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Discapacidad, mujeres y amor

Desde la biblioteca electrónica  del Instituto para la Vida Independiente presentamos esta traducción para Disgoo, sobre la experiencia de una chica de Japón sobre estar enamorada y ser una mujer con discapacidad:

Junko Asaka habla con franqueza acerca de sus propias experiencias de estar enamorada y ser una mujer con una discapacidad, que revela cómo llegó a un acuerdo acerca de sus propias percepciones sobre sí misma. 

Es lo más natural del mundo que un ser humano llegue a amar a otro. Nace del instinto humano más básico de todos - la preservación de la especie. Sin embargo, para mí, por estar discapacitada físicamente, el  hecho de amar a alguien siempre estaba lleno de gran temor y dolor. No podía negar mis emociones naturales, porque como cualquier chica, me he enamorado de muchos chicos desde que era joven. Me tomó mucho tiempo aprender a expresar mis propios sentimientos y vivir naturalmente, sin miedo y tener confianza en mí misma siendo amada. Ahora, que llevo  enamorada de mi novio durante casi tres años me doy cuenta que si no te amas a ti mismo no puedes amar a nadie más.

Cuando pienso en mi pasado, me doy cuenta de que fui tratada de una forma negativa desde el mismo momento en que nací:

"¡Qué lástima!", "¿Cómo podrá ser feliz con ese cuerpo?", "Nunca debería haber nacido.".

Cuando crecí llegué a perder por completo la confianza en mi misma y llegué a ser incapaz de amar a los demás. Cuando cumplí veinte años me involucré con un grupo de personas con discapacidad que estaban tratando de llevar una vida independiente. Los diez años que siguieron luchamos para tratar los problemas sexuales profundos que había acumulado a través de los años por el desconocimiento de mi misma como un ser sexual desde mi infancia. Casi todas las personas con discapacidad se enfrentan a este problema. Muchos de nosotros desarrollamos marcas en nuestra personalidad [heridas, cicatrices en nuestra personalidad. N del T] porque no haber sido reconocidos como hombres o una mujeres de verdad. Es por esto que llegamos a construir grandes [¿desmedidas?] ilusiones en nuestras mentes sobre el matrimonio y los roles masculinos y femeninos.

Mi discapacidad

Nací con un mal funcionamiento óseo que caracterizado por retraso del crecimiento y la fragilidad de mis huesos. Es una enfermedad muy rara y hasta ahora, ni cura ni tratamiento ha sido descubierto. He tenido más de una veintena de fracturas óseas y subsecuentes cirugías.  Pasé una quinta parte de mi vida en cama vistiendo un molde de yeso hasta el pecho que fue el correspondiente al período de la escuela primaria. Me resulta difícil describir la dureza, tanto en palabras y acciones, de los médicos que me trataron durante todo ese tiempo. Esas experiencias terribles fueron dejando su huella en mí. 
Ahora estoy involucrada en "co-orientación", una forma de consejería persona a persona,  una terapia que intenta borrar las emociones bloqueadas reviviendo las situaciones de estrés e intentar de esta forma liberar la energía bloqueada. Soy una firme creyente de este método y muy activa en su difusión a través de Japón. Después de ese período de sesiones, los problemas se enfocan de una manera más clara. Al revivir experiencias pasadas en estas sesiones, quedo asombrada por la cantidad de sufrimiento que viví cuando era joven. Nunca me sentí cómoda con mi cuerpo. Por el contrario, siempre me fue causa de dolor y sufrimiento y por eso me compadecía, negaba y despreciada la mayor parte del tiempo. Nunca he recibido elogios. A pesar de todos los complejos a los que tenía que hacer frente, al llegar a la pubertad y entrar en la adolescencia descubrí mi propio potencial para mantener relaciones sexuales. Y mantenía esas relaciones sexuales no tanto porque me encantara, sino por mi  necesidad de ser aceptada. Durante este tiempo nunca sentí ninguna satisfacción en el amor, pero acepté que este era el único camino abierto para mí. 

Relación con mi primer novio

La relación con mi primer novio (si se puede llamar así) surgió en un terreno inestable, ninguno de nosotros se atrevía a comunicarse verbalmente con el otro. No era tan importante para mí, el hecho de atraerlo Intelectualmente [la trad. literal sería "atraerlo mentalmente" N del T], pero siempre sentía una gran ansiedad si aún con mi pequeño cuerpo deforme podía ser físicamente atractiva para él. Era muy importante para mí sentirme aceptada por él. Por tanto, pasábamos mucho tiempo juntos explorando el erotismo. Era una relación hombre-mujer típica: la mujer como objeto sexual y el hombre juzgándola por su apariencia.El tiempo que pasé con este novio refleja tales hábitos y era muy doloroso para mí.
Tenía miedo de pedirle utilizar un método anticonceptivo y decirle que no sentía ninguna satisfacción en nuestras relaciones.  La necesidad de mi cuerpo para ser aceptado era tan intenso, que distorsionaba este acto joven e impulsivo imaginando que era el amor. Hace poco leí un reportaje sobre la prostitución. Se detalla el número de niñas que ejercen la prostitución y que no tienen necesidad económica de hacerlo, pero que habían sido abusado sexualmente cuando eran niñas. Creo que hay mucho de verdad en esto. Pero la dura experiencia allana el camino de una mujer para terminar permitiendo ser tratada como un objeto sexual sin alma. Cuando reflexiono sobre mi primera relación me entristece cómo fui tratada como un mero objeto y que no podía imponerme como la mujer que soy. Fuera de todos mis recuerdos dolorosos, hay una historia de abuso por parte de personal médico que me gustaría compartir ahora. 

