Robi; Capítulo 9

El sol calentaba con fuerza, en ese día de julio, el termómetro no bajaba de 32º grados. El calor era sofocante, el aire no nos visitaba. Sentado en mi silla, contemplaba la ciudad, ancianos paseando cogidos de la mano, niños y niñas jugando, madres paseando con su bebe, chicos y chicas paseando, sacando a sus mascotas…

La verdad es que hacía un día fantástico, yo allí me encontraba recorriendo esas calles. Dina conducía mi silla.

- ¡Hola Dina! ¡Cuánto tiempo! –un matrimonio, se detuvo al vernos.

- Hola, señor y señora Holkins –ella, tenía el pelo largo, rubio y ondulado, delgada, usaba zapatos de tacón que aumentaba la altura real. Vestía, un vestido elegante, de color negro, con perlas platino. Su marido, era más bajo que ella, su barriga, sobresalía, su bigote era algo largo. Su pelo era rubio como el oro. Vestía traje dorado, con corbata marrón, sus zapatos eran negros.

- Hacía tiempo que nos veíamos ¿Cómo estás? –preguntó la mujer.

- Bien, haciendo como siempre –mostró una sonrisa forzada Dina.

- Y tus padres y tu hermana ¿bien? –preguntó el hombre.

- Sí, todos bien gracias, si nos disculpan tenemos algo de prisa –que yo supiera no teníamos prisa ninguna, estaba claro, que quería deshacerse de ellos.

- ¿Y ahora tu qué haces? Trabajas este verano, para ganarte algo de dinerito ¿verdad? Pero debe ser un trabajo duro, cuidar a alguien como él –me echó una mirada la mujer.

- ¿Cómo dice? –no lo podía creer ¡se pensaban que Dina era mi cuidadora!

- Pues eso, no debe ser fácil, cuidar a alguien con discapacidad ¡suerte que te tiene a ti!

- Se está confundiendo… -negó Dina.

- Que no te confunda hija, es un trabajo muy hermoso el que haces… duro pero hermoso.

- ¡No estoy cuidando de él! ¡es mi novio!

- ¿Cómo dices? ¿querrás decir tu amigo? –hablo el hombre.

- ¡No, he dicho lo que he querido decir! ¡es mi pareja, mi novio!

- Bueno, bueno, si tu lo dices… ¿y tu familia que opina de tu novio? –pronunció la palabra novio con desdén. La mujer miraba fijamente a Dina. Personalmente opiné que le gustaba meterse donde no la llamaban.

- Eso no es asunto suyo, ahora si nos disculpan, tenemos que irnos… ¡de verdad Robi, que la gente no tiene ni idea! –yo no supe que decir, pero le di la razón. Nos dirigíamos al centro de la ciudad, Dina había quedado con sus amigas, deseaba que yo las conociera, así todos juntos, salir a pasear. Ya estábamos llegando, al bar el Dragon, donde ellas habían quedado –mira Robi, ya han llegado, acelero un poco ¿vale? –yo no vi problema, me gustaba cuando le daba algo de carrera a las ruedas.

- ¡Ei Dina, aquí estamos Dina! –gritaban ellas. Me fijé bien eran tres chicas: dos de ellas delgadas, la otra con algo más de carne en su cuerpo, pero tampoco obesa. Una de ellas, alta, las otras dos, de estatura media. Una era rubia con gafas, la otra, tenía el pelo liso y negro, lo llevaba recogido con dos trenzas, ojos claro, y pecas alrededor de la nariz. La que tenía un poco más de carne en su cuerpo, tenía el pelo corto y castaño, su piel era de lo más clara, ojos marrones.

- Hola chicas me alegro de veros.

- ¿Cómo fue por Alemania? –preguntó la más alta.

- Bien, la verdad es que todo muy bien –respondió Dina con una sonrisa. Me guiño un ojo con complicidad.

- ¿Y este chico quién es? –preguntó la rubia con gafas.

- No es Robi, ¿el chico que empezasteis a salir en la fiesta? –preguntó la más baja y rellenita.

- Así es, él mismo es –su voz se escuchaba feliz.

- ¿Aun seguís saliendo? –preguntó la más alta.

- Por supuesto, lo retomemos, después de hablar, al volver de Alemania ¿pasa algo chicas? –ambos notemos miradas incomodas entre ellas.

- ¿Podemos hablar en privado? –preguntó la rubia.

- Claro, enseguida vengo –me indico con una sonrisa en sus labios, su mano en mi hombro.

- ¿Cómo que estás saliendo con él? –no se habían alejado mucho, aun y así ignoraba lo que hablaban

- ¿Cómo que cómo? Sabéis que me gusta, que le quiero con toda mi alma, por eso estoy con él.

