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Educación: Lateralidad, problemas de aprendizaje y otras dificultades

Educación: Lateralidad, problemas de aprendizaje y otras dificultades

Lateralidad es la dominancia de un lado del cuerpo respecto de tareas específicas. Cuando mano, ojo, pie y oído de un mismo lado no concuerdan en su preeminencia, ello puede resultar una de las causas que llevan a que el niño tenga problemas para aprender, además de coadyuvar a que la conducta sea disruptiva. Existen pruebas muy sencillas para detectar las anomalías y procedimientos para tratar de resolver los inconvenientes educativos que provoca, los que deben ajustarse a cada caso particular.

 

¿Qué es la lateralidad?

Educación psicomotríz y lateralidad

Ya desde la época de Brocca (hacia 1865), el famoso médico anatomista y antropólogo francés, descubridor del área que lleva su nombre (el centro del habla), es notorio que de los dos hemisferios en que se divide el cerebro, hay uno que predomina sobre el otro para la realización de ciertas tareas.

Hasta no hace mucho se hablaba de predominancia en términos absolutos, lo que suponía que uno de los dos resultaba más importante que el otro, es decir que, mientras uno de ellos asumía el control, el restante tenía funciones subalternas.
Con los avances de las ciencias médicas y sus asociadas, en la actualidad ese término se reemplazó por el de especialización, que resulta mucho más acotado a lo que realmente acontece: cada mitad se dedica a determinadas cuestiones, siendo ambas igualmente importantes y deben ser plenamente identificados por el educador o profesor.

Lo más corriente es que el hemisferio izquierdo del cerebro sea el que se encargue de procesar todo aquello que en el ser humano hace que tenga que ver con lo verbal, lo lógico y secuencial, mientras que el derecho se hace cargo de lo que es menos racional, más intuitivo, lo global, lo creativo, las relaciones espaciales y el proceso de información, aunque no existe un consenso universal al respecto, puesto que, por ejemplo, en los casos de la visión y de la audición participan ambos hemisferios y, además, estos no son compartimientos estancos, sino que se hallan comunicados.

A nivel del bulbo raquídeo, que se halla en la parte baja del cerebro, se cruzan los haces nerviosos que vienen de las distintas partes del cuerpo. Por ello, la parte izquierda del cerebro es la que controla el lado derecho y viceversa.

Lo esperable es que en todo sujeto exista una concordancia en la utilización prioritaria de ojo, oído, mano y pierna del mismo lado, la que el prácticamente el 90% de los casos implica el sector derecho del cuerpo (en realidad, que en esas áreas predomina el lado izquierdo del cerebro) respecto de las manos, 72% en cuanto a los pies, 70% en la vista, 59% para el oído, con diferencias importantes, en algunos casos, entre los sexos (para los zurdos, manos: varones 10% y mujeres 8%; pies: 20,5 y 14; oído: 41 y 30 y vista 29% para ambos, con una muy leve preponderancia del sexo femenino). Eso es lo que se conoce como lateralidad.

Si bien el hecho de que la preeminencia corporal esté del lado izquierdo en el 10% restante no implica anormalidad, sin embargo en algunos casos tiene sus inconvenientes, como se verá más adelante. Los avances en el terreno de la educación de los niños nos permiten afirmar que en cada caso es importante valorar positivamente sus habilidades.

Los problemas empiezan cuando estos cuatro pares anatómicos no coinciden, es decir, cuando ojos, oídos, manos y pies no concuerdan en su lateralidad.

 

Distintos tipos de lateralidad

Cuando los cuatro tipos de dominancia (manual, ocular, podal y auditiva) coinciden, se habla de lateralidad homogénea, que es la esperable.

Se denomina dominancia cruzada cuando no coinciden las dominancias, esto es, una o dos de ellas se hallan del otro lado. La más estudiada, y que se relaciona con diversos problemas (entre ellos, los de aprendizaje), es la que se da entre mano y ojo.

