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La ley del Desarrollo Desigual y Combinado 

Los estudios del imperialismo en los centros de producción por sí mismos no explican los mecanismos en la magnitud de la dependencia en los países explotados. Los estudios del imperialismo y las formas de dependencia económica son complementarios debido a que forman parte de una misma dinámica histórica. Por lo tanto es imperioso realizar un estudio teórico de autores que expliquen las relaciones que acontecen entre las formaciones sociales.

Desde los estudios anteriores al Capital, Marx entrevía una complementariedad del desarrollo de la industria capitalista y la explotación de las colonias como condición sine qua non de las relaciones desiguales de producción y el capital industrial aún dentro de los mismos centros imperialistas. El punto de partida del estudio es la producción de acuerdo a las leyes sociales imperantes en un marco histórico. Una explicación desde esta perspectiva la ofrece tanto la teoría del Desarrollo desigual y Combinado y la teoría del Intercambio desigual. La primera es de un orden socio-histórico y la segunda de un modo productivo y cuantitativo más especifico.

La primera referencia al desarrollo desigual y combinado se encuentra en la “Introducción General a la Critica de la Economía Política”, como una consecuencia lógica del escrutinio histórico. Marx inicia su estudio criticando la ahistoricidad de la producción y el individuo en la escuela clásica. Esta corriente de pensamiento económico muestra al individuo como punto de partida hacia el progreso y no como históricamente determinado por la formas de producción. Incluso la producción es tanto un producto social como histórico. “La producción tampoco es sólo particular. Por el contrario, es siempre un organismo social determinado” (Marx, 1978: 42). Realiza una abstracción histórica de la producción y circulación de los productos que es aplicable a todos los tiempos históricos. “La producción crea los objetos que responden a las necesidades; la distribución los reparte según leyes sociales; el cambio reparte lo ya repartido según las necesidades individuales; finalmente, en el consumo el producto abandona este movimiento social” (Marx, 1978: 44). La varianza de esta circulación depende de los distintos modos de producción de bienes. Si bien Marx, que es este momento pensó que la producción obedecía a “leyes naturales” (?) en realidad se encuentra concatenada tanto en las relaciones sociales como al desarrollo tecnológico de la misma producción; la producción es un producto histórico.

Si bien, en la relación de la desigualdad con el desarrollo de la producción material, Marx disocia la producción (la base) con el desarrollo de x cuestión, que en ese ejemplo es el arte (superestructura), dentro de una acotada realidad histórica. Es decir, desproporciones entre la base y la superestructura o viceversa tanto dentro de una estructura social como entre distintas formaciones sociales. En palabras del propio autor, “El concepto de progreso no debe ser concebido de la manera abstracta habitual. Con respecto al arte, etc., esta desproporción no es aún tan importante ni tan difícil de apreciar como en el interior de las relaciones prácticos sociales mismos. Por ejemplo, de la cultura. Relación de los Estados Unidos con Europa. Pero el punto verdaderamente difícil (…) es el de saber cómo las relaciones de producción, bajo el aspecto de relaciones jurídicas, tienen un desarrollo desigual (las cursivas son mías)” (Marx, 1978: 67). Esta proposición deja entrever una desigualdad del desarrollo entre los elementos de una formación social.

Sin embargo, la afirmación es demasiada vaga como para realizar un profundo estudio, pues la frase oscurece las causalidades del fenómeno. Pero se puede afirmar que el autor se refiere a las relaciones entre la infraestructura y la superestructura y todas las posibles variaciones resultantes en el desarrollo económico y político. No obstante existe en realidad una multiplicidad de modos de producción e interacciones dentro y fuera de la formación social.

El siguiente paso en la investigación del desarrollo desigual lo da León Trotsky, siendo el autor que acuña el término de Desarrollo Desigual en su búsqueda de la aplicación del materialismo histórico en su estudio de la Revolución Rusa. La anunciación de la ley del desarrollo desigual proviene de la comprensión de las condiciones que permitieron en primer lugar la revolución y en segundo la posterior victoria Bolchevique y tercero la victoria del socialismo en Rusia y no en otras partes de Europa Occidental. Por lo tanto era necesario aterrizar la metodología marxista en un proceso histórico delimitado.

