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La historia de las crisis económicas capitalistas es la historia de las transformaciones estructurales de este sistema de producción. Las ciudades son el recinto dónde el capitalismo triunfó, se extendió y se reproduce hasta la actualidad. Por lo tanto, un análisis de la ciudad es un estudio del capitalismo.

 

La esencia del capitalismo se desarrolló en los burgos medievales, y estos a su vez son descendientes de las urbes de la época grecorromana. En otras palabras: un estudio de la ciudad occidental es un estudio de la economía dominada por el mercado basado en la oferta y demanda. Por tal motivo es necesario rastrear desde la Antigüedad Occidental la relación entre la ciudad occidental con la aparición del mercado y el auge del capitalismo.

 

Autor: Lic. Daniel Muñiz Alejandro, para Revista Discover. Todos los derechos reservados.

 

En las primitivas ciudades no existía el moderno principio económico de la ganancia. “El rasgo característico de la economía primitiva es la ausencia de todo deseo de realizar ganancias con la producción o el cambio”[1]. Todas las civilizaciones, desde Egipto hasta China, practicaron la producción de bienes basada en la reciprocidad y redistribución. La primera es una actividad de tipo horizontal que se caracteriza por el intercambio de bienes recíprocos, mientras que la segunda es vertical y centralizada, siendo un acto propio de las clases gobernantes. Ambos principios responden a cuestiones no económicos, sino a intereses sociales (estatus, aceptación, competencia para el caso de la reciprocidad) y políticos (siendo el caso de la redistribución, como un mecanismo de control); la economía era un anexo de la organización política. El origen del dinero se debe al principio de redistribución de ciertos servicios no recíprocos; “todos los reinos arcaicos usaron monedas metálicas para el pago de impuestos y salarios[2], pero para el resto utilizaron los pagos en especie”[3]. El principio de redistribución de bienes aumentó la especialización del trabajo, que ya existía en la economía primitiva, hasta constituir clases sociales. El comercio era un acto extraterritorial. A decir verdad, la producción era doméstica y de autoconsumo. Los anteriores principios generaron Estados autárquicos de economías regionales.

 

La ciudad se insertó como un centro de consumo de bienes locales, un lugar de residencia, tanto para los campesinos, como para los dirigentes. Era un centro neurálgico de gobierno y recinto de defensa. Ese fue el origen de la Ciudad-Estado griega o polis, la necesidad de un aparato coactivo de autodefensa, más que algún fenómeno económico. No obstante, la polis era una extensión urbana de su perímetro rural cuya característica principal era el consumo y se regía por los principios de reciprocidad y redistribución. Aunque la accidentada geografía de Grecia dificultaba las labores agrícolas, favorecía el comercio en búsqueda de la ganancia y los viajes de colonización. Aristóteles, insistía en que la producción accesoria para el mercado no tiene por qué destruir la autosuficiencia doméstica. Aquí se halla un primer divorcio entre motivos políticos y económicos. No obstante, el factor que verdaderamente diferenció al mundo grecorromano, y favoreció una tradición mercantil y urbana, fue su modo de producción: el esclavismo

 

“La civilización de la antigüedad clásica representa...la supremacía anómala de la ciudad sobre el campo... la condición... era la existencia de trabajo esclavo en el campo”[4]. La base económica del mundo clásico fue el esclavismo, es decir la posesión total de la mano de obra como medio de producción.  La mano de obra esclava no fue una exclusividad del mundo clásico, pues como es bien conocido, era utilizada en las diversas culturas de la cuenca del Mediterráneo. Sin embargo, el uso, regulación, legislación nunca fue más extenso y estructurado que en la época de esplendor romano. Así pues, fue un harto importante en la vida socioeconómica de Roma, quien fue él epítome de aquel modo de producción.

 

En el esclavismo, la extracción de riqueza provenía del trabajo hecho en la tierra por mano de obra humana que perdió su libertad en los avatares de la guerra, ”Los esclavos podían ser adiestrados en numerosos oficios; además... intervenían  para mantener bajos los costes allí donde trabajaban obreros asalariados o artesanos”[5] ello permitía que los ciudadanos se dedicaran de forma absoluta a diversas actividades, desde la guerra, la política o la filosofía. Por lo anterior se explica la especialización y florecimiento de la cultura de Atenas hasta Roma. Incluso “la civilización griega fue la primera en desprenderse del polo absoluto de la libertad del continuo político... que habían predominado”.[6] La riqueza de las naciones grecorromanas, por lo tanto, se derivó siempre en la obtención del medio de producción humano a través de medios coactivos, es decir: la guerra. Esta última actividad nunca ha estado más ligada, en toda la historia humana, a la política y economía, pues del botín se obtenía la tierra a labrar, el material a manufacturar y el trabajador esclavo a trabajarlos. El papel de la ciudad se configuró apara la residencia de los terratenientes, ciudadanos y artesanos; para el control político-económico; un centro de consumo de los productos del campo y las manufacturas de diversas regiones.