También existe la que se llama contrariada, esto es, cuando por algún motivo el niño cambia su tendencia natural en alguna de las predominancias por la opuesta. Esto se ve sobre todo en los zurdos que, sea por propia iniciativa (raramente) o por influencia o mandato del medio (familia, ámbito escolar, etc.), utilizan el lado opuesto para algunas tareas. En prácticamente la totalidad de los casos la dominancia que se reemplaza es la manual y casi siempre referida a la escritura.

Hasta hace algunas décadas, a quienes escribían con la mano izquierda, los llamados vulgarmente como “zurdos”, al llegar a la escolaridad, se los instaba y obligaba a utilizar la derecha, incluso con métodos cruentos como inmovilizar la mano hábil mediante ataduras o arneses para favorecer la utilización de la “correcta”.

Más raramente, se presenta la lateralidad mixta, en la cual los individuos presentan heterogeneidad en alguna o algunas de las cuatro áreas, esto es algunas actividades se realizan con un lado y otras con el otro. Usualmente, las más notables son las referidas a las manos. Un ejemplo de ello es que la persona puede escribir con la mano izquierda, pero utiliza la derecha para asir objetos.

Un caso más extremo es el ambidextrismo, según el cual alguien puede utilizar cualquiera de sus dos lados con la misma eficacia para cualquier tarea, alternando azarosamente uno u otro lado para diversos quehaceres.

 

Lateralidad y aprendizaje

Aunque no existen estudios concluyentes acerca de la influencia de la lateralidad respecto del aprendizaje, a través de diversas investigaciones se sugiere que la alteración de lo que se considera una lateralidad normal tiene un ascendiente negativo en lo que respecta a los procesos de incorporación de conocimientos, sobre todo a nivel de la escolaridad.

Algunos autores como Jean Piaget, Nettle, Oltra, Boltanski y otros, ante casos de dificultades en la adquisición de la lectoescritura en niños cuya inteligencia es normal, como por ejemplo, la disortografía y la disgrafía, afirman que pueden deberse a distintos factores, entre los cuales, además de la influencia del entorno y la familia, al retraso en la maduración nerviosa, de inconvenientes en la estructuración del esquema corporal y del espacio, problemas de motricidad y demás, se incluye a la lateralidad cuando ella presenta rasgos de cruzamiento, ambidextrismo o zurdera contrariada, que pueden derivar en fracaso escolar cuando no se interviene sobre la problemática.
Sin embargo, no puede hablarse de una relación determinística entre los problemas de lateralidad y los de aprendizaje, sino que lo que se ha señalado es que en los niños cuya predominancia lateral está alterada respecto de la normalidad (e, incluso en los zurdos homogéneos, aunque en menor medida) existe la posibilidad de que su aprendizaje resulte mucho más problemático.
En ese sentido, se observa que en la etapa escolar, sobre todo en la primaria, son mucho más frecuentes:

 

  1. Dificultades en la automatización de la lectura, la escritura y/o el cálculo
  2. La lectura lenta, con pausas prolongadas
  3. Menor interés en participar en algunas actividades
  4. Inconvenientes para distinguir y situarse a derecha e izquierda según el eje medio corporal
  5. Inversión en la escritura de algunas letras y números

 

En algunos casos, es posible que existan manifestaciones más o menos importantes de disgrafía, dislexia, discalculia y dislalia

La comprensión de consignas es mejor cuando ellas se expresan oralmente que cuando se lo hace por medio de escritura

Los inconvenientes en la organización del tiempo y el espacio

 

En un estudio llevado a cabo en España, titulado “Relación entre la lateralidad y los aprendizajes escolares”, en el cual se han evaluado a 170 niños de entre 6 y 7 años, pertenecientes al primer y segundo grados de la escolaridad primaria, se ha llegado a la conclusión de que entre aquellos niños que tienen una lateralidad homogénea, el 64,5% logra un aprendizaje positivo, mientras que el 55,8% de quienes poseen una no homogénea muestra problemas de aprendizaje.