Trostky considera que desde el principio la historia de Rusia se distinguió del Occidente en sus condiciones iniciales hacia el desarrollo; es decir careció de la herencia de la antigüedad clásica. “Mientras que los pueblos bárbaros del Occidente se instalaban sobre las ruinas de la cultura romana, muchas de cuyas viejas pudieron utilizar como material de construcción, los esclavos de Oriente se encontraron en aquellas inhóspitas latitudes de la estepa huérfanos de toda herencia” (Trotsky, 1981: 82)[1]. Aunque el autor hace referencia a un legado pétreo y material de Roma a los germanos, esta expresión debe tomarse en tono metafórico pues la herencia más sustanciosa se hizo extensible a instituciones económicas y políticas; las primitivas formas de servidumbre de gleba y la noción del derecho quiritario.

En tanto que la vieja Rusia se vio influenciada por dos modos productivos propios de Europa Occidental y el Lejano Oriente, feudalismo y modo de producción asiático. No obstante, ésta última conceptualización debe ser matizada, ya que la influencia supra e infraestructural de la Rusia zarista más bien se debe al Imperio Romano-Oriental o Bizantino que no corresponde a las formas de los pueblos altaicos y su modo de producción nómada. Continuando con la descripción de Trotsky; por obra de las presiones militares de unos y otros, “el Oriente aportó el yugo tártaro, elemento importantísimo en la formación y estructura del estado ruso (…) los elementos fundamentales del feudalismo ruso eran los mismos que los del Occidente” (Trotsky, 1982: 83). De estas afirmaciones puede inferirse que este autor hace una caracterización de la feudal prezarista y zarista de una superestructura con una monarquía con rasgos del despotismo oriental (respecto al respeto a la propiedad privada) con una base económica feudal.

Al margen de la vigencia de esta caracterización del zarismo, la historiografía de Trotsky comprende que: 1) el desarrollo histórico no es cíclico, de cosmovisiones propias de las culturas agrícolas que miran al universo como una sucesión de estaciones, sino que es progresivo; 2) el desarrollo histórico no se da con la misma rapidez en todas las regiones o sociedades del globo terráqueo; 3) entonces existe una dinámica entre países más desarrollados y otros menos desarrollados; una relación entre formaciones sociales con modos de producción (formas de propiedad, métodos y ciclos productivos novedosos) y otras formaciones ancladas con formas productivas anteriores respecto a los primeros; 4) existe una conjunción dentro de una formación social de diferentes grados de desarrollo productivo entre la estructura y superestructura de los distintos modos de producción de la realidad histórica; 5) las formaciones sociales, que usualmente son explotadas, atrasadas pueden adaptar elementos productivos (es decir relaciones sociales de producción) a su realidad y de este modo ponerse al nivel de sus explotadores.

Trotsky es claro en las aleaciones socio-históricas. “El desarrollo de una nación históricamente atrasada hace, por fuerza, que se confundan en ella de una manera característica, las distintas fases del proceso histórico” (Trotsky, 1982: 85). Ahora bien, de esta tesis puede entenderse que los países mas adelantados tampoco son uniformes en sus modos productivos, sino que también existen amalgamas de desarrollo. Tomando groseramente la historiografía marxista, respecto a la sucesión de modos de producción, en estos países puede haber al menos una formación social que se aproxime al socialismo, mientras que otras (s) son netamente capitalista monopolistas.

