por Timmy y Sue! -le siguió los demás a unísono. Un pastel con diez velas encendidas llegaba flotando, aterrizando en la mesa que había delante de ellos. Chocolate con mermelada de fresas. El predilecto de los protagonistas.
- No olvidéis pedir el deseo -se acercó su madre, dando un achuchón a los dos, de una misma vez.
- ¡¡Mamá!! Ya no somos dos niños pequeños -se quejaron a la misma vez.
- Como si lo fuerais, siempre seréis mis pequeños, el primer año, que al fin estamos todos juntos. Los miró fijamente. Eran tan idénticos físicamente, delgados, rubios como su madre, los ojos claros como su padre, en cambio en forma de ser eran casi el día y la noche. Sue extrovertida, parecía un terremoto con piernas, no paraba quieta, traviesa, le encantaba saltarse las reglas, siempre que podía, intentaba ser buena estudiante, pero le costaba concentrarse. A diferencia, Timmy, era un niño tranquilo, pacifico, pendiente a sus estudios, seguir a rajatabla las normas. Una cualidad que tenían ambos hermanos, como todos los gemelos del mundo mágico, es que podían leer la mente uno al otro, incluso saber el estado de ánimo del otro
- Esperar, esperar, aun no sopléis las velas, quiero una foto antes…
- Papá… ¿Cuántas veces te tengo que decir, que aquí no es necesario eso, todo es concentración, la foto sale por si misma? -le recordó una vez más Sue.
- Cariño, ya sabes que a mí eso no me sirve, no tengo magia como vosotros, soy un simple mortal, ya no quiero dejar escapar ni un solo recuerdo, ya bastante he perdido durante más de nueve años. ¿Jim nos puedes echar la foto por favor? -le paso la cámara a su mejor amigo, ese elfo, de pelo castaño, y orejas puntiagudas.
- No te ofendas Nick, pero yo me lio mucho con estos cacharros de humanos ¿No puedo hacerlo con la mente? Es un momento, será toda tuya al instante.
- Está bien… -dijo muy a su pesar Nick, abrazando a sus hijos, y su mujer. Jim los miró fijamente, por unos segundos, su rostro se paralizo, sus ojos dejaron de pestañear parecían de cristal, solo unos segundos, antes de volver a la normalidad, justo después de que su boca, sacara la foto ya impresa.
- Siempre me ha dado mucho respeto eso ¿De verdad que no os duele?
- No, lo único que sentimos es una especie de cosquilleo, la verdad es agradable -le entregó la foto Jim.
- Mi adorada familia, no voy a permitir, que nada ni nadie, nos vuelva a separar de nuevo -los abrazó con fuerza.

