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Reflexiones en torno al monismo bíblico, antropología filosófica y dialéctica materialista

En el siguiente escrito, y de manera brevísima, abordaremos las coincidencias entre el monismo bíblico del Antiguo testamento objetivado en la antropología con la dialéctica materialista. A modo de hipótesis sostendremos que en realidad ambas visiones filosóficas no son contrapuestas, sino complementarias.

El texto de Pidoux nos introduce de una manera breve y pedagógica al sustrato antropológico-filosófico del ser humano en la Biblia. En efecto, una autentica visión sustentada en la idiosincrasia hebraica es monista. Es a nuestro parecer una visión antropológica contrapuesta a la helénica, dominada por el dualismo desde Platón. Dicho monismo (y a diferencia de las indeterminadas monadas de Leibniz) subsume tanto a la sustancia como a la idea y a la idea como expresión de la sustancia. Si bien no esta expresada la noción dialéctica del cambio, no obstante se encuentra implícita. Entre las categorías, alma, cuerpo y espíritu se deja entrever una relación condicionada- determinada-determinante-condicionante entre ellas. En palabras del autor: “Si hubiera que definir las relaciones entre el alma, el corazón y el espíritu en el Antiguo Testamento, se podría decir que son menos funciones que aspectos de una sola y misma realidad” (Pidoux, : 42). No obstante el sentido del devenir del ser nos muestra una noción del cambio perpetuo que per se desafía al pensamiento lógico-matemático-formal. “El verbo ser (…) no es una simple cópula (…). Expresa el devenir real, es decir el pasaje de un estado a otro. Para los hebreos, el ser de las cosas y el mundo es algo viviente, algo actuante, algo activo (…). La nada es, por el contrario, lo que no actúa, lo que no tiene fuerza” (Pidoux, : 58).

Cada aspecto hace referencia a la totalidad no sólo de un ser humano, sino de todo un pueblo. No obstante, la no diferenciación, o no delimitación entre el ser pensado y el ser existente (cosa en sí) nos hace pensar en una ejecución idealista. Aunque más bien es aun no determinada entre el ser y el ente. La no divergencia entre el ente y la cosa representada es más bien comprensible si se entiende que este pensamiento empieza en la concreción (los entes vinculados) y no desde la abstracción (los entes desvinculados). Así la totalidad y ente y la representación de la misma cosa pueden llegar a confundirse o fundirse como una y la misma cosa. Esto representa una limitación en cuanto al monismo hebraico.

Esto nos lleva a nuestras propias reflexiones en torno a la coincidencia de la ontología del ser ya definido o ente y su transformación dialéctica-materialista. Aclaramos que por devenir materialista hablamos de la sustancia del ente y no el concepto de masa de la física clásica. El ente racional y autoconsciente es indivisible de su materialidad y su psique, así como de la historicidad que le da su especificidad; Pidoux nos diría que tanto el alma (anima), cuerpo (corpus) y espíritu (spiritum) no se encuentran contenidas, sino que forman parte del ente. Estas son expresiones indivisibles del ente como una totalidad.

Encontramos armonía en nuestras afirmaciones entorno al ente socio-histórico o formación social. Los campos de la formación social: político, económico, ideológico, pero también lo cultural y lo natural, representan expresiones más o menos diferenciadas de la misma realidad social. Ello resulta más integral que la estalinista visión estructuralista de la infra y superestructura.

No ha escapado a nuestra vista que Pidoux, de manera indirecta, nos adelanta una respuesta al cuestionamiento medular de la antropología filosófica que es coincidente con Marx ¿Qué define al ser humano como humano? El trabajo; es decir, la capacidad de transformación de la naturaleza. Es de acuerdo con una interpretación no literal del relato del Árbol del Conocimiento lo que adquirió la humanidad, no una cualidad moral (bueno o malo) sino la posibilidad de crear, de transformar. Entonces pues, el señalamiento de Enrique Dussel de las raíces bíblicas de El Capital son acertadas.

Llevando un paso adelante esta posible síntesis (en su sentido hegeliano) filosófico-teórica, nos permite hacer una lectura de los primeros capítulos del Génesis de una manera más atemporal pero al mismo tiempo histórica. En torno al ser humano y el origen de la civilización puede releerse: una vez aparecida la humanidad (Adam como plural de la humanidad) la posterior aparición de la vida (Eva) a partir de él no como el acto de la aparición de la mujer a partir de la costilla de un hombre; sino de la vida (la nueva vida) que nace ya desde la civilización y no desde la naturaleza. En todo caso sería la historia de la vida. La naturaleza como objeto de producción, de la nueva mujer y de la propiedad privada. En suma del origen de la humanidad civilizada en sociedades de clases sociales antagónicas. Si se integrara la historia de Lilith se vislumbraría en una relación más natural con la vida la primigenia humanidad, como en las sociedades preclasistas. Una relación que será redefinida ya en la dominación de la humanidad. Quizá aquí se encuentra a su manera el relato de la civilización basada en las clases sociales. Esta afirmación puede entreverse en la historia del asesinato de Abel por Caín por la envidia de la ofrenda rechazada. Dios prefiere la ofrenda propia de los pueblos nómadas (el holocausto como representación de la vida misma) más no los frutos de la tierra labrada, característica de los asentamientos urbanos. En sí desde el comienzo de la civilización (desde Sumer hasta China) la producción agrícola, las obras de riego, los primeros dispositivos de defensa y la urbanidad misma ya es intrínseca a una sociedad dividida en clases, a la creciente explotación y a un excedente de la producción que es manejado por una elite dominante. Es así como puede entenderse el rechazo de la ofrenda de Caín, no hacia los productos agrícolas en sí, sino a las relaciones sociales que le dieron origen. Es decir, la ofrenda no puede ser originada por la injusticia. Entonces la reacción de Caín como arquetipo ha sido consecuente; el sometimiento de las sociedades preclasistas. Es decir, la historia de la humanidad misma.

Licenciado en Ciencias políticas e involucrado en el mundo de las actividades académicas y sociales. Actualmente realizando investigaciones para distintos organismos gubernamentales y proyectos para el desarrollo económico.