Pareciera que un Estado, o una civilización entera, de haber tenido la fortuna de recibir una indeterminada y afortunadísima herencia se encontrará siempre a la delantera y en la posibilidad de una ilimitada explotación de los desafortunados hasta el infinito. A esta observación, el citado autor expresa que el país menos desarrollado necesariamente absorbe elementos más modernos (no necesariamente los más progresivos) a su estructura sin la necesidad de transcurrir en todo momento fases históricas intermedias como lo hicieron los países de producción más adelantada. No obstante “hallase frecuentemente condicionada en última instancia por la capacidad de asimilación económica y cultural del país. Además, los países atrasados rebajan siempre el valor de las conquistas tomadas del extranjero al asimilarlas a su cultura más primitiva” (Trotsky, 1982: 85). Estas asimilaciones pueden bloquear el posterior desarrollo de un Estado atrasado o retardar el paso de un sector más adelantado a un nuevo modo de producción.

Aunque pareciera contradictorio ante esta probable cristalización social, Trotsky señala que en realidad existen ventajas para los países atrasados de acuerdo a su capacidad de asimilar elementos más avanzados e incluso rebasar al más adelantado siendo el caso de Alemania y EU respecto a Inglaterra. “El país atrasado no se ajusta en su desarrollo a la concatenación de las etapas sucesivas. El privilegio de los países históricamente rezagados -privilegio que existe realmente está en poder asimilarse las cosas o (…) obligarse a asimilárselas antes del plazo previsto, saltando (…) una serie de etapas intermedias” (Trotsky, 1982: 85). La ventaja histórica es la capacidad de asimilación cuyos únicos mecanismos nebulosos son la lucha de clases.

En resumen, hay en el devenir histórico tanto una desigualdad como una combinación. Por lo tanto, el mentado escritor enuncia una ley histórica tomando los dos anteriores elementos estudiados desde el materialismo histórico. “El desarrollo desigual (...) es la ley más general del proceso histórico (…) Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países se ven obligados a avanzar a saltos. De esta ley se deriva otra (…), calificaremos de ley del desarrollo combinado aludiendo a la aproximación de las distintas etapas del camino y la combinación de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas” (Trotsky, 1982: 86). Ahora bien, este señalamiento, sin duda innovador en su momento, aún es muy general para responder sobre cuáles son los mecanismos específicos del subdesarrollo en las relaciones entre las formas modernas y atrasadas dentro de un país y entre países desarrollados y no desarrollados. Pues incluso la clase poseedora y gobernante de un país atrasado puede encontrar conveniente ese status quo para mantener su dominación.

Así como pueden las clases poseedoras y gobernantes ser o no afectas al desarrollo histórico las clases trabajadoras y desposeídas, en su lucha por la liberación de la explotación pueden favorecer indirectamente tales cambios. Cuando hay enfrentamientos entre clases se puede llegar a una correlación de fuerzas bastante parejas. A semejanza del núcleo atómico de carga eléctrica neutra por igualación de cargas por protones y electrones, siguiendo esta analogía existe un tercer factor que da estabilidad al sistema el neutrón. En este caso de igualación, el Estado (o mas correctamente las instituciones políticas y su burocracia capitaneada) cesarista, bonapartista o bismarckista toma el papel de la clase poseedora en cuanto al desarrollo histórico. Fenómeno socio-histórico ya teorizado por Marx y ya rememorado en este texto. Ahora bien, esta forma de desarrollo histórico forzado o artificial, y no siempre racionalizado por desgracia, es por antonomasia la ventaja que alude este autor. “La solución de los problemas que incumbe a una clase por obra de otra (…) es propia de los países atrasados” (Trotsky, 1982: 92).

