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¿Cómo sería la vida en un planeta gaseoso como Júpiter?

La vida como un proceso complejo implica ciertamente el nacimiento, crecimiento, metabolismo, reproducción y muerte; no obstante, los seres vivos representan a sistemas complejos (cuyos elementos cambian en el tiempo), adaptativos y estables. Es decir, la vida puede adquirir características muy diferentes a las conocidas en la Tierra, en lugares que pudieran parecer insospechados. Sería un sesgo considerar que la vida sólo se origina en planetas rocosos hasta comprobarse lo contrario. Así pues podemos realizar la pregunta ¿En un planeta gaseoso como Júpiter puede existir vida?

 

Los planetas gigantes y gaseosos como es bien sabido no poseen superficie sólida, sino que la atmosfera bajo su propio peso comienza a comprimirse hasta generar un océano inmenso y continua la compresión hasta la aparición de un núcleo metálico. Para el caso de Júpiter se tendría un océano de hidrógeno líquido que se irá comprimiendo hasta aumentar su temperatura en un núcleo de hidrogeno sólido a temperatura incandescente de 17 millones de grados centígrados. No menos importante resulta que los planetas gaseosos en lo general son de un clima tormentoso en extremo, las diferencias de temperaturas entre la atmosfera superior y la baja producen vientos que pueden superar los 1000 km/h. Al no existir superficie rocosa, las tormentas y huracanes (como la Gran Mancha Roja) simplemente continúan indefinidamente.

 

 

Parecieran condiciones muy adversas para la vida, no obstante se teoriza que existe una franja de temperatura estable donde si existen elementos orgánicos (metano, hidrocarburos en general) pueden formarse aminoácidos y formas de vida. Carl Sagan y Arthur C. Clarke teorizaron acerca de un ecosistema bajo este ambiente. La base de la cadena alimenticia serían microorganismos capaces de metabolizar los elementos orgánicos de la atmosfera. Estas formas de vida se dejarían llevar por las corrientes ventosas, sí traspasan un límite superior se congelarían o si se sumergen hasta el océano de hidrogeno se calcinarían. Alimentándose de estos microorganismos existirían los “flotadores”, seres vivos semejantes a globos o medusas de un teorizado tamaño del orden de kilómetros. Los flotadores al alimentarse de microorganismos metabolizan los nutrientes generando metano dentro de sus cuerpos para poder permanecer a flote en la franja atmosférica equivalente a su biosfera. A semejanza de las medusas terrestres, seres de esta naturaleza debieran desplazarse en grandes grupos. Una especie depredadora de este ecosistema sería un “buceador”, organismo semejante a las mantarayas cuya fuente de alimentación serían los flotadores. Al ser un ambiente de una alta presión atmosférica su movilidad sería muy semejante a la de los tiburones o matarayas, necesariamente atacando en grupos. Por supuesto, su tamaño sería mucho menor a los flotadores y también su cantidad.

 

Ahora bien, surge una pregunta ¿En un ecosistema atmosférico podría originarse la inteligencia? Isaac Asimov en su estudio de la vida extraterrestre exploró la posibilidad. En opinión de éste autor, la posibilidad existiría, desarrollando un tipo de inteligencia y nivel más semejante a los delfines. Al no existir superficies sólidas, los organismos inteligentes deberían tener formas aerodinámicas. Para Asimov, en esta clase de planetas, la inteligencia no podría aventurarse más allá de la filosofía de tipo especulativa.

 

 

Si bien al observarse las propuestas anteriores puede notarse que los hipotéticos ecosistemas se concentran en seres vivos heterótrofos (que se alimentan de otros organismos) sin considerar a organismos autótrofos (que producen sus nutrientes) como las plantas. Organismos de este ecosistema perfectamente podrían desarrollar cloroplastos o vacuolas en sus células, permitiéndoles metabolizar utilizando energía de su Sol, o del planeta mismo. Las plantas (por llamarles de esta manera) serían tanto microorganismos como evoluciones a formas más complejas como la Noria del desierto (planta que es llevada por el viento). La adaptación de los seres vivos autótrofos permitiría la existencia de redes intrincadas de organismos autótrofos a semejanza del Mar de los Sargazos, donde las algas han desarrollado bolsas de hidrogeno que les permiten mantener la estabilidad estructural, algo que podría ocurrir en un ecosistema atmosférico donde podrían formarse gigantescas zonas semejantes a sargazos. Para su reproducción podrían liberar semillas o frutos semejantes a los dientes de león arrastrados por el viento. Así podrían emerger seres que prosperaran entre estos campos. La existencia de organismos autótrofos y heterótrofos permitiría una mayor variedad de organismos en evolución.

 

Si consideramos una mayor variedad de organismos, la inteligencia podría alcanzar una mayor En nuestra opinión el mayor campo de posible desarrollo tecnológico se encontraría en la eugenesia (cría selectiva) de los seres vivos que se encontraran en tales ambientes, tanto autótrofos, como heterótrofos, creando refugio, sustento y obtención de herramientas a partir de ellos. Es posible que llegarán a la producción preindustrial, pero la falta de elementos dificultaría llegar a la producción masiva. Lo cierto es que su bagaje de conocimientos sería más reducido que el nuestro ya que no existiría la paleontología (no podrían comprobar la teoría de la evolución), la astronomía sería más limitada (su atmosfera tormentosa evitaría observaciones lejanas) y la física de existir sería más encaminada a la dinámica de fluidos.

 

Finalmente, lo cierto es que la vida e inteligencia puede encontrarse en múltiples formas muy diferentes a las conocidas en la Tierra.

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Licenciado en Ciencias políticas e involucrado en el mundo de las actividades académicas y sociales. Actualmente realizando investigaciones y organización para distintos frentes sociales y proyectos para el desarrollo económico.

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