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El planeta del miedo III

El terror aumenta

 

-Me escuchan? ¿Qué pasa? Comandante ¿Me escucha? No me dejen sólo, por favor digan algo.

El ingeniero Méndez angustiado desde el orbitador hace todo lo posible por ponerse en contacto con los exploradores operando todos los aparatos de comunicación de la nave, pero por respuesta sólo hay silencio y esporádicamente ruido de estática.

Al paso de los minutos la angustia y desesperación del ingeniero aumenta. Entre tanto ajetreo de ajuste de intercomunicadores se da cuenta que la señal que proviene del planeta y que aparentemente es de vida inteligente.  Sigue aumentando. Por un impulso intuitivo se asoma por la ventanilla justo cuando está pasando arriba de la zona de emisión.

-Es increíble, hay un extraño brillo en ese lugar.

Sobre ese manto negro sobresale un brillo rojo pulsante, el ingeniero checa los instrumentos, tal vez pensando que pueden ser de sus compañeros pidiendo ayuda. Para su sorpresa proviene de otra fuente.

-Qué extraño? El brillo está sincronizado con los pulsos de la señal de radio de os extraterrestres.

 

-¿Qué será?

De pronto el brillo pulsante se vuelve un rayo casi solido que alcanza la nave.

Estupefacto el ingeniero se ve envuelto en un halo rojizo que envuelve a la nave, tras de sí solamente unos segundos el rayo desaparece, quedando todo en una aparente tranquilidad.

-Vaya que susto, pensé que sería destruida la nave, seguiré tratando de localizar a mis compañeros.

Mientras, el ingeniero se atarea moviendo uno y otro control se extraña de ver que la señal ha desaparecido. Intenta no prestar mayor atención y se empeña en contactar de una vez por todas a los exploradores planetarios.

Pasan algunas horas y cuando ya ha perdido la esperanza de encontrarlos escucha unos balbuceos por el comunicador.

-Comandante dónde está? Soy Romanov, estoy muy cansado, ¿Alguien me escucha?

-Soy el ingeniero Méndez, lo escucho teniente, que gusto oírlo de vuelta.

-Qué bueno estoy bajo la arena o ceniza, intentaré encontrar al comandante y a Pelard ¿Qué pasó?

-No sé teniente, solo los escuche, entiendo que tuvieron visiones terroríficas y después silencio.

-Ah, ya recuerdo fue horripilante nunca pensé que vería algo así, fue tan real, hasta que perdí el conocimiento, ¿Cuánto tiempo pasó?

-Casi dos horas teniente, fueron las horas más largas de mi vida.

Pesadamente el teniente por fin logra incorporarse e inicia a buscar a sus compañeros palpando entre esa espesa capa de cenizas. Por unos minutos continua la búsqueda hasta que toca un cuerpo bajo el polvo, tomándolo por lo que considera los hombros lo incorpora con gran esfuerzo.

-Ya encontré uno ingeniero, pero me pesa demasiado voy a ver quién es.

Se sorprende al ver a través de casco al comandante  con los ojos completamente abiertos.

 

 

-Comandante ¿Es usted? ¿Cómo está? Parece que ya pasó lo peor.

Hasta que por fin reacciona el comandante Cooper.

 

-Si, si ya estoy mejor, de lo que no logro desprenderme son de esos recuerdos, fue horrible. Deme unos segundos más ¿Y el ingeniero Pelard?

 

-Aun no lo encuentro en cuanto usted se pueda apoyar solo continuaré buscándolo.

-Ya estoy mejor déjeme y siga buscando a Pelard.

Todavía  un poco confundido el comandante intenta comunicarse con la nave.

-¿Ingeniero Méndez me escucha?

-Si comandante lo escucho, que bueno oírlo de regreso, dígame.

-¿Qué tan lejos estamos de la fuente de emisión?

-Misteriosamente ya desapareció, mientras estaban inconscientes, pasó algo raro, salió directamente a la nave un rayo de luz roja desde el punto de emisión, esta luz envolvió la nave, era un rayo de luz que casi parecía solido después nada, todo fue silencio y la señal se interrumpió.

-En realidad lo que me cuenta es extraño, y ¿Ahora como localizaremos el lugar de donde salía la señal?

-Yo creo que no tendrán problema ya estaban casi en el lugar les faltaban unos pocos metros, continúen al frente, justo en sentido contrario a donde se encuentra su nave.

En eso es interrumpida su conversación  por los gritos del teniente Romanov.

-Aquí comandante, Aquí está el ingeniero Pelard.

Mientras que el teniente hurga entre el grueso manto de arena obscura tratando de levantar el cuerpo desfalleciente del ingeniero, el comandante intenta  caminar entre la espesa capa de polvo cuestionando al teniente.

-¿Cómo está? ¿Cómo está?

-No sé, no lo puedo levantar, pesa demasiado, entre los dos lo podremos sacar de este polvo.

Desesperantemente el comandante se mueve a pesar que solo son dos metros tarda unos segundos en llegar.

Entre los dos incorporan al ingeniero.

-Vaya que aquí pesamos más, yo lo sostengo de los hombros usted levántele la cabeza ingeniero, vea como está.

-De nuevo parece dormido, está bien, sus controles marcan correctos sus signos vitales.

Al sentir los movimientos de su cuerpo el ingeniero se despierta, con un pequeño sobresalto abre los ojos sorprendido les pregunta volteando pesadamente a todas direcciones.

-¿Qué pasa? ¿Dónde estamos?

-Estamos bien, ingeniero, parece que ya paso lo peor.

