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Misioneros Agustinos en México Colonial

A principios del siglo XVI, La orden religiosa mendicante de Los Ermitaños de San Agustín alcanzó un gran auge, los cuales fueron mejor conocidos como los Agustinos que rápidamente se diseminaron en varios conventos en los territorios españoles de Castilla, León, Extremadura y Andalucía, donde realizaron una ardua tarea de cristianización.

En el año de 1527, se celebró en la ciudad de Dueñas, el Capítulo para dar cumplimiento a la orden papal para disponer que esta agrupación se concentrara en solo dos provincias, la de Castilla y Andalucía, así que fray Juan de Gallegos, esta reunión fue para animar a muchos de sus miembros religiosos a que se aventuraran a emprender la misión de evangelización de la descubierta y recién conquistada Nueva España, donde ya habían sido invitados por fray Bernardino de Minaya, hombre preocupado por el intenso trabajo que requería evangelizar en estas tierras, que eran apenas atendidas por misioneros franciscanos y dominicos.

Pero debido a la prematura muerte de fray Juan de Gallegos en 1531, la expedición se pospuso hasta 1533, año en que fue nombrado como responsable de la misión a fray Juan de la Cruz, quien a su vez designó a los frailes que lo acompañarían: Jerónimo Jiménez, Juan baptista, Alonso de Borja, Agustín de Gormas, Jorge de Avila y Juan Oceguera, quienes arribaron al puerto de San Juan de Ullua en Veracruz el 22 de mayo de ese mismo año, y de inmediato se dirigieron a la Ciudad de México, capital del virreinato, este viaje lo hicieron a pie, y los lugares por donde iban pasando predicaban.

Dos semanas después llegaron a la capital, donde fueron acogidos y alojados por los frailes dominicos, que encabezaba su fundador, el venerable fray Domingo de Betanzos.

Fray Juan de la Cruz, que venía en calidad de vicario provisional, decidió establecer el primer convento agustino en la capital, con el objeto de contar con un centro de operaciones propio para establecer las estrategias de evangelización de la orden.

Para poder fundar otros monasterios, los agustinos pidieron les autorizaran emprender su misión en regiones aún no evangelizadas, así es como inicia su dispersión, para muchos les pareció que fue de manera imprecisa y a un ritmo caprichoso, pues tuvieron que adaptarse a un territorio ya parcialmente evangelizado, y sus misiones estaban alejadas unas de otras “a manera de lagunas”.

Las rutas que siguieron los agustinos corrieron en tres direcciones: una con rumbo al actual estado de Guerrero, donde sus misiones quedaron unidas a México por medio del suroeste de Puebla y el sur de Morelos. Al este se ya se localizaba un grupo de dominicos y franciscanos de Puebla, además de las misiones dominicas de la Mixteca. Otra dirección fue hacia el norte que se dirigía a la región otomí del estado de Hidalgo. Sus fundaciones en esta zona se enfilaban a la Huastexca donde se difundieron con toda libertad. Aquí las misiones agustinas se localizaban entre las franciscanas de Tula, Tepetitlán, Zempoala y Teteapulco. Y la dirección final fue hacia el oeste en el territorio michoacano, donde construyeron diversos conventos: en Yuririapundaro, Charo y Tiripitio, construidos en medio de los franciscanos, todas estas fundaciones se unían con la Ciudad de México por medio de la región de Toluca como punto intermedio.

De esta forma, antes de que terminara la primera mitad del siglo XVI, los agustinos ya se habían establecido totalmente los conventos de la Ciudad De México, Chilapa, Santa Fe, Tlapa, Yecaplixtla, Molango, Ocuitlán, Malinalco, Epazoyucan, Zempoala, Huexotla (Huejutla), Puebla, Tepecuacuilco, Tacámbaro, entre otros, en pocos años más, fundaron otros como: Ciutzeo, Morelia, Chiautla, Zacualpan, Xilitla, Actopan e Itzmiquilpan.

En la tercera expedición agustina que arribó a México, llega el sabio catedrático de la Universidad de Salamanca, Alonso Gutiérrez, quien durante el trayecto decide unirse la orden agustina, y toma como nombre Alonso de Veracruz, quien fue el primer teólogo que vino a México, y gracias a él se dio un extraordinario impulso a la evangelización de la Nueva España.

Uno de los conventos más importantes fue el de Itzmiquilpan, que se dedicó a la advocación de San Miguel Arcángel, que fue propuesto precisamente por fray Alonso de Veracruz, cuando era gobernador por segunda ocasión de la provincia del Santísimo Nombre de Jesús. Según lo señala fray Juan de Grijalva en su magnífica Crónica de la Orden de Nuestro Padre San Agustín en las provincias de Nueva España que escribió en 1624.

En ese mismo año se fundó (1550) el importante convento de Actopan, que corría al parejo con el edificio y rentas al de Itzmiquilpan, pero en este último el tiempo es templado casi todo el año, “tiene muy buen rio, que pasa por las casas, con el que se riega la vega y así se dan buenos frutales y muy buen trigo; es del Arzobispado, de México, que dista de la ciudad al norte diez y ocho leguas”. Así escribió el propio Grijalva que dice de los constructores, “Edificó fray Andrés de la Mata, los dos insignes conventos de Actopan e Itzmiquilpan; que por solo esto merecía ser eterna su fama”.

Sobre el autor: Estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Premiado del CONACYT a la innovación científica juvenil. Militar retirado de la Armada de México. Actualmente se dedica al estudio de las aplicaciones tecnológicas y las innovaciones en la vida diaria y la historia de la humanidad.