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Biología especulativa: Pasado y futuro. Entre ciencia y ficción

Uno de los tópicos más fascinantes de la ciencia es la capacidad de especulación ya que apela a la capacidad humana de imaginación de lo posible. En realidad, resulta irresistible la pregunta ¿Qué hubiera pasado sí…? O ¿Qué pasaría sí…? En este artículo nos concentraremos en la biología evolucionista, es decir en las especulaciones del futuro de la vida en la tierra.

 

El valor de la especulación en la ciencia

 

Para la Revista Discover online.

La especulación es más bien una consecuencia de la ciencia dada la pretensión de predictibilidad de los fenómenos que se estudian. Ha sido una característica de la ciencia desde el siglo XVII, y en particular de la física, poder realizar predicciones futuras acerca de sus objetos de estudio, cuestión que fue reforzada con el descubrimiento del cálculo infinitesimal.

 

No obstante, cuando los fenómenos se hacen multifactoriales los sistemas de ecuaciones lineales se ven rebasados por lo que la deducción entra en escena. Más bien no debería desecharse la especulación como un mero ejercicio de imaginación, sino que su valor radica en proponer futuros plausibles que invitan a la reflexión o a la advertencia. De hecho, la preocupación por el futuro es una de las finalidades que hermanan tanto al historiador, sociólogo, físico y biólogo desde sus respectivas ciencias al saciar la curiosidad humana ¿Qué pasará en el futuro? Una vez dicho esto procedamos a revisar algunos autores acerca de la evolución de los seres vivos que aún no existen.

 

Los futuros posibles

 

En realidad, las primeras especulaciones biológicas las encontramos en las descripciones en la Antigüedad romana, como Plinio el viejo quien describía con lujo de detalle zoologías fantásticas de lugares que no constaba o informes vagos. No obstante, con las teorías de la evolución como la darwiniana o del equilibrio puntuado es posible una prospectiva más precisa. 

Para la Revista Discover online

 

Dougal Dixon

En el siglo XX, en la década de 1980 el autor Dougal Dixon presenta un intento serio por imaginar un futuro plausible con finalidades divulgativas de los procesos evolutivos en su libro Después del hombre: una zoología del futuro.[1] Aquí realiza una prospectiva a 50 millones de años hacia el futuro. La humanidad ya extinta ha dejado la suficiente cantidad de biomasa para que la vida continúe. Los mamíferos pasan por una segunda edad de oro. Los simios toman el lugar de los grandes felinos cazadores convirtiendo sus cuerpos a formas aerodinámicas o adaptadas a la lucha. Los antílopes encuentran un nuevo nicho dejado por los paquidermos convirtiéndose en titanes. El autor considera que en los mares aún existe el suficiente plancton como para alimentar a un descendiente de los pingüinos a ocupar el nicho y el tamaño de las ballenas ya desaparecidas. En las Islas de Batavia (de acuerdo a la geografía de este mundo) las especies dominantes son descendientes de murciélagos de un tamaño tal que ya no requieren volar perdiendo los ojos adaptados a cazar solo con la ecolocalización. Algunos de ellos mimetizan a las flores para atrapar insectos, otros de un tamaño descomunal son cazadores nocturnos bípedos.

 

De un tono más ficticio el autor Dixon nos presenta su obra: El hombre después del hombre, una antropología del futuro. El escrito posee en realidad un argumento donde la explotación, pero sobre todo la ingeniería genética tiene un papel central. A partir de este momento dos siglos hacia el futuro la manipulación de los genes ha permitido la creación de un subhumano acuático a semejanza de las marsopas para ocupar los nichos de las especies extintas. De este éxito emerge un auténtico bestiario de subhumanidades tanto para la exploración espacial para diversas tareas.

 

Las creaciones de la humanidad se vuelven contra sus creadores. La humanidad escapa hacia el espacio fusionando sus cuerpos a las maquinas. Y así pasan cinco millones de años en los que una Tierra se ve poblada de subhumanos que evolucionan sus cuerpos a los ambientes naturales emergiendo humanos dientes de sable, simbiontes, parasitarios o incluso rumiantes.

Para la Revista Discover online

 

Pasados cinco millones de años hacia el futuro, una humanidad tecnificada junto a una raza alienígena decide regresar a la Tierra para reclamarla y volverla a someter a una explotación. Para ello se valen de la ingeniería genética una vez más, creando especies humanas titánicas, multiformes y productoras de alimentos. Resulta evidente que el autor apenas considera tecnologías no biológicas para complementar el desarrollo humano. Una vez más la tierra sobreexplotada es abandonada definitivamente. Al final los herederos definitivos son los acuamorfos que desde las zonas abisales comienzan a repoblar la superficie.

 

Peter Ward: Future evolution

 

Desde una perspectiva diferente menos ficticia Peter Ward lanza su sonda hacia el futuro hasta 10 millones de años. A diferencia de Dougal Dixon, Ward toma en consideración no una desaparición de la humanidad sin consecuencias, todo lo contrario. El autor hace una prospectiva del desarrollo humano actual, la ingeniería genética en la producción, la agricultura, polución de los mares y los efectos de los gases de invernadero que traen como consecuencia una perturbación en los ecosistemas eliminando a diversidad de especies. En palabras del autor: “Los factores descritos anterior pueden ser usados para recoger el potencial evolucionario de ‘los ganadores’ del futuro: organismos adaptados a las ciudades o campos agrícolas y capaces de vivir en aire o agua contaminada. Mucha de la evolución futura puede ser invisible, tomando su lugar entre los animales existentes a través de cambios en su comportamiento y fisiología ¿Puede ser imaginada alguna visión de nuestro mundo, incluso de un milenio desde ahora?”.[1]

El cambio climático acelera una extinción en masa semejante a la del Pérmico - Triásico de la que la humanidad no sobrevive.