 

Con las bases materiales anteriores, puede comprenderse que una aldea fundada a orillas del río Tiber se haya convertido en una ciudad y esta, posteriormente se apropiara del mundo antiguo. La culminación llegó cuando todas las naciones entregaron sus riquezas a la voluntad de Roma y todos los regionalismos fueron abolidos en la etapa de la monarquía imperial. Desde el siglo II a. De C hasta el siglo II d. De C. Podemos considerar el apogeo de la civilización romana encarnada en la pax romana. Del mismo modo, una innovación de la Ciudad Eterna tendría consecuencias de largo alcance en la historia mundial y economía más allá de la crisis del esclavismo: el derecho civil.

 

“La civilización romana fue la primera en separar... la propiedad del espectro económico de la posesión...indeterminada que la había precedido”[7]

 

Tras la caída de la monarquía universal romana, la Pars occidentalis[8] entró en una época conocida como el Medievo, del siglo V al XV. El antiguo Imperio Romano Occidental tras su caída dejo a un conglomerado de reinos germánicos, cuya organización económica, política y social se le conoce como feudalismo. Esa forma de producción de bienes se caracteriza por una atomización del poder político central, una división del territorio en comarcas de propiedad privada señorial, el trabajo de siervos en la extracción de recursos de la tierra y una economía de auto consumo en cada división territorial.[9]

 

En el feudalismo, las ciudades no cuadraban en una economía agraria, es por ello por lo que se desarrollaron al margen del campo. La ciudad medieval era una organización burguesa descendiente de la ciudad romana. Allí primó un carácter privado e individual sustentado en el antiguo derecho romano, cuestión que las distinguía de otras regiones del mundo e incluso del mismo feudalismo que la tenía inmersa. Las ciudades o burgos no eran regidos por la nobleza terrateniente, ellas poseían sus propios mecanismos de gobierno. Los burgos cambiaron su papel de centro neurálgico, de consumo de recursos y residencia por el de un recinto de defensivo y de producción. Esa libertad urbana se hizo patente en las ciudades del norte de Italia (Milán, Florencia, Venecia, Pisa y Génova) que dedicaron sus escasos recursos al comercio y transporte de mercancías a lo largo del Mediterráneo en el siglo XIII[10].

 

Así las cosas, transcurrían en Europa en el siglo XIV hasta que sobrevino la crisis del feudalismo y comenzó a trastocar el orden establecido. Las malas cosechas, la Peste Negra, la Guerra de los Cien Años, debilitaron la base social que eran los siervos, pues simplemente morían y de ser posible huían a las ciudades donde se unían a algún gremio. Los Señores se vieron despojados de un momento a otro de su riqueza y ya no pudieron entregarse a sus guerras privadas. Sólo los reyes podían capitalizar la política y economía, así comenzó el Estado Absolutista.

 

Mientras el edificio feudal se tambaleaba, las ciudades italianas aprovecharon la oportunidad de sacudirse el yugo del papado y el Sacro Imperio para consolidar su organización mercantil en todos los sentidos. De forma paralela en el norte de Alemania, las ciudades se unieron en torno a la ciudad de Lübeck y formaron la liga Hanseática. Allí se desarrollaron las primeras instituciones crediticias del occidente, se consolidó la organización del trabajo en gremios, la letra de cambio y la deuda pública, es decir el germen del capitalismo. Las repúblicas italianas (que vivieron idéntico proceso) comenzaron a ser gobernadas por personajes no provenientes de la nobleza feudal sino por una aristocracia mercantil o banquera; los Medici son el paradigma de ello[11].  

           

Tras la crisis del siglo XIV, el modo feudal no terminó en la edad media, al contrario, se reforzó en una estructura política llamada Estado absolutista[12]. A este Estado se le considera como la concentración del poder aristocrático feudal por la monarquía, a quien en último término dominaba y servía al mismo tiempo. El Estado absolutista fue esencialmente un aparato reorganizado y potenciado de dominio feudal destinado a mantener la tradicional servidumbre con la novedad del desarrollo de la producción de intercambio de mercancías[13].

