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Algunas ideas para enseñar a tu hijo a pensar (primera parte)

De http://familias.com/

Casi siempre que veo un niño pequeño, trato de ver en él, al adulto que será. Parecería como si ya, desde el mismísimo momento en que nacemos, tuviéramos cualidades que desarrollamos en la presencia de Dios antes de nacer: no recordamos lo que se nos dijo, enseñó o las promesas que hicimos allí, pero sí recordamos lo que somos, y desde niños lo mostramos en nuestra naturaleza particular. De allí que la labor de un padre no sea tanto el hacer que nuestros hijos sean como nosotros, o hacer que sean lo que creemos que es lo mejor, sino hacer que ellos sean lo mejor que pueden ser, dentro de su propia naturaleza. No cambiamos su ser interno, solo lo orientamos lo mejor que podemos. Y para lograrlo, pocas cosas mejores que enseñarles a pensar, a razonar, o a cuestionar. ¿Pero cómo ayudarle no a ser un genio, pero sí a que aflore todo lo mejor que hay en su propia capacidad? Aquí te comparto algunas de las estrategias que seguí con mis hijos cuando eran niños, y que al menos a mí me funcionaron muy bien: Genera un ambiente adecuado. Uno de los grandes pensadores del desarrollo del niño es Piaget. Desde su perspectiva, el niño pasa por diferentes etapas de acuerdo con su edad. Piaget siempre será un punto de referencia en el desarrollo del niño, pero su teoría ha sido superada en muchos sentidos. Por ejemplo, el ruso Lev Vigotsky centra su teoría en el aprendizaje sociocultural de cada individuo y, por lo tanto, en el medio en el cual se desarrolla. Es decir, para él lo más importante en el aprendizaje no es la edad del niño, o incluso su carga genética: si Mozart hubiera nacido en la selva lacandona, de padres indígenas, no habría compuesto la música que compuso. Es decir, para este autor lo más importante en la educación y el desarrollo de un niño es el contexto donde éste se desarrolla. De esa manera, la interacción social se convierte en el motor del desarrollo. Si quieres enseñar a tu niño a pensar, debes crear un ambiente en el hogar que le motive a pensar, lo cual es una amalgama de la influencia de los padres, los amigos, el ambiente que se respira en el hogar, es decir, la música que se escucha, la cantidad y calidad de libros que hay, el papel que juega la televisión en el hogar. Sobre algunos de estos puntos volveremos más adelante. Busca enseñarle la verdad. Enseñar a pensar implica enseñar la verdad de las cosas. Podemos enseñar que las manos son puños que sirven para golpear, que la boca sirve para ofender, que todo se puede obtener con mañas y sin esfuerzo, o podemos enseñar lo contrario: podemos enseñar que cada cosa en la casa y cada parte de nuestro cuerpo tiene un propósito y una función, y que la misma puede ser noble. Pienso, por ejemplo, en las palabras de Jorge Luis Borges, que pudo ver en lo que consideramos más material, el dinero, algo absolutamente inmaterial. Leemos en El aleph: “Nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla de Pharos. Es tiempo imprevisible, tiempo de Bergson, no duro tiempo del Islam o de Pórtico”. Enseñar conceptos verdaderos a nuestros hijos les da un marco de referencia desde donde ellos podrán decidir con claridad qué es bueno o malo, correcto o incorrecto, apropiado o inapropiado. Por supuesto, nadie es infalible, y habrá cosas en las que, como padres, estaremos equivocados, pero no por ello debemos dejar de enseñar de manera consciente y persistente, lo que consideramos que son principios correctos. Incrementa su lenguaje. Uno de los grandes escritores de la primera mitad del S. XX, George Orwell, en su novela 1984, habla de lo que, según él, veríamos en el futuro: La “neolengua”, y que es algo que vivimos de manera cotidiana: en la novela, quienes gobiernan buscan quitar