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INTRODUCCIÓN

Sobre el autor

Tomando como punto de partida para este ensayo el prólogo de América Latina en los años treinta,[1] escrito por Durand Ponte quisiéramos hacer algún acercamiento al autor.

Víctor Manuel Durand Ponte es doctor en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM), investigador emérito por el Instituto de Investigaciones Sociales (UNAM.), además es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel III.); ha impartido cátedra en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM).

Entre otros títulos ha escrito: Ciudadanía y Cultura Política. México 1993 – 2002; Marginación y desarrollo político municipal en México. Artículos de revistas: “Pobreza, ciudadanía y política”, Estudios Políticos, Centro de Estudios Políticos, Octava época; “Marginalidad, inclusión y valores políticos”, Revista Mexicana de Opinión Pública. Además ha participado en capítulos en varios libros y compilaciones.

En la lectura se desprende claramente un enfoque desde el materialismo histórico y la lucha de clases. De aquí que el autor desprenda una visión negativa de las inercias del capitalismo y este hecho le haga, por ejemplo, afirmar lo siguiente:

 

El desarrollo desigual entre la industria y la agricultura, la irracionalidad del capitalismo que se deriva de la producción social y la apropiación privada […] en pocas palabras, la contradicción inherente a la mercancía, que es una contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio, fue tan evidente.[2]

 

Por otra parte no podemos dejar de sospechar una tendencia al desarrollismo en sus análisis cuando se refiere a los “países periféricos “.[3] Así que de este modo comprendemos mejor la lectura y podemos posicionarnos más en los puntos que nos ofrece el autor respecto de las causas de la crisis de finales de los treintas en el mundo.

 

Sobre la crisis del 29

El autor nos explica que la causa primigenia e ineludible de la crisis de final de los años treinta, fue una crisis cíclica del sistema capitalista, de una envergadura mundial y nos explica el modo en que ésta se presentó y cuáles serían sus consecuencias políticas y económicas. Se nos da un panorama internacional con datos estadísticos completos para después enfocarse en América Latina. Abreviadamente, el autor concluye que una de las consecuencias directas fue el abandono del liberalismo económico en favor de una participación mucho más activa del Estado. Mientras tanto las relaciones comerciales entre los países latinoamericanos y las metrópolis europeas y Estados Unidos se irían estructurando de acuerdo a esta lógica de la división mundial del mercado, creando entre sí lazos de dependencia de los países dependientes hacia los hegemónicos, estructurándose de este modo una periferia en la cual estarían enmarcadas estas naciones latinoamericanas.

 

DESARROLLO

El Crac del 29

Debemos hacer resaltar que la lectura del autor nos revela que si bien había muchos indicadores que presagiaban una fuerte contracción de la economía poco se hizo para controlar el mercado el cual se hallaba fuertemente ligado a la noción de un liberalismo muy “agresivo” y excluyente de la interferencia del Estado como agente económico. Veremos algunos indicadores que me tomé la oportunidad de graficar (para que los datos que presenta el autor sean más comprensibles).

Como se hizo notar, definir la crisis como la consecuencia concreta del crac del 29 sería demasiado reduccionista y dejaría de lado las evidencias que se presentan en todos los ámbitos económicos. Podríamos decir que los síntomas eran evidentes desde hacía tiempo, las autoridades lo sabían pero no se podía hacer nada por desinflar la burbuja especulativa, tendría que explotar por sí misma, pero que la caída de Wall Street fue un evento más, el desencadenante de toda una serie de dinámicas económicas que desembocarían en esta gran crisis del sistema capitalista mundial. Los países industrializados más afectados fueron Estados Unidos y Alemania. Vemos algunas de estas tendencias que confluyeron en la caída.[4]

v  La producción mundial sufrió una baja muy importante (el índice del año 1932 es similar al de 1913. Ver gráfica 1)

v  Un descenso aún más pronunciado en los bienes de producción (por la mayor inestaticidad de la demanda y poca inversión en equipo productivo)

v  La baja en la producción mundial fue acompañada de una brusca caída de precios al por mayor

v  Caída de los precios entre 1929 y 1933  (Alemania 32%, Francia 36%, Inglaterra 31 y EUA 31%). Cierre de medidas crediticias.

v  Baja en el volumen del comercio mundial

v  falta de financiamiento, suspensión de todos los pagos de deudas (insolvencia)

