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Robi; Capítulo 1

Robi; Capítulo 1

Entré de puntillas, no quería que nadie me viera, no quería que mi madre me viera, el reloj marcaba las cinco y media pasadas, era un viernes 20 de febrero.

- Hombre hermanito ¿ya estás en casa? –le maldije, pero tiempo no me dio para que cerrará la boca. Era seis años mayor que yo, alto fuerte, su pelo era castaño claro, ojos verdosos, envidiaba su físico, esos músculos de gimnasio, esa altura, era el mirar de todas las chicas. Yo en cambio, no era tan alto como él, no logré esos bíceps que él poseía, pero como decían todos estaba en etapa de crecimiento y aun tenía la oportunidad de que me crecieran.

- ¡Cállate! No quiero que mama sepa que he llegado –le grité entre susurros y señas, pero ya era demasiado tarde…

- Hola Robi, ¿ya has llegado? ¿Cómo fue en la escuela? –mi madre apareció en escena, con su delantal de flores, su pelo era claro, ondulado, ojos azules, y un cuerpo delgado.

- Bien... voy a dejar la mochila que la verdad es que pesa –intente huir de allí.

- No tanta prisa –ni un solo escalón me dio tiempo a subir –¿cómo fue el examen de filosofía?

- Mama, ¿no puedo dejar la mochila, después te explico? –necesitaba ganar tiempo.

- No, quiero saberlo ahora –de verás cuando se lo proponía podía atemorizar hasta el más valiente.

- Esto se está poniendo bueno –se acomodó en una esquina Charlie, de brazos cruzados.

- ¡Tú calla! –le gruñí.

- Robi, estoy esperando –me recordó mi madre. No podía alargarlo más, debía sacar el examen ya. Con lentitud recosté la mochila en el suelo, la fui abriendo, sacando todo el material que había dentro, rebusqué en mi carpeta, en busca, de aquello, que prefería que no fuera encontrado.

- Vamos hermanito, estamos esperando –metía presión Charlie con una sonrisa en sus labios. Una burla salió de los míos.

- Aquí está mama, pero ya aviso que no tenía buen día –mi madre no me escuchó, no tardo en fijarse en el número de la parte superior.

- Robi, ¿me puedes explicar esta nota? –su tono no era precisamente amistoso, Charlie se esforzaba, por descubrir mi nota desastrosa.

- Ya te digo que no tenía buen día.

- Con esta asignatura nunca lo tienes y parece que poco te importa, sabes que te cuesta, pero en cambio poco haces para cambiarlo, sabes que te tienes que aplicar más que otras, pero no lo haces, yo ya no se como más aconsejarte, lo que si se, que como no saques la asignatura, no pasarás curso, solo faltan dos meses para acabarlo –parecían como si le hubiesen dado cuerda.

- Lo sé mama –esas fueron mis palabras "por favor deja que vuelva a mi cuarto…" ese mi pensamiento.

- No Robi, lo sabes no me sirve, algo hay que hacer ¿no tenías otra prueba en poco? –preguntó mi madre, otra cosa no, pero buena memoria tenía. No hicieron falta palabras, con mi expresión ya se entendió todo –pues te aconsejó que este fin de semana no salgas, dedícate a estudiar, que falta te hace.

- Pero esta noche puedo salir ¿verdad? He quedado con Jan y los demás.

- ¿Y no te puedes quedar en casa? –era una confirmación disfrazada de pregunta.

- Hay una fiesta mama, todos mis amigos irán, si no voy, voy a ser el carca del colegio, ya veo mi nuevo mote, de “aburrido” voy a pasar a “empollón” –intentaba exagerar mi drama.