A puerta cerrada

Antes de comenzar la escuela primaria, que tenía que hacerme un examen de rayos X. Un radiólogo le pidió a mi madre que me esperase fuera de la habitación. Eso era inusual. Luego me dijo que me acostara en la fría plancha de la máquina de rayos X.  Él tomó mi ropa interior con tal autoridad que no me atreví a protestar. Era inusual y tuve mucho miedo y ansiedad. Entonces él abusó de mí sexualmente usando un palo de metal mientras silbaba y miraba como si estuviera disfrutando. Yo no podía gritar, ni decirle a mi madre después de esta terrible violencia. Este asunto me dejó profundamente traumada.
Este es un gran peligro al que nosotras, las mujeres con con discapacidad tenemos que hacer frente. Por un lado se nos niega e insulta por el hecho de ser mujeres, pero, por otro lado, podemos ser viladas fácilmente. Realmente me gustaría señalar que las personas con discapacidad no debemos dejarnos desanimar por este tipo de situaciones difíciles.  No hay limitación de nuestra capacidad de amar. Podemos incluso alcanzar un mejor, más profundo y honesto de comunicación a través de nuestras discapacidad y aprender a vivir la vida al máximo. Pero, mientras tanto, somos muy dependientes de la sensibilidad y humanidad del personal médico. Realmente para que podamos desenvolvernos de un modo más positivo necesitamos personal médico que sea seguro de si mismo y actúe con madurez. Sinceramente espero más de este tipo de médicos en el futuro. 

Mi matrimonio

Después que me separé de mi joven amante, viví junto a un hombre discapacitado por casi seis años. Esta relación fue el primer paso para aprender a amarme a mí misma. Sin embargo, yo no consideré casarme con él, porque yo no creía que el matrimonio mejoraría el bajo estatus que tenía en la sociedad. Pero por otro lado yo creía dentro de mí que si me casaba con un hombre sano, este sería mi pasaporte a la sociedad normal y disminuiría la discriminación contra mí.

En 1983, después de terminar mi curso de seis meses de estudio en los Estados Unidos, me dije: "Esta vida sólo se vive una vez, así que debo vivir como quiero." En ese momento yo tenía un fuerte deseo de casarme y poco después empecé a vivir con un hombre sano. Mi vida con el hombre discapacitado terminó con sus amables palabras: "Usted debe vivir como mejor le parezca." Más tarde me di cuenta lo distinto es en realidad el vivir juntos y el matrimonio son en realidad y su mensaje de despedida vino a mi mente.

La propuesta de matrimonio con el hombre físicamente capacitado fue rechazada violentamente por sus padres y nuestra relación terminó después de ocho meses. Ahora me alegro de que su familia se haya opuesto a nuestro matrimonio. Sin embargo, en ese momento yo estaba tan sorprendida, disgustada, enojada y triste. Empecé a darme cuenta de lo distorsionado que esta el sistema actual del matrimonio con toda su discriminación y falta de humanidad. Tradicionalmente en Japón ser una buena esposa requiere obediencia a la familia del marido. El amor y la esperanza de la pareja llega después. 

La capacidad de tener hijos era el mayor activo de la mujerYo no cumplo ninguna de estas expectativas, así que ya estaba completamente descartada por la familia de mi prometido.

Si el sistema de matrimonio depende de la idea de que un hombre y una mujer tienen que tener papeles fijos en la sociedad, es muy difícil para nosotros, las personas con discapacidad ser parte de ese sistema. Incluso si hubiéramos sido capaces de estar casados sin oposición, muy pronto se hubieran dado cuenta que no podríamos tener una relación equilibrada debido a la desigualdad social de los sexos.

Durante los ocho meses que tomó el papel de ama de casa todo el mundo me trató como su esposa a excepción de su familia. Antes de decidir casarnos, el mismo atendía a sus invitados. Así yo fui capaz de mantener mis viejos hábitos. Sin embargo, tras la decisión de casarnos, sentí que yo era responsable de atender a sus clientes y por tanto debía cambiar mi estilo de vida. Incluso al ser llamada por el nombre de él me parecía que destruían el sentido de mi propia identidad. A través de todas estas experiencias me dí cuenta que estoy discriminada no sólo por mi discapacidad, sino también por mi sexo femeninoEn Japón, creemos que el matrimonio es un pasaporte para unirse a la sociedad. Sin embargo, mi deseo de casarme desapareció por completo desde que me di cuenta de lo mucho que nuestra sociedad se basa en la discriminación sexual. Por supuesto, yo no cuestiono el intento de cualquiera para llevar una relación equilibrada entre sí a través de la convivencia, pero en la medida que me recupero de mis dolores, me resulta mejor ver a mi novio sólo tres o cuatro veces por semana.

Me tomó mucho tiempo llegar a la conclusión de que sólo dos pueden decidir cómo se aman. Ahora estamos tratando de vivir con el amor y confianza como hemos ido aprendiendo.

Fuente en inglés :www.independentliving.org/toolsforpower/tools25.html

Imagen: del videojuego Kawata Shoujo

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Emmanuel Muñiz Alejandro es historiador, investigador y editor. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, graduado con honores, en la Escuela Nacional de Música (ENM). Actualmente se dedica a tareas de investigación histórica, estudios de género, discapacidad y tecnologías de la información. Se encuentra realizando un Máster en Historia del Mediterráneo Antiguo en España.

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