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- ¡¡¡Mirar!!! ¡¡¡Está empezando a nevar!!! -se entusiasmó Timmy.
- Claro, ya estamos a mediados de diciembre ¿Por cierto? ¿Ya sabéis que le vais a pedir a Santa Claus?
- Vamos mama, que acabamos de cumplir diez años, no, nos chupamos el dedo, Santa Claus no existe -en ese instante todo se paralizo, el silencio fue el protagonista, todas las miradas sobresaltadas cayeron encima de Timmy.
- ¡¿Cómo puedes decir algo así?! -le reclamó su hermana gemela.
- No le puedes culpar hija, en el mundo de los humanos es así…
- Pues aquí no, aquí existe la magia de la navidad… -se cruzó de brazos Sue molesta.
- Pues tendremos que mostrárselo -la abrazó su madre.
Esa misma noche los gemelos se encontraban en sus camas, una al lado de la otra, separadas por una mesita de noche con una vela encendida.
- Oye Sue, dime la verdad… ¿Realmente existe Santa Claus?
- Siii, Claro que siii, ¿por qué tendría que mentirte? Más bien es muy raro que en el mundo de los humanos no exista ¿Sabes? Mañana le iremos a ver.
- ¡¿Qué?! ¡¿pero le conoces?!
- Pues claro -no pudo evitar reír Sue ante la sorpresa de su hermano -es muy divertido, ¡ya lo verás!
Al despertar, Sue y Timmy despertaron ilusionados, por ir a ver a Santa Claus. Abrieron las ventanas, encontrándose, un paisaje todo blanco, entró un viento helado, que penetraba los huesos, los copos de nieve no dejaban de caer. Con un chasquido de dedos, ya estaban vestidos, aunque sus ropas no combinaban mucho, pero era lo que menos les interesaba a los niños, Timmy estaba ilusionado por conocer algo que al fin había entendido que no existía, pero realmente sí, su mayor fan era real, más que nunca se alegraba de venir de un mundo mágico. Sue le emocionaba, mostrarle la verdad a su hermano, ya no aguantaban más, empezar esa aventura.
- ¡Hola papá y mamá! ¡adiós papa y mamá! -bajaron la escaleras con desespero, se dirigieron a la puerta de salida.
- ¡Alto! -Gritó Susan dejando todo el escenario paralizado -¿A donde vais con tanta prisa?
- ¡Quiero presentarles al señor y la señora Claus, quiero que vea que la magia de navidad es real! -le expuso Sue entusiasmada.
- Vale, me parece muy bien… pero… ¿No vais muy poco abrigados? Estamos a menos diez grados, donde viven él señor y la señora Claus, aun es más frío.
- Vale, vale, pero… ¿nos puedes despetrificar ya? -Susan chasqueo los dedos el cuerpo de los dos niños fueron bien abrigados, con abrigos gruesos, sus manos con unos guantes, una bufanda tapaba sus cuellos, unas botas abrigaban sus pies.
- Ahora si os podéis ir -dijo satisfecha Susan.
- Estáis muy guapos, y también protegidos contra catarros -sonrió Nick.
- ¡Un momento! -volvió a gritar Susan viendo como sus hijos, volvían a marcharse.
- ¿Ahora qué? -se impacientaba Sue.
- ¿Cómo vais a llegar hasta allá?
- Ostras, ¡las escobas es verdad! ¡Gracias mama! -los dos hermanos dieron un silbido, siendo testigos como dos escobas bajaban volando las escaleras aterrizando a su vera - ¡ahora sí!
Al salir a la calle, les daba la bienvenida un paisaje totalmente blanco, un frío penetrante. Las escobas se encogieron.
- Chicos, esperar un momento -los detuvo Nick.
- ¿Tú también papá? ¿Qué nos dejamos ahora? -se sentía cada vez más impaciente Sue.

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- A Scuirrel, él también os quiere acompañar -una ardilla totalmente blanca, salió corriendo de la casa, con una bufanda roja que le rodeaba el cuello.
- Perdón amiguito, estamos algo nerviosos hoy -puso sus manos al alcance del animal, él subió en ellas, tocando con su nariz, la nariz de Timmy -jeje, me haces cosquillas -fue testigo como bajo por su brazo asta meterse en el bolsillo de su cazadora.
- Ir con cuidado, y no vengáis muy tarde -Les recordó Nick viendo como subían a las escobas, e iniciaban el viaje.
El cielo estaba lleno de gruesas nubes, no grises, sino blancas, con más altura que cogían, más frío hacía. Se encontraron una bandada de aves, volando a un mismo son… las adelantaron, no sin antes saludarlas a coro. Incluso Scuirrel, asomo la cabeza por el bolsillo del abrigo, saludó con su manita. Timmy no pudo evitar pensar en cómo había cambiado su vida en menos de un año, no solo había descubierto que tenía una hermana gemela, que su madre no estaba muerta, sino que venía de un mundo, que, en los primeros años de su existencia, le habían convencido que no existía.
- Yo también me alegro que existas, que hayas conocido este mundo, nuestro mundo, tu mundo -le volvió a la realidad Sue. Timmy la sonrió -Vamos te reto a una carrera… -acelero la escoba.
- Eh espera -aceleró también Timmy.