 

A partir de aquí el autor especula que los animales que iniciarán la recuperación de la tierra, serán tanto los animales domesticados, las faunas nocivas y aquellos que han podido adaptarse a las ciudades; dando un tiempo estimado para una sanación de la Tierra a sus ecosistemas a su normalidad en unos 10 millones de años. A partir de aquí surge la pregunta sobre la nueva especie dominante ¿Cuál será? Al parecer la especie dominante emergerá de una especie de hongos que el autor llama Zepelinoides dado que evoluciona de los sapos que se adaptan a viajar por el aíre en bolsas que recuerdan a los zepelines. Estos comienzan a poblar todos los nichos ecológicos[3]:

 

“Después de la extinción de la mayoría de los mamíferos (y la humanidad), los zepelinoides evolucionan (digamos de algunas especies de sapos, cuyo gran esófago puede hincharse hacia fuera y convertirse en una gran bolsa de gas). El gran avance se produce cuando el sapo desarrolla un mecanismo biológico que induce la electrólisis del hidrógeno a partir del agua. Poco a poco, el sapo desarrolla una forma de almacenar este gas ligero en su garganta, produciendo una bolsa de gas. Tarde o temprano, los pequeños sapos flotan en el cielo para saltos cortos (pero saltos más largos de los que acostumbraban sus antepasados). Más refinamiento y un conjunto de alas dan un mínimo de direccionalidad. Las piernas se convierten en tentáculos, descendiendo de las criaturas completamente adaptadas al vuelo, que ya no se pueden llamar sapos” (Ward, 2018).

 

A Billion Year Chronicle of the Myriad Species and Varying Fortunes of Man

 

Así mismo, tanto cuervos, cerdos y en particular las serpientes se convierten en las especies principales de una tierra futurista que se encuentra en proceso de recuperación.

Seguramente con un tono más artístico que científico la obra All tomorrows o Todos los mañanas de Nemo Ramjet. Siguiendo los pasos de Olaf Stlapeldon[4] presenta una especulación hasta mil millones de años en el futuro. De una manera más novelada describe. La guerra con una raza extraterrestre, los Qu condena a la humanidad a adquirir nuevos cuerpos degradados a modo de castigo por su resistencia. En diferentes planetas la humanidad fragmentada genéticamente en creaturas semejantes a gusanos; cuerpos aplanados por la supergravedad; o creando cuerpos altos y delgados; formas de diva parasitaria; una forma mastodóntica a cuatro patas, etc. Es a partir de esta diversidad extraterrestre que inician su camino a la inteligencia nuevamente.

 

Como hemos podido ver a lo largo de este pequeño viaje, la especulación, ya sea más o menos plausible; más o menos científica, permite ejercitar la capacidad científica de extender sus sistemas explicativos y sobre todo la imaginación humana.

 Puedes descargar este artículo para la revista Discover aquí:

 

Bibliografía

 

Dixon, Dougal, After man: A zoology of the future, New York, St Martin Press, 1982.

------, Después del hombre: una zoología del futuro, Blume, 1982

------, Man after man: an antropology of the future, New York, St. Martin Press, 1990.

Ward, Peter. Future evolution. Consultado en: http://www.sivatherium.narod.ru/library/Ward/00_en.htm#fore [febrero 2018]

Nemo, Ramjet, (2011). “All tomorrows. A Billion Year Chronicle of the Myriad Species and Varying Fortunes of Man”, Sivateherium, en: http://www.sivatherium.narod.ru/library/Ramjet/01_en.htm, [consulta: febrero 2018].

 

[1] Dixon, Dougal, Después del hombre: una zoología del futuro, Blume, 1982.

[2] “The factors described above can be used to pick the potential evolutionary ‘winners’ of the future: organisms adapted to cities or agricultural fields and capable of living in polluted water or air. Much future evolution may be invisible, taking place among already existing animals through changes in behavior and physiology. Can some vision of our world, even a millennium from now, be imagined?”. (Ward, 2018).

[3] After the extinction of most mammals (and humanity), Zeppelinoids evolve (let's say from some species of toad, whose large gullet can swell outward and become a large gasbag). The great breakthrough comes when the toad evolves a biological- mechanism inducing electrolysis of hydrogen from water. Gradually the toad evolves a way to store this light gas in its gullet, thus producing a gasbag. Sooner or later small toads are floating off into the sky for short hops (but longer hops than their ancestors were used to). More refinement and a set of wings give a modicum of directionality. Legs become tentacles, trailing down from the now thoroughly flight-adapted creatures, which can no longer be called toads

[4] Autor inglés de ciencia ficción de un tipo más histórico, biológico y filosófico que tecnológico quien escribió “La primera y la última humanidad” y “El hacedor de estrellas”,  mostrando auténticas zoologías e historiografías de futuro.

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Licenciado en Ciencias políticas e involucrado en el mundo de las actividades académicas y sociales. Actualmente realizando investigaciones y organización para distintos frentes sociales y proyectos para el desarrollo económico.

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