 

 

Gráfica 2 Comercio exterior en el mundo (en miles de millones de dólares oro)

 

Con la crisis se llegarían incluso a extremos, como los intercambios de mercancías en términos de trueque para, de este modo, mantener una balanza comercial estable. Las consecuencias políticas de la crisis se traducirían en un cambio en el signo de las políticas comerciales y, en general, económicas, digámoslo claramente: proteccionismo. Estas medidas proteccionistas serían tomadas, de acuerdo a Durand Ponte, particularmente por las naciones metropolitanas. Aunque el evento crucial que desató todo este cúmulo de tendencias recesivas lo tenemos en lo que se denominó el Crac del 29. La descontrolada especulación tanto en el campo inmobiliario como en las inversiones en la Bolsa, muy relacionados estos elementos con un descontrol crediticio, no pudieron ser frenados a tiempo. Esta burbuja reventaría como bien dice su nombre, en noviembre de 1929, en Wall Street. Este pánico se propagaría a toda las bolsas de valores del mundo. Para entonces nada pudo frenar la caída. Me tomo la libertad de citar una fuente distinta a la del autor presentado:

 

La crisis del ’29 modificó las bases del funcionamiento de las relaciones económicas internacionales, e, incluso, las características de las económicas nacionales. El libre comercio internacional desapareció, así como los intercambios multilaterales y el patrón oro. El proteccionismo, la conformación de áreas monetarias y comerciales cerradas y el comercio bilateral surgieron como alternativas. Aunque todos los precios cayeron, los correspondientes a los productos primarios se deterioraron mucho más que los industriales, lo que perjudicó fundamentalmente a las economías más atrasadas.[5]

 

América Latina

Es en este punto que dejando un poco el análisis mundial de la economía volvemos la mirada a esta zona. Las consecuencias previsibles en las economías latinoamericanas están condicionadas por varios factores, pero podemos expresar que fue de gran importancia, la relación de éstas con las metrópolis europeas y crecientemente de Estados Unidos. Podríamos expresarlo de un modo distinto del autor diciendo que en este punto y gracias a la crisis se definió la división mundial del mercado, cuyas líneas generales estaban perfiladas desde el siglo XIX y que después de Breton Woods quedarían aún más definidas con el protagonismo internacional de Estados Unidos como la potencia hegemónica mundial. Sin embargo retrocediendo a nuestro periodo:

 

Dada la composición del mercado mundial las colonias y los países dependientes se habían integrado al mismo tiempo como abastecedores de materias primas y como consumidores de los productos manufacturados de las metrópolis […] Cuando se presentó la crisis, la caída de los precios, sobre todo de los productos agrícolas, tenía un efecto infinitamente mayor que en los países de economía más diversificada, no sólo porque las condiciones del monocultivo o en torno a un número pequeño de productos agropecuarios afectan de un solo golpe la economía sino también debido a que el precio de dichas mercancías está fuera de su control.

La pérdida del valor de las exportaciones de los países dependientes limitaron su capacidad para importar […] tuvo consecuencias importantes para la industrialización de algunos países […], la falta de crédito internacional y la cada vez mayor incapacidad de las metrópolis para exportar capitales […] obligaron a estos países [dependientes] a suspender el pago de sus deudas con el exterior, y mientras fue posible, a pagar con sus reservas de oro; por esto las reservas de los bancos centrales y de los gobiernos de Asia bajaron en un 66%, y los de América Latina en un 46% durante el periodo de 1929 a 1933. En tanto que los de Europa se incrementaban en más del 50% [!] en el mismo periodo.[6]

 

Si el peso de la crisis recayó dentro de las naciones hegemónicas en las clases trabajadoras, lo que ocurrió en las relaciones de comercio internacionales fue que “el mayor peso de la crisis recayó en los países periféricos y, como si esto fuera poco, la crisis misma provocó una descapitalización de éstos para concentrar aún más la riqueza en los países metropolitanos”.[7]

 

Gráfica 2 Comportamiento de algunos factores de la economía de EUA (1923-25=100%)

 