 

Las ciudades no perdieron su autosuficiencia en los lugares donde la autoridad real era débil o inexistente, siendo el caso del Sacro Imperio Romano y los territorios italianos. En los reinos altamente centralizados la independencia citadina se quebró, en lo adelante todos fueron súbditos. A medida que sobresalió la capacidad productiva de la ciudad, esta se insertó cada vez más en el entramado socioeconómico. “La era en que se impuso la autoridad fue también la era en la que se consolidó... la propiedad privada”[14]

 

Finalmente, en el s. XVIII el entramado político y económico se dividió, cuando el proceso de apropiación de los medios de producción de forma privada transformó radicalmente las relaciones en busca de la ganancia; es decir la industria. La revolución industrial, sin duda es la culminación de la unión ciencia-técnica en el contexto capitalista[15]. El capitalismo es una forma de producción económica que se caracteriza por la propiedad privada de los medios de producción, por lo tanto, aquellos que no pueden producir bienes se verán obligados a vender su trabajo al capitalista. De igual modo, el papel productivo de la ciudad (herencia de la Edad media) se hipertrofió conteniendo en su seno a la nueva unidad productiva: la fábrica.

 

Esa nueva forma de relación social, capitalista-proletario, era ya una realidad en la Inglaterra del s. XVIII e inicios del XIX. Allí las viejas formas feudales no eran tan marcadas como en Francia. En la Gran Bretaña imperaba el sistema putting-out (Taller de trabajo), es decir, un sistema de trabajo en casa. Los ganaderos y agricultores para aumentar un poco sus entradas monetarias vendían su trabajo a comerciantes, residentes de las ciudades, que les alquilaban las herramientas de producción. En aquellos días no era necesario reunir a las personas en un recinto a que laboraran un determinado número de horas.

 

Los avatares de la economía llevaron a importantes cambios. La industria textil hacía un uso extensivo del putting-out y por un tiempo prosperó. No obstante, el exceso de productos textiles en el mercado nacional y colonial provocó que las prendas bajaran de precio. Entonces se hizo evidente que para mantener las ganancias altas era necesario reducir costos. A los trabajadores caseros se les redujo la paga. Eso no fue suficiente, por lo tanto, se buscó cualquier alternativa de suplantar al trabajo humano. La primera opción viable se encontró en la fuerza hidráulica de los ríos que podían mover paletas y mecanismos. Todos los centros de manufactura se mudaron a las cercanías del Tamesis. Las necesidades del mercado (competencia de productos) continuaron orillando la búsqueda de nuevas opciones en la reducción de costos de producción. Una máquina utilizada en la extracción de agua en las minas que había mostrado cierta fiabilidad se aplicó en la industria textil; la máquina de pistón a vapor. Fue un éxito rotundo, las telas inglesas eran más baratas y de mejor calidad que cualquier otra industria en el mundo. Así pues, los productos ingleses arrollaban la competencia.

 

El uso de máquinas hacía obsoleto el sistema putting-out, ahora se necesitaba que los trabajadores hicieran las manufacturas en un recinto donde no harían los productos en sí, sino en realidad cuidarían a las maquinas. Al nuevo recinto se le bautizó como “factory”, que en español es fabrica y desde entonces es un lugar de producción basado en el trabajo de cadenas. La sociedad se reconfiguró, ya no imperaba el conde o el duque, era más importante el burgués. Ya no existió el siervo que pagaba la tierra que trabajaba, ahora se tenía al obrero que vendía su fuerza de trabajo por dinero. El proceso de acumulación originaria que despojó a muchos de las pequeñas y medianas propiedades, no les dejó otra opción. Las brechas sociales se volvieron a aplicar con la misma intensidad que en el feudalismo[16].

Desde el triunfo del capitalismo, a mediados del siglo XIX, la esfera económica se dividió de la política, desde el siglo XIX, podemos considerar el nacimiento del Estado Económico, pues el motivo de la ganancia mercantil es su razón de ser utilizando una base política que es secundaria al mismo y sólo garantiza la propiedad privada. De igual modo las viejas divisiones feudales desaparecieron para renacer en el Estado-Nación. Una reorganización del Estado caracterizada por la uniformidad geográfica, lingüística, étnica, constitucional e institucional; reforma que triunfó de manera paulatina después de la revolución francesa. El conflicto entre imperios coloniales capitalistas dejaría una herida económica tan profunda que sacudiría al sistema capitalista hasta los cimientos.

 

[1] Polanyi Karl, La gran transformación, Ed. Claridad S.A Buenos Aires, 1975 pag.83

[2] La palabra castellana salario proviene del latín salarium, que era un pago en especie a una jornada de trabajo dado en una cantidad de sal que bien podía servir como un medio de cambio por otros bienes.

[3] Op. cit. Pag. 80

[4]           Perry Anderson, Transiciones de la antigüedad al feudalismo, Siglo Veintiuno Editores 2007 España, pag 16

[5] Ibid. pag 19

[6] Ibid pag. 63

[7] Ibid. Pag 63. Es interesante notar que el discurso de los liberalistas de la ilustración (en específico a John Locke) hacían hincapié de tres factores imprescindibles en la civilización como derechos naturales del hombre: la libertad, las posesiones y la vida. Siendo esto una clara herencia del Derecho Romano y que sería aplicado a la producción en la posteridad.

[8] La crisis del esclavismo desde el s. III se debió a una serie de factores que iniciaron con la inelasticidad de la reproducción de la fuerza de trabajo, pues los esclavos no se reproducían en paridad a las necesidades, lo que provocaba una inflación en su precio. Incluso, gradualmente podían comprar su libertad y formar parte de los libertos. Así mismo,  la producción esclava ahogaba las invenciones tecnológicas en la producción de bienes, pues sus servicios hacían innecesarias las innovaciones. Por consiguiente, durante la plaga del 266 d. C. y los sucesivos acosos germánicos erosionaron la capacidad económica y política del Estado romano empujándolo a la economía rural. Ibid pag. 73-82.

[9]           El termino feudalismo deriva del francés feud e inglés field que significa campo

[10]         Henry Pirenne, Las ciudades de la Edad Media, Colección Clásicos de la Historia, España 1971, págs 25-27.

[11]         Op. cit. Págs 33-37.

[12]         Autores como Karl Polany exponen que el germen comercial de las ciudades medievales pudo transformarse en el mercantilismo gracias a la creación inesperada del mercado interno por parte de la maquinaria estatal absolutista. Tal institución mercantil se encuentra intermedia entre el mercado local y externo, y favorece las transacciones y acumulación de capital que ayudó en la posterior industrialización haciendo aun lado la estructura feudal. Ibid. Pags. 89-101.  Así pues, el mercado interno fue una carencia de la antigüedad romana, que a pesar de haber unificado económicamente el mediterráneo occidental con el oriental, no logró dar el siguiente paso de unificación mercantil por las limitaciones del esclavismo en la producción ya expuestas anteriormente. 

[13] Una característica del feudalismo es la propiedad personal consanguínea, es decir, el tratamiento de la tierra y servidumbre como una propiedad heredable o vendible. Ello propiciaba que los Estados absolutistas fueran muy desperdigados y, a veces, sin coherencia étnica, geográfica o lingüística. Incluso era normal que en un reinado aumentaran las propiedades en la vida de un monarca y, tras la muerte del mismo, su reino se empequeñeciera. Tampoco era anormal que dentro de un reino se hallaran propiedad de de un extranjero, por ejemplo en Francia existían varias ciudades del Papa como Avignon. Perry Anderson.” El Estado Absolutista”. Siglo veintiuno editores, España 2002. Págs. 11-37.

[14] Ibid. Pag. 441

[15] El mundo moderno y occidental no puede comprenderse sin la ciencia moderna, pero tampoco sin el capitalismo. Aunque si bien, la característica de la ciencia moderna es la unión de la ciencia con la técnica (desconocida en la antigüedad), prosperó fue por que las condiciones políticas y económicas así lo requerían.

Toda invención que se haya realizado en la historia responde a una necesidad no cubierta. Sin embargo, un invento por sí mismo no transforma a una civilización o forma de producción. Ocurre que sí no hay un contexto que requiera de cierto aparato o ciencia, simplemente no se desarrolla o es una curiosidad. Mientras existió mano de obra barata, servil o esclava, las máquinas productivas no eran necesarias en gran escala. Acontece lo mismo con las ciencias aplicadas, pues en tanto hubo esclavos, la filosofía siempre habló en términos abstractos e inaplicables.

El capitalismo con su naturaleza (propiedad privada de los bienes de producción, binomio compra-venta, etc.) requiere estar constantemente innovando los bienes de producción con el objeto de reducir costos de producción y mano de obra para obtener un producto que sea más atractivo en el mercado. Ese fue el contexto del éxito de la máquina de vapor, pues los centros de producción (fabricas) requerían menos horas-hombre de trabajo y por tal, menos salarios. El salto de la excesiva acumulación del capital no hubiera sido posible sin el uso de la tecnología. Las sucesivas revoluciones industriales no hubieran sido posibles sin el capitalismo.

           

            Otra de las innovaciones de la ciencia moderna es su entendimiento mecanicista de la naturaleza. Se concibe al mundo natural como una máquina que puede ser desarmada, entendida, reensamblada y mejorada y por ende controlable. En lo adelante, la ciencia en Occidente se convirtió en tema de interés político, pues la dominación sobre la naturaleza (y sus habitantes) confiere demasiado poder como para depositarlo en las manos de unos científicos. La ciencia como la entendemos se convirtió en una herramienta de dominación geopolítica. Quien posea la ventaja tecnológica, generalmente, podrá desde hacer colonias hasta vencer guerras con mayor facilidad. 

[16] Hobswan Eric, La Era de las revoluciones. Ed. Lope de Rueda, 1976 España. Págs 35-40

Licenciado en Ciencias políticas e involucrado en el mundo de las actividades académicas y sociales. Actualmente realizando investigaciones y organización para distintos frentes sociales y proyectos para el desarrollo económico.

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