-Ah sí ya recuerdo, que planeta tan extraño, es una verdadera pesadilla. ¿Ya nos amos a la nave?

-No creo tenemos que seguir estamos solo a unos pocos metros del puto de emisión sigamos adelante.

-Entiendo, a eso venimos.

En teniente mientras apoya con un brazo al ingeniero checa sus instrumentos.

-Es en esa dirección compañeros, continuemos.

Ya en condiciones el ingeniero Pelard les hace señas que ya pueden continuar.

Los tres exploradores continúan caminando, cada vez más pesadamente, apoyándose unos a otros, hasta que por fin entre la perene obscuridad logran ver un pequeño montículo que sobresale entre la inmensa llanura.

-Yo creo que es ahí comandante.

-Si teniente ya llegamos.

Frente al pequeño cúmulo los astronautas escudriñan el lugar. El ingeniero Pelard gracias a su experiencia encuentra una ligera depresión y de inmediato se dirige al punto.

-Comandante creo que está es la entrada.

De inmediato se suman a él y entre los tres comienzan a hacer a un lado la arena.

No tardaron mucho en localizar una compuerta. El ingeniero emocionado exclama.

-¡Si, es aquí! Sin duda es artificial, ¡Encontramos vida inteligente! ¡Valió la pena venir!

Más tranquilo el comandante no se emociona tanto.

-Así es ingeniero, pero ¿Desde cuándo ya no existen?

El teniente Romanov tiene su teoría.

 

-Muy probablemente dejaron la señal antes de que su planeta se destruyera avisando su fin.

 

-Puede que si teniente, el problema que nunca pudimos descifrar el contenido de la señal, solo sabíamos que provenían de una civilización inteligente.

Mientras conversan continúan descubriendo la compuerta que a todas luces resulta de un material sumamente fuerte y pesado.

El teniente se pregunta en voz alta.

 

-¿Y ahora como la abrimos?

 

-Vamos a ver si hay algún tipo de cerradura o control eléctrico.

Ya que tienen descubierta casi completamente la compuerta pero no encuentran la forma de abrirla ya que no se ve ninguna cerradura o control de ningún tipo.

El ingeniero Méndez desde la nave orbitadora trata de cooperar con algunas ideas.

-Oiga comandante, ¿Qué tal si se abre con ondas de radio, como si fuera de control remoto?

Pelard abre los ojos por la buena idea, aceptando.

-Es cierto, debemos intentarlo, pero no con nuestras señales, pues no las reconocería.

El ingeniero Méndez afirma.

-Si nuestras frecuencias y códigos son totalmente distintos, sólo tenemos la señal de ellos, debemos intentarlo, a lo mejor la dejaron como la llave de entrada.

El comandante interviene.

-Lo que tengamos que hacer, hagámoslo de inmediato, pronto se nos acabarán el aire de los trajes y las baterías.

 

Con esta autorización el ingeniero Pelard pide al ingeniero Méndez.

 

-Ya escuchó ingeniero, ahora apunte la antena en esta dirección y transmita la señal.

-Estoy procediendo, esperen unos segundos.

 

Tras una pausa de silencio el ingeniero Méndez les avisa.

-Listo, 3, 2, 1 enviando la señal.

Instintivamente los exploradores pesadamente dan unos pasos atrás.

Pasan unos segundos que parecen eternos pero hay novedad, la aparentemente muy pesada compuerta sigue inmóvil.

-No pasa nada ingeniero, creo no es la solución, tenemos explosivos en la nave.

El ingeniero Pelard interrumpe al comandante.

 

-Un momento comandante, debe ser un código, ingeniero Méndez, ¿Qué tal sí probamos con la señal al revés?, o sea inviértala, ¿Puede hacerlo?

 

-Si puedo, ¿Por qué cree que funcionará?

 

-Es solo una corazonada, además contamos con poco tiempo, hay que probar todo.

-Está bien ya estoy listo, prepárense.

 

Un tanto desconfiados los exploradores fijan su mirada en la compuerta, y  para su sorpresa esta se empieza a mover levantando una espesa nube polvo negro

El ingeniero Pelard efusivo grita

-¡Se los dije, se os dije! ¡está funcionando!

-Expectantes el equipo espera a que la compuerta se eleve completamente.

Hasta que por fin se deja de mover, el comandante toma la iniciativa.

 

-Tenemos poco tiempo señores no podemos ser cautelosos así que entremos.

Los exploradores temerosos y emocionados entran a una gran instalación que más bien parece una bóveda. El comandante saca una linterna extra de su traje e ilumina ese lugar que es tan negro como el exterior, sus compañeros lo imitan.

 

-Ya vio comandante, parece una bóveda hecha de un material casi cristalino pero muy duro.

-Si teniente y usted ingeniero ¿Qué piensa?

 

-Es berilio pero creo sea más resistente.

 

Mientras responde el ingeniero Pelard observa unos compartimentos en las paredes, todos de ese material y cada uno con puertas muy pesadas.

 

El teniente Romanov se queda pensando y por fin exclama.

 

-Señor esto parece que no es una estación de comunicaciones creo es una prisión de alta seguridad.

 

Pelard asiente con cierto temor.

 

-Es verdad esto es una prisión.

 

 

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Planeta del Miedo II

Planeta del miedo IV

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Sobre el autor: Estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Premiado del CONACYT a la innovación científica juvenil. Militar retirado de la Armada de México. Actualmente se dedica al estudio de las aplicaciones tecnológicas y las innovaciones en la vida diaria y la historia de la humanidad.

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