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Llevaban un rato entre carreras y juegos en el aire. Cuando Sue, aceleró, señalando el frente.
- ¡Ya estamos llegando!
- ¡Ei espérame! -no pudo evitar ponerse nervioso Timmy. Notaba los latidos de su corazón, golpeando con fuerza su pecho. Es que no todos tenían la fortuna de conocer al verdadero Santa Claus. Si volviera al mundo de los humanos, lo contará, nadie le creería, todos, se reirían de él.
Bajaron de sus escobas. El cielo seguía con ese color blanquecino, aunque, el frío helado había aumentado. Un conejito marrón, se les acercó entre grandes saltos.
- ¡¡¡Skipy!!! -corrió a saludarle Sue. El animal, saltó a sus brazos. Scuirell salió de su escondite, fue a saludar.
- Es uno de los animales que viven con Santa Claus -le explicó la niña -es muy cariñoso, acariciale. -Apenas pronuncio las palabras, el animal, saltó a los brazos de Timmy.
- Que sorpresaaaa, tenemossss invitadosssss -se escuchó una voz.
- ¿Quién ha dicho eso? -Se sobresaltó Timmy.
- Es Beto, el gran y sabio Abeto -no pudo evitar reír a carcajada Sue -¡Ven, te lo voy a presentar! -Corrió hacia él. Timmy la siguió, deteniéndose, frente a un alto y gran árbol. El chico no podía sacarle los ojos de encima, estos, se fueron agrandando al ser testigo que a ese árbol le salió toda una cara, con sus ojos, su nariz y su boca.
- ¡¡Wow!! ¡¡Como en la película de Pocahontas!!
- Si, ya, solo que esto es real… Se llama Beto.
- ¿Y túuuuu eresssss Timmyyyyy nooooo? ¿Cómooooo llevassss vivirrrrr ennnn ellll mundooooo de magosssss?
- ¿Cómo lo sabes?
- Él lo sabe todo, no intentes trolearle, porque es imposible, por eso es Beto, el gran abeto, aparte que aquí, somos una leyenda, solo que real, estamos nosotros para confirmarlo -le informó Sue. De la nada aparecieron, pequeños animales de bosque, del alrededor del árbol, todos se acercaron a Timmy, buscando, mimos de su parte, mimos y atención..
- ¿Qué está pasando aquí? -se escuchó otra voz alegre y toda la atención de los animales, por Timmy, fue sustituida para el recién llegado. Timmy, levantó la vista, observó detenidamente a ese hombre alto y robusto, de botas negras, traje rojo, y barbas blancas.

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- ¡Eres tú! Quiero decir… ¡es usted! -se quedó perplejo Timmy, teniendo frente a él al auténtico Santa Claus. Le entregó, su mano temblorosa, para estrechársela.
- Llamame de tu, -le estrechó la mano, guiñándole un ojo.
- ¿Lo ves cómo es real? -le dio un suave codazo Sue.
- En estos momentos esta perplejo Sue -no pudo evitar echarse a reír Santa.
- No me lo puedo creer, le he dado la mano Santa Claus… ¡al verdadero Santa Claus! -se miraba la mano Timmy -¡no me la volveré a lavar! -Santa Claus no pudo evitar volver a reír a carcajada.
- Mi esposa acaba de hacer chocolate a la taza y unos bizcochos ¿os apetecen? -les invitó el grandote. El estómago de los niños respondió por ellos.
- Lo sentimos Santa, es que no hemos desayunado -se avergonzaba Sue, sabía bien que su hermano se sentía igual.
- No se hable más entonces, entrad -fue detrás de los chicos hasta la casa.
Era una pequeña cabaña, no tan distinta a la cabaña del abuelo de Heidi, la niña de los alpes. Pequeña, pero acogedora.
- Molly tenemos invitados -dijo Santa Claus sonriente.
- ¡Qué alegría me da escuchar eso! Pasad, pasad, poneos cómodos, acabo de hacer unos chocolates calientes, unos bizcochos -No era tan distinta al señor Claus, un poco más baja, sin barbas, pero su pelo recogido por un moño, era de un blanco nieve, unos ojos claros, casi cristalinos. Un cuerpo robusto.
- Oh señora Claus es un grandísimo gusto conocerla -Timmy le estrecho la mano con énfasis. Acto seguido le dio un fuerte abrazo.
- Igualmente, Timmy, igualmente -le abrazó con ternura -comamos el chocolate que se enfría.
Los cuatro alrededor de la mesa cuadrada, comiendo entre risas y charlas.
- Santa ¿Puedo preguntarte algo? -preguntó Timmy, tras tragar un trozo de bizcocho
- Claro dime, aunque ya se lo que vas a preguntarme… Pero dime.
- ¿Pero cómo? Bueno eres Santa es normal -se respondió él solo - ¿Entonces? ¿Por qué no vas al mundo de los humanos para repartir los regalos?
- Sabes Timmy, quizás no lo creas, pero siempre por navidad he sido yo y mis ayudantes, que hemos repartidos los regalos a los humanos, aunque después pongan en las tiendas, a un hombre disfrazado de mí, hasta hace diez años atrás… que ya no pude volver más…
- Por nuestra culpa -se apeno Timmy.
- ¡¡De nuestra culpa nada!! ¡La única culpable es Devora, la bruja del lado oscuro! -le recordó con ofensa Sue.
- Bueno, Pero eso ya quedó atrás, gracias a vosotros -los abrazó con fuerza Santa Claus. -tengo que ir al taller, ¿Me acompañáis?
- ¡¿A tu taller de juguetes?! ¡Claro que te acompañamos! -exclamó Timmy, poniéndose de pie de un salto. Su mayor ídolo, no pudo evitar echar una carcajada.
- Estupendo entonces, vamos -empezó a caminar Santa. Dio un largo silbido, no tardó en aparecer, Rodolph, un reno con su nariz roja.
- ¡Rudolph, tú también eres real! -se abrazó a él, timmy - ¡tú nariz es más roja que un tomate! El reno, le respondió con un suave, pero alegre gemido. Todos juntos, caminaron hasta el taller de juguetes de Santa Claus.
No paso mucho tiempo, ni siquiera llegó a los diez minutos, cuando Timmy, escuchó por parte de Santa: “buenos chicos ya estamos llegando” Timmy se fijó en la pequeña cabaña, que había frente a sus ojos, no más grande que la casa de Santa Claus. Timmy le miraba incrédulo. le costaba creer, aquel fuera realmente el famoso taller de juguetes de Santa Claus:

