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El planeta del miedo IV

Despertando al demonio

Sorprendido por lo que escucha el ingeniero Méndez en la nave orbitadora les pregunta.

-¿Cómo que es una prisión? ¿Cómo saben? ¿Qué están dando a entender?

El ingeniero Pelard le responde.

-Es una bóveda alargada enorme con una serie de celdas o compartimentos a ambos lados. Las celdas o compartimentos están vacíos.

Cavilando continua su explicación.

-Además creo que esa señal es de advertencia y que nos dirigió directamente a esta prisión.

-¿De advertencia? Y la prisión ¿De quién?

Cuestiona alarmado el ingeniero Méndez.

En tanto el comandante iluminando cada celda y hasta el último rincón de ese lugar, le responde.

-Eso es lo que vamos a tratar de averiguar.

El teniente Romanov  adelantándose ágilmente, ya que en el interior prácticamente no hay polvo.

-Creo que tengo la respuesta, ¡Un  prisionero o lo que sea escapo!

-¿Cómo?

Le responde alterado el comandante dirigiéndose con paso lento a donde se encuentra el teniente quién alumbra un punto en lo alto.

-Por aquí comandante, vea ese hueco en el techo algo salió de aquí rompiendo la cúpula.

Mientras que el comandante y el teniente continúan inspeccionando la perforación, el ingeniero Pelard descubre que hay una celda cerrada.

-Por aquí, por aquí, hay algo en el interior de esta celda.

Con la rapidez que permite el exceso de gravedad se aproximan al ingeniero mientras que este esmera en ver por una pequeña mirilla el interior de esa misteriosa celda.

-Creí ver que algo se movía en el interior.

El ingeniero sede el lugar al comandante para que este intente ver en el interior de la obscura celda, el teniente se une e inspeccionan el lugar.

-Parece que esta celda es diferente. Comenta el teniente.

-Si, definitivamente es más grande y está reforzada.

Le responde el ingeniero y continúa su comentario.

-Creo que es la celda de alta seguridad y es la única cerrada.

El comandante hace todo lo posible por ver en el interior de la celda, pero es muy obscura.

-¿Seguro vio algo en el interior ingeniero? Es muy obscuro el interior y no veo nada.

Sin hacer caso a la pregunta el teniente y el ingeniero continúan inspeccionado absortos, hasta que el teniente descubre algo.

-Aquí hay algo que sobre sale, es como una pequeña burbuja esponjosa, ¿Qué hacemos comandante?

El comandante observa primero los controles en la pantalla digital en la manga de su traje.

-Nos queda poco oxígeno y baterías y ya no podremos regresar a seguir explorando, arriesguémonos, oprímala.

Con el pulso tembloroso, el teniente oprime ligeramente el aparente control, pero no pasa nada, así que aumenta la fuerza de presión. No hay algún movimiento aparente de la puerta.

Tan solo unos momentos después el interior de la ceda se iluminan y una parte del exterior.

Ante está claridad confirman que definitivamente es una prisión aparentemente abandonada, pero reaccionan de inmediato y tratan de ver el interior de la celda, respetando al comandante dejan que él sea el primero en asomarse por la pequeña mirilla.

-¿Que hay adentro comandante? ¿alcanza a ver algo?

-No sé, solo hay una mancha negra. El interior de la celda es casi blanco y sobresale una mancha o sombra que cubre casi una pared.

Haciéndose a un lado el comandante permite que el teniente sea el siguiente en ver por la mirilla.

-ES cierto, es lo único blanco de este planeta y eso negro ¿Será una mancha o algo más?

También se hace a un lado para que el ingeniero Pelard vea el interior.

Cuando él se asoma alcanza a ver que la mancha se mueve cobrando un volumen ante sus sorprendidos ojos.

-No es mancha se está moviendo ¡Viene hacia nosotros!

El ingeniero da varios pasos atrás, los sorprendidos exploradores ven como la luz de la mirilla se obscurece ante ellos.

De pronto una marea de visiones terroríficas ataca a cada uno de ellos, se llevan desesperadamente las manos a la cabeza donde solo se tocan los cascos, lanzan gritos de terror y angustia, caen al piso, cierran los ojos tratando de no ver, pero las imágenes están en sus mentes.

Son interminables segundos en que se suceden una tras otra imágenes horribles y aterradoras, hasta que por fin cesan de golpe.

Incorporándose poco a poco tratan de aclarar su mente.

El primero en ponerse de pie es el teniente, que de inmediato se acerca a  mirilla y observa al interior.

-No puede ser la mancha es más grande y voluminosa.

El ingeniero también la observa.

-Es verdad es más grande, ¿Por qué crecería?

 El último en incorporarse es el comandante a quien ya no le interesa ver al interior de la celda.

-Creo es hora de irnos, se nos acaba el tiempo.

El ingeniero Pelard sopesa la situación y exclama.

-¿No será que se alimenta del miedo, y nosotros lo despertamos?

El comandante ya había pensado en ello y le responde

-Es probable y  no sea que por error ahora soltemos a un demonio.