De este modo la estructura política de los países latinoamericanos quedó muy desestabilizada, cuando no estaba ya en plena crisis política. En medio de este desequilibrio comenzarían a sucederse los levantamientos civiles. “No hubo ningún país de la región que durante la crisis pudiera conservar en el poder a sus jefes de Estado”.[8] Sin olvidar que en muchos casos estas inestabilidades fueron respaldadas u organizadas por Estados Unidos, o como en el caso de las invasiones en Nicaragua y República Dominicana, la instauración de regímenes dictatoriales a instancias de esta potencia militar. El autor menciona que:

 

La base de sustentación de las clases sociales dominantes, básicamente agrario exportadoras; perdieron su fuente de poder y dominación; al mismo tiempo, la insoportable condición en que se encontraban las clases medias y populares hacía que se levantasen o fuesen movilizadas, con relativa facilidad, en su afán de encontrar solución a sus problemas.[9]

 

Aun cuando es verdad que la base de sustentación de las clases dominantes quedó amenazada me parece erróneo sugerir que las clases oprimidas populares, digámoslo, las masas, en tiempos de crisis abanderan los levantamientos civiles. Está demostrado que suelen ser los grupos sociales progresistas o dominantes de determinado periodo histórico que, en busca de una representación política en aras de preservar y acrecentar sus intereses de clase suelen abanderar los movimientos revolucionarios. Corrigiendo esta perspectiva del investigador, podríamos quedarnos con la primera frase del autor cuando nos trata de explicar que la base de sustentación de las clases dominantes quedó amenazada por las nuevas estrategias económicas de los intereses extranjeros y la crisis mundial. Ahora bien, en este contexto se explica la iniciativa de loa caciques y líderes militares y el apoyo inicial de las familias adineradas de las sociedades latinoamericanas en sus distintas fases revolucionarias (ejemplo concreto: los hacendados del norte de México en el inicio de la Revolución mexicana). Este juego de intereses y de preservación o de supervivencia en un clima de verdadera incertidumbre y dificultad económica haría que el choque de intereses y los resentimientos entre las clases sociales fuera inicialmente “dirigido” por los diversos grupos o caudillos en turno. Es decir, aprovechando el resentimiento de las masas, en aras de sus intereses de grupo amenazado por la crisis y la dinámica mundial que pondría en riesgo su permanencia y sus privilegios. Sin embargo y como suele suceder, los movimientos populares suelen ser de carácter heterogéneo y el resentimiento social no siempre pueden ser encauzados al fin que se desea, y no es de extrañar que un efecto deseado pronto cambie de signo o simplemente quede fuera de control a la espera de una mayor dosis de represión y de encauzamiento a través de prácticas de control con o sin coerción (como las prebendas y los concesiones desde las esferas de poder a los grupos en pugna). De este modo y desde mi particular punto de vista nos acercamos a una tradición de desmovilización desde el juego político del poder y las concesiones que, hábilmente presentadas a través de los distintos líderes políticos demagógicos, sean populistas o dictatoriales, pueden ser muy eficientes y útiles en el juego de la desmovilización de las masas y encauzar el descontento social de los grupos desfavorecidos hacia fines determinados. Analicemos uno de estos resultados “paradójicos” que no resultan tanto desde una visión más amplia de la integración económica mundial.

 

Paradójicamente el resultado de esta inestabilidad política derivada de la incapacidad de las clases sociales para sustentar una de ellas el poder, es el fortalecimiento de los Estados y la adquisición de una mayor autonomía frente a las clases. Los gobiernos o bien se constituyeron como dictaduras militares o bien como regímenes populistas.[10]

 

En lo económico, vemos un giro en el sentido del Estado como participe en la regulación de las actividades y los procesos económicos tratando de abandonar la doctrina del liberalismo a ultranza. Se intenta practicar esta intervención del Estado de diversas formas que variaron de nación a nación y cuyos resultados también tuvieron mucho que ver con su anterior grado de desarrollo industrial (particularmente minero como en el caso de México).

Veamos algunas de estas consecuencias que se traducirían en la participación de Estado:

Es el Estado […] el que busca orientar el ritmo de la producción y de su comercialización tanto interna como por medio de la fijación de precios fijos, como exterior; para lo cual en varios países el Estado compra las cosechas para almacenarlas, o en los casos más radicales, para destruirlas.

