Anuncios

Artículos

Etología y modificación de la conducta

Lo que anteriormente se llamaba “innato” y también “aprendido” sólo representan los extremos de un mismo continuo de toda conducta al que todos los seres humanos se adaptan.
Es una falacia total querer oponer lo aprendido a lo innato como dos conceptos que se excluyen mutuamente Ya que el paso que todo aprendizaje se realiza por mecanismos que contienen información adquirida filogenéticamente, y, por lo tanto, no hay ninguna razón que a toda clase de conducta racional haya entrado de forma adquirida.
Durante millones de años nuestro planeta ha estado habitado por seres que han poseído pautas muy complejas de conducta que poco a poco se han tenido que adaptar a formas superiores y típicas de aprendizaje Por ejemplo, estamos seguros que la habitación y la sensibilidad son formas únicas de adaptación que surgieron de un sistema nervioso difuso.
Miles de años después, con la evolución del sistema nervioso central, la conducta del ser humano empezó a crecer, la modificalidad de la conducta tuvo una enorme presión de selección que obligó al desarrollo de mecanismos con fines de adaptación que modificaron la conducta individual.
La idea de que el aprendizaje o cualquier otro cambio de comportamiento que tenga el valor de supervivencia sólo pueda ser debida a una agregación no especifica que es organizada y programada por los elementos neuronales del sistema nervioso central es absolutamente insostenible como dicen: “La posibilidad de que las diferencias en la conducta no sean innatas, ni adquiridas sino otra cosa”. (Jensen).
Muchos psicólogos niegan la validez del concepto innato según los argumentos siguientes:

1- La dicotomía del comportamiento es innato y aprendido proviene solamente del principio, ya que uno no puede definirse sin la exclusión del otro.
2- No hay forma de experimentar para determinar cuánto de una conducta sea innata, en virtud de que la posibilidad del aprendizaje parte desde el útero según se ha demostrado.

Muchos etólogos modernos sostienen que el término innato, no sólo es superfluo, sino que heurísticamente es perjudicial, ya que suponen que la adaptación filogenética y la modificación adaptativa pueden sumarse y mezclarse una con otra en cualquier mecanismo de conducta por elemental que esto sea.
Es por esto que consideran inútil y más aún peligroso tratar de separar en un experimento y hasta en la especulación los elementos de aprendizaje e innato para formar una forma de conducta.
La gran mayoría de los antiguos etólogos suponían- (y algunos siguen suponiendo aún hoy en día) que hay una maquinaria de la conducta con un número muy considerable de unidades autónomas en las que el aprendizaje no entra y en la que están intercaladas en la organización jerárquica de la conducta apetitiva, con eslabones adaptativamente modificables por medio del aprendizaje.
Pero no definen la conducta innata por el hecho que no es aprendida, sino que dicen que está filogenéticamente adaptada y por lo tanto para ellos el concepto de lo innato y aprendido se excluyen mutuamente.
Ni el concepto de lo innato ni de lo aprendido se definen por la exclusión del uno por el otro, ambos conceptos por la procedencia de la información que se constituye como el requisito previo para la conducta que se adaptará al medio ambiente, por lo tanto, sólo hay dos maneras de pasar la información entre los seres humanos.
La primera información consiste en la acción reciproca de la especie durante su evolución. En base a la mutación y sección natural, y como método análogo al aprendizaje en base al ensayo, error y éxito, como es dicho es análogo a la inducción que está desprovista de todo procedimiento deductivo, así que la especie reúne la información y la almacena, acto seguido la codifica en forma de moléculas en su genoma.
La segunda es la acción reciproca de los humanos con el medio en donde el humano se desarrolla uy adquiere información, esto lo hace de dos maneras una es la respuesta instantánea a los estímulos incidentales que lo orientan en el tiempo y espacio, sin cambiar del todo su conducta, y la otra es la modificación adaptativa, este proceso implica también el almacenamiento de la información en el sistema nervioso central. Aunque se debe aclarar que todavía no se conoce al cien por ciento el proceso de almacenamiento en el mecanismo fisiológico
Las probabilidades de la modificación de la conducta al azar ya sea adaptativa no son mayores que las que pueden ser en las mutaciones.
Toda modificabilidad que se revela regularmente como adaptativa y como lo hace indudablemente el aprendizaje, presupone una programación basada en la información adquirida filogenéticamente, para negar esto es necesario admitir que existe una armonía prestablecida entre el organismo y el medio.
Por otra parte no hay razón lógica ni pruebas que haga suponer que toda la maquinaria de la conducta que es filogenéticamente adaptada deba de ser incondicionalmente susceptible de modificarse adaptativamente.
“La adaptación filogenética debe de estar contenida incondicionalmente en todo proceso de aprendizaje mientras que la hipótesis de que el aprendizaje debe entrar en toda conducta filogenéticamente adaptada es totalmente infundada”. (Hebb) .
Para Revista Discover.

Sobre el autor: Estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Premiado del CONACYT a la innovación científica juvenil. Militar retirado de la Armada de México. Actualmente se dedica al estudio de las aplicaciones tecnológicas y las innovaciones en la vida diaria y la historia de la humanidad.