El teniente confirma sus miedos

-Por eso esta prisión, ¿No será que él fue el que destruyó al planeta?

Los tres exploradores se encaminan a la salida de tan misteriosa prisión hasta que son detenidos por otra oleada de visiones peor que las anteriores, que les causan un pánico desenfrenado perdiendo el control de sus mentes y que los lleva a enfrentarse unos a otros tratando de golpearse.

Entre la histeria que los invade sus rostros reflejan terror y angustia sus ojos tienen la mirada perdida, el primero en caer desfalleciente es el ingeniero Pelard que cae exhausto, el teniente trata de arrancar los cables y mangueras de aire que sobresalen del traje del comandante.

El ingeniero Méndez por la radio les grita que se calmen, pero ellos no lo escuchan, tan solo el ingeniero escucha sus gemidos y respiración agitada. Hasta que por fin no se escucha nada, el ingeniero continúa llamándolos.

-¿Me escuchan? ¿Alguien me escucha? ¡comandante, teniente, Pelard digan algo! ¿Están bien?

Pero no recibe respuesta solo el silencio es roto por la estática.

Hasta que de pronto se sobre salta al escuchar algo que parece una voz ronca y profunda que emite sonidos ininteligibles

-¿Quién es? ¿Alguien está herido? ¡Respondan!

Un nuevo pasajero

El comandante abre los ojos, su sorpresa es mayúscula a verse en el interior de la nave, trata de voltear el rostro para buscar a sus compañeros, pero la alarma de aviso de falta de oxígeno en el tanque lo hace reaccionar pesadamente y adolorido solo se percata que la escotilla este completamente cerrada y sellada y de inmediato se quita el casco, respira profundamente intentando poner en orden sus ideas ahora que tiene aire fresco.

Segundos después unos movimientos en la nave lo sacan de sus cavilaciones, son el teniente Romanov y el ingeniero Pelard que también están despertando y se quitan sus cascos, sin atinar a moverse el comandante los observa como respiran hasta llenar sus pulmones intentando regular su respiración.

Los tres valientes exploradores terrestres que por primera vez pisan la superficie de un planeta fuera del Sistema solar se miran sin poder pronunciar palabras, sus mentes están muy confusas, sus rostros reflejan un terrible cansancio es como si hubieran envejecido años enteros en tan solo unas horas.

El primero en hablar es el teniente Romanov, con voz entrecortada se dirige al comandante Cooper.

-Gracias comandante le agradezco mucho lo que hiso por nosotros, debió de hacer un esfuerzo sobre humano.

-Gracias ¿De qué?

-Por habernos traído a la nave.

Interviene el ingeniero Pelard con trémula voz.

-Si comandante, muchas gracias.

-No yo no hice nada, lo último que recuerdo es que peleábamos entre nosotros y me desmaye. En realidad pensé que ustedes me habían traído. Entonces ¿Quién nos trajo?

Pasan segundos en que solo atinan a mirase unos a otros tratando de comprender lo que pasó.

El comandante llama al ingeniero Méndez, pero no recibe respuesta.

El teniente revisa los equipos de comunicación y encuentra algo.

-Comandante, alguien arranco los cables de la radio, y tampoco  están los micrófonos, no nos podremos comunicar.

El comandante deja de llamar y revisa los equipos.

-¿Qué paso aquí? ¿Qué hemos hecho?

El ingeniero Pelard ha evaluado la situación.

-Yo creo que tuvimos un lapsus y caímos en una locura temporal.

El comandante y el teniente le creen y desean que eso sea cierto, así que el comandante toma una decisión.

-Eso ha  de haber pasado, ahora vayámonos a la nave orbitadora y de ahí a casa, en unas horas se abrirá el portal de agujero de gusano.

El teniente se da cuenta que aún llevan puestos los trajes para el exterior.

-Si comandante pero primero sugiero quitarnos los trajes, son muy pesados he incomodos.

-Es cierto, Con tantas emociones hasta olvide que todavía no nos los quitábamos.

Ya más cómodos inician de inmediato el protocolo de despegue. Cuando ya todo está listo y los instrumentos marcan que todo es correcto el comandante da la autorización.

-Vayámonos de este maldito lugar.

Los poderosos motores de los cohetes se encienden levantando una inmensa nube de polvo, los motores rugen al máximo, la nave se cimbra tanto que parece que se desintegrará, en el interior los astronautas se aferran a sus asientos cerrando los ojos y apretando los puños, el teniente Romanov oprime un último botón por fin la nave se eleva lentamente venciendo la fuerza de gravedad mayor que en la Tierra, cada vez cobra mayor velocidad hasta que tras largos minutos se encuentra en el espacio exterior por fin los osados exploradores relajan sus músculos.

El comandante limpiándose el frío sudor que perla su frente, aspira profundamente exclamando.

-Por unos momentos creí que no lo lograríamos nunca se había probado un despegue en un planeta mayor que la Tierra.

El Teniente le responde aún sin soltar los controles.