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- No te dejes engañar por las apariencias -pronuncio en voz alta el grandote, guiñándole un ojo a Timmy.
Las puertas se abrieron. Timmy no daba crédito a lo que le mostraban sus ojos. El pequeño espacio, se había hecho enorme, todo lleno de juguetes, de la maquinaria necesaria, para construirlos. Más de dos docenas de pequeños duendes ayudaban en el trabajo.
- ¡Es real! ¡Todo esto es real! -sus ojos parecían dos grandes naranjas de lo grande que estaban. Se acercó a las maquinas que no dejaban de funcionar, más de un millar de juguetes, ante sus ojos no dejaban de pasar.
- Vosotros ¿ya os habéis decidido qué queréis para navidad? -preguntó Santa Claus.
- ¡¡Este es el mayor regalo que podía obtener!! -los ojos de Timmy brillaban con gran ilusión.
- Está bien, pero algo más querréis, yo ya lo sé -le volvió a guiñar el ojo a los dos hermanos.
- ¡Claro! ¡Por eso eres Santa Claus! -Grito el chico. Todos se hincharon a reír a continuación
- Santa ¿Quién te acompañará hacer el reparto de regalos este año? -preguntó con voz mimosa Sue.
- ¿Qué? ¿Qué Quieres decir? -interrumpió Timmy nervioso.
- Cada año, algún niño puede acompañar a Santa hacer el reparto de regalos -le explico con una amplia sonrisa.
- ¡¿Ahora me lo dices?!
- Quería que fuera una sorpresa.
- ¿Y bien Santa? ¿Qué opinas? -los ojos de Timmy acompañaron a los ojos de Sue, grandes y suplicantes, mirando a Santa, sus cuerpos lo abrazaban…
- Ya sabéis que va por sorteo… pero, es vuestra primera navidad juntos, miraré que puedo hacer -les prometió Santa. Los dos hermanos, pegaron un grito de felicidad.
23 de diciembre, el día tan deseado al fin había llegado. Timmy y Sue, habían estado toda la tarde, inquietos, nerviosos, esa noche sería ajetreada, llena de novedades y emociones. Sue lo conocía bien, no dejaba de informar e inquietar a Timmy.
- Por favor chicos, calmaos un poco, que al final os entrará un ataque -acabo diciendo su padre.
- Imposible papa, a las siete harán el sorteo, estoy segura que nos tocara a nosotros, bien, si Santa no lo prometió, cierto, pero prometió hacer lo que pudiera, estoy convencida que nos tocara a nosotros -no dejaba de andar de un lado para otro de la sala Sue.
- ¿Y si te equivocas? -le interrumpió Timmy nervioso.
- ¿De verdad lo crees? -le miró incrédula Sue.
- No, la verdad pienso como tú -fue la respuesta de Timmy con una risita nerviosa.
- ¡Lo ves! Pues lo que decía a las siete es el sorteo… -siguió Sue, al mismo tiempo que sus pies iban de un lado a otro del salón -Después, las estrellas se alinearan, pasará la estrella fugaz, la estrella que solo se ve una vez al año, justo para dar la bienvenida a la navidad, cuando las campanadas toquen las doce… ¡Empezará la mejor experiencia de nuestras vidas!
- En serio, ¿la mejor? Conocernos a tu hermano y a mi ¿no fue la mejor? -le preguntó Nick algo decepcionado.
- Tienes razón Papá, ¡está será la segunda mejor! -se abrazó a su padre Sue, dándole un beso en la mejilla.
- Chicos mejor que os empecéis a preparar, sino no encontraréis sitio para el sorteo -les recordó Susan.
- ¡Tienes razón mamá gracias!
La plaza municipal estaba a rebosar, grandes, pequeños, humanos, magos y todo ser mágico la adueñaban, no solo estaban estrujados de pie, excitando las bayas, que separaban el trono de Santa Claus, no, no solo se empujaban unos a otros, para ver mejor, también lo contemplaban desde el aire subidos a sus escobas, o con sus alitas.

