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La discapacidad a través de la Historia

Cómo trataban las personas a las personas con discapacidad en la prehistoria, Antigüedad, Edad media y Renacimiento europeo.

Contrario a la opinión general los grupos humanos han reaccionado de distintas maneras hacia las personas con discapacidad a lo largo de la historia. Estas respuestas han variado desde su eliminación hasta la veneración completa. De todas formas, es posible reconocer ciertos patrones generales. Analizar cada uno de ellos rebasa el propósito de esa investigación por lo que se ofrecen algunos ejemplos.

Es bastante ilustrativo que en la prehistoria se hayan podido encontrar restos arqueológicos que atestiguan tratos humanitarios hacia personas con deficiencias. Por ejemplo, en Atapuerca, España, se encuentra el yacimiento de la “Cima de Huesos” en el cual se han encontrado restos óseos de 32 individuos pertenecientes a la especie homínida homo Heidelbengensis con una antigüedad cercana a los 530 000 años (correspondiente al Pleistoceno). En este asentamiento se encontró una pelvis bautizada como “Elvis” que, de acuerdo con los estudios correspondió a un hombre adulto que superaba los 45 años al fallecer, un anciano para los estándares de su época. Los análisis muestran que este hombre sufría numerosas enfermedades degenerativas que debieron haber producido mucho dolor además de forzarle a llevar una postura encorvada. Padecía una discapacidad motriz que le obligó a utilizar un bastón para desplazarse. En realidad, la única manera en que una persona con semejantes deficiencias físicas hubiera podido sobrevivir en un periodo tan adverso para cualquier ser humano sería con ayuda de las personas de su comunidad. Ya desde el Paleolítico se pueden rastrear actitudes favorables, cuidados y una integración favorable en la comunidad. Se puede inferir que las personas sin importar su condición cumplían funciones sociales como la transmisión de conocimientos, planeación política, etcétera.

Por otra parte, en el actual Irak se han recuperado restos óseos de un hombre de Neandertal (homo neanderthalensis) que vivió hace 45 000 años aproximadamente. Al momento de morir a una edad una cercana a los cincuenta años se encontraba con un brazo que había sido amputado, vivía con pérdida de la visión en un ojo además de otras heridas en su cuerpo.[1] Nuevamente nos encontramos ante un caso de in individuo que no habría podido sobrevivir por sí sólo en su entorno sin ayuda de su comunidad, lo que denota una organización social compleja.

Avanzando en el tiempo, se han descubierto restos con una antigüedad de 4000 años pertenecientes a una persona del neolítico en el actual Vietnam. Los análisis revelaron que al momento de morir ya este individuo se encontraba paralizado desde la cintura hacia abajo debido al síndrome de Klippel - Feil. Marc Oxenham y Lorna Tilley pertenecientes a la Universidad Nacional Australiana concluyeron que el único modo en que hubiera podido sobrevivir alcanzando semejante edad y estado fue gracias a que recibió los cuidados necesarios para llevar una vida en su comunidad, seguramente por parte de personas de su entorno.[2] A pesar de los pocos restos encontrados se puede evidencias una cultura de tolerancia y cooperación.

La antigüedad grecolatina dejó una fuerte impronta que sirvió de guía e inspiración para el mundo occidental en siglos posteriores. Es de sobra conocida la costumbre practicada en Esparta la cual consistía en presentar a los niños recién nacidos al consejo de ancianos de la tribu. De ser encontrada alguna tara o disfuncionalidad física el recién nacido era despeñado por el monte Taigeto. En Atenas Aristóteles escribió que la ley debería prohibir criar a niños lisiados” y es conocida la opinión que tenía al recomendar que hubiese leyes para impedir criar a hijos defectuosos.[3] La costumbre de Atenas prescribía que los niños que nacieran con alguna característica que pudiera considerarse defectuosa fueran abandonados en una vasija en un lugar alejando del hogar con la intención que fuese devorado pos las criaturas del bosque. No obstante, la misma recomendación de Aristóteles daba a entender que en la realidad si había personas que, contra la costumbre, decidían mantener bajo su manto protector a sus hijos, pese a descubrir alguna deficiencia física.

De la misma forma, en Roma la costumbre era tirar a los niños considerados inservibles por el rio Tiber. Estas costumbres estaban justificadas en razón que los hijos no se consideraban personas sino propiedad del padre el cual decidía sobre el destino de los suyos. Con todo, el emperador Claudio quien gobernó entre el 27 a.C. hasta el año 14 d.C., en medio de un periodo convulso para Roma, favoreció la paz y reformas civiles, entre otros, a favor de las personas con deficiencias. Es conocido que los niños no deseados eran dejados en la Columna Lactaria donde eran alimentados por nodrizas enviadas por el Estado. A su muerte el infanticidio recuperó los espacios perdidos. De todas formas, un niño podía ser tomado como propiedad, ser deformado, amputado y enviado como mendigo para poder alcanzar mejores limosnas. Era una forma de esclavitud que los filósofos justificaban con el argumento que era mejor a dejarlos morir como animales sin derechos ni dignidad. Es de resaltar que Atenas fue la única comunidad de la Antigüedad que se sabe ofreció una provisión a pobres y personas desvalidas.

El consejo también examina a los impedidos, pues existe una ley que ordena que, a los que tengan una suma menor a tres minas y mutilados físicos, que no puedan hacer ningún trabajo, el Consejo los examina y se les da, a expensas del Estado, dos óbolos diariamente a cada uno, como sustento.[4]

 

En la edad media se enaltecieron los valores y creencias del cristianismo los cuales fueron fuertemente influenciados por doctrinas grecolatinas, entre ellas la visión estoica del mundo. El Antiguo Testamento hebreo estaba lleno de referencias a personas con deficiencias físicas, mentales o sensoriales. Estas respuestas ayudaron a perfilar un tipo de conducta en las sociedades medievales. Gracias al testimonio ofrecido en las Escrituras se pudo sugerir un tipo de respuestas y explicaciones a los cuerpos que eran considerados normales. La mayoría de las explicaciones que se daban a la deficiencia eran explicadas como castigos enviados por un dios celoso y vengativo. De esta forma, en la cristiandad de la edad media cuando un niño nacía con deformidades eran resultado de una relación pecaminosa. El niño hacía sido concebido bajo un techo impuro o bien, el recién nacido revelaba alguna amenaza para la comunidad, en pocas palabras, eran un mensaje amenazador enviado desde las potestades celestiales conteniendo una llamada al arrepentimiento o condenación. Es decir, estas personas constituían en sí mismas un oscuro secreto y un aviso potencialmente devastador.

En la Edad Media, otra parte, las enseñanzas de Jesús representaron un punto de quiebre con la visión doctrinaria de la tradición judía. El Mesías difundía un mensaje de paz y redención a toda criatura sobre la faz de la tierra. Anunciaba un reino donde las personas cortas de espíritu y los niños heredarán el Reino de los cielos, donde las prostitutas, mujeres y afligidos tendrían un lugar en el Paraíso. Este mensaje redentor alcanzaría a las personas que sufrían enfermedades y sus consecuencias ya que en la Edad Media estas enseñanzas ayudarían a prohibir el asesinato de niñas y niños con deficiencias, ya sean mentales, físicas o sensoriales.  La biblia ofrecía muchos ejemplos de personas virtuosas con discapacidades y la explicación de estas características. De hecho, es bastante ilustrativo el pasaje en que Jesús sana a una persona invidente de nacimiento y responde a las preguntas sobre el origen de su característica:

 

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.[5]

 

Resaltamos la importancia este pasaje de la Biblia porque este tipo de respuesta dieron lugar a un cumulo de respuestas sobre las personas deficientes en la Edad Media. Aquí mismo se ilustra el modelo a seguir: Una persona con deficiencia no debe ser eliminada, sino que es un elemento que sira para engrandecer y revelar la autoridad de Cielo sobre la Tierra. Es decir, las personas que no pueden ver, oír, pensar ni sentir adecuadamente pueden ser objeto de una curación divina como prueba de un poder sobrenatural sobre la tierra.

En la Edad Media fueron prohibidas las matanzas de niños y personas con deficiencias, ya sean detectadas en el nacimiento, la madurez o sobrevenidas como consecuencia de enfermedades, accidentes o por causas de guerras. Estas personas cumplían un papel en este mundo y completaban el designio divino y el orden terrenal de las cosas: Se encontraban insertos en el cuadro de las ocupaciones y actividades dentro de la división ocupacional de la vida corporativa como mendigos.[6] Se encontraban esperando las señales de la grandeza de un poder supraterrenal y de la caridad de ricos y virtuosos. Marx lo llamará lumpenproletariado.

En realidad, la edad media fue un periodo lleno de penalidades para este tipo de personas, ya sea que sufrieran sinnúmero de miserias como producto de omisiones o como resultado del avance técnico de la época. El hecho de estar supeditado a las llamadas de un poder celestial les relegaba a una vida de privaciones. Sin embargo, la necesidad de mano de obra en estos siglos y el tipo de economía extensiva les podía prever una expectativa de vida en que su mano de obra pudiera contribuir a la comunidad, aunque muchas veces fuera como mano de obra esclava. Para el caso, Carlomagno había decretado majo su mandato que los niños abandonados podrían ser acogidos como esclavos de quien los encontrase, no siendo licito su asesinato.[7] De hecho, durante el Concilio de Rouen, en el siglo VIII se indicó que las mujeres que alumbrasen a sus hijos en secreto los dejasen en los templos de las iglesias donde serían atendidos. Esto dio lugar a la creación de asilos y orfanatos donde fueron acogidos niños y niñas con deficiencias.

Durante la Antigüedad y la Edad media se entendía la discapacidad como una consecuencia del pecado ya sea de los padres o de la comunidad, era fruto de malas acciones o de ruptura de un designio divino o de una alianza ancestral entre los hombres y de unas deidades superiores. Durante el medioevo y con la llegada de una creencia basada en una revelación y vida ultraterrena las respuestas y conductas que se dieron respecto a estas personas fueron de integración social siempre dentro de un esquema de marginación. No desapareció del todo la idea antigua que los hijos eran producto de conductas pecaminosas (muchas veces incestuosas o de carácter sexual). Un ejemplo de esta visión de la discapacidad se puede localizar en el Malleus Maleficarum, publicado por primera vez en Alemania en 1487, ya en una época tardía de la edad media, en los albores del Renacimiento europeo. Es considerado el máximo tratado sobre brujas en el cual se explica de forma metódica el origen de los males que pareciendo enfermedades no lo son, explicando su causa directa como obra del Demonio o de brujería:

Y si se pregunta cómo es posible distinguir si una enfermedad es causada por brujería o por algún otro defecto físico natural, contestamos que existen varios métodos […] Los médicos pueden, por las circunstancias pueden percibir por las circunstancias, edad del paciente, su salud modificada súbitamente como en abrir y cerrar de ojos, percibir que la enfermedad no proviene de una deficiencia de la sangre o del estómago, o una enfermedad; dirán entonces que no proviene de un defecto de la naturaleza sino de un agente externo. Y esta causa externa sino es infección venenosa que llene el estómago y la sangre de malos humores, juzga entonces por eliminación suficiente que es efecto es malefico. Y segundo, cuando la enfermedad es incurable, de modo que el paciente no encuentra alivio en las drogas, sino que éstas parecen más bien agravarlo. Tercero, el mal puede caer tan de repente sobre un hombre, que sólo sea posible asignarlo a brujería.[8]

 

En resumen, las respuestas que se dieron variaron del asesinato directo a la marginación del cuadro social principal. Ciertamente muchas de estas personas encontraban consuelo en actividades del campo y el hogar. Cuando no era así entraban a formar parte del lumpenproletariado, un colectivo de personas que sin grandes perspectivas ni esperanzas en la vida debe recurrir a distintos subterfugios para poder sobrevivir en la vida diaria. Este término hace referencia a un colectivo de personas vulnerables, desclasados que realizan actividades al margen de las actividades económicas legales y sin algún tipo de protección social (prostitución, mendicidad, delincuencia, etc.). Es posible que razones económicas hayan tenido un peso decisivo al trato hacia estas personas, porque en una economía de pequeños productores dedicados principalmente a un mercado autosuficiente el trabajo por pequeño que fuera no podría considerase una ocupación sin mérito.

En este caso las principales actividades se dirigían a apelar a la caridad, la mendicidad y a obtener algún sustento a través de convertirse en objeto de diversión y burla. Encontramos a bufones, rezadores a domicilio, juglares y adivinos entre los oficios a que se dedicaban ciegos y demás personas con deficiencias.[9]. En este cuadro la exclusión es el patrón para agrupar a las personas con deficiencias,[10] porque es una consecuencia directa, tanto de la caridad como del rechazo.

Habría que esperar un lento proceso que duró varios siglos hasta el siglo XIX en que las nociones científicas, los estudios de la locura y de las enfermedades marcaran un cambio, de explicar las deficiencias como causa de fuerzas sobrenaturales a explicar estas características como consecuencias de enfermedades y circunstancias explicables a través de la ciencia y la medicina. Sera el periodo en que comienza a formarse una descripción de la discapacidad como como una enfermedad, una consecuencia directa de enfermedades o accidentes que imposibilitan al cuerpo para un funcionamiento normal.. Tiempo después esta forma de explicar la discapacidad se conocería como el modelo médico de la discapacidad.

Es digno de mención que aun en la actualidad en las esferas religiosas aun perviva esta noción del cuerpo con discapacidadcomo consecuencia de un mal espíritu, por ejemplo, en el  año 2013 el papa Francisco se detiene frente a una persona en silla de ruedas a la que saluda para a continuación posar sus manos sobre la cabeza de él haciendo  una plegaria durante 14 segundos. Fuentes oficiales pertenecientes a la jerarquía católica y medios declaración que fue un exorcismo, otros suavizando la nota en cambio hablan de una imposición de manos con el objetivo directo de “curar” de su enfermedad a esta persona. De acuerdo con BBC Mundo “Gabriele Amorth, un reconocido exorcista líder de la diócesis de Roma, dijo que realizó un "largo exorcismo a este hombre en la mañana del martes" y que se cercioró de que estaba poseído por cuatro demonios diferentes”.[11]



[1] Brignardello, Antonella, “Los hombres del neolítico cuidaban a discapacitados”, ABC Color, 27 de diciembre del 2012, en http://www.abc.com.py/ciencia/hombres-del-neolitico-cuidaban-a-discapacitados-495019.html, [consulta: 10 de agosto de 2016].

[2] Ibíd.

[3] Garland, R., The eye of the beholder: Deformity & Disability in the Graeco – Roman world, London, Duckworth, 1995, p. 16.

[4] Así aparece en el párrafo 49.4 de la Constitución de Atenas, en Las Constituciones Griegas, Ed. de Aurelia Ruiz Sola, Madrid, Akal, 1987, p. 73.

[5] Edición castellana de la Biblia de 1960, versión de la Reina-Valera (Juan 9:1-3).

[6] Geremek, B., La piedad y la Horca. Historia de la miseria y de la caridad en Europa, trad. de Juan Antonio Matesanz, Madrid, Alianza, 1989, p. 60.

[7] Palacios, El modelo social, op cit, p. 59.

[8] Kramer, Heinrich y Sprenger, Jacob, Malleus Maleficarum. El martillo de las brujas para golpear a las brujar por sus herejías con poderosa maza, trad. Miguel Jiménez Monteserín, España, Maxtor, 2004, p. 194.

[9] MontoroMartínez, J., Los ciegos en la historia, op. cit., p. 460.

[10] Geremek, B., “El marginado”, en El hombre medieval, en Le Goff, J., et al, trad. de Julio Martínez Mesanza, Alianza, Madrid, 1990,

[11] BBC Mundo, “Cómo una plegaria del Papa se convirtió en un "exorcismo”, en http://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/05/130522_vaticano_papa_exorcismo_dp,  [consultado: 22 de mayo del 2013].

Emmanuel Muñiz Alejandro es investigador, editor e historiador. Estudio en la Facultad de filosofía y Letras de la UNAM, la Escuela Nacional de Música (ENM). Actualmente se dedica a tareas de investigación histórica y tecnologías de la información.