palabras al idioma año con año, para así dominar el pensamiento de los ciudadanos. La idea es increíblemente acertada, porque al quitar palabras, se eliminan conceptos, y eso hace inviable el desarrollar ciertas formas de pensamiento. Al punto que quiero llegar es que las palabras son las herramientas del pensamiento. Mientras más rico es el léxico de una persona, mejor puede pensar, mejor puede asir, entender, interpretar e interactuar con su realidad. Y, hasta donde yo entiendo, la única manera eficaz de incrementar el lenguaje, es leyendo. Entrena su cerebro. El cerebro es un músculo. Y, como tal, si lo ejercitamos, se hace cada vez más fuerte. Si quieres enseñar a tu hijo a pensar, desde muy pequeño haz que utilice su cerebro tanto como sea posible. Razonando, observando, memorizando, decidiendo… haz que aprenda poesía de memoria, por ejemplo. O, cuando sea su cumpleaños o en Navidad, busca regalarle juegos educativos; escúchale y habla con él, y haz que él se comunique con tantas personas como sea posible. La comunicación ayuda. Piensa en que, por lo contrario, generalmente la tecnología aísla: No, ni los mejores programas de la televisión o los mejores sitios de Internet van a enseñar a tu hijo a pensar mejor que lo hace el trabajar a tu lado, haciendo lo que tú sabes hacer, o jugando ajedrez, memorama, damas chinas, o armando un rompecabezas. Busca escuchar música siempre. En todo momento, buena música. La música tiene un efecto poderosísimo en la capacidad de pensar: afecta al cerebro para bien o para mal dependiendo del ritmo, el volumen, y la armonía. Se han hecho diferentes (y controvertidos, por cierto) estudios y, aunque los resultados no son definitivos, se afirma que la música de Mozart ayuda a desarrollar la inteligencia espacial (dos horas de algunas de las obras de Mozart te hacen más inteligente por cinco minutos), mientras que dos horas de hip-hop, raeggetón, o heavy metal a alto volumen, reduce tu capacidad para pensar con claridad por hasta 48 horas. Así que, si amas a tu hijo, deja de lado la música pesada y escucha música de calidad (¡Venga!: ¡No es aburrida: sólo hay que tomarle el gusto! ¡Es por el bien de tus polluelos!) Preguntas abiertas. Quien estudia la historia con atención, descubre que los grandes maestros (Jesús, Sócrates, Buda) enseñaban por medio de preguntas. Uno de los nombres que recibe ese método es “mayéutica”, que implica el hacer preguntas para que la persona razone, y genere conocimiento desde su interior. Es muy bueno que enseñes a tus hijos habilidades para pensar dentro del contexto de la vida cotidiana, usando preguntas abiertas (es decir, preguntas que no puedan responderse solo con sí o no), o planteando situaciones. Aparte de todo, es una excelente manera de enseñar. Por ejemplo, en estos tiempos tan complicados, si le das a tu niño una serie de instrucciones acerca de qué hacer en caso de que sea secuestrado, y eres insistente en ello para que no se le olvide, muy probablemente le vas a generar mucho miedo. En cambio, si le dices, un día mientras van viajando en el auto, o a mitad de la cena, o en los comerciales de la tele: “Oye, y si te raptaran, ¿qué harías?” La pregunta puede ser si alguien te hace bullying en la escuela, o si abuelito no logra sanar, es decir, temas que uno no fácil toca con los niños, pero que puede ser muy buena idea entrar a ellos como si sólo jugáramos, como si se tratara de sólo una posibilidad, y luego, si quieres, agrega... ¿Y por qué harías eso?” Eso va a generar una discusión bastante productiva. En todo caso, nunca hagas preguntas que se respondan con un sí o un no, sino aquellas que indagan el cómo, el qué, o el por qué. - See more at: http://familias.com/algunas-ideas-para-ensenar-a-tu-hijo-a-pensar-i#sthash.CDyJXnWY.dpuf

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