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Una ninfa se acercó volando al micrófono que había pegado al trono:
- Un momento de atención por favor -no le extraño, que todos la ignoraran -con un chequeo de sus delgados dedos, se convirtió en una ninfa gigante, en el que logró su objetivo. El silencio se apoderó del ambiente, ella volvió a ser la pequeña ninfa de siempre -gracias, un año más llegó la víspera de navidad, con ella damos la bienvenida al protagonista principal de estas fechas, sí, el mismo… ¡¡Santa Claus!! -se escuchó una euforia de gritos y silbidos, de parte de los más jóvenes. La ninfa se separó dando paso al grandullón.
- Muchas gracias pequeña Ninfa Esmeralda, como cada año es un gusto poder traes ilusión, y alegría, pero como cada año, repito, lo importe, no es lo que yo deje esta noche, bajo el árbol, la navidad, es mucho más que regalos, que materiales, la navidad, es uno de los tiempos, para dar, ayudar y perdonar, digo que es uno de los tiempos, porque debe ser todo el año, que debemos dar lo mejor de nosotros, no para demostrar nada a nadie, sino a nosotros mismos, somos lo que representamos en nuestros actos, en nuestros sentimientos, eso es día, tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, así como va pasando nuestra vida, no solo una vez al año, sino siempre que esté de nuestra mano, y sin esperar nada a cambio, ese es el verdadero sentido de la navidad…
- ¿Habéis escuchado chicos? ¡Que sabías palabras! Totalmente ciertas… ¡Bravo Santa, Bravo! -Nick se unía a la multitud, que con lujuria aplaudía, sin poder evitar emocionarse.
- Aunque la tradición es la tradición, como cada víspera de navidad, algún chico será mi ayudante en esta noche especial. Como ya sabéis el afortunado o afortunada, saldrá mediante un sorteo, pero este año, me gustaría hacer una excepción -Timmy y Sue se miraron entusiasmados - ¿por qué diréis? Bien sabéis la leyenda bien cierta, que Devora la bruja de la oscuridad, hace diez años, puso murallas y barreras desterró a todos los no mágicos, separó a una familia -el ambiente solo se escuchaba el silencio, todas las miradas aclaraparaban a ese discurso tan bien formado -hoy gracias a la curiosidad y valentía de los niños, esa familia vuelve a estar reunida, esos hermanos separados al poco de nacer, están juntos, la bruja de la oscuridad en otra dimensión. Gruenlinch, vuelve a ser el mundo soñado que era, ya no hay murallas, ya no hay barreras, magos, seres mágicos y humanos, podemos vivir en paz, harmonía y aprender unos de los otros. Por primera navidad, esta familia puede estar reunida, por ello creo que merecen sin necesidad de sorteos, que ellos sean los elegidos en esta noche 24 de diciembre Que por primera vez vivan la verdadera magia de la navidad -Los aplausos y silbidos se escuchaban cada vez más fuertes junto a gritos como “eres el mejor Santa” -por favor no me aplaudáis a mí, sino a Timmy y Sue, ellos son los verdaderos héroes, por favor niños subid -los gemelos no tardaron en obedecer, nerviosos, entusiasmados -un fuerte aplauso para Sue y Timmy, ¡los niños que devolvieron la libertad a Gruenlich! -los aplausos y silbidos crecieron -bien chicos, Sue ya conoce, -miró a ella, con una mano en su hombro -ahora en unos pocos minutos, seremos testigos de la famosa estrella fugaz, la estrella que solo pasa una noche al año, 24 de Diciembre, la víspera de navidad, cuando el gran campanario toquen las doce campanadas, vosotros dos, me acompañaréis a repartir todos los regalos -ahora miraba a Timmy -mientras tanto que tengáis todos una excelente cena de nochebuena.
Timmy alzo los ojos a ese cielo estrellado, ni una nube se encontraba en aquella noche, donde las estrellas se veían más luminosas que nunca. “¡Ya se acercá, ya está aquí!” grito alguien. Entonces sucedió. Por primera vez Timmy fue testigo del maravilloso espectáculo, la luminosa y famosa estrella fugaz, pasaba enfrente de sus ojos, el no pudo más que quedarse paralizado, extasiado de la belleza de tal espectáculo. Gritos de euforia y aplausos se escuchaban por todos lados.