 

v  Controla el ritmo de la producción

v  Fijación de precios (control de las cosechas por medio de su almacenamiento o destrucción)

v  Subvención sistemática del sistema agropecuario (estos beneficios dirigidos hacia los terratenientes)

v  Reformas en las políticas monetaria y cambiaria poniendo fin a la idea de libre convertibilidad con graves consecuencias deflacionarias  en algunos países; políticas crediticias de carácter muy limitado (no lograrían estas medidas frenar la espiral deflacionaria con cierta excepción de Chile)

v  La política de subvención costeada con moderadas tasas a la importación (socialización de pérdidas)

v  Proteccionismo a la incipiente industria

v  Intentos por diversificar la economía agrícola (en muchos casos se seguía practicando en monocultivo)

v  Se desarrollaría un tipo de industrialización la bajo la forma de sustitución de importaciones.

 

En suma: la ruina y el fin del sueño del liberalismo.

Esta se podría ver como una consecuencia general de las dinámicas del mercado mundial y. como dijimos de integración de la división mundial der mercado. Ya que de esta forma se irían estableciendo lazos económicos característicos entre la zona latinoamericana y las demás potencias, particularmente y de forma creciente con Estados Unidos, principalmente después de la Primer Guerra mundial.

Como dijimos, la forma en que se fueron industrializando estas naciones fue muy dependiente de las exportaciones para su crecimiento y estuvo muy condicionada por la relativa abundancia de mano de obra (salarios estables y a bajo precio) que hacía que no existiera una fuerte presión para la adquisición de nueva tecnología. Al existir una fuerte población rural, es decir, abundante mano de obra, la industria funcionaba de manera similar. Posteriormente los créditos provenientes del exterior y las condiciones para pagarlo además de los compromisos, como el adquirir maquinaria y tecnología de estos países doblemente restringieron la producción industrial, de este modo doblemente condicionada por las obligaciones hacia estos países y su demanda de determinados productos (generalmente primarios) a cambio de otros productos manufacturados. Esta dependencia quedó doblemente sellada por estos acuerdos comerciales y las presiones políticas, a más de una creciente dificultad para pagar las deudas externas respectivas.

 

En este sentido, la industrialización funcionaba igual que la agricultura de exportación, pues esta tenía siempre mano de obra abundante procedente de los sectores de autoconsumo. Al mismo tiempo, las inversiones para infraestructura y las que requería el sistema industrial encontraban facilidades de financiamiento en el exterior. Sin embargo, este financiamiento generalmente estaba atado a la adquisición de bienes de capital y tecnología de los centros hegemónicos. Esta dependencia financiera reducía el proceso industrial al tratamiento de materias primas locales o al acabado de productos semimanufacturados, siempre con maquinaria y tecnología importada […] De esta manera, la industria no generaba demanda para sí misma o no presionaba para la nueva sustitución de importaciones. [Las negritas son mías][11]

 

En esta “nueva relación” entre el Estado y la economía -como la denomina el autor- se alejó del liberalismo para tomar la forma de un proteccionismo con distintos grados de alcance (aunque entendemos un alcance más bien limitado), puesto que en realidad se carecían de los medios para posibilitar esta nueva forma de organizar la producción y el comercio tanto al interior (consumo nacional de productos y bienes) como al exterior (demanda de las metrópolis). En este sentido observamos una creciente dependencia, aún más acusada que en el periodo anterior del siglo XIX donde ya se observa lo que otros autores denominan claramente neocolonialismo, aunque esto no lo menciona el autor. Agregaremos otra cita de una fuente muy conocida.

 

Tras la liberación política de las colonias se mantuvieron generalmente las antiguas estructuras económicas. La dependencia de las importaciones de la metrópolis, la concentración de la producción en ciertas materias primas para exportar a Europa y la carencia de los medios técnicos y del capital, y la conservación en ciertos casos de la propiedad de la industria en manos de colonizadores suponen la continuación del control económico sobre estos países […] La devaluación de las materias primas que exportan y la venta de bienes manufacturados de mayor valor añadido generan un déficit comercial nocivo para estos países. La deuda externa asumida por muchos países es también un factor relevante en el proceso.[12]

 

Conclusiones

Podemos observar estos procesos como una consecuencia general de la crisis de los treintas, que si bien condicionarían el posterior desarrollo económico de Latinoamérica, “empujaron” de alguna manera hacía cierta dirección política, que vista desde el plano de la historia mundial y del capitalismo tiene más de general que de particular e insólito. Si bien estas líneas generales ya eran bastante claras desde el siglo XIX posterior a la emancipación de las colonias y su posterior trayectoria como naciones independientes, es en este periodo que hemos revisado que se nos hace comprensible la forma general en que se integró América Latina al concierto mundial y el lugar que le tocaría ocupar al final.