Así es, todo en este viaje es una primera vez, ahora hay que ver cómo comunicarlos con el orbitador

El comandante asienta.

-Es verdad todos los equipos de comunicación aparentemente los destruimos. Por lo pronto diríjase al orbitador.

En eso el ingeniero Pelard interviene que una buena idea.

-Hay que ver si algún equipo de los trajes sirve, iré a verlos mientras ustedes vayan a la nave orbitadora.

El comandante y el teniente con un ademán asientan y se concentran en localizar la otra nave.

El ingeniero se levanta ya ligero por la ingravidez y revisa uno a uno los trajes de exploración exterior. En pocos segundos ya tiene una respuesta.

-Si tenemos un equipo útil, lo voy a conectar ya que al traje se le acabó la batería.

Cuando todo está listo.

Aquí equipo de exploración me escucha ingeniero Méndez.

Prácticamente o ha terminado de hablar cuando recibe respuesta.

Aquí nave orbitadora, los escucho, es bueno oírlos ya estaba convencido que los había perdido, ¿Dónde están?

-También nos da gusto oírlo, ya salimos del planeta, vamos rumbo al encuentro, ´prepare todo para recibirnos.

-¿Como están y donde se metieron? No los localizaba.

El comandante interrumpe la charla.

-Es bueno oírlo, ya lo tenemos a la vista, haga el protocolo de contacto.

Tras varios minutos de maniobras, las dos naves están unidas y los exploradores ponen al corriente al ingeniero Méndez de su angustiosa experiencia, mientras elucubran tratando de dar una explicación satisfactoria de lo sucedido, una señal de alarma se enciende en la computadora principal la cual los sorprende ya que es la señal de aviso de que se abrirá el portal de agujero de gusano para que la nave regrese a la Tierra.

El comandante de inmediato y sin decir nada toma el control de la computadora y reinicia el protocolo de  alineación de la nave. El ingeniero Méndez se reincorpora a su control de comunicaciones, de la misma manera el ingeniero Pelard y el teniente Romanov toman sus lugares según el protocolo.

Mientras esperan la apertura de portal el comandante les comenta extrañado.

-Según nuestra cuenta faltan algunas horas, lo bueno es que regresamos a tiempo.

El ingeniero Méndez le afirma.

-Por poco y regreso yo solo.

Al paso de los minutos los instrumentos de la nave marcan que el portal se está abriendo. Ante sus ojos un halo iridiscente empieza a crecer y tomar forma. El teniente pone en marcha los motores de la nave y sólo espera la orden del comandante para entrar en el portal.

Cuando el portal tiene apenas un diámetro de uso pocos metros despide un pequeño objeto metálico parecido a un micro satélite terrestre con algunas luces rojas pulsantes inmediatamente el portal se cierra ante sus sorprendidos ojos.

El ingeniero Méndez es el primero en reaccionar.

-¿Qué pasó? ¿Qué significa esto?

El ingeniero Pelard sospecha algo.

-Yo creo nos han mandado un mensaje, hay que conectarnos con ese aparato.

De inmediato el Ingeniero Méndez manipula los controles de los equipos de comunicación.

El comandante se dirige al teniente.

-Teniente apague los motores, sospecho no nos iremos.

En la radio se escucha:

“Aquí la Tierra a nave exploradora, hemos descifrado la señal, es una señal de advertencia, no debimos enviarlos, es de una civilización extinta, un ser se apropió del planeta y lo consumió junto con su estrella, se alimente del miedo y terror que provoca, lamentablemente ya no tenemos energía para traerlos ni autorización de la liga de países. Es un ser poderoso, no podemos arriesgarnos a que pase por el portal, están solos a partir de ahora, sus familias saben que se accidentaron la humanidad los considera unos héroes y les hemos dicho que la señal era falsa. Según está señal es conocido como Devorador de Mundos. Esta es la última comunicación.”

Con los rostros desencajados quedan mudos; por las mejillas del ingeniero Méndez corren unas lágrimas, el teniente Romanov balbucea malas palabras, el comandante golpea la computadora.

El ingeniero Pelard llevándose las manos a la cabeza grita con desesperación.

-Está aquí! ¡Está aquí!

De inmediato los demás también se llevan las manos a la cabeza con la intención de arrancársela.

De pronto una nube oscura y negra invade el interior de la nave, es tan densa que se puede tocar.

Se  oyen gritos y golpes que poco a poco se apagan.

En un acto desesperado el teniente Romanov enciende los motores, la nave se precipita al obscuro planeta, hasta que un impacto ilumina por unos segundos la superficie siniestra de un planeta muerto, espectador silencioso de muerte y destrucción que será perene prisión de un ser malvado que consume todo lo que encuentra.

 

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Planeta del Miedo II

Planeta del miedo III

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Sobre el autor: Estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Premiado del CONACYT a la innovación científica juvenil. Militar retirado de la Armada de México. Actualmente se dedica al estudio de las aplicaciones tecnológicas y las innovaciones en la vida diaria y la historia de la humanidad.

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