- Pero, ¿por qué? Mírale –observé como todas me miraban por unos momentos –está invalido, ya todo ha cambiado, tendrás que hacerte cargo de él, tendrás que estar pendiente como un bebe, tía tienes 16 años, no es plan, que lo pases así.

- Primera, él es tan valido, como cualquiera de nosotros, asi que como vuelva a escuchar que le llamáis inválido, se la carga, sabéis que hablo muy enserio. Segunda ¿acaso vosotras sabéis lo que puede o no hacer Robi? ¡No! Cerrar la boca, y abrirla solo si estáis seguras de lo que habláis y tercera, me habéis decepcionado mucho, os creía mis amigas, pero ahora me doy cuenta ¡que no sois nadie! Mejor hacer como que no me conozcáis vosotras a la vuestra y yo a la mía ¡adiós! –yo ignoraba todas aquellas palabras, hasta que momentos más tarde Dina me las contó. Por un lado, me sentía decepcionado, triste, rabioso, me sentía culpable, por mi culpa Dina estaba perdiendo todas sus amistades, pero por otro… no podía evitar sentirme feliz, por cómo me defendía la misma, eso significaba, que realmente le importaba, realmente me amaba, y no le molestaba, discutirse con todo el mundo, por defenderme. Mi corazón se lleno de alegría al comprobar, que no me había equivocado en confiar en ella, en darle otra oportunidad.

Caminábamos sin rumbo, Dina permanecía callada, pensativa, yo tampoco sabía que decir, imaginaba como se debía estar sintiendo, uno lo pasa mal, cuando se pelea con sus amigos. Muchas veces me peleé yo con los míos, y después no tenía otra cosa en mente, deseaba hacer las paces con ellos, y hasta que no daba el peso, no desaparecía ese sufrimiento dentro de mí. Pero esa vez, desde el accidente, ellos no habían vuelto a mi lado, ni siquiera una llamada, un correo, nada, en cambió yo no me sentía dolido, frustrado, ni deseando telefonearles para hacer las paces, no, quizás fue por el echó que al fin abrí los ojos, fui consciente, que de amistad, realmente nunca había habido.

Pasemos delante de un termómetro situado en la sombra 35º grados marcaba ¡madre mía que calor! Con razón sentía, la frente chorreando en sudor, y la garganta seca. Pasemos delante de una heladería, la cola era larga, pero aun y así deseaba un helado.

- ¿Te apetece un helado? –me preguntó. ¡me había leído el pensamiento! Estábamos a la espera de nuestro turno.

- ¡Oye a tu amigo se le ha caído algo! –grito alguien. Era un papel, nada importante.

- No es mi amigo, es mi novio –no pude evitar sorprenderme, todas las miradas eran para nosotros, todos los comentarios eran igual, para nosotros ¡nadie se podía creer que éramos pareja! Es bastante frustrante la verdad, no pensé que nada podría estropear ese bello día, pero las amigas de Dina, en la heladería… sí, esas miradas y comentarios, fueron la gota, que faltaba para romper el vaso. Dina les miró con furia, de tanto andaba dirección al parque, yo con ambos helados en mano.

- Dina, lo siento….

- ¿Qué lo sientes? ¿el qué? –nos encontrábamos en el parque, delante del lago de patos, ellos nos saludaban con la cabeza. No éramos los únicos varias parejas, jóvenes allí se encontraban igual que nosotros, románticamente.

- Por todo Dina… quizás lo mejor sería, dejarlo… estas perdiendo a todas tus amistades… eres el centro de atención por mi culpa… no quiero… por eso… he pensado… -me estaba siendo de lo más complicado ese discurso, realmente no quería que aquello acabara, pero no podía dejar que la siguieran acosando por mi culpa.

- No Robi no lo digas, no sigas… -me interrumpió ella decidida –callaré tantas bocas como hagan falta, gritare lo que sea necesario, para que sean consciente, que no hay nada de malo en nuestra relación, lucharé para que acepten y respeten que mi novio, es como cualquier otro, no me importa, perder todas las amigas, no me importa pelearme con todo el mundo, yo solo quiero estar a tu lado –no pude evitar emocionarme, no pude menos, que darle un fuerte abrazo. Nos miremos fijamente a los ojos, en los suyos, vi ternura, emoción y amar. Sentía su aliento mentolado, su perfume de rosas, cada vez más cerca… muy despacio, nuestros labios se fueron acercando, hasta formar un profundo beso en ellos. Éramos la atención de todas las miradas, pero no nos importaba ¡queríamos demostrar el amor sincero que había entre nosotros!

Autora: Vanesa Ruiz García

Escrito para Revista Discover

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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