 

Los países desarrollados están en una posición en la que pueden utilizar, en su beneficio y por multitud de canales, los recursos de los Países del Tercer Mundo. Ese es el fundamento del orden económico mundial. A los ojos de la mayoría de la humanidad se presenta como un orden tan caduco e injusto como el colonialismo del que arranca su orígen [sic] y esencia.[13]

 

Terminemos nuestras conclusiones recordando que en décadas posteriores los dirigentes políticos recurrirían a préstamos de bancos multinaciones y empresas privadas a altos intereses y pactando diversos acuerdos políticos “Esto fue posible por la clase dirigente con intereses extra nacionales, o por gobiernos militares impuestos desde afuera […] A estos países les resultó muy difícil pagar la deuda externa y la potencias aprovecharon estas deudas para convertir tales países en sus neocolonias”.[14] Pero esto sobra definitivamente en este pequeño y limitado ensayo. Y no deja de resaltar que si Estados Unidos logró salir de la recesión económica, más que por los New Deal, repetimos, pudo salir adelante de la recesión, principalmente y debido a la economía de guerra que se impuso a partir conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial (del mismo modo que Inglaterra puso sortear la Gran Crisis en parte por su invasión a China). Así Estados Unidos, se aseguró al crecimiento económico y posteriormente en Bretton Woods pudo concertar y plantear los términos de las relaciones financieras mundiales y los términos e instancias en que las naciones concertarían sus intercambios económicos a partir de ese momento.

 

 

Gráfica 3 Índice de la producción industrial del mundo (1921=100%)

 



[1] Durand Ponte, Víctor Manuel, prólogo del libro coordinado por Pablo González Casanova, América Latina en los años treinta, UNAM, México, 1977, pp. 17-22.

[2] Ibíd, p. 7.

[3] Ibíd, p 16.

[4] Señalar que los países de menos afectados por la crisis fueron Inglaterra y Japón y la explicación sería que la primera se encontraba en plena invasión a China (economía de guerra) y por otra parte a la Common Wealth permitía organizar el embate a la crisis entre sus integrantes.

[5] Alberto Lettieri. “Entre los años dorados y la Gran Depresión. Los Estados Unidos en las décadas de 1920 y 1930”, en Alberto Lettieri, Annette Pfeiffer y otros, Los tiempos modernos. Del capitalismo a la globalización siglo XVII al XXI, Ediciones del Signo, Argentina, 2000, pp. 214.

[6] Durand, op cit, pp. 15-16.

[7] Ibíd, p. 16.

[8] Ibíd.

[9] Ibíd, pp. 16-17.

[10] Ibíd, p. 17.

[11] Ibíd, p. 19.

[12] “La descolonización que supuestamente inauguraba la aparición de países “libres y soberanos”, supuso que los territorios colonizados se sumiesen en una situación de dependencia económica y política más dependiente que nunca. En un contexto en el que el flujo de mercancías y personas traspasa todos los límites territoriales; la división entre países centrales y periféricos ha llegado a su máxima expresión. Para alcanzar el objetivo de la globalización del sistema capitalista, las potencias han entramado organismos que posibiliten la hegemonía política, económica y militar; de una manera más sutil que en la época del colonialismo. Se sigue implantando la ideología colonizadora a través del pretexto de “misión civilizadora” o simplemente reafirmando su posición en las relaciones de poder actuales. La inserción de los países “subdesarrollados” en el mercado mundial tiene un formato periférico, por lo que a pesar de la riqueza de recursos naturales que puedan tener, se encuentran sumidos en una situación de pobreza absoluta”. En “Neocolonialismo”, Wikipedia, <<http://es.wikipedia.org/wiki/Neocolonialismo>>, (24 de octubre de 2011).

[13] Ibíd.

[14] Ibíd.

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Emmanuel Muñiz Alejandro es historiador, investigador y editor. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, graduado con honores, en la Escuela Nacional de Música (ENM). Actualmente se dedica a tareas de investigación histórica, estudios de género, discapacidad y tecnologías de la información. Se encuentra realizando un Máster en Historia del Mediterráneo Antiguo en España.

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