Una vez obtenida la metodología de trabajo, León Trotsky explica el proceso histórico hacia la Revolución de Octubre como un tránsito de elementos capitalistas industriales modernos con una altísima concentración de la renta nacional por una pequeña capa de propietarios, pero la mediatización casi por entero era por medio del capital extranjero (equivale a un sometimiento de la industria por un llano imperialismo), con una agricultura de fuertes elementos feudales (tipo de propiedad, métodos productivos y cantidad de fuerza de trabajo empleada). La economía industrial rusa atravesó un salto cuántico del trabajo gremial al manufacturero sin etapas intermedias. Debido a la incorporación de elementos capitalistas industriales la consecuencia fue un considerable aumento de la producción industrial prácticamente a la par de los países de Europa Occidental. No obstante, este salto cuántico no fue realizado de manera endógena sino que fue orquestado por la clase capitalista extranjera (la inversión extranjera) con el beneplácito de la clase dirigente rusa. “Entre la revolución de 1905 y la guerra, Rusia dobló, aproximadamente su producción industrial” (Trotsky, 1982: 92). Esta aseveración, de manera superficial, parece impresionante. En otros contextos cifras semejantes, que sólo se concentraran en lo cuantitativo, darían posibles argumentos para rebatir las voces que señalan el atraso. Trotsky ante posturas semejantes señala que

“el termómetro (…) para medir el nivel económico de una nación es el rendimiento del trabajo que (..) depende del peso especifico de la industria en la economía general del país (…) la parte alícuota de riqueza nacional que correspondía a cada habitante era ocho o diez veces inferior a la de EU, lo cual no tiene de sorprendente si se tiene en cuenta que las cuatro quintas partes de la población laboral de Rusia se concentraban en la agricultura (…) los centros fabriles gigantescos que daban empleo a mas de 1000 obreros cada uno y que en Estados Unidos, sumaban el 17, 8% (…) en Rusia, representaban el 41, 4%” (Trotsky, 1982: 93).

La economía industrial rusa atravesó un salto cuántico del trabajo gremial al manufacturero sin etapas intermedias. Debido a la incorporación de elementos capitalistas industriales la consecuencia fue un considerable aumento de la producción industrial prácticamente a la par de los países de Europa Occidental. No obstante, este salto cuántico no fue realizado de manera endógena sino que fue orquestado por la clase capitalista extranjera (la inversión extranjera) con el beneplácito de la clase dirigente rusa. “Entre la revolución de 1905 y la guerra, Rusia dobló, aproximadamente su producción industrial” (Trotsky, 1982: 92). Esta aseveración, de manera superficial, parece impresionante.

Sin embargo una amplia concentración de capital industrial no es indicador de un amplio desarrollo, pues como se ha señalado la producción es indivisible del consumo y el producto solo se realiza al ser consumido. El desarrollo genuino es la cualidad horizontal de la capacidad de la satisfacción de las necesidades por medio de bienes y servicios; ello conlleva una cualidad horizontal. La propiedad de la industria también es un factor que muestra el verdadero desarrollo, pues una industria altamente productiva de una compañía extranjera solo equivale a que la composición orgánica de capital (C.C) es elevada para ese país o compañía, no para el país que aporta la mano de obra (C.V). En el caso de la Rusia pre revolucionaria significó que “la industria pesada (metal, carbón, petróleo) se hallaba sometida casi por entero al control del capital financiero internacional (…) cerca del 40% del capital en acciones invertido (…) pertenecía a extranjeros” (Trotsky, 1982: 94-95). Una industria moderna de alta concentración de capital permitió la formación de una clase proletaria avanzada que pudo asimilar con facilidad las técnicas de organización y en dos asaltos tomar el poder. Como formación social, la Unión Soviética sintetizó elementos productivos capitalistas (capitalismo de Estado) con una superestructura no muy diferente al zarista (depositaria de la tradición política del basileus bizantino).

[1] Aquí el autor no se refiere a la condición de pérdida de la libertad y propiedad personal, sino hace referencia a la antigua voz con que se denominaban a los antiguos pueblos que hoy se les conocen por eslavos. La voz latina para eslavo es esclavum y el antiguo territorio ocupado por ellos es Esclavia o Esclavinia, en la actual península de los Balcanes, tal y como eran caracterizados por la historia Romano-Oriental desde el siglo VI. La voz para esclavo en latín es servum

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Licenciado en Ciencias políticas e involucrado en el mundo de las actividades académicas y sociales. Actualmente realizando investigaciones y organización para distintos frentes sociales y proyectos para el desarrollo económico.

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