- Pues yo preferiría “empollón” que “tontorrón” –dio su opinión mi madre, que para ella los estudios era lo primero –Robi, habrán mas fiestas, ahora ese examen es lo principal ¿entiendes lo que te digo? –si lo entendía de perlas, adiós fiesta. Con paso decaído subí a mi habitación, quería ir a esa fiesta, estarían todos mis amigos, seguro que también estaría Dina, la chica más guapa de primer curso, era todo belleza, te deslumbraba con ella, delgada, pelo claro, liso y largo, tenue blanca, con pecas alrededor de esos ojos oscuros, esa sonrisa perfecta, esa voz tan dulce, ese perfume celestial que siempre iba con ella, fue amor a primera vista, el problema, era es que era demasiado tímido para decírselo, pero hoy estaba decidido a ello, si mi madre no me hubiese estropeado la fiesta. Pi –pi mensaje de móvil de mi mejor amigo Jan; venía del Japón, su pelo al igual que todos los japoneses era negro noche, lo tenía corto, su físico era delgado "¡¡¡¡ei Robi confirmado, Dina y Martha vienen a la fiesta!!!! ¡¡Esta noche es la nuestra!! ¡¡¡Te veo allí!!"

- ¡¡¡Mierda!!! –reboté el móvil contra el suelo. La puerta de mi cuarto se abrió de inmediato:

- ¡¿Pero se puede saber qué te pasa?! Te has vuelto loco ¡¿o qué?! –fueron los gritos de mi hermano, ahora mirando el móvil, después mirándome a mí.

- ¡Dina va ha ir a la fiesta! ¡Sí, la fiesta, que me han prohibido que vaya!

- Vaya… entiendo que el móvil haya pagado las consecuencias… no te preocupes irás a esa fiesta.

- ¿¡A si!? ¡¿Cómo?! Estoy obligado a estudiar ¿¡recuerdas!?

- Ya pensaré en algo, te lo prometo –fue sus últimas palabras, antes de desaparecer por la puerta.

Al rato el teléfono se escuchó, mi madre descolgó, como pasaba continuamente, pasó largo tiempo en él. Era Jane, su mejor amiga de la infancia, que casualmente, sus caminos se ajuntaron, hasta ser adultas, que seguían siendo las mejores amigas. Tras de media hora larga de bla, bla, bla, colgó, escuché sus tacones, que subían apresuradamente, no tardé en escuchar como llamaba a la puerta de mi guarida, yo tampoco lo hice, de inmediato le di el paso.

- Robi, me ha llamado Jane, que su marido, se ha vuelto a ir con otra, está de bajón, voy a ir animarla, necesita el apoyo de una amiga –yo no dije nada, simplemente confirme con un gesto de cabeza –lo más probable es que vuelva tarde, de madrugada me refiero, así que no te preocupes, tienes la cena de ayer en la nevera, solo es necesario calentarla, si necesitas algo, llevo el móvil conmigo, sabes que Jane, vive cerca de aquí, tu sigue estudiando que mañana te pregunto, te quiero cielo –me beso en la frente. Yo no podía creer lo que estaba pasando, alguien en los cielos, había tenido compasión de mí, me habían puesto, todo a pelo, para que pudiera ir a la fiesta, declararme a mi Dina.

- Sí mama, no te preocupes por nada –no se me ocurrió nada mejor que decir, mi corazón daba saltos de alegría, aun no me lo podía creer. La puerta se volvió abrir, apareció por ella Charlie –¡Charlie, no me lo puedo creer, alguien de los cielos me está ayudando, para que pueda estar con Dina! –mi emoción no disimulaba. Mi hermano en cambió se echó a reír.

- ¿Que los cielos te está ayudando? –la carcajada era cada vez más fuerte.

- Sí ¿Qué pasa? –pregunte.

- Que los cielos no te está ayudando, quien te está ayudando soy yo, yo llamé a Jane, para que se inventará esa trola, para que así tu pidieras ir a la fiesta –mi reacción fue de un hecho que me arrepentí al momento, con una arcada, le abracé ¡y le besé! En la mejilla claro, no se así me salió pero me arrepentí al momento, me separé al momento –vale, vale, no es necesario que sigas, ya entendí, yo también te quiero, pero mantengamos las distancias –hubo un momento de silencio –vamos prepárate que en poco marchamos.

- ¿Qué pasa con mama, si viene antes que nosotros?

- Tendremos que volver temprano, pero al menos, que puedas decirle a Dina que la quieres, así que ya puedes aprovechar bien esa oportunidad.

- Gracias hermano.

Autora; Vanesa Ruiz García

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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