San Jorge y la rosa

San Jorge y la rosa

Un año más el día del libro y la rosa ha hecho acto de presencia, como cambian las cosas, hace siete años atrás, me entristecía este día, lo odiaba, ¿odiar? ¿De verdad? ¿Tan así? Sí, lo odiaba, por la necesidad, desesperación de desearlo, desear recibir esa rosa, obviamente esa flor, no es más que un símbolo, un símbolo que ansiaba, deseaba.

 

“¿Quién me iba amar a mí?” me preguntaba constantemente, los que me rodeaban, lo mismo se cuestionaban “¿Quién iba a mirar más allá de la discapacidad, ver la mujer, que soy en realidad? ¿Quién?”

 

Deseaba el amor más que a nada, sentirme amada, por ello, confiaba en cada gesto, cada mirada, cada palabra bonita, que en ocasiones no eran nada, en muchas de ellas no eran nada, simple educación, simpatía, pero mi cerebro lo procesaba de una manera especial “¿y si está ligando conmigo?” “¿y si al fin llegó la oportunidad?” no podía evitar ilusionarme de algo que jamás ocurrió solo era una ilusión de mi cerebro desesperado por el amor.

 

Hoy 23 de abril, seis años han pasado de esa necesidad, de esas ideas, seis años que encontré el amor, cuando ya dejé de confiar, cuando ya no me quedaba esperanza, seis años, que donde más me lastimaron, allí le encontré. Empecemos como una amistad, pero a pesar del océano que nos separaba, no tardemos en tener el encuentro… No tardó en cruzar un océano por mí. Sí, me dio miradas, sonrisas, me piropeaba, me dijo que le gustaba… eso muchos lo han hecho, pero… ¿cruzar un océano? ¿Dejar una vida de triunfos, para dar paso a estar a lo más bajo? ¡Ninguno!

Nunca he tenido la oportunidad de conocer, de vivir, mi niñez, paso, dando paso a mi adultez. Obviamente pasar ese primer Sant Jorge con él, fue lo siempre deseado y ansiado… ¡Yo también quería mi rosa! ¡Y la tuve!

 

Hoy seis años después, no la necesito, sí, claro es muy bonito recibirla, pero ya, no es la necesidad de ayer, tengo junto a mí, al amor de mi vida, estamos a punto de cumplir aniversario, hemos pasado tantas cosas, muchas negativas, sobretodo este último año, pero superan las positivas, hemos superado cada bache, por dificultoso que se encontrara, las vivencias juntos ya son innumerables.

 

Al día de hoy soy consciente, que ayer, no era amor lo que sentía por esas palabras, miradas, gestos bonitos, no, solo era una gran baja autoestima de mi misma, ya el mínimo gesto, me hacía ver lo que no era. Como a mí en su día, muchas personas con o sin discapacidad, les pasa igual, están tan faltos de una necesidad que el mínimo gesto te hace creer que es amor, cuando está muy lejos de la realidad, después culpamos a estos por hacernos ilusiones, pero ell@s son inocentes, es nuestra baja autoestima, que nos hace ver lo que no es.

 

El día que no necesitéis una rosa o un libro por Sant Jorge, vuestra autoestima estará al cien por cien.

 

 

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Escritora y fan de las redes sociales gusta de escribir y buscar artículos que vale la pena conocer y compartir. Su gran discapacidad no ha sido impedimento para explorar las facetas de la vida.

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