Nick, Susan y sus gemelos, se encontraban alrededor de la mesa ya toda adornada, con ese asado y el pollo relleno sobre ella, acompañado de ese puré de patatas y la ensalada. Los cuatro se dieron la mano, con los ojos cerrados agradecieron que después de diez años, podían celebrar una navidad en familia.
- Amen -acabaron. Justo después, la cena empezaron.

El reloj de pared tocó las doce campanadas. Sue y Timmy se miraron, eufóricos gritaron… “¡¡llego la hora!!” Nick y Sue, les acompañaron hasta la plaza general.

- ¡Mirar! ¡Ahí está Santa! -eran testigos de cómo se acercaba.
- ¡Ho, ho, ho, Feliz navidad!
- ¡Feliz navidad Santa! -Se le abrazaron los dos niños.
- ¿Estáis listos?
- Ansiosos mas bien.
- Ya os veo ya -dijo Santa tras una carcajada -pues vamos a empezar, despediros de vuestros padres. Los dos niños corrieron hacía Nick y Susan.
- Quiero que lo paséis estupendamente, que memoricéis cada segundo -inició Susan.
- Mamá tiene razón, es una experiencia extraordinaria la que vais a vivir, aprovechar cada instante, y disfrutarlo al máximo -siguió Nick dándoles un beso a cada uno, como su esposa -os queremos.
- Y nosotros a vosotros -les abrazó sus padres. Fueron testigos de cómo sus hijos salían corriendo, llegando donde Santa. Timmy y Sue se giraron, se despidieron una vez más con la mano.
- Bien, tenemos que ir a por el trineo… Abrazaos fuerte a mí -no hizo falta que se repitiera dos veces. Santa murmuro unas palabras que no llegaron a escuchar, cuando fueron conscientes, se vieron envueltos en una especie de espiral del tiempo “¡¡¡Que pasada!!!” Gritaron los niños a unísono. Aterrizando en el cuartel de juguetes, al lado de esa pequeña pero grandiosa cabaña, estaba el trineo de Santa Claus, repleto de regalos, los nueve renos allá se encontraban esperando para iniciar el trabajo
- ¡Guala! ¡¡¡Vosotros también sois reales!!! -no podía dejar de maravillarse Timmy, acercándose despacio pero decidido a los animales -estáis todos: Vondín, Danzarin, chiqui, juguetón, cometa, cupido, trueno, relámpago, Rodolfo -acariciaba reno por reno, ellos le saludaban con un suave toquecito de cabeza.
- ¡¡¡Ese es el saco de los regalos!!! -se emocionó Sue - ¿No es muy pequeño?
- Jajaja, es un saco mágico, parece pequeño, pero realmente cabe de todo y más -les guiño un ojo - ¿preparados?
- Siiii -se subieron al trineo, al lado de Santa.
- Adelante: Vondín, Danzarin, chiqui, juguetón, cometa, cupido, trueno, relámpago, Rodolfo, empecemos a trabajar -tiró de las riendas, los renos empezaron a marchar, poco a poco alzar. Los chicos fueron testigos de cómo se alzaban, como el suelo dejaban atrás, para las nubes atravesar.
- ¡Guauuuu que pasada! -Ambos hermanos exclamaban radiantes de felicidad. Empezaban a coger velocidad, el viento les llegaba a la cara. Las estrellas voluminosas les acompañaban.
- Bueno, primera parada… La casa de Scoot William ¿Me acompañas Sue? La próxima parada vienes tu Timmy -el joven fue testigo como su hermana tras de Santa, se bajó del trineo, siguiendo al grandote hasta la estrecha chimenea.
- ¿Cómo? ¿Por aquí tengo que bajar? ¡No quepo aquí!
- ¿Cómo no vas a caber mujer? Si quepo yo, tú también, vamos sígueme -se adentró por la chimenea.
- Santa… ¡Santa! -Grito mirando por la chimenea.
- Vamos Sue, ¡confía en mí!
- ¡¡Esta bien, allá voy!! -sin mucha seguridad, dejándose caer por la chimenea -para su sorpresa, cayó sobre blando, sin quemarse, aunque era pura chimenea llena de llamas.
- ¿Lo ves? Ven, pon estos regalos, bajo su árbol -Sue con entusiasmo obedeció.
- Mira, tú también tienes el vaso de leche con galletas, mejor coge energía, que va a ser una noche larga.
- ¿Y los renos? -preguntó con la boca llena de galletas
- Aquí tienen su agua, ahora se lo llevaremos ¿Seguimos? -ambos volvieron al trineo.
Siguieron su recorrido, en la segunda parada, Timmy acompañó a Santa Claus, la primera reacción fue tan idéntica a su hermana, ese miedo de no caber en la chimenea, o miedo de quemarse en la caída… la felicidad de poder dejar los regalos a los pies del árbol, finalizando, ese bizcocho con chocolate caliente. Ese solo fue el primero de las múltiples casas que visitaron esa noche, cada una con una experiencia inolvidable.

Empezaba amanecer, Santa Claus llevaba el control del trineo siendo testigo de cómo los dos gemelos, se habían dormido, sin poder evitar que sus ojos se cerraran, realmente había sido una noche mágica para ellos, sobre todo para Timmy, que era su primera navidad en un mundo mágico. El trineo, empezó a bajar la velocidad. Los mellizos empezaron a despertar.
- Hola chicos, ya estamos llegando a vuestra casa -les sonrió Santa Claus.
- Hola… no ha sido un sueño ¿verdad? -preguntó Timmy fregándose un ojo.
- ¡Ha sido real, hemos ayudado a Santa a repartir los regalos! -termino la frase Sue.
- Lo habéis hecho genial, muchas gracias chicos.
- Gracias a ti Santa Claus por esta maravillosa experiencia ¡¡Gracias!! -gritaron a dúo abrazándolo.
El trineo aterrizo en el suelo, Nick y Susan, salieron recibirles. Los dos chicos, corrieron a ellos abrazándolos.
- ¿Qué tal chicos? ¿Cómo ha ido la experiencia? -preguntaron con curiosidad.
- ¡¡Maravillosamente!! -exclamó Sue.
- ¡¡Inolvidable!! -opinó Timmy
- ¡¡¡Ho, ho, ho, Feliz navidad!!! -se escuchó, todos se dieron la vuelta, viendo como Santa Claus se alejaba con el trineo a través de las estrellas.
- ¡¡Feliz navidad Santa Claus!! -Se despidieron saludando con efusión.
- Vayamos dentro, debéis estar agotados -dijo Nick.
- No tanto papá…
- Mira Timmy -le interrumpió Sue.
- ¡¡Regalos!! ¿pero cómo lo ha hecho? ¡ni se ha bajado del trineo! ¿o habéis sido vosotros? -preguntó desconfiado mirando a sus padres.
- ¿Nosotros? ¿Qué dices hijo? En este mundo Santa Claus es real.
- ¿Entonces?
- ¡¡Bienvenido a una mágica navidad!!

 

Inspirado en otro cuento también de Vanesa Ruiz García "Timmy y Sue, los gemelos separados"

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