A su vez, otras investigaciones señalan que los inconvenientes de predominancia llevan a que los sujetos comprometidos manifiesten una mayor tendencia a presentar alteraciones de la conducta, entre ellas:

 

  • Atención disminuida
  • Distractibilidad
  • Hiperactividad
  • Desmotivación
  • Irritabilidad
  • Inhibición
  • Reacciones emocionales desmedidas
  • Baja autoestima

 

También se ha encontrado que la lateralidad cruzada o contrariada se halla frecuentemente en niños que presentan diagnóstico de TDAH, de trastornos específicos de aprendizaje e, incluso, en algunos casos de retraso mental, aunque en ninguno de estos padecimientos puede señalarse como la causa principal, sino como un factor de comorbilidad, esto es, como un elemento asociado.

Detección de dificultad de aprendizaje

Hay que tener en cuenta que hasta los 5 o 6 años, los niños no manifiestan claramente cuál es su lateralidad. Ella se establece coincidentemente con los inicios de la escolaridad primaria.
Ante la sospecha de algún problema de lateralidad, existen diversos tests para determinarla que son bastante simples en su implementación y no requieren de aparatos o instancias complicadas para el tratamiento de estas dificultades o, llegado el caso, discapacidad intelectual o dificultad de aprendizaje por cualquier otra circunstancia.

Los principales, sintéticamente, son:
Test de Dominancia Lateral de Harris. Para determinar la mano hábil, se proponen actividades como lanzar una pelota, golpear con un martillo, cepillarse los dientes, peinarse, cortar con una tijera, escribir, etc. Respecto del ojo: mirar a través de un agujero en un cartón o papel, de un telescopio y de distintos objetos en los cuales sea necesario hacerlo con uno solo. De pies: patear una pelota, conducirla, etc.
Test de Zazzo. Para la mano: se solicita que se distribuyan objetos como cartas, figuras, etc. Para el ojo: hacer puntería con algún objeto, introduciéndolo en un orificio pequeño. Para el pie: saltar en una pierna, jugar a la rayuela, patear una pelota.

Test de Berges. Utilizado para determinar la predominancia manual, consta de ejercicios con una sola mano (golpear con un martillo, sacar clavos, peinarse, etc.), y otros que requieren de las dos (desenroscar un tapón, volver a enroscarlo, distribuir naipes, encender un fósforo, recortar sin apoyar, etc.). Se complementa con otros referidos a la visión.

Tratamiento en niños con dificultades de aprendizaje y discapacidad intelectual

Existen controversias al respecto. Por un lado, algunos estudiosos aseveran que debe intervenirse para efectuar las correcciones pertinentes, según el tipo de lateralidad. Otros, por el contrario, desaconsejan tal intervención y afirman que lo más conveniente es potenciar el funcionamiento de la lateralidad dominante, aunque esta sea cruzada o mixta, para ajustar y perfeccionar la disparidad y que ella no produzca efectos negativos o los minimice.
Como en todo tipo de dolencias, la generalización no es buena consejera, sino que lo que debe determinar el tipo de intervención es el caso concreto, para lo cual es imperativo que se haga una correcta evaluación psicomotriz del niño con alguna discapacidad intelectual y descartar posibles patologías orgánicas que puedan producir la alteración.
En esta técnica educativa, la más corriente y problemática de las formas es que exista un cruzamiento entre ojo y mano. Si se decide intervenir y adaptar la lateralidad para que sea homogénea, es mucho más fácil hacer que esta se acople al lado dominante del ojo, puesto que realizar lo opuesto implica un proceso altamente complicado a nivel neurológico, mientras que entrenar la mano es un procedimiento mucho más sencillo.
A todo efecto, la intervención resultará menos traumática cuando más tempranamente se realice. Algunos profesionales de la medicina desaconsejan cualquier tipo de injerencia después de los 10 años, aunque sobre esto tampoco hay acuerdo.

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Deportista y comentarista del deporte adaptado. Ha sido atleta en las paraolimpiadas de Barcelona ‘92. Actualmente se dedica a extender las fronteras del deporte mundial para personas con discapacidad. Síguelo